• En el Tribunal Oral de La Serena finalmente se condenó al sujeto por los terribles delitos cometidos contra su propia hija. Ahora está a la espera de la sentencia.
  • El aislamiento, la depresión y los cambios de conducta repentinos son algunos de los síntomas que presentan los menores abusados por lo que los expertos deben estar atentos a estas señales.
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Archivo referencial
En el Tribunal Oral de La Serena se llevó a cabo el juicio en el que resultó culpable José Luis Galleguillos Paredes por los delitos sexuales contra su propia hija. Los hechos ocurrieron en el 2015 en la localidad de El Trapiche (La Higuera) cuando la víctima tenía 12 años. Su madre, entrega el impactante testimonio de lo que les tocó vivir y del miedo que la llevó a no denunciar en el primer momento cuando se enteró de lo que estaba sucediendo.

Fueron años de vivir entre la impotencia y el miedo, pero el jueves por la tarde al fin se hizo algo de justicia. Luego de dos días de juicio en el Tribunal Oral en lo Penal de La Serena, los magistrados encontraron culpable y condenaron de manera unánime a José Luis Galleguillos Paredes por los delitos de abuso sexual y violación en contra de su hija biológica menor de edad. 

Pese al dolor que “no sanará jamás”, y lo fuerte de la experiencia la madre de la víctima –que en la actualidad tiene 17 años-, Macarena Barrera, tomó la decisión junto a su hija y sus seres queridos de contar la historia como una forma de visibilizar “estas terribles situaciones que muchas veces pasan y quedan impunes”.

A su vez, hace el llamado a todas las madres para que siempre estén alerta ante cualquier señal que les puedan dar sus hijos, y no esperar para realizar las denuncias. “Estas personas son enfermas, amenazan e intimidan, lo que contribuye a que se guarde el silencio, a que tengamos miedo, pero eso se tiene que acabar”, enfatizó la mujer, quien ahora lo único que quiere es dar vuelta la página y comenzar una nueva vida, no sin antes dejar testimonio, para que ojalá exista un “nunca más”. 

Señales que matan

Macarena y José Luis eran una pareja normal. Vivían en la localidad de El Trapiche, en La Higuera y para el año 2015 llevaban más de 10 años conviviendo. Tenían dos hijos, un niño de 8 y una pequeña de 12 años. 

Su situación era bastante estable y tranquila. Macarena trabajaba en un restaurante del cual era socia junto a sus hermanas, y el sujeto se movía en diferentes rubros, pero “nunca le faltaba la pega”. La vida transcurría de manera normal, o al menos, eso era lo que todos creían. 

Fue en el mes de febrero (2015), cuando la madre de la menor vio la primera señal, sin embargo, no ahondó en el asunto. Prefirió aferrarse al deseo de que todo seguiría estando bien. 

Durante un evento en El Trapiche, José Luis tuvo una actitud que dejó a todos sorprendidos. La hermana de Macarena sufrió el incendio de su casa por lo que los dirigentes vecinales del pueblo decidieron realizar esta actividad a beneficio. Se trataba de un show bailable con música en vivo a la que asistió prácticamente toda la localidad y por supuesto la familia afectada por el siniestro. Según relata Macarena Barrera, su pareja en una primera instancia no quería ir, pero llegó en medio de la fiesta, ya algo ofuscado. 

El hombre estaba compartiendo con otros vecinos, cuando se percató que su hija de 12 años, había salido a la pista a bailar con otro chico. En ese momento “se puso como loco”, sacó a la pequeña bruscamente de la pista, la recriminó fuertemente delante de todos y luego se fue del lugar dando un portazo que no dejó indiferente a nadie. La menor, se refugió rápidamente en su madre. 

Cuando volvieron a la casa, el hoy condenado se encontraba “en un estado muy alterado. No sé si había tomado o estaba drogado”, cuenta Macarena, quien apenas ingresó con los dos pequeños comenzó a recibir los insultos de su conviviente. “Me trató de maraca, entre otros insultos, y después intentó correrme de la casa, como yo no me quería ir porque no iba a dejar solos a mis hijos, él se llenó de rabia y se puso más violento”. 

Galleguillos fue hasta la cocina y regresó con un cuchillo con el que intentó atacar a su pareja, quien pudo reaccionar a tiempo. “Cuando se me lanzó, lo que hice fue proteger a mis dos hijos que estaban al lado mío, los puse delante de mí dándole la espalda a él y arranqué. Me alcanzó a tomar por el pelo, pero yo abrí la puerta y pude salir”, recuerda. 

