A pesar que el número de asentamientos informales ha ido disminuyendo, el dinamismo de los campamentos y la variedad de causas por las que se generan hacen que este fenómeno urbano sea imposible de erradicar. Hoy en la región son 745 familias que habitan en 22 campamentos, en precarias condiciones y que son el fiel reflejo de la desigualdad en Chile.

Laura Ibarra tenía sólo un par de meses de embarazo  cuando decidió ir a vivir a una pequeña  pieza en el campamento Los Changos en Coquimbo. Un  terreno rocoso en la punta de la península, sin movilización, con un camino pedregoso y empinado. De eso hace tres años, cuando recién comenzaban a llegar las familias a este  lugar.

“Yo me vine con mi esposo,  porque no teníamos un lugar para vivir y mis papas también estaban buscando. Fueron meses complicados y sacrificados, mi embarazo era de alto riesgo y tenía que cuidar el lugar mientras construían. Muchas veces por lo malo del camino me caía y además tenía que caminar mucho para llegar a los controles”, relata Laura.

Esto le pasó la cuenta y su hijo nació con solo siete meses de gestación y, lamentablemente, con sólo un mes de vida falleció, recuerda Laura en la pequeña vivienda de su madre María Alicia Ramírez, mientras cocinan algunas tortillas.

“Me regalaron un poco de harina hace unos días y hay que aprovechar para ahorrar el dinero del pan. Así también ahorramos con todo, caminar para ir al centro, al hospital, en la comida en todo”, señala María. El aroma a pan recién horneado envuelve el pequeño lugar de no más de 12m2 en el que se encuentra la cocina un pequeño sillón y dos habitaciones. Todo de material ligero  y conexiones eléctricas que cuelgan por los muros. María se esmera en ordenar para recibir a las visitas, pero para su nieto David de dos años esto no es primordial y es como un pequeño huracán en la vivienda, observado por Laura, su madre, que debe guardar reposo, ya que nuevamente presenta un embarazo complicado. David corre seguido por su abuela hasta que por fin lo dejan salir al patio, donde se encuentra un pequeño pozo negro y una hermosa vista al mar que hace olvidar por un momento las carencias que la familia vive.

“Nosotros somos de Coquimbo mi marido es jornalero, al igual que el esposo de mi hija y ellos viven en una casita al lado. En un comienzo estábamos viviendo en Coquimbo, pero tuvimos que dejar el lugar, después nos fuimos donde un hermano en Las Compañías pero también tuvimos que irnos, hasta que llegamos acá a este campamento. Uno está más tranquila, porque antes dormíamos pensando en que nos iban a echar. Acá ya llevamos un tiempo y estamos viendo que pasará en el futuro. Si puedo quedarme aquí bien, pero si puedo tener una casita en otra parte, mucho mejor”.

Así como María y Laura más de 16.300 personas viven en los 660 campamentos presentes en nuestro país según el catastro realizado por Techo Chile este 2016. Son 38.770 familias que con el sueño de poder tener un lugar donde vivir, pero sin los recursos necesarios, dejan todo y se instalan en estos terrenos, sin importar pasar frío o no tener servicios básicos. Lo importante es tener un hogar.

El informe de la ONG señala que  en el país, Valparaíso es la región con mayor número de campamentos con 162, seguida de la del Bío-bío con 132 y luego la Región Metropolitana con 81-  Sin embargo, en el número de familias que se concentran  en campamentos se encuentran  Valparaíso en primer lugar, el Bío-bío en segundo y en tercer lugar la  Región de Antofagasta, que a pesar de tener sólo 56 campamentos, estos aglutinan a 6229 familias.

 

AUMENTAN EN LA REGIÓN 

La realidad de los campamentos en Chile es dinámica, algunos van desapareciendo, otros se fusionan y en otros, por redes familiares aumenta  la cantidad de familias que los integran. En nuestra región, el catastro realizado en el año 2011 por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo arrojó que existían 35 campamentos. Estos con diversas políticas y programas de Gobierno como Chile Barrio y ahora el Programa  Campamentos han ido disminuyendo

Para el  seremi de vivienda Erwin Miranda los campamentos sin duda q son el mejor reflejo de la desigualdad en el país  y por eso se trabaja, desde el ministerio, para erradicarlos. Explica que de los 35 del catastro se han erradicado 19 y que se trabaja para eliminar los restantes. Según lo programado se espera que este 2016 se cierren 4 campamentos (dos de ovalle, uno de Canela y uno de Andacollo); en el año 2017 otros 9 (5 de Coquimbo, uno de Andacollo, uno de Monte Patria, uno de Illapel y uno de Salamanca)  y en el 2018 cerrar los tres últimos.

