Producto de su invalidez, Marcelo Gallardo lo perdió todo. Pero supo ponerse de pie y aprender del oficio que hoy le cambió la vida. Acá su historia de superación…

Un día fue al doctor por dolores a su espalda. Más que nada para saber qué era lo que tenía. No estaba en cama, ni mucho menos postrado. Pero fue operado para tener una vida mejor. Sin embargo, lo que pudo ser una solución, terminó convirtiéndose en un infierno. Salió del hospital en silla de ruedas. Con el tiempo lo dejó su esposa. Tuvo que dejar su trabajo, volver donde sus padres y vivir con la pensión. Ya no tenía nada. “Quedé muy mal, casi me vuelvo loco”, explica.

Eso hace ya 12 años. Hoy, Marcelo Gallardo (46) sigue viviendo con sus padres, aunque después de mucho tiempo reconoce estar más tranquilo. Que por vez primera gana su dinero -aunque no es mucho- haciendo lo que le gusta: la caricatura.

“Siempre había hecho caricaturas, pero solamente en el colegio. Y cuando tuve esta discapacidad entré a trabajar a una empresa donde conocí a unos diseñadores gráficos que hacían comics y pintaban digitalmente. Y eso me llamó la atención. Les pregunté si me podían enseñar, pero como me cobraban, lamentablemente no se pudo. Así que lo hice solo, a través del youtube. Investigué, vi cosas, comencé a practicar y llevó ya casi tres años en esto. Me costó mucho aprender porque siempre lo hice solo. Nadie me enseñó”, explica Gallardo muy concentrado -mientras pinta y pinta sin siquiera pestañear- desde un puesto en la Plaza de Armas de La Serena.

Es la segunda vez que participa en una feria. La primera vez fue invitado por el Departamento de Discapacidad, quienes fueron a su casa y al verlo haciendo caricaturas, le dijeron que tenía que mostrar su arte.

“Y ya son dos ferias. Cuando no estoy en ellas trabajo desde mi casa, donde salen algunos pedidos. Pero no soy muy conocido. ¡Si recién llevo algunos años! Vivo de la pensión que tengo y esto lo hago algunas veces. Ahora me invitaron y de vez en cuando salen trabajos, pues el dinero sirve, más aún que tengo la discapacidad y una baja pensión. Le estoy sacando provecho”, manifiesta.

Lo cierto es que Gallardo nunca ha cursado ningún tipo de estudios oficiales en torno al cómic y el dibujo. No obstante, detalla que para aprender el estilo y sus aplicaciones, ha estudiado las diversas técnicas que se aplican al mundo del cómic. Así de manera autodidacta ha aprendido todo lo que sabe.

La gente se detiene en la plaza para mirar sus obras. Desde el propio alcalde Roberto Jacob hasta Arturo Vidal o Alexis Sánchez. También aparece Lio Messi -era que no- y el personaje de la serie The Walking Dead, Rick Grimes.

Lo miran como esperando una pregunta. Sin embargó, él dibuja sin mirar a nadie. Concentrado sólo en lo suyo.

“En el día hago entre 4 o 5 dibujos. Me gusta que la gente se vaya contenta con mi trabajo. No me gusta ser chanta”, