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La guerra económica entre China y Estados Unidos ha traído consecuencias no solo en el ámbito internacional, sino también en nuestro país.

Los efectos se comenzaron a vivir desde junio del 2018, con un precio del cobre que no para de caer, el cual es enviado en gran parte a China, pero no es el único sector que se ha visto afectado por el conflicto. Es así como la exportación sufre amenazas, por ejemplo, como acontece con las nueces, las cuales se han enfrentado a un alza en el arancel impuesto por China. Chile se ha consolidado como uno de los principales exportadores de uva de mesa, con un 14,9% de la superficie total plantada. Sin embargo, este número ha ido disminuyendo progresivamente debido a la crisis que presenta actualmente.

Chile se ha consolidado como uno de los principales exportadores de uva de mesa, con un 14,9% de la superficie total plantada. 

Guerra comercial

La combinación entre la guerra comercial de Trump con China y la abundante cosecha que floreció tardíamente en Estados Unidos ha frenado la cantidad de uvas de mesa frescas que se exportan desde Chile cuando el clima se enfría.

California no ha podido exportar parte de su producción, lo que tiene los stocks norteamericanos 27% más altos que los de la temporada pasada y los precios a la baja. Mientras que, Perú crecería en casi un millón de cajas, lo que presionaría a los valles tempraneros chilenos.

Sin embargo, según cifras de la Asociación de Exportadores de Fruta “Asoex”, en la temporada 2017-2018 “las exportaciones de uva de mesa suman un volumen de 306.927 toneladas, lo que refleja una disminución de cerca de 30% en comparación con la misma fecha de la campaña anterior”.

El presidente de “Asoex”, Ronald Bown, aseguró que una de las formas más viables de mitigar los efectos de la disminución en la demanda desde Estados Unidos es “enfocar los esfuerzos en la penetración de nuevos destinos comerciales; hay que buscar mercados en Asia, donde sea factible ".

Patricio Tapia, Ingeniero Agrónomo y encargado de los valles del Tránsito y San Félix en la región de Atacama, para la exportadora Santa María, explica que las variedades nuevas permiten viajar a cualquier parte del mundo, por lo que apuntan a un mercado más global. De hecho, ya se encuentran enviando uva a China, Corea y Taiwán.

Cosecha de la uva de exportación

Habitualmente, el proceso de la uva para cada temporada empieza después que termina la cosecha. Con el periodo de post cosecha donde se aplica agua, materia orgánica y abono.

En junio, donde ya las parras botaron todas sus hojas se hace una poda y amarra, lo que consiste en cortar todos los ganchos secos y lo que queda, para posteriormente amarrarlos a los alambres del parrón. Momento en que nacerán los nuevos brotes.

En agosto se comienza con el proceso de fertilización que se hace en base a un fitosanitario, que es un programa anual hecho por el agrónomo con todos los productos y sus dosis. Esto permite trabajar con elementos que ayuden a la variedad que se cosecha.

Además, evita plagas, botrytis, entre otros. Asimismo, están aprobados por el SAG y no son rechazados por EE. UU. Al menos así lo explica, Romina Ardiles, jefa del packing “El Tololo” ubicado al interior de Vallenar, en la región de Atacama.

A fines de agosto o principios de septiembre se trabaja en el "verde"; época en que el parrón tiene sus brotes crecidos.

En general, lo que hacen quienes trabajan allí es deshojar para que entre más sol al parrón y empezar a botar cargadores (los futuros racimos). Siempre se debe hacer esto, de lo contrario cada parra colapsaría. Asimismo, se da más fuerza a los que quedan. Esto se hace varias veces e irá dependiendo de cómo crezcan los brotes. De esta manera, empiezan a crecer los racimos, hasta que se les debe cortar la cola con el objetivo de que el racimo tenga forma.

Para cosechar se trabaja en razón del grado de madurez de la fruta que se mide a través de un refractómetro. En el caso de la Sugraone, por ejemplo, lo óptimo es que tenga 15 grados.

Proceso de la uva en el packing

Cuando llega la fruta pasa a un seleccionador, quien clasifica la uva en diferentes cajas según el color y el tamaño de los granos que tiene cada racimo. Estas cajas se van por un riel hasta el pesador, quien les da el peso necesario, desde 9,050 kg. a 9,150 kg.

Luego, continúan por el riel para que las embaladoras pongan todos los racimos de una caja, en otra que generalmente es de cartón. Los racimos se reparten en 8 bolsas, se acomodan y se cierra con papel en generadores de Anhídrido Sulfuroso. Estas cajas una vez listas, son dejadas en otro riel donde las toman los paletizadores y las apilan para formar pallets.

Efectos de la guerra comercial

El presidente del Comité de Uva de Mesa, Fernando Sat, sostuvo que se ha comprobado que “el mercado ya no quiere uvas tradicionales, como la variedad Flame y Thompson Seedless. Estas son variedades que ya no tienen lugar en el mercado internacional”.

