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El Mercurio Archivo
En los últimos días se han desarrollado una serie de reuniones para encontrar al sucesor de Masferrer. Hasta ahora se han sondeado al menos dos exoficiales de la Marina, que a su vez fueron jefes de la Dirección de Inteligencia de la Armada (Dirinta) para ocupar el cargo. Uno de ellos fue Óscar Aranda, quien quedó en stand by, debido a un posteo en las redes sociales que se estimó podía traer críticas públicas por su contenido. Le siguió Gustavo Jordán, quien tampoco habría superado el estándar que se busca en Palacio, aunque no está totalmente descartado.

El director de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), Luis Masferrer, puso su cargo a disposición del Presidente de la República, Sebastián Piñera, para que curse su renuncia cuando estime pertinente.

La determinación de Masferrer se produce en medio de fuertes cuestionamientos al Sistema Nacional de Inteligencia al que distintos sectores responsabilizan de no haber previsto el levantamiento social que afecta al país desde el 18 de octubre pasado y que comenzó con evasiones masivas en el Metro de Santiago.

Para nadie es un misterio que al divorcio de la ANI con el Ejecutivo, se suma la imposibilidad para ejecutar labores operativas, atendido que la ley que la creó en 2004 lo convirtió en un organismo asesor del mando presidencial, a través de un rol coordinador con el resto de los servicios. Es decir, espionaje civil sin calle. Por ello, su principal producto son los análisis de inteligencia. En la mayoría de los servicios las fuentes abiertas (diarios, revistas, estudios, web) son uno de los principales insumos para realizarlos. También se usan fuentes cerradas, pero son las menos.

Reuniones

En los últimos días se han desarrollado una serie de reuniones para encontrar al sucesor de Masferrer.

Hasta ahora se han sondeado al menos dos exoficiales de la Marina, que a su vez fueron jefes de la Dirección de Inteligencia de la Armada (Dirinta) para ocupar el cargo. Uno de ellos fue Óscar Aranda, quien quedó en stand by, debido a un posteo en las redes sociales que se estimó podía traer críticas públicas por su contenido.

Le siguió Gustavo Jordán, quien tampoco habría superado el estándar que se busca en Palacio, aunque no está totalmente descartado. Según se indicó, en su calidad de historiador naval escribió un libro sobre la participación de la Marina en la Guerra Civil de 1891, donde podría existir un juicio crítico a entonces presidente José Manuel Balmaceda, quien se suicidó después de una guerra fratricida que perdieron las fuerzas constitucionalistas de la época.

Hay que recordar que a principios de 2018, cuando el gobierno daba sus primeros pasos, ambos exuniformados estaban considerados junto al almirante (r) David Hardy, otro exjefe de la Dirinta. La Moneda optó por Masferrer en la titularidad y Hardy como subdirector. Sin embargo, este último duró en el cargo hasta diciembre del mismo año. La explicación pública fue que el exmarino resolvió dedicarse a labores académicas. Otra versión señala que su salida se debió a su visión crítica de cómo debía trabajar la inteligencia civil para ser un real apoyo a las decisiones del Jefe de Estado.

Difícil, muy difícil

Tal es la dificultad del gobierno para conseguir un reemplazante de Masferrer cuando se haga efectiva su renuncia, que incluso se ha consultado a las Fuerzas Armadas (FFAA) por posibles candidatos, sin resultados.

En la comunidad de inteligencia los comentarios están a la orden del día. De acuerdo al diario La Segunda, el ministro de Defensa Alberto Espina habría visitado el Comité de Inteligencia, en el que participan las Fuerzas Armadas (FFAA) y las policías. Según la publicación, también habría estado presente un abogado del estudio de Jorge Bofill.

Este último, a quien se le tomó juramento de secreto -que lo imposibilita de comentar el contenido del encuentro- habría concurrido para estar al tanto de la información relativa al estallido social. Lo anterior en el marco las querellas que se han presentado por los ataques incendiario al Metro y buses del Transantiago y que incluyen a los estudios de Gabriel Zaliasnik, Samuel Donoso y Marcelo Sanfeliú.

El cacho

La Agencia Nacional de Inteligencia se ha convertido en un elemento radiactivo que nadie quiere tocar.

Durante las últimas administraciones de Michelle Bachelet, estuvo a cargo Gustavo Villalobos. Un militante del PS que trabajó en la predecesora Dirección de Seguridad Pública e Informaciones (Dispi), sin que se generaran mayores cambios en la forma de operar del servicio de inteligencia civil.

En el gobierno anterior de Piñera, el cargo lo asumió Gonzalo Yuseff, un exfiscal adjunto del Ministerio Público. Fue seriamente cuestionado por su estilo, pero terminó su período pese a la resistencia de los sectores más conservadores de la derecha.

Como se ve, el servicio es por ahora la suma de todos los males, más aún cuando las promesas presidenciales anunciaban una profunda modernización el sistema de inteligencia nacional, hecho que hasta ahora no ha ocurrido.

Un botón de muestra es que transcurridos 15 años de su creación, esta semana la Contraloría envió al Ministerio del Interior el Reglamento de la ANI totalmente tramitado. El documento logró pasar el filtro del organismo fiscalizador, luego que el propio Masferrer lo envió en 2018 para que se ejecutara dicho trámite.

 

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