• Este martes, los expertos volvieron al lugar para retirar los cuerpos que se encuentran más expuestos.
Crédito fotografía: 
Andrea Cantillanes
La semana pasada, el grupo de arqueólogos, antropólogos y conservadores reanudó las labores de rescate que posteriormente serán analizados para determinar las costumbres, formas de vida e incluso establecer una nueva cronología de las culturas molle, ánima, diaguita y diaguita inca.

En julio de 2015 y mientras se realizaban los trabajos de construcción de la doble vía que conectaría a La Serena con Vallenar en la Ruta 5, 4 kilómetros al norte de La Serena fue descubierto el sitio arqueológico El Olivar, recinto que es considerado uno de los hallazgos precolombinos más importantes que se ha hecho en Sudamérica y que, por primera vez en la historia de la zona, reunía en un solo lugar evidencia de nuestras culturas ancestrales molle, ánima, diaguita y diaguita inca.

Durante las 15 campañas que ha podido realizar el grupo de arqueólogos, antropólogos y conservadores, el lugar se ha convertido en un verdadero libro abierto de la prehistoria local, pues cada nuevo vestigio ha permitido aportar importantes antecedentes, muchos de ellos hasta ahora desconocidos, que incluso cambiarían la visión que existía de estos pueblos, sus costumbres y hasta la cronología.

El Día tuvo acceso a presenciar el inicio de la campaña 16, la última que se desarrollará para dar paso al cierre de las excavaciones e iniciar los estudios. La arqueóloga Paola González relata que la evidencia actual es rica, pero mientras más avanzan los exploradores aparecen nuevos indicios que los dejan sorprendidos.

“Nosotros acá tenemos una evidencia privilegiada de la historia de las culturas indígenas agroalfareras. Tenemos incluso algunos conchales molle, que son de más o menos entre el año cero y el 600 d.C”, puntualiza.

Pero las excavaciones han develado también una gran ocupación primero de la cultura ánima y luego de la cultura diaguita que, como no había ocurrido nunca antes, presentan diversos datos reunidos en un solo lugar.

“De la cultura ánima tenemos básicamente evidencia de Las Ánimas 2 y 3, que antes se habían definido como tipo de cerámicos, pero acá uno de los grandes logros de esta investigación es que por primera vez se encuentran en contexto, ya relacionados con personas concretas, con un patrón funerario específico. Hemos aprendido montones, aun cuando todavía no se ha procesado una gran cantidad de información”, puntualiza.

Esto permitirá, indica la profesional, incluso establecer las diferencias sociales que existieron en cada uno de los periodos. “Encontramos personas que tenían artefactos de oro, instrumentos musicales que nunca antes se habían registrado, individuos que por ejemplo tienen muchas huellas en su cuerpo que develan trabajos como de la agricultura. Estamos viendo que hay una sucesión de entierros, pero muy próximos entre sí. Va a ser difícil determinar si fue algo simultáneo o separado por un muy pequeño espacio de tiempo”.

En este sentido agrega que“vamos a poder tener una visión mucho más vívida de lo que era la sociedad ánima, que son los ancestros de los diaguitas. Por ejemplo hemos encontrado contextos con una cerámica que no es ni del norte grande ni de la zona central, ni del sur y que nos pueden hablar un poco de cómo llegaron estas primeras poblaciones a partir de un arribo a la región, de poblaciones que manejaban la cerámica policroma, que estaban ya reproduciendo diseños geométricos”.

Los arqueólogos Paola González y Gabriel Cantaruti han estado registrando todos
estos antecedentes para elaborar un informe final y traducirlo en un libro.
Foto: Andrea Cantillanes

 

Estos antecedentes darían cuenta de que Las Ánimas son un pueblo mucho más complejo de lo que se había advertido. “Tenían perfecto manejo de la tecnología para producir artefactos de oro, uno de los hallazgos más bonitos fue este del músico, con una flauta con más de 6 piezas ensambladas y con tres cintas de oro laminares, otra niña con tres aros de oro que tenía sus inserciones musculares muy suaves y además con su esmalte dental muy bueno, lo que habla un poco de que había diferencia de labores”.

En este sentido, Paola González detalla que de hecho muchos de los ajuares mortuorios, por ejemplo, tienen que ver con actividades, mujeres que aparecen con sus implementos para textiles, como unos huesos ahuecados que los usan para aplastar el tejido, también punzones, agujas. “Hay otros que están con todos los implementos necesarios como para producir instrumentos líticos, como verdaderos talleres ambulantes, con una piedra que es donde se pone el material con pulidores y además unas 8 puntas, son unos contextos hermosísimos”.

