En columnas anteriores hemos señalado que esta es una reforma ideológica, cuyo fin es aplicar la retroexcavadora al sistema de constitución de los derechos de aguas de los últimos tiempos, cambiando el régimen de propiedad de las aguas por un régimen de usufructo temporal. Asimismo hemos analizado los perjudiciales efectos que ella tendrá en la Región en materia de inversión, empleo y producción para los pequeños, medianos y grandes agricultores. Hemos señalado también que es una reforma que se encuentra en etapa final en el Senado y que al parecer en un corto tiempo estaría lista para ser aprobada. Finalmente, dijimos que se trataba de una reforma netamente política, improvisada y poco prolija y en la que los principales actores que se verán afectados simplemente no son escuchados, ya que lo que importa a este gobierno es estatizar el agua. Pues bien, en definitiva, es otra reforma más que será recordada como un simple paréntesis. Ahora bien, cuando uno piensa en una reforma de esta naturaleza, estima que esta debería enfocarse en otras cosas distintas a las planteadas en el proyecto de ley del gobierno. Pilares fundamentales de una verdadera reforma, deberían haber estado enfocadas en la modernización y tecnificación de las aguas, donde se establecieran derechos y obligaciones para quienes quieran optimizar el uso del recurso. Uno pensaría también, que estos cambios involucrarían una modernización de la Dirección de Aguas, reforzando su rol fiscalizador, de manera de poder intervenir los miles de extracciones ilegales de aguas (superficiales y subterráneas) que tanto perjuicio causan a los acuíferos, ríos y canales y asimismo, dotando a este servicio de facultades idóneas a estos tiempos. Asimismo, uno habría pensado que se establecerían beneficios para quienes realizan proyectos de innovación en materia de uso y extracción de las aguas, generando nuevas políticas públicas en el desarrollo del sector. Por otra parte, uno habría estimado que se establecerían normas especiales para hacer frente a los períodos de sequía. Finalmente, uno habría pensado que el cambio en la materia se enfocaría en la flexibilización y simplificación en los procesos de obtención de derechos, de manera de dinamizar este rubro. Todo lo anterior habría significado una visión de futuro que habría generado un cambio importantísimo como país. Sin embargo, este gobierno, basado en ideologías del pasado, optó, en desmedro de todos, por un sistema rígido y estatista, basado en fundamentos netamente políticos y que causarán mucho daño al país y obviamente a esta región. En beneficio de la gente, esta será otra reforma más que deberemos corregir.    

 

 

 

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