En el caso del Packing “El Tololo” la guerra económica les afectó de gran manera, Romina Ardiles comenta que “en la fecha que estaba más fuerte el conflicto, estábamos por empezar a cosechar y como EE. UU. le subió los impuestos a China, este a su vez, le dejo de comprar. Por otro lado, la uva de California se empezó a estancar, no se vendía. Y luego, comenzó a llegar la uva de Perú, que llega antes que Chile, lo cual fue fatal. Se produjo un sobre stock en el mercado. Este se puso más exigente y obvio, a mayor demanda menor el precio de venta. Y como estábamos sacando uva temprano no nos sirvió. Solo mandamos la mejor uva, que fuera verde, ya no estaban comprando ámbar”.

Explica también, que llegó un momento en que la exportadora los liberó, o sea, les dio la opción de vender la uva al país o exportarla, pero con el riesgo de que los precios fuesen muy malos.

Cambio varietal

Claudia Campillay, Ingeniera Agrónoma, explica que “la mayor parte de la producción de uva va a EE. UU. y en ese país se está demandando variedades que tengan mejor sabor, color, calibre (tamaño), todas características de calidad. Y sobre todo una mejor vida post cosecha, es decir, que luego de cosechar dure más días sin que se pudra o deshidrate. Para que pueda resistir los viajes a destino que son de 7 días aproximadamente a EE. UU. y de 20 a 30 días a Asia”.

Explica porqué EE. UU. ha dejado de comprar la variedad Flame, debido a que esta no cuenta con las características descritas anteriormente. Lo que deviene en este recambio de variedades por otras que son más apetecidas, productivas y que alcanzan mejor precio en el mercado estadounidense. Mientras que en nuestro país lo que resta de este tipo se está destinando a pasas.

Respecto a las motivaciones económicas que pueden llevar a posicionar un tipo por sobre otro comenta que “la variedad Flame no alcanza buenos precios en el mercado gringo como antaño, como si lo están logrando variedades nuevas como la Timco, por ejemplo. En EE. UU. optan por variedades más grandes, dulces y con mejor aspecto”.

Para el agrónomo Patricio Tapia y encargado de la exportadora Santa María, el cambio en el tipo de uva en el mercado estadounidense se debe a “que los gustos de los consumidores que hay en EE. UU. ha ido cambiando. Todas las variedades más antiguas como la Flame o la Thompson ya no las quieren las nuevas generaciones”.

Es por eso por lo que, gran parte del norte de Chile está cambiando los tipos Flame y Superior, ya que las variedades que se han incorporado ahora son todas de fácil color, muy lindas a la vista y son de diámetro de 20 a 22 mm.

De la misma forma, Tapia explica que “por otro lado está el tema de los rendimientos que tienen los productores de estas variedades nuevas que son totalmente diferentes a los que produce una Flame. Es más rentable el negocio porque se tienen más cajas por hectárea y eso significa que se tiene un mayor ingreso en la misma superficie que con la Flame, la que normalmente produce 1500 cajas por hectáreas”.

Todas estas nuevas variedades se han generado por medio de un trabajo que hay detrás de genetistas, de agrónomos, de inversiones en el cual tienen que rentabilizar el negocio.

En este punto, el agrónomo explica que “entra el tema de los royalties en que el productor tiene que pagar por hectárea o por caja”. Entonces insiste en que el tema de la crisis que está viviendo el tipo Flame “es porque ya la gente no las quiere. Pasa por un tema de vista y que tienen un sabor que les encanta. Pero en ningún caso se ha producido un tema de que todos se hayan puesto de acuerdo en no quererla”.

Tácticas para enfrentar la crisis

La estrategia que se está aplicando para combatir la guerra económica es atrasarse y cosechar en diciembre. “Nosotros les estamos pidiendo a los productores que cambien un poco la estrategia, yo creo que van a desaparecer los pequeños productores o van a tener que hacer recambio a otras especies como paltos o cítricos. Pero los que van a quedar en el negocio tienen que ir pensando en ello, empezar a cosechar después del 15 al 20 de diciembre, porque debido a la guerra comercial no se sabe cuánto va a durar. Estamos apostando a evitar la fruta tardía de California y a cosechar en enero y febrero”, describe Patricio Tapia.

En definitiva, con toda esta problemática y cambio en el mercado lo que los productores están haciendo es apuntar a un recambio varietal paulatino, que permita que Chile siga siendo uno de los principales productores de uva de mesa para EE. UU.

Los más visionarios ya han comenzado a plantar la variedad Timco que se espera que en aproximadamente 2 años ya se haya cosechado. Además, es importante hacer hincapié en lo difícil que resulta abaratar costos en la uva de exportación, ya que otros países como es el caso de Perú se han sumado al mercado y han aparecido otro tipo de cepas que son de guarda, es decir, duran más en los fríos.

Por otro lado, pero no menos importante, está el cambio en el gusto de los consumidores que ha hecho que el mercado varíe su producción.

 

 

 

 

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