Hasta ahora, indica, las fases de esta cultura ancestral se habían definido principalmente por materiales que se encuentran presentes en los museos, “pero acá los estamos viendo asociados a personas concretas, con un patrón mortuorio específico y ellos son las raíces de lo que se va formando después con el pueblo diaguita”.

ESTRECHA RELACIÓN

A la fecha, a las culturas ánima y diaguita se les había observado y estudiado por separado, pero otro aporte que ha podido establecer esta investigación es la estrecha relación que tenían ambas. 

“Una cosa novedosa de este sitio y que vemos que está perdurando en el tiempo es esta práctica de entierro de camélidos, que se traspasa también a los diaguitas, pues también los hemos encontrado en sus primeras fases. Aquí también se ve una reocupación de estos espacios muy profunda, porque aparecen las cistas y en su base comienzan a surgir inmediatamente los entierros ánima, entonces, hay sin duda un vínculo sumamente fuerte entre lo que son los diaguitas y los ánimas”.

De hecho, explica González, se estima que la cultura ánima podría haber habitado los territorios de la región entre el 700 y el 1.000, mientras que los diaguitas a partir del 900. “Pero ahí está todo un proceso de génesis de la cultura diaguita a partir de las raíces ánima. No obstante, al parecer llegó otro tipo de influencia, porque hay ciertas semejanzas con culturas del noroeste argentino, del oriente boliviano, que son estos diseños bien simétricos, bien complejos, entonces el arte diaguita empieza de a poco a alejarse de la manera en que ellos manufacturaban, sobre todo la parte de los diseños, porque la parte tecnológica es muy parecida”.

Indica que se han hecho estudios de cómo manufacturaban la cerámica los ánimas y los diaguitas “y lo hacen prácticamente de la misma manera, pero los diaguitas empiezan a ensayar con este tema del arte abstracto, de la simetría y ahí van evolucionando con un camino propio hasta tener su identidad diferenciada. después llega el inca, también tenemos hallazgos de ellos, entonces, es una ocupación más o menos desde el 700 hasta la llegada del inca y de los españoles”.

Serían entonces 800 años en que a este lugar se le mantuvo una función funeraria. “En todo este polígono, y eso también es fruto de esta investigación, descubrimos lugares habitacionales, conchales, rasgos como el inicio de pisos de habitaciones, estructuras y eso puede dar mucha información sobre la vida cotidiana de los diaguitas, pero cuando se pueda estudiar, porque quedaron a nivel de pozos de sondeo, entonces lo lindo sería que más adelante, una vez ya terminada esta investigación, se pudiese dar un tiempo y un financiamiento para abordar la parte cotidiana de los diaguitas, no solamente sus contextos mortuorios”.

Los vestigios también han dado cuenta de la estrecha relación que tenían con el mar “porque los conchales te hablan de un enorme consumo de productos marinos, hemos encontrado también anzuelos de bronce, pesas de red, por lo que creemos que había una vocación muy fuerte orientada hacia el mar tanto de los ánimas como de los diaguitas. Además, ellos vivían en estrecha cercanía con sus muertos, porque tú ves el plano de nuestros sondeos arqueológicos y encuentras un área funeraria, un conchal, después otra área funeraria, o sea, ellos convivían estrechamente con sus difuntos”.

Por su parte, el arqueólogo Gabriel Cantaruti recalca que uno de los aspectos más relevantes que ha tenido el hallazgo de este sitio es que se ha podido recobrar gran cantidad de sepulturas “y la calidad del registro que hemos hecho nos va a permitir refinar y seguramente rectificar aspectos de la cronología que se han establecido y se han aceptado de manera tradicional en la zona”.

Los investigadores han tenido total cuidado en conservar de la mejor manera estas
osamentas para su posterior análisis. Foto: Andrea Cantillanes.

 

Al respecto, afirma que “vamos a conocer bastante más acerca de este grupo tradicionalmente llamado como el complejo Las Ánimas, conocer con bastante mejor precisión su extensión cronológica y la vinculación que tiene con la cultura diaguita.También vamos a conocer mucho sobre la variabilidad que tienen las formas de sepultación, que también de una manera bastante tradicional se habían aceptado como patrones característicos de ciertos momentos. Vamos a ver si realmente es así o existe variabilidad”.