“Es un trabajo que se vincula con una metodología de intervención, conforme a la realidad del campamento. En algunos casos está la radicación que es lograr los títulos de dominio, la tenencia de la propiedad, Asi el terreno que partió como una toma  se fue regularizando y obtener el título de dominio les da la oportunidad de quienes están en el catastro, de obtener subsidios de  795 UF para construir en sitio propio”

Si el terreno donde se encuentra el campamento no permite la radicación, se trabaja con la creación de comités de allegados para entregar subsidios y postulen a viviendas sociales. Así se ha hecho por ejemplo en  el loteo Vida Nueva en Coquimbo  o Los llanos de Cuz cuz.

Por otra parte, en estos terrenos que son desocupados se elaboran proyectos de nuevos espacios públicos para así, impedir  que nuevas familias vuelvan a ocupar el lugar y evitar el resurgimiento de campamentos que fueron erradicados.

“Estos cambios de políticas y su fortalecimiento es la vía para que estas familias  tengan una solución. Por supuesto hay un déficit estructural  y creemos que hay ciertas dinámicas demográficas y, por ejemplo la calidad  de vida que hace que muchas familias quieran asentarse acá; también hay movilidad habitacional y estos números son dinámicos. Por eso los cifras van cambiando y siempre es al alza, pero tenemos una base de trabajo con estos campamentos del catastro para cerrarlos”.

Sin embargo, según el catastro realizado por Techo Chile, existen 6 campamentos que no están en el registro del Minvu llegando la cifra regional a 22 campamentos. Además, desde el 2015 al 2016 han aumentado en 60 familias que  habitan en estos asentamientos. Así,  actualmente son 745 familias que no tuvieron otra opción que construir precarias viviendas en estos lugares.

Marcela Castro, directora Regional de Techo Chile señala que como organización están trabajando con cuatro comunidades. El objetivo es erradicar (entregar una nueva vivienda en otro lugar) o radicar (trabajar por la obtención de  entregar dignidad a las miles de familias, pero para ellodebe existir voluntad de las autoridades, desde el Gobierno Central como las administraciones municipales.

Señala que las causas de formación y aumento de los campamentos son muchas. “Las familias se van agrupando  donde hay familiares  y por una cosa de redes se van a lugares donde ya conocen la gente. Hemos identificado también  que las familias vivían en una situación de vulnerabilidad  y luego hay un factor detonante que hace que lleguen  a vivir en el campamento y eso muchas veces tiene que ver con pérdida del empleo,  con alguna enfermedad  o por problemas familiares, es decir que viven en un lugar de inseguridad o violencia  intrafamiliar o se pueden haber peleado con alguien  y como no hay más redes para darle solución al problema llegan  al campamento”.

La realidad local según el informe Techo es que en la región los campamentos en su mayoría están habitados por chilenos de la zona, aunque un grupo de ellos provienen de otras regiones quienes se quedan, muchas veces tras realización de la Pampilla en Coquimbo. En su mayoría no tienen conexión formal a red eléctrica y alcantarillado y viviendas en precarias condiciones

La mayoría de los campamentos son pequeños de a 8 a 20 familias. El 31,8% de los campamentos intermedios, es decir entre 21 y 40 familias. Los campamentos grandes, entre 41 y 80 familias se llevan el 27,3%, y el campamento Los Changos en Coquimbo donde vive Laura y su madre María Cecilia es el único macrocampamento de la región. Por otra parte, el 86,4 de los campamentos se encuentran en zona urbana en ciudades como Ovalle, La Serena, Coquimbo e Illapel.

“Los campamentos reflejan de manera preocupante la desigualdad que existe en Chile y albergan muchas pobrezas que tienen que ver con la salud, educación  con las redes entorno y por eso creemos que debería ser un tema de violentadas de muchos sectores que deberían preocuparse y hay que señalar que hay diferentes procesos en los que están los campamentos”.

Así por ejemplo el campamento Camino al Mar en Coquimbo  está organizado y en proceso de obtención del título de dominio, acción que se ha visto detenida por el próximo cambio de administración municipal; mientras en el campamento Los Changos existe todo un proyecto de vialidad futuro que unirá diversos sectores de Coquimbo que significa erradicar a los habitantes de ese lugar.

