Con su libro “Susan Sontag, intelectualidad y glamour” ( Tajamar Editores), Daniel Schreiber construye un mosaico  -más bien un mural- en el que se sobreponen los recuerdos y proyectos, críticas, libros y opiniones de la autora de “En América”, dejando establecidas allí sus ideas geniales y sus limitaciones, sus odios y paréntesis de ingenio, en un homenaje a ese ser viviente que ella quiso ser siempre, aun después de la muerte. Vivió rebelándose y no calló jamás, alzando la voz más de la cuenta, y dejando los semitonos o medias palabras para mañana, o sea, para nunca.Por de pronto, se destaca aquí la permanente reelaboración de su vida en torno a proyectos emblemáticos, como ser la primera mujer que analizó el cine y la fotografía,  como producción cultural de masas, utilizando para ello herramientas de la alta cultura.Schreiber, con precisión de notario y afecto de poeta, registra todo. Ya una conversación con Ariel Dorfman, escritor e intelectual chileno y amigo de Sontag, su contacto con la bohemia noeyorquina de los años cincuenta, o su cariño entrañable por París, que junto a Nueva York eran sus ciudades predilectas.A Susan Sontag le preocupaba la pérdida de ideales. “Acaso esta sea la cosa más sorprendente de la que haya sido testigo en mi vida. La muerte del idealismo. Mi impresión es que ahora a la mayoría de la gente le resulta bastante extraño, casi incomprensible, la idea de que uno pueda hacer algo por principio, algo altruista, no importando los incentivos financieros para hacer lo contrario, o el grado de inconveniencia o la falta de confort o el peligro personal”.    Es esta una fascinante biografía, en la que se nos muestra toda la vida de uno de los íconos culturales del siglo XX, la temprana muerte de su padre y el alcoholismo de su madre, los años de formación en la Universidad de Chicago, su fracaso matrimonial a los diecisiete años y el abandono de la vida académica para convertirse en escritora independiente.

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