Uno de los aspectos únicos que ha tenido este registro, plantea, es que en este sitio se da la representación de distintos grupos etarios. “Históricamente siempre la prehistoria se ha construido en base a adultos y aquí, por una parte tenemos una representación bien importante de población subadulta, pero también hombres, mujeres, niños, lo cual también nos va a permitir caracterizar mucho mejor las variaciones sociales o percepciones hacia la muerte que se establecieron para distintos grupos de edad”.

De hecho, explica, se ha podido ver una asociación que desconocían y es que muchos jarros zapato pequeños están asociados a niños recién nacidos o infantes. “Entonces, en general el cuidado que tanto la cultura ánima como diaguita le dan a los menores llama la atención, porque son categorías de edad que antes, por la rudeza en las excavaciones ni siquiera reparaban en ello.Nosotros hemos trabajado con 25 antropólogos físicos, la excavación ha sido enormemente cuidadosa y eso ha permitido un registro de población que antes no se tenía”. 

Paola González puntualiza también en que el hecho de haber trabajado con tantos antropólogos físicos les ha permitido que las fichas que se están llenando de cada uno de los individuos sea sumamente completa, “entonces, por ejemplo, se ha visto que hay muchas micro facturas de huesos que podrían asociarse eventualmente a actividades como mariscadores, que tiene cierto grado de peligro en ese sentido o bien las textileras, con inserciones musculares que corresponden un poco a esta actividad reiterada en el tiempo”.

“Tenemos también una muy buena muestra, tanto en hombres como mujeres asociados a elementos de consumo de alucinógenos, que se han interpretado como chamanes, ahí también estamos rompiendo algunos mitos que se tenían en la historia diaguita en el sentido de que el chamán era una especie de ser que no participaba mucho de la actividad normal del resto de los habitantes, que no trabajaba en agricultura, que era de inserciones musculares más leves, pero acá hemos visto que, al contrario,  muchos de los individuos de sexo masculino principalmente tienen inserciones muy profundas que devela que tenían igual trabajo que el resto de la población”.

En cuando a si habría habido algún tipo de orden jerárquico en estas culturas, Cantaruti indica que aún es prematuro aventurarse a señalarlo. “Sin embargo, hay cosas singulares que nos sorprendieron, como el hallazgo de estos objetos de oro vinculados con individuos sepultados de acuerdo a patrones que interpretamos como pertenecientes al complejo Las Ánimas y que no habían sido documentadas antes. En Los Andes, por lo general, la vinculación de individuos con objetos de adornos personales de oro habla de un estatus diferente. Aun cuando es prematuro hacer una visión general a partir de toda la población del sitio, sí podemos apuntar estas particularidades”.

Otro tema que dará para profundizar en las investigaciones es el hallazgo de instrumentos musicales de hueso, que da un vínculo con áreas que no han sido muy bien abordadas todavía.

“Se abren muchos caminos en relación a las relaciones externas que pudo haber establecido la cultura diaguita. Antes nosotros lo veíamos a nivel muy local, pero al parecer hay un gran ámbito de relaciones.  Lo mismo con la metalurgia, hay mucho vínculo, no tanto en las cosas de oro, pero sí en los bronces, que tienen mucha correspondencia en forma con lo que se elabora en el noroeste argentino, las placas, los anzuelos. Estamos perdiendo esta concepción más bien provinciana que se encontraban en Choapa, Elqui, Limarí nada más, sino que eran sociedades bien dinámicas”, sostiene el investigador.

CIERRE DEFINITIVO

Hasta la campaña 15, finalizada en septiembre del año pasado, ya existían en total 214 cuerpos humanos recobrados y 52 camélidos articulados, 3 cánidos, además de eso una gran cantidad de material arqueológico, en total 1.000 cajas tanto de fragmentos cerámicos, piezas completas, lítigos y artefactos de metal.

Respecto de cuando iniciarán los estudios más acabados de estas muestras, que deben ser trasladadas a Santiago para estos fines, Paola González explica que esto podrá ocurrir una vez que cierren la etapa de excavación. 

De hecho, tras las labores de rescate de la campaña 16 que culminarían el próximo 17 de agosto, se va a proceder al cierre definitivo del sitio. “Vinimos a un objetivo bien específico y preciso que es lo que autorizó el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) en abril, que es rescatar un conjunto de cuerpos humanos y animales que estaban muy expuestos”.

A partir del 27 de agosto se procederá al cierre de las excavaciones, “por lo menos en lo que a arqueología se refiere ya que la zona no va a sufrir ningún riesgo de deterioro. Se va a hacer con los conservadores un plan de cierre que ya fue aprobado por el CMN  con ello se les logrará resguardar de los efectos ambientales”.

