• Clara Olivares se ha destacado por rechazar las injusticias sociales desde muy temprana edad, desde el 2010, tras el despido de una serie de trabajadores por el gobierno de Sebastián Piñera lo que la lleva a convertirse en dirigente gremial.
  • Desde muy joven se muestra inquieta y aplicada. En la imagen, en su años de adolescencia.
  • En esta imagen de la niñez aparece junto a su hermano y un amiguito. Fue tomada en la Plaza Vicuña Mackenna en el Barrio Inglés.
  • Sus funciones laborales, sindicales y de familia las ha sabido equilibrar. Es madre de tres hijos, todos mayores de edad, Mauricio (36), Javiera (23) y Luis Andrés (21)
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Estudió en colegio de monjas y se cuestionó la religión, en lo que fueron sus primeros pasos de una postura que con el paso de los años la transformaría en una destacada dirigente gremial. En la actualidad es la presidenta regional de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), trinchera desde donde ha encabezado grandes luchas sociales por los empleados públicos.

La actual presidenta de la ANEF, Clara Olivares, nació en Coquimbo, viviendo sus primeros años de vida en lo que hoy es el Barrio Inglés. De hecho, su antigua plaza era un lugar común para ella y sus amigos, ya que allí improvisaban sus juegos y la recorrían a diario.

Era una época en que era un espacio al aire libre seguro y donde no había nada que temer.

Desde pequeña era algo distinta a sus amistades y compañeros de curso, en el fondo un poco adelantada y también con una personalidad esquiva y que con el paso de los años se cuestionaba todo, muy alejada de los dogmas, a pesar de haber pasado por un colegio de monjas, lo que le provocó más que algún problema y malos ratos para su familia.

De niña recuerda que ingresó a kindergarten, pero según ella, la soportaron una semana y la subieron de grado a primero básico. “Y en primero, por lo que me han contado, la profesora me soportó dos semanas y me pasaron a segundo, porque era inquieta y me aburría, porque ya sabía leer y escribir, además de sumar y restar”.

Pero su adelantamiento en los estudios tiene que ver con una situación no muy agradable que le tocó vivir desde pequeña, ya que era muy enfermiza pasando gran parte de su niñez enferma.

Recuerda que fue su abuelita la que se entretenía leyéndole y enseñándole, “porque televisión no había y en esa época era la lectura como una fuente de entretención. Así aprendí, mi abuela me iba leyendo y me iba mostrando las letras, después aprendí a escribir y cuando llegó el momento de entrar al colegio, me pasó eso”.

Dice que cuando niña se enfermaba de todo, “me dio hepatitis, me dio una enfermedad que me dejó sin cubierta las articulaciones, por lo tanto, me enyesaron y no me podía mover, me daban amigdalitis, después descubrieron que no podía tomar leche y por eso me enfermaba. Tenía problemas con la lactosa, pero en esa época aún no se descubría. Entonces pasaba enferma, porque además me daban lechecita para que mejorara”.

Esto provocó que pasara mucho tiempo con su abuela, de la que fue regalona hasta el día de su muerte. “Yo creo que eso influyó mucho, porque era muy regalona, entonces se dedicaban a mí”.

Rememora que fue complicado cuando la subieron de curso a segundo básico, porque era la más pequeña del grupo, ya que si bien tenía las competencias cognitivas no tenía las competencias sociales para desenvolverse entre sus compañeros. “Ese fue un problema que me persiguió a lo largo de toda la enseñanza escolar, porque yo tenía 14 años y estaba en cuarto medio. No me daban permiso para salir y todas mis compañeras salían, entonces no me daban esos permisos”, recuerda.

LAS PRIMERAS ESCUELAS

En una primera etapa, Clara Olivares estudió en la Escuela N° 6 de Coquimbo, posteriormente la cambiaron al Colegio Inglés, donde estuvo hasta el año 1973, “donde le dijeron a mi mamá que sería bien visto que me llevaran a otro colegio y a contar de primero medio empecé en los Sagrados Corazones, en La Serena y allí terminé. No sé si las madres estarán muy contentas con mi paso por ese colegio”, señala y se ríe.

La alusión es porque siempre fue un poco cuestionadora y en un colegio de monjas no era fácil llegar y decir las cosas. Además estaba pasando por su adolescencia, cuando se es más contestatario y la persona se cuestiona todo. Eso fue lo que comenzó a ocurrir con Olivares, quien dice que “las hermanas se complicaban un poquito conmigo, pero tenía profesores de los que tengo los mejores recuerdos, estaba don Pedro Díaz, que me hacía biología. Tuve a la Laurita Vega de profesora de matemáticas, quien ahora es decana de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de La Serena. Tuve excelentes profesores, muy centrados, además, en el aprendizaje integral. Ellos, eran muy respetuosos de mi afán de saber más y tolerantes con mi personalidad un poco inquieta”.

