Crédito fotografía: 
René Martinez
Es considerada la reliquia del pasaje Cerro Grande, en La Serena, y aunque algunos le dicen que se cuide, ella sale todos los días a comprar el pan. Y hasta va al centro para realizar sus trámites.

“¿Por qué tienen que decir mi verdadera edad?”, pregunta entre risas Rosa Elena Godoy Huerta, de 102 años. Porque el humor y la buena salud son las principales características de la “abuelita”, como le dicen los vecinos y los niños en el sector donde vive hace ya treinta años, en La Serena.

COMPRANDO EL PAN. ¿Acá vive la abuelita de los cien años?, preguntamos a unos vecinos al llegar. Y la respuesta fue clara: “Sí, pero tiene 103 y anda comprando el pan”.

Y era cierto. Andaba comprando el pan, como todos los días. Es un ritual que le agrada, pero que puede demorar más de lo habitual. Sin embargo, dice que no la incomoda. Le gusta salir, compartir y saludar a cada persona que se le cruza por la calle. Desde hace algún tiempo se acompaña de un bastón y aunque piensa y razona con cordura, tiene problemas de sordera. Quizás el único problema que uno, a simple vista, le puede encontrar. Y ella bien lo sabe.

“Los médicos están sorprendidos. Cada vez que me hacen un chequeo vuelven al hospital a contarle a sus colegas lo bien que estoy”, cuenta, orgullosa, esta risueña abuelita que antes de la siguiente pregunta, dice con fuerza que “nací el 23 de noviembre de 1914, muy lejos de acá. Cerca de Santiago. ¿Sabe? Mejor póngale que nací en Santiago, nomás, ya que allá viví muchos años antes de venirme a La Serena. Tengo 102 años y ninguna enfermedad. ¡Nada! Estoy como me ve. Si hago todos los trámites yo sola”, cuenta.

A su edad, goza de los mimos y cuidados que le prodigan sus dos hijos, nietos y bisnietos. Junto a su descendencia festejará en el mes de noviembre un año más de vida y experiencias que todavía puede disfrutar gracias a su lúcida memoria. Es más. Cuando cumplió los cien, los vecinos le hicieron el cumpleaños en la calle y compartió con todo el mundo, lo que recuerda con mucho cariño.

“Me acuerdo y fue bonito, ya que todos me quieren. Yo salgo sola, me voy al centro sola y tengo ya 102 años. Nunca me ha pasado nada. Tengo nietas profesionales, también bisnietos, así que soy muy feliz. Así es la vida mía”.

EN COLECTIVO Y ADELANTE. Cada cierto tiempo baja al centro de La Serena para realizar trámites. Y lo hace sola. Sin compañía. “Sí, es que es como  una adolescente atrapada en el cuerpo de una anciana”, indica una vecina, quien la conoce desde que llegó al pasaje Cerro Grande con su familia, hace 32 años.

“Voy al centro en colectivo y cuando va una persona adelante, el chofer le explica que se vaya atrás, porque me dicen que no puedo subir en el asiento trasero, que me complica un poco, pero en realidad sí puedo subir; soy pilla (ríe), así que me voy adelante conversando con el chofer. Luego llego al centro, hago mis compras y me conocen todos en el supermercado. Soy muy conocida”.

 

 

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