• Desde la academia insisten en que los fondos para proyectos no solamente se buscan a través del Estado, sino también mediante alianzas con empresas, convenios universitarios y fuerte relación con la comunidad.
Crédito fotografía: 
Andrea Cantillanes
Con el respaldo de las universidades, aquellos que se dedican a la investigación deben presentar sus propuestas para ganar concursos, tejer redes de trabajo y mantener un fuerte vínculo tanto con empresas como con las comunidades que hacen vida cerca de su área de estudio. En la región, las casas de educación superior dan prioridad a proyectos hídricos, industriales, de astronomía y a la preservación de zonas vulnerables en el ámbito medioambiental. 

La comunidad científica del país culmina un 2017 agridulce: si bien el Senado aprobó en septiembre pasado el proyecto para la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, la celebración les duró poco al saber que la partida para ciencia en el Presupuesto 2018 sufrió una reducción de un 2,3 por ciento (de $697.982 millones bajó a $682.542 millones).

Si bien esto afecta la asignación de recursos para proyectos e investigación, los científicos no están dispuestos a dejar de lado sus propuestas y aspiraciones de aportar para el desarrollo de su área de trabajo y de lograr resultados concretos que posteriormente sean beneficiosos para las comunidades, el medio ambiente y la actividad empresarial. Además, buscan contribuir con el posicionamiento del centro al cual están asociados. 

Al menos esa es la impresión que dejan en conversación con El Día reconocidos investigadores de la región, al asegurar que la productividad científica ha crecido en los últimos años luego de optimizar los procesos de postulación a concursos para conseguir fondos, poner el foco en la formación de capital humano avanzado, y en la creación de líneas de apoyo constante para proyectos de trascendencia regional. 

¿QUÉ SE HACE DESDE LAS UNIVERSIDADES?

La brújula de la investigación regional se inclina hacia dos importantes casas de estudio: la Universidad de La Serena (ULS) y la Universidad Católica del Norte (UCN) sede Coquimbo. 

Ambos recintos tienen unidades especializadas en la investigación y bajo esta figura a un gran número de expertos y estudiantes de magíster o doctorado trabajando en los más variados proyectos, ya sea para el aporte de conocimiento en áreas fundamentales o en la investigación aplicada. 

Eduardo Notte, vicerrector de investigación y postgrado de la ULS, explica que el problema de la investigación en el país se radica en el bajo financiamiento que se obtiene del presupuesto de la nación. 

“Chile invierte poco en relación a los países de la OCDE, apenas el 0,34% del PIB. Aunque el presupuesto es bajo para la investigación, por otro lado la productividad científica ha crecido en el país en los últimos cinco años y nosotros no somos la excepción”, afirma. 

Para conseguir los recursos y desarrollar sus proyectos, los investigadores deben postular a concursos externos de instituciones como el Conicyt, Ministerio del Ambiente, el Gobierno Regional o Corfo. Sin embargo, lo hacen en un entorno bastante competitivo. 

Notte comenta que si postulan a veinte proyectos anualmente, les financian cuatro o cinco, por ejemplo. “No es porque los demás sean malos, sino porque no alcanza el recurso para todos”, aclara. 

Por otra parte, la propia universidad genera líneas internas de apoyo a la investigación para otorgar recursos. “Las personas que postulan a concursos externos y no ganan, igual siguen su trabajo, pero quien les financia la investigación es la universidad”, detalla Notte.

Armar los laboratorios y adquirir los equipos para desarrollar proyectos también resulta costoso. Generalmente, es a través de los concursos que se pueden adquirir equipos menores. Foto: Andrea Cantillanes.

 

El CASO DE LA UCN

Por la misma vía transita la UCN, institución que estudia y aplica diferentes opciones para conseguir fondos externos. 

María Cristina Morales, secretaria de Investigación de la universidad, sostiene que en el último quinquenio se han preparado en la optimización de algunos procedimientos internos que les permiten definir postulaciones y cumplir con los estándares que pide cada concurso.

“La sede de Coquimbo tiene la oportunidad de postular entre 30 y 40 concursos distintos en diferentes áreas (…) El año pasado, por ejemplo, postulamos a más de 25 iniciativas del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC-R) a nivel regional y nos adjudicamos 7”, relata. 

Ante la gran cantidad de proyectos postulados, la UCN de la zona se posicionó como una de las universidades con mayor presencia en este tipo de concursos, certifica Morales. 

INVESTIGACIÓN  Y PROYECTOS 

En la región de Coquimbo son muchas las propuestas científicas y de investigación que se desarrollan a partir de las características demográficas, geográficas, económicas y climáticas de la zona. Para este trabajo, El Día destaca algunas de las más importantes, junto con los proyectos que marcaron pauta durante el año:

Producción de algas  y recurso hídrico

La secretaria de Investigación de la UCN, María Cristina Morales, detalla que en la casa de estudios tienen focalizados los temas a trabajar y desde el año 2013 se le ha dado mucha fuerza a proyectos vinculados con el recurso hídrico. Sobresalen las propuestas sobre desalinización de agua de mar, evaluación de acuíferos costeros, así como la producción de semillas de moluscos, crustáceos y peces de especies nativas.

“En el caso de las algas hemos incursionado bastante bien y aquí es importante destacar la unión que se ha producido entre la Facultad de Ciencias del Mar y de Medicina, que además de apuntar a la producción de algas para consumo humano, se trabaja en la obtención de moléculas activas para evaluar su uso en el tratamiento de enfermedades como el cáncer gástrico”, indica Morales. 