Ismael Martínez, jefe de conservación, explica que el proceso que se desarrolla tiene que ver primero con sedimento harneado, que se va a restituir sobre los esqueletos “y luego se van a hacer cierres que se van a poder identificar para que si alguien en el futuro quiera estudiar nuevamente el sitio tenga una guía”.

Todo esto tardaría dos semanas aproximadamente.

ESTUDIOS MÁS ACABADOS

Finalizada esta etapa entonces, lo que concurrirá será que los expertos deberán presentar una propuesta de análisis al CMN, “a pesar de que esto ya está recogido en el plan de rescate que ellos tuvieron como antecedentes para darnos el permiso, pero generalmente se produce un diálogo  entre los investigadores y el consejo en cuanto a porcentaje, o sea, se propone analizar, por ejemplo, el 50% de las cerámicas y ellos pueden decir no, analiza el 70% o el 100% y ese diálogo tiene que darse todavía. Una vez que ya esté claro cuáles son las propuestas de análisis, ahí se da el vamos a esa etapa”, dice la arqueóloga.

Paralelamente, indica, se va a estar elaborando el informe ejecutivo, que incluye todo lo que se ha realizado, salvo los análisis. Esto se traduciría finalmente en un libro que servirá para que las generaciones posteriores puedan conocer de estos importantes hallazgos y sus implicancias.

Los estudios posteriores son acabados y complejos. Lo que más va a demorar es el análisis de antropología física, que son los cuerpos o de arqueofauna. “Se va a investigar cada uno de estos camélidos recobrados que también son una muestra importantísima, porque hasta ahora no se sabe si son llamas o son guanacos, esa ha sido una de las grandes preguntas, eso por fin se va a poder saber porque hemos recobrado con mucha minuciosidad”.

Por su parte, el examen de isótopos podrá determinar la adaptación de las comunidades, si son más marinas, más del interior, si están consumiendo alimentos agrícolas, alimentos recolectados.

El ADN también va a ser determinante para verificar, por ejemplo, si estas tumbas están relacionadas con lazos familiares, si tienen vínculos con comunidades del noroeste argentino, de la Amazonia o del área andina, del Perú.

De vital relevancia también será el fechado radiocarbónico, porque hasta ahora la secuencia cronológica que se ha manejado en la región tiene que ver con lo que hizo Francisco Cornely. “Él se apoyó mucho en lo que eran las diferencias percibidas en la cerámica y eso ha sufrido una pequeñísima variación y ahora hay muchas pruebas de que esa secuencia no es exacta, que se trata más bien de subestilos artísticos más que de etapas culturales”.

Una de las características más relevantes de estos entierros es que los cuerpos se
encuentran acompañados de camélidos, como se observa en la fotografía. 
Foto: Andrea Cantillanes.

 

“Entonces va a ser súper importante cuando acá en El Olivar podamos fechar, porque lo que estamos viendo es que estas etapas que definió Cornely se traslapan en el tiempo y avanzan hasta el Inca, no es que tú te encuentras un fragmento de una cerámica y dices ésta es de transición desde el 1.000, eso es falso, porque en el fondo lo que estás encontrando en conjunto con los Incas es el mismo tipo de vasijas. Entonces, eso va a permitir afinar y mejorar mucho la cronología que hasta ahora  se daba como cierta”, puntualiza González.

Respecto a cuánto podría tardar este proceso, señala que va a depender de la tramitación previa. “Si partimos trabajando y el Consejo nos colabora en el sentido de evaluar pronto, de no dilatar mucho estas respuestas que hay que acordar, a partir de ese momento serían 2 años y medio, por el volumen de material, porque es bastante grande, en este momento son de 5 a 6 containers”, precisa.

DESTINO DE LOS RESTOS

••• Uno de los temas que ha inquietado tanto a las autoridades como los investigadores es dónde va a ir a parar esta gran cantidad de material que se ha extraído, toda vez que se estima que el museo arqueológico de La Serena, en las condiciones actuales, no daría abasto para recibirlo. 

“Nosotros hemos hablado con el Consejo Regional  en el sentido de alertar que la región en este momento no cuenta con buenos depósitos, que ese es un problema pendiente que tiene que ser asumido a nivel regional, precisamente para evitar que este tremendo legado después termine repartido en distintos museos del país. Entonces lo que más ahora urge es que se generen depósitos regionales o bien que se ayude al mismo Museo Arqueológico a mejorar las instalaciones y a poder albergar esta enorme colección una vez que los estudios terminen. Pero la idea de todos es que esto quede en la región, es un legado muy bonito”.

 

 

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