Menos de seiscientos kilómetros separan mi región de la capital, cinco horas y media en auto a una velocidad normal, vía aérea es mayor el tiempo que duran los viajes de acercamiento a los aeropuertos que los 45 minutos del vuelo, geográficamente no es tan lejos pero en la realidad desde Coquimbo seguimos mirando muy distante al centro político y económico del país.

La región de Gabriela Mistral, de los Cuturrufo, de los hermanos Gómez, del Negro Sulantay y del gran reservorio moral de la política chilena don Renán Fuentealba. Acá existen pescadores que viven en caletas que no aparecen en los mapas, hay un grupo de nómades que con sus ganados incluso cruzan el macizo de Los Andes, los helados son artesanales en cada plaza, nuestro combo alimentario es un churrasco marino con un "tecito frio", ni hablar del queso de cabra.

Debemos ser la única región de Chile con dos decretos de catástrofe vigentes, el más antiguo por sequía que afecta a la región de las papayas, tomates, papas, uva de mesa y pisquera por más de 7 años. El otro decreto da cuenta de una tragedia más visible, no sólo por los daños materiales que provocó el movimiento telúrico y el tsunami sino porque la naturaleza arrebató la vida a 15 personas.

16 de septiembre 2015, 19.54 horas y las autoridades regionales casi en su totalidad reunidas para inaugurar una de las principales fiestas dieciocheras del país, la Pampilla de Coquimbo, esa que los santiaguinos ven por la tele, esa donde se forma una verdadera ciudad en los cerros coquimbanos. Ahí estaban las autoridades locales, ahí percibieron el 8,4 y ahí se enteraron que las olas ingresaban a las costas de la región. A casi seiscientos kilómetros, donde se había percibido como un temblor más, la Presidenta y Ministros se enteraban por la radio y la televisión los alcances  de la catástrofe.

Casi 10 meses han pasado, ya las cámaras de televisión no están ni en Baquedano, ni en Canela, ni en Tulahuén, ni en Caleta Sierra. Hoy nuevamente sólo quedan los actores locales y los damnificados que esperan respuestas. Aquellos casos especiales que tienen problemas con terrenos o están en zonas inundables, por lo que no pueden recibir viviendas de emergencia, viven en carpas o precarias condiciones.

Son en estos casos donde la distancia con la capital se multiplica por muchos kilómetros, donde pareciera que hubiese un par de océanos que nos dividen o será la niebla permanente que impide el aterrizje de los aviones en el aeródromo que tenemos, porque las respuestas de la capital no llegan, porque las soluciones que se plantean en regiones no se consideran, porque el temor a los órganos contralores impiden que el personero capitalino autorice una solución, porque los recursos no llegan en su totalidad y los que llegan se distribuyen como “Santiago” ordena.

Paradojas de la vida pero la esperanza viene precisamente de una cartera que comanda un hombre de la región. Ricardo Cifuentes, encabeza desde la Subdere una de las reformas que más se espera en regiones, la de descentralización, la que busca que el poder político y económico absoluto del estado se disperse desde la capital hacia las regiones, que sea en los territorios donde se planifique y lleve adelante su desarrollo, y claro está donde se enfrenten las catástrofes.

No creo en que la masa crítica y pensante se concentre sólo en la región metropolitana, creo en los centros de investigación y universidades regionales, creo en los profesionales formados en regiones, creo en las autoridades regionales, a quienes hay que apoyar permitiendo viajar el poder y los recursos por casi 600 kilómetros desde la capital.

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Cristian Herrera Peña, Periodista, ex de hartas cosas pero convencido que son más las cosas que me quedan por hacer.

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