En este último punto, la meta es expandirse al desarrollo de bioproductos y fármacos, para lo cual postularán a más proyectos de continuidad. 

Foto: El Día

 

Preservación de humedales costeros

Carlos Zuleta, investigador del Departamento de Biología de la ULS, centra su labor en el proyecto “Biodiversidad y vulnerabilidad de los humedales costeros de la región”, en un área que va desde Los Choros hasta Los Vilos. La propuesta comenzó a estudiarse desde 2011, pero obtuvo financiamiento a partir del 2014. 

¿Su objetivo? Preservar estos lugares que, aunque son relativamente pequeños, son importantes para la concentración de biodiversidad.  Y en una zona semiárida como la región de Coquimbo proveen de refugio a varias especies, lo que les permite afrontar periodos de sequía u otros eventos climáticos.

“Son ecosistemas que están desapareciendo y por eso deben recibir atención internacional (…) una de las cosas fundamentales ha sido el trabajo con las comunidades y nosotros nos hemos apoyado con la comunidad agrícola de Huentelauquén y Tongoy a través de las mesas de humedales”, explica Zuleta.

Asimismo, el equipo de trabajo desarrolló este año una figura de conservación que actualmente está en vías de aprobación para declarar sitio Ramsar (humedal de importancia internacional), a los humedales de Tongoy.  La zona de Huentelauquén ya es un sitio Ramsar desde el año 2015. 

No obstante, Zuleta insiste en que si no se involucra a las comunidades en la preservación de estos lugares, no servirán de nada los instrumentos de protección legal. “Lo que queremos es que los servicios que recibe la gente de la naturaleza puedan ser valorados y entendidos”, expresa.

Foto: Andrea Cantillanes

 

Estudio de enzimas  y su aplicación en industrias

Ronny Martínez, profesional asociado al Departamento de Ingeniería de Alimentos de la ULS, trabaja en uno de los tres proyectos que se adjudicó recursos este año mediante el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) en dicha área.

Él y su equipo se abocarán al estudio de enzimas, proteínas catalíticas que aceleran la transformación de compuestos y que tienen distintas aplicaciones en diversas industrias. En particular, experimentarán con el uso de enzimas en el procesamiento de alimentos y de materias primas, lo que es muy relevante para el desarrollo regional. 

“Queremos saber cuáles son las enzimas más apropiadas. Aquí en la zona hay mucha actividad agroindustrial en la que se ocupan enzimas y uno de los desafíos es el procesamiento de los subproductos o residuos que se generan”, apunta. 

Muchos de estos residuos tienen un gran valor agregado que, a juicio de Martínez, no se aprovechan por la falta de tecnología o a la falta de conocimiento de la industria.

“El proyecto partió este año y estamos en la base de sellar las metodologías. Esto es una tecnología nueva para la región, ya que el estudio de las enzimas aplicadas en el sector industrial es incipiente en Chile”, resalta.

Aunque esperan tener resultados interesantes para la industria en un año aproximadamente, la investigación en términos fundamentales podría tomar de cinco a 10 años de estudio. 

Foto: Andrea Cantillanes

 

Hallazgos astronómicos  y formación académica

Rodolfo Barbá es investigador asociado al Departamento de Física y Astronomía de la ULS. Desde su perspectiva, en el último año se vivió un progreso significativo en el área de formación de capital humano especializado en el área, gracias al lanzamiento del doctorado en astronomía, más la incorporación de tres profesores. Igualmente reconoce que los desafíos son muchos y siempre se necesitan más especialistas para formar a los nuevos alumnos. 

Hace especial mención a la colaboración clave de los investigadores de la universidad para captar uno de los hallazgos astronómicos más importantes del 2017: la colisión de dos estrellas de neutrones, fenómeno causante de las ondas gravitacionales que Albert Einstein predijo en su  Teoría General de la Relatividad.

Barbá relata lo que sucedió cuando la licenciada en Física y estudiante de magíster Natalie Ulloa se encontraba trabajando en el Observatorio Las Campanas el 16 agosto pasado, como parte del proyecto de supernovas Swope Supernova Survey.

Ese día se emitió una alerta de detección simultánea de ondas gravitacionales y una explosión en el cielo de alta energía, y en Chile se dio aviso justo cuando estaba comenzando el atardecer. 

“A nuestra estudiante le mandan las coordenadas y ella hace una secuencia de observaciones para establecer la ubicación del objeto que hizo explosión. Ella obtiene las imágenes y las envía a Estados Unidos, donde tienen el  software necesario para ver qué es lo que aparece en la imagen y descartar que no haya sido otra cosa”, cuenta Barbá. 

Fue así como Ulloa se convirtió en la primera persona en observar el punto de luz generado por la colisión de estrellas de neutrones.

“Nuestra estudiante estaba al mando de un telescopio de 1 metro de diámetro y una cámara de 16 megapíxeles, pero fue tan rápido el trabajo de procesamiento que hizo Natalie como observadora junto con el equipo de la Universidad de California y de la Carnegie Institution de Washington, que por media hora les ganaron al equipo en el Observatorio del Cerro Tololo, cuyo telescopio tiene 4 metros de diámetro y 520 megapíxeles”, expone Barbá.

Foto: Andrea Cantillanes

 

 

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