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En Chile los primeros en proponer y aplicar un programa formal de ciencia ciudadana fueron los llamados “Científicos de la Basura”, una iniciativa liderada por el Dr. Martin Thiel, investigador de la Universidad Católica del Norte y el CEAZA.

Desde hace tres años que el Centro Científico CEAZA trabaja en integrar a las comunidades en el desarrollo de ciencia local. Se trata de los denominados Científicos Ciudadanos, una tendencia que a nivel mundial ha ganado terreno y cada año suma a más adeptos.

Conocer algunas experiencias relacionadas con la ciencia en la región resulta interesante, ejemplos que dan cuenta de los beneficios que aportan tanto a la ciencia como a las comunidades.

En el mundo, existen plataformas colaborativas de larga trayectoria como ebird e inaturalist, que han permitido por años la participación de observadores de la naturaleza.

En Chile en tanto, los primeros en proponer y aplicar un programa formal de ciencia ciudadana fueron los llamados “Científicos de la Basura”, una iniciativa liderada por el Dr. Martin Thiel, investigador de la Universidad Católica del Norte y el CEAZA, que ha permitido gracias a la colaboración entre profesores, escolares y científicos, contar con información contundente sobre la situación de la basura en las playas de Chile.

Actualmente el CEAZA, en alianza con diversas organizaciones, desarrolla un programa de ciencia ciudadana enfocado en los intereses de diferentes segmentos de la población.

En esta línea sus esfuerzos se centran en temas como recurso hídrico y ecosistemas asociados. Según Paloma Núñez, coordinadora del programa, el objetivo es motivar la permanencia de los observadores ciudadanos, y sobre todo, destacar que sus registros son relevantes para el desarrollo regional.

“Son observaciones que vienen desde personas comunes pertenecientes a territorios aislados, rurales o costeros. En este sentido buscamos incentivar a las comunidades y que comprendan lo relevantes que son sus observaciones locales para el conocimiento científico, pues son ellos los que están en terreno, conocen muy bien su ambiente y observan permanentemente los cambios”, describe la profesional y añade que “queremos relevar las experiencias previas que tienen las personas comunes del territorio, vincularla con la investigación científica y que eso pueda trascender a través de proyectos, programas y ciencia pertinente al territorio”.

Experiencias de ciudadanos en la región

Hace unos días atrás, Cristian Zambra, pescador artesanal de la localidad de Guanaqueros, se contactó con equipo del CEAZA para reportar el hallazgo de una ballena muerta flotando en la costa. No es la primera vez que se comunica con el centro para hacer llegar sus observaciones. Desde hace un tiempo, se transformó en un científico ciudadano y sus registros son añadidos permanentemente a inaturalist (plataforma mundial) como un valioso aporte.

“Yo navego harto, por toda la costa de la región y con el tiempo he conocido bastante sobre el mar. Muchas veces me llaman la atención algunas especies raras o poco comunes; eso me llevó a preguntar qué son, de dónde vienen, por qué están acá, etc. Sólo por curiosidad”, relata Zambra.

En este contexto, Paloma Núñez explica que “lo que nosotros hacemos es contestar sus inquietudes, apoyar algunas de sus observaciones con información científica, pero sobre todo, dar confianza para que continúe compartiendo su conocimiento”.

La observación y posterior aviso del pescador, permitió que científicos y autoridades pertinentes pusieran en marcha protocolos, ya sean de investigación o de seguridad marina.

El hallazgo se trataba de una hembra juvenil de Ballena Fin, de unos 10 metros de longitud, cuyo cuerpo se encontraba sumergido a 10 metros de profundidad en el borde costero. Debido al proceso natural de descomposición, emergería pronto a la superficie. Ello, según indicó Sernapesca, revestía algunos riesgos sanitarios o para las embarcaciones navegantes.

El encargado del departamento de gestión ambiental de Sernapesca, Región de Coquimbo, Gerardo Cerda, asegura que los reportes que entregan las personas son muy valiosos para su labor, pues les permite trabajar con un nivel de reacción mucho mayor.

“Es de alta relevancia, primero, porque el cuidado de nuestro entorno ambiental y las especie protegidas, es responsabilidad de todos nosotros. Segundo, porque si la comunidad está comprometida y traspasa rápidamente la información, permite reaccionar en el tiempo adecuado y evitar problemas mayores, entonces obviamente que favorece mucho que la comunidad se comprometa y nos aporte con información de manera oportuna”, enfatiza.

Otro proyecto de ciencia ciudadana destacado, que apoya CEAZA, es el caso del humedal costero del río Limarí, que en conjunto con jóvenes del Colectivo Libertad y observadores de aves, llevan cerca de dos años de monitoreo estacional de aves en la zona.

“Hemos podido conocer el valor biológico del humedal, sus amenazas y buscar soluciones. Igualmente, en el invierno iniciaremos otro proyecto en la zona de cordillera para describir y medir eventos de nieve, principal fuente de agua de la región”, advierte Núñez.

 

 

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