Reinaldo Silva es presidente del comité de allegados Camino al Mar, un campamento con 46 familias catastradas. Es artista visual y llegó hace seis años desde Santiago, escapando de una trágica situación familiar. “Fue una cosa así  muy loca, porque llegue y me vine dejando todo en Santiago. Había una situación media negra en mi casa, muchas muertes en mi familia en un año  de personas muy cercanas y llegar acá fue  hacer borrón y cuenta nueva”.

Su vivienda construida entre maderas, cartones, y según lo que la roca vaya pidiendo  pareciera que puede salir volando con el viento. Tiene un taller y además otras habitaciones que comparte junto a su perro. Ante las críticas respecto a que pudo vivir en otro lugar por buscar otra solución, pero prefirió Coquimbo casi como una casa de veraneo, responde que no es fácil o por diversión como muchos creen, que han sido años de esfuerzo en los que ha trabajado no sólo por obtener su casa propia, sino que para ayudar a toda la comunidad.

“Empezamos a negociar  y conversar con el municipio para ver las dificultades que surgían para tener nuestro título de dominio  y nos ofrecimos en forma voluntaria como directiva para agilizar las cosas. Hemos  reunido fondos e ir cubriendo gastos para no tener que esperar que el municipio entregue los recursos. Seguimos esperando, pero seguiremos luchando por lograr que estos terrenos sean nuestros”.

 

DORMIR CON MIEDO 

Gloria Maturana vive en una en la toma Desierto Florido a un costado del cementerio de Las Compañías hace cuatro meses. Junto a su esposo, cuatro hijos, yernos y nietos habitan una vivienda de dos piezas y una cocina.

“Para salir adelante hay que tener lucas. Yo no tenía donde vivir porque me echaron a la calle y me dije a las perdidas me voy para arriba. De a poco hice las piezas con puros pedacitos y ahí estoy luchando. Todos los días pienso que nos van a echar, que nos van a correr, que vienen las máquinas a desalojarnos”

Varios de quienes viven en la toma fueron notificados que serán desalojados, por ello formaron un comité de vivienda para luchar formalmente por un hogar. Gloria decidió participar mientras  lucha para que el frio no enferme a su pequeña de siete años con síndrome de down que debe estar en constantes controles ante las diversas enfermedades que se le presentan.

“Acá tengo un generador y el camión nos va a dejar un poco de agua. Me deja 600 litros para toda la semana y ahí tenemos que  usarla bien. No tengo ficha social y es bastante complicado, porque tengo que medirme con el agua para bañarse, cocinar. No me alcanza”.

Verónica Alfaro, lleva tres años a la toma. Vivía en Altovalsol de allegada y un día al visitar a su amiga que vivía en Desierto Florido decidió que era el lugar donde podía vivir junto a su marido que padece diabetes y su pequeño hijo Cristóbal de seis años.

En su terreno se encuentra una precaria, gallinas, ovejas y cabras. ”Si voy a vivir a otro lado, donde poder meter mis animales, ellos también me ayudan a sobrevivir, por ejemplo ahora para el 18 de septiembre vendí algunos corderos”.

Verónica siempre vive con miedo, a pesar que ya van años en el lugar.  Un pequeño panel sola r le ayuda a tener algo de luz y “poder ver un poco de tele, pero no me da  para un refrigerador. Me llegan a la semana menos de mil litros de agua y no me alcanza, considerando que tengo animales también y debo comprar bidones de agua para nuestro consumo”.

Para las familias de las tomas sólo queda  luchar y organizarse para obtener una vivienda. Junto a los campamentos emergen cada cierto tiempo en las ciudades, como una muestra que el desarrollo urbano no es igual para todos. Mostrando las caras más tristes de la pobreza en Chile, esa que no sólo se relaciona con la falta de dinero, sino que también con las carencias en otras áreas como educación y salud. Son ese otro Chile, donde, entre el frío y el miedo, también surgen sueños de que alguna vez la vida les sonreirá y podrán insertarse en la sociedad sin ser cuestionados o discriminados. 5201R

 

CAMPAMENTOS DE INMIGRANTES

Con el aumento de extranjeros que llegan al país en busca de mejores condiciones de vida especialmente, colombianos, peruanos, bolivianos y haitianos, en ciudades como Antofagasta por ejemplo, han aparecido asentamientos informales habitados por inmigrantes.

Marcela Castro, señala que en ciudades mineras se da especialmente este fenómeno, pero no así en la región.

El seremi de Vivienda comparte esa opinión, pero señala que si en Salamanca se está iniciando está situación. “Existen algunas familias peruanas en campamentos en la ribera del río, que llegaron por el tema minero. Sin embargo son muy pocas y si ellos están con todos sus documentos regularizados también pueden optar a una vivienda”.

 

 

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