Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
En tiempos de crisis el terreno se vuelve fértil para los prestamistas informales que ofrecen dinero sin ningún tipo de condición a los pequeños empresarios. El problema es que la tasa de interés que cobran estos individuos es abusiva y llega al 20% superando con creces el máximo legal (7%), por lo que incurren en el delito de usura penado hasta con cinco años de cárcel.

La llamaremos “Daniela”. Tiene  58 años y desde hace 15 está instalada con su local en el Caracol Colonial de La Serena. Pidió resguardo de su identidad. Sabe que “se trata de un tema complicado”  del cual está “sumamente arrepentida”. 

Al principio no quería hablar con nosotros, pero tras unos minutos de conversación en off, precisó que lo haría con la intención de que nadie más tuviera que vivir lo que ella estaba viviendo en la actualidad, totalmente colapsada por no poder pagar un préstamo que consiguió en el mercado informal lo que según dice fue el peor error de su vida. 

Nerviosa, cierra la puerta del recinto, el que según dice, ha disminuido las ventas a la mitad producto de la crisis social y de los continuos destrozos con los que se ha visto afectado el centro de La Serena en las últimas semanas. Se sienta en una silla negra de cuero, toma un trago de té, respira profundo y comienza su relato. 

La desesperación

Se asegura de que la conversación sea corta y pone reparos a que la grabemos. Finalmente accede. “Sé que lo que hice estuvo mal, pero no me quedó otra, se lo juro, y ahora tengo que responder, siendo que estoy peor de lo que estaba cuando pedí el préstamo”, afirma “Daniela”. 

A la hora de recordar el hecho, su voz se vuelve temblorosa. Todo comenzó el 30 de junio de este año, “un mes complicado”, asegura, en el que, tal como ahora, se había ido a pérdida y no le alcanzaba para pagar el arriendo ni para pagarle el sueldo a una trabajadora que le colaboraba a medio tiempo. 

Se vio superada y una tarde en la que precisamente se encontraba en el mesón de su local sacando cuentas, llegó una mujer de nacionalidad colombiana quien la saludó amablemente y le entregó una tarjeta en la que se ofrecían préstamos en efectivo. Era la panacea.

“Tenemos las solución para su préstamo de inversión a comerciantes sin burocracia, sin fiador, sin consulta a Dicom, sin comprobante de ingresos. Créditos desde 100 mil hasta un millón. Pago diario, confianza, seguridad y rapidez”, decía el folleto en su reverso. Algo sumamente tentador.

“Al principio no tomé en cuenta ni a la niña ni la tarjeta que dejó, pero cuando al rato me puse a leer y pensé en que era algo que me podía servir. Así que les mandé un mensaje, y me junté con ellos”, cuenta “Daniella”. 

El encuentro

La cita tuvo lugar la mañana siguiente al llamado. Era día domingo, y se encontró con la misma mujer que le había dejado la tarjeta, más un hombre de unos 40 años, ambos colombianos. “Los dos fueron muy amables. Lo que más me llamó la atención fue que traían dos bolsos grandes pero se veían casi vacíos. Como si no trajeran nada adentro”, cuenta la mujer. 

Asegura que iba con la idea de conseguir 300 mil pesos, pero en el encuentro el sujeto la convenció de que recurriera a la suma de 500 mil.

“Como que me atrapó, yo había calculado que si conseguía los 300 mil eran 18 mil pesos los que iba a tener que pagar durante 20 días, pero ahí me convenció de que redondeáramos la cifra y que me convenía conseguir los 500 mil. Al final le dije que sí, y ya cuando tuvo mi respuesta sentí como que cambiaron su actitud. Ya no eran tan amables, sacaron la plata del bolso grande que traían y me explicaron varias veces en un tono bien fuerte la forma en la que les tenía que pagar”, precisó. 

Las cuotas serían de 30 mil pesos, las que debía pagar diariamente por un lapso de 20 días (de lunes a sábado). Es decir, el interés inicial sería de un 20% llegando a tener que cancelar el monto de 600 mil. 

El pago se iniciaría 15 días después de realizado el préstamo, y de haber algún retraso el monto se iría aumentando exponencialmente. Se trataba del denominado “gota a gota”, en el que es fácil caer, pero de donde es difícil salir. Aquello lo ratifica “Daniella”, quien todavía no termina de pagar, y que, de hecho, debió volver a endeudarse para cancelar este préstamo informal. 

Al acecho

Casos como el de la mujer no son aislados. De hecho, sólo en el Caracol Colonial habría cuatro locatarios que estarían cancelando un “gota gota” que en algún momento se vieron obligados a solicitar.  Según afirman, otros comerciantes, ahora sobre todo los individuos que ofrecen este servicio están rondando el lugar, no sólo para cobrar, sino que para captar a más clientes que han dejado de percibir hasta el 50% de sus ganancias debido a la crisis social. Así lo consigna Sergio Galleguillos, de la joyería Sergio Galleguillos.

“Lamentablemente acá los locales han tenido pérdidas y eso llama a estos prestamistas. Aquí se les suele ver a menudo, y tristemente hay gente que cae. Vienen, saludan, es una interacción muy corta, dejan su tarjeta con las ‘ofertas’ que tienen y después se van”, enfatiza Galleguillos. 

Pero los sujetos, generalmente de nacionalidad extranjera, no sólo han llegado al Caracol. En la feria persa Modelo, los prestamistas han estado rondando durante la última semana. Así lo cuenta José, un vendedor, quien en una oportunidad vio cómo una persona consiguió dinero y luego de aquello los cobradores le hicieron “la vida imposible” hasta que tuvo que irse del lugar.

“No sé qué habrá pasado con ella, pero la verdad es que venían a cobrarle todo el tiempo, y era algo bastante incómodo. Un día simplemente dejó de venir, y después de eso tampoco vimos a los prestamistas, hasta que volvieron después de un tiempo”, aseguró. 

En la feria Las Cenizas, el presidente de la directiva Segisfredo Sepúlveda, también corroboró esta realidad. “Lamentablemente la gente está muy endeudada sobre todo con esta crisis, y se endeuda más con estas personas. Aquí deber haber cinco o seis personas endeudadas con los prestamistas, y pasan a diario a cobrarles”, sostuvo Sepúlveda. 

PDI indaga posibles delitos

Desde la PDI, el jefe de la Brigada De Delitos Económicos, Cristian Alarcón, explica que esta técnica del “gota a gotas” es un método que han traído desde el extranjero, “específicamente de Colombia” y que está presente en Chile desde hace varios años. “Es un sistema de prestación de dinero informal que funciona cuando estas personas hacen ofrecimientos de préstamos que no superan el millón de pesos, y siempre el interés está por sobre la tasa de interés convencional que pone el Banco Central”, explicó el policía. 

Los clientes más habituales de los prestamistas son los comerciantes, y así lo clarifica Alarcón. “Los blancos de estos sujetos son los comerciantes que se encuentran en el centro y que generan dinero diario. Las personas acceden y se ven colapsadas porque tiene que ir pagando los intereses y no pueden generar ese dinero y entonces tienen que solicitar otro préstamo y se genera un espiral de deuda del que es imposible salir”, sostuvo Alarcón. 

¿Es un delito?

Pero, ¿dónde está el delito? Según explica el abogado Carlo Silva,  debido a la alta tasa de interés que se cobra se incurre en el delito de usura el que se encuentra tipificado en el artículo  472 del Código Penal. “Este delito castiga al que suministre valores a un interés que exceda del máximo establecido por ley, es decir, el interés máximo convencional que establece la ley 18.010”, clarificó. 

De acuerdo al profesional, las penas asignadas van desde los 60 días hasta los cinco años de cárcel, de acuerdo a las atenuantes y agravantes. Además, se  distingue si se trata de un ciudadano chileno o un extranjero.  “Una vez cumplida la pena, si el condenado es extranjero, se le expulsa del país. Si se trata de un nacionalizado reincidente en este delito, se le cancela la nacionalización y se le expulsa”. 

Pera el economista Luis Henríquez, va más allá e indica que el delito comienza incluso antes del cobro del interés, y que sería delito incluso, si el interés fuera menor. “Hay que dejar en claro que cualquier actividad que no cumpla con una iniciación de actividades y se esté realizando de manera comercial como esta, es ilegal. Ahora bien, además de eso, está el tema de que el interés que cobran supera al máximo convencional, y 20% supera ampliamente aquello”, expresó. 

El economista hizo el llamado a las personas a no entrar en estas dinámicas, para que no tengan que pasar por lo mismo que está pasando “Daniella” y otros tantos comerciantes en tiempos de crisis. 

 

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