Esa personalidad se manifestaba interrumpiendo harto, preguntando mucho y dudando de todo. Dice que tiene un problema serio con los dogmas, por lo que le tenían que explicar. “Mejor ni explico los problemas que tenía con la profe de religión. Porque ahí te instalan dogmas que los tienes que creer porque sí y eso a mí me costaba, todavía me cuesta. Ahí fui muy contestataria, en una época en que no era fácil serlo, por lo que me demonizaron. Era la manzana mala del cajón, pero malos tratos, no. Tuve buenas compañeras de curso, con las que todavía nos relacionamos, nos juntamos”.

Dice que su época de rebeldía no pasó más allá de un par de tirones de mechas y se quedaba tranquila.

Menciona que siempre le llamaron la atención las diferencias sociales, desde chica no entendía por qué había algunos que lo podían tener todo y otros que no tenían nada. “Eso me molestaba, siempre me molestó”.

Su madre había salido de la pobreza gracias a la educación pública que recibió, pero recuerda que su abuela seguía siendo pobre. Pero ella vivía realidades que le chocaban. “Yo tenía una abuela muy pobre, sin embargo, me relacionaba en el Colegio inglés con un sector de esta sociedad serenense y coquimbana que tenía acceso a otras cosas, lo que no significa que haya tenido resentimiento, porque también tengo buenos recuerdos de esos compañeros y compañeras de curso. Todavía nos encontramos algunos y nos saludamos con gran cariño”.

No obstante, señala que había diferencias muy fuertes y a esas alturas Clara Olivares ya tenía un sentido social y de desarrollo de las personas, diferente.

RELIGIOSIDAD PROFUNDA

Recuerda que en su época de rebeldía la que más sufrió fue su abuela, bajo cuyo alero estuvo protegida siempre. Esto porque ella era de una religiosidad profunda. 

En esa época Clara Olivares cuestionaba todo. Cuenta que su abuela le aceptaba sus cuestionamientos y preguntas, pero “una vez pregunté por la Virgen. Me acuerdo  perfectamente que me agarró la chasquilla, me la mechoneó y me dijo: ‘te acepto que seas atea, pero con la Virgen no te metas’. Yo entendí eso clarito. Pero igual yo disfruté esa religiosidad de mi abuela, me gustaba acompañarla a las procesiones, a las novenas”.

Menciona que con el paso de los años no tiene ninguna religión, pero que las respeta en términos de ritos y en términos de estructuras. “Yo tengo fe en un ser divino, pero que no pasa por ningún intermediario, porque no puedo creer en los dogmas que se han instalado en los diferentes tipos de iglesias”.

PASEOS A LA PLAYA

Con sus amigos fuera del colegio compartía bastante. Con ellos salía, realizaban paseos a la playa, iban al cine, a la plaza, pero subraya que no era mucho lo que podían hacer, ya que su adolescencia la vivió en plena dictadura y con toque de queda. En esa época tuvo un solo pololo, con quien aún conserva una amistad.

Recuerda que fueron años poco fáciles, ya que el toque de queda los obligaba a estar antes de las diez de la noche en la casa. “Eso nos marca a toda una generación, crecimos con miedo, no se te podía pasar la hora de llegar a la casa, había restricciones y tenías que llegar al menos una hora antes del toque de queda a la casa y eso significaba partir de donde estuvieras una hora o media hora antes. Entonces, vivías en torno al temor, estaba instalado y el temor era normal, era normal que tuviésemos temor. Yo creo que eso se liberó más aún en mí, cuando entré a la universidad. Ahí se me abrió el mundo”.

ZIGZAGUEO EN LA UNIVERSIDAD

Reconoce que en sus estudios superiores hizo un largo camino y zigzagueante. Se fue a estudiar medicina veterinaria a la Universidad de Chile en Santiago, le gustaban los animales, pero ya cursando la carrera se da cuenta que no le gustaba ver sangre ni huesos. No era lo de ella.

Aun así señala que fue una gran experiencia, donde aprendió mucho en términos conceptuales más que académicos, ya que se relacionó con otro mundo. Por ejemplo, le tocaba ver a personas que llegaban a la universidad con escolta militar a clases y conoció a otros que vivían casi en la clandestinidad.

En esos espacios convivía y fue creciendo. Tuvo también los primeros acercamientos a la política. “No a los partidos, sino a acercarme a lo que yo creía como injusticia, como lo que debería ser, se acercaba más a las ideas de izquierda que de derecha. En esa época no había gran desarrollo de partidos ni había grandes conversaciones sobre el tema, eran prohibidas. Yo creo que si alguna vez yo nombraba izquierda, mi abuela se persignaba cien veces y era capaz de llevarme a que me hicieran un exorcismo”. Hasta ahí su paso por la Universidad de Chile.

Vuelve a dar la Prueba de Aptitud Académica P.A.A. y se va a la Universidad Católica de Valparaíso a estudiar derecho. Ahí las cosas cambian para Clara Olivares y tiene una intensa vida política. Se acerca a los socialistas y a los comunistas, explorando. Finalmente termina ligada los socialistas. Influye que por su personalidad le era difícil obedecer órdenes verticales.