La mujer fue a alojar a la casa de su hermana, no quiso llamar a Carabineros “de cobarde”, reconoce. Pasadas las horas intentó encontrar una explicación para lo ocurrido, pero no se le ocurría nada hasta que una de sus hermanas le dijo la frase que sembró la duda: “Este hueón no querrá a la niña para él”, cuestionó la familiar y concordaron en que había tenido un ataque de celos, pero tuvieron la esperanza de que fuesen “celos de padre”. 

El perdón, el error

Días más tarde el individuo le pidió perdón “de rodillas”. Macarena había vuelto a su casa porque José Luis Galleguillos estaba trabajando fuera, pero cuando llegó le insistió en que todo se había tratado de un arrebato, que bebió más de la cuenta y que no quería perder a su familia porque era lo único que tenía. 

A ella le costó, pero finalmente le dio otra oportunidad, algo de lo que hoy se arrepiente. Los meses transcurrieron de manera normal aunque como madre siempre le quedaron dudas de las intenciones que tenía el sujeto con la niña. No tocó más el tema ni con el hombre ni menos con la pequeña, porque no sabía cómo abordarlo, pero cada vez que salía y sus hijos quedaban solos, “sentía que tenía el corazón en la mano”, dice. 

En agosto del 2015 se dio cuenta del error que había cometido. En una conversación con su hijo de 8 años, el niño le comentó que “estaba cansado porque a veces dormía mal”. La madre le preguntó a que se debía, y el menor le respondió inocentemente que era porque la cama era muy chica y su papá ocupaba mucho espacio. De inmediato le causó extrañeza ya que ella nunca había visto al hombre durmiendo con el niño, por lo que continuó preguntando y el menor le fue despejando dudas al mismo tiempo que le infundía el pavor. 

El menor relató que su padre hacía esto cuando él se acostaba junto a su hermana, siempre que Macarena no estaba en casa. Describió cómo se situaban los tres en la misma cama. “Me dijo que él se ponía al rincón, ella al medio y el papá en la orilla de la cama. Yo inmediatamente me acordé del episodio del baile, y le fui a preguntar a mi hija mayor. Tenía mucho miedo de la respuesta que me iba a dar porque en el fondo sabía lo que me diría”, relata la madre, quien llevó a su hija a la pieza y a solas, le preguntó directamente si su padre le había hecho algo. La pequeña agachó la cabeza y al principio no quería decir nada y movía la cabeza, hasta que estalló en llanto y confesó que su propio padre biológico le realizaba tocaciones. “Recuerdo que lloraba y lloraba cuando me decía que el papá le tocaba sus pechos, le introducía los dedos en la vagina y le tocaba el trasero. Y que además se desnudaba y la obligaba a tocarle el pene y hacerle sexo oral. Yo escuchaba esto y estaba realmente paralizada”, indica la mujer. 

Intentó  contener a la pequeña y averiguar si también la había violado. La menor lo negó, y le suplicó que no contara nada ya que el hombre la había amenazado  diciéndole que si alguien se enteraba la mataría a ella, a su hermano, y a su madre. 

La denuncia

Esta vez sí que no podía quedarse con el hombre y decidió irse a casa de su hermana en La Serena. Le contó lo ocurrido pero lamentablemente no realizaron la denuncia. Según dice la madre, sólo quería alejarse a un lugar donde él no pudiera encontrarlas, ya que admite que le tenía miedo. “Sentía terror de que cumpliera lo que había dicho, que nos matara, no quería estar cara a cara con él”, dice. Pero sí lo llamó por teléfono y luego que él le preguntara si le pasaba algo, ella le respondió: “De verdad no sabes lo que me pasa. ¿Qué es lo que le has estado haciendo a tu hija por tanto años?”. No hubo respuesta y Galleguillos cortó el teléfono inmediatamente. 

Sin el sujeto, la mujer intentó seguir con su vida, pero no podía estar tranquila, el terror por su ex pareja simplemente la superaba, y por lo mismo no realizaba la denuncia, hasta que en el mes de octubre ocurrió un hecho que puso al descubierto lo que estaba viviendo su hija, cuando la llamaron desde el colegio, y le dijeron que tenía que presentarse urgente al día siguiente. Al principio pensó que había cometido algún acto de indisciplina o algo por el estilo pero cuando llegó al recinto la estaba esperando un equipo multidisciplinario. “Sus caras lo decían todo. Me contaron que el profesor de Educación Física, la había encontrado en el baño cortándose los brazos, y que cuando le preguntaron por qué lo hacía, ella les contó lo que le había hecho su padre”, asevera Macarena. 

Pero los profesionales del establecimiento fueron más allá, activaron los protocolos e hicieron la denuncia en la PDI, sobre todo porque esta vez la menor sí confesó que además de las tocaciones había sido violada por su padre. “Yo no sabía que la había violado, por eso me quedé en shock. Pedí de inmediato que me llevaran donde estaba ella, y cuando nos vimos nos miramos, nos abrazamos y nos pusimos a llorar”. 

El camino legal

Con la denuncia realizada y el apoyo del colegio y otras entidades como el CAVI (Centro de Atención a Víctimas) de La Serena, quienes le prestaron asesoría legal comenzó el largo camino para hacer justicia y que el hombre que tanto daño le hizo a su hija pagara por sus delitos. Pero el proceso fue bastante largo y en el intertanto cada paso se tornaba más doloroso. “Cuando se tuvo que realizar el examen físico, el primero, fue muy chocante escuchar al doctor que constató las heridas de sus brazos, y después lo que tenía que ver con los abusos. Dijo que tenía los pechos muy vultuosos para su edad, y esto era por las tocaciones, y en sus partes íntimas encontró que tenía un desgarro. Fue terrible escucharlo. Era el comienzo del proceso legal, y ya con oír eso sentía que era demasiado”. 

En el CAVI la menor continuaba con ayuda psicológica mientras avanzaba el proceso legal, según Macarena, de manera muy lenta. “A mí no me informaban demasiado. Nosotros pusimos la querella con la abogada y de ahí pasó mucho tiempo que por lo que me decían, era lo que demoraba la etapa investigativa en un caso que era complejo. Cada cierto tiempo nos citaban a la fiscalía o en la PDI, ahí yo me fui enterando de detalles que no me había contado, como la primera vez que la abusó que fue cuando tenía unos seis años y otras cosas que de verdad dejan claro que este tipo era un enfermo. No sé cómo pude estar con él tanto tiempo sin darme cuenta”, relata. 

Las audiencias se sucedían una tras otra, mientras el individuo continuaba en libertad sólo con firma mensual, hasta que finalmente el juez les entregó una fecha para la realización del juicio, que se llevó a cabo la semana pasada y que terminó con la condena del sujeto por los delitos de violación y abuso sexual en contra de su hija. 

Una nueva vida

Cuando le consultamos por qué quería contar su historia fue categórica. “Estas cosas se tienen que dar a conocer. Yo sé que son fuertes, pero también sé que hay mucho miedo en las víctimas, y cuando lean lo que se va a publicar se van a sentir identificadas, y van a saber que no están solas. Mi llamado es a todas las mujeres, a todas las madres a nunca dejarse intimidar, a nunca tener miedo”, expresó Macarena Barrera. 

Todavía no se sabe la pena que deberá cumplir José Luis Galleguillos, pero para ella, “debiese morir en la cárcel. Nunca mostró ningún indicio de arrepentimiento, a mí me tocó verlo en el juicio y estaba tranquilo, hasta sonriente. Su argumento fue que yo lo había inventado todo porque lo encontré con una amante y me quería vengar, algo irrisorio”, enfatizó, agregando que después de esta entrevista, pretende olvidarse y sanarse junto a su hija. Ni siquiera asistirá a la lectura de la sentencia. “Para mí esto se acaba, mi hija hoy está tranquila. Sabemos que el dolor no va a terminar nunca, pero tenemos que aprender a vivir de nuevo, tenemos que seguir viviendo”, concluyó la madre. 

El dictamen

Corroboramos los antecedentes entregados por Macarena Barrera a través del Poder Judicial, y si bien la sentencia todavía no ha sido redactada, los magistrados fueron categóricos a la hora de entregar la resolución del caso.

“En razón de los argumentos que se expresarán más detalladamente en la redacción de la sentencia definitiva, se ha desestimado la tesis planteada por la defensa del encausado, mediante la cual pretendió restarle credibilidad al relato de la víctima, pues, por el contrario, dicho relato impresionó al tribunal como verídico, y fue suficientemente corroborado por la demás prueba de cargo, resultando en su conjunto, suficiente para alcanzar el estándar de convicción que el artículo 340 del Código Procesal Penal impone a estos juzgadores.  Por estas sucintas consideraciones, que se explicitarán y desarrollarán de modo más acabado en la redacción de la sentencia, y teniendo además presente lo dispuesto en los artículos 295, 297 y 341 del Código Procesal Penal, se ha resuelto por unanimidad condenar al acusado como autor de un delito de abuso sexual y un delito de violación, en la persona de su hija, menor de edad”, expresó el tribunal.

 

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