CASAMIENTO

En esa época conoce a su primer marido, se trata de un compañero de la universidad. Pololean un año y se casan. Clara tenía 17 años, quedó pronto embarazada de su hijo mayor, Mauricio, pero su matrimonio dura cerca de un año y medio y se separa. Eran jóvenes y no estaban preparados para el matrimonio ni para tener hijos. “Fue parte de la revolución”, recuerda con un dejo de risas.

La situación se tornó complicada, no podía seguir estudiando en Valparaíso, con un hijo y sola, así que regresa a la región.

Vuelve a dar P.A.A., tiene que estudiar algo rápido, ya que su madre no la mantendría eternamente e ingresa a estudiar educación parvularia en la Universidad de La Serena. Convalidó ramos y sacó rápidamente la carrera y a los 23 años ya estaba trabajando.

Clara Olivares indica que ya estaba más madura y su paso por la ULS fue muy bueno, de hecho dice que lo pasó bien. Ya no había toque de queda, había un poco más de libertades y hace lo que no pudo hacer en años anteriores. Pololea, estudia, protesta en las marchas, vive a fondo el proceso universitario.

Tiene más libertad de parte de la familia, ya que principalmente su madre se preocupa más de su nieto que de ella, que ya está grande. “Fue una buena época de política, de carrete, de amigos, de salir, de cosas que no había hecho antes. Lo pasé bien”.

MUNDO LABORAL

••• El primer trabajo que consiguió fue en la municipalidad de Coquimbo y la destinaron a Guanaqueros, en tiempos en que la movilización era pésima. Había un bus a mediodía y no tenían cómo volver, por lo tanto, profesores y educadoras debían hacer dedo para retornar. En uno de esos días  las trajo a ella y a sus compañeras un conductor que se movilizaba de Guanaqueros a Coquimbo. Esto se repitió en varias ocasiones y terminaron haciendo amistad. Finalmente, tras algún tiempo, comenzaron a salir y se transformaron en pareja.

Comenzaron a convivir, pasaron los años, tuvieron dos hijos, Javiera (23) y  Luis Andrés (21). Luego de largos años de convivencia se vuelve a casar, tras claras presiones familiares que no entendían por qué no contraían matrimonio si ya estaban consolidados.

LA DIRIGENTA GREMIAL

••• Clara Olivares con sarcasmo señala que se convirtió en dirigente sindical por mérito de Sebastián Piñera.

Cuenta que después de trabajar en Tierras Blancas y posteriormente en la Escuela Coquimbo, siempre enviada por el municipio en el que trabajaba, comenzó a resentir sus labores y postuló a un cargo al Ministerio de Educación y quedó en el Chile Califica. Después postuló a un cargo de supervisora y también fue aceptada.

Ahí trabajaba cuando la pilló el cambio de Gobierno y asume como Presidente Sebastián Piñera. Era el año 2010 y dice que fue horrible. “Me acuerdo que acá había mucha inquietud y yo tan tonta, decía no nos preocupemos tanto, si se van se van a ir los políticos, el jefe de gabinete, seremis, los que hacen política, pero nosotros que somos trabajadores y entramos por concurso no creo. Por favor, calma, este es un ministerio (Educación) que necesita de las competencias técnicas, no se preocupen”.

Estaba profundamente equivocada. El 30 de mayo de ese año comenzaron los despidos. “Me encontré con una compañera que iba llorando por el pasillo. Después otra compañera que estaba llorando me dice, te llaman de gabinete, nos están echando. Ya iban 10 despedidos”.

Dice que el proceso era terrible, mantenían a uno dentro de la oficina despidiéndolo, mientras tenían a otro trabajador en la antesala y otros en camino, entonces había siempre tres circulando y siempre se cruzaban dos en el pasillo, uno despedido y otro que recién habían llamado. Por eso le pusieron El Pasillo de la Muerte.

“Yo me crucé con un compañero que veía llorando y me dijo no sé qué voy a hacer, desconsolado”. Clara ingresó a la oficina de Gabinete, le entregaron la carta despido y preguntó por qué, le respondieron que sus servicios ya no eran necesarios y ella les respondió que sabía que era por razones políticas.

Recuerda que tuvo una áspera discusión. Salió y se fue a hablar con una dirigenta para que hicieran algo, pero se le informó que sólo iban a despedir ese día. “Ahí me dio un ataque de locura, me atravesé en el pasillo y le grité a mis compañeros que estaban despidiendo gente, que hicieran algo. En ese momento vi muestras de solidaridad de todos mis compañeros, de todos los colores y nos atravesamos en el pasillo y no dejamos que nadie más entrara a esa oficina”.

Así comenzó un fuerte movimiento de protesta. Tras iniciarse el proceso de elecciones, ella y otros despedidos, los cuales por norma no debían dejar inmediatamente el trabajo, se postularon y fueron electos.

En la actualidad, Clara Olivares ha sido electa en dos oportunidades como presidenta regional de la ANEF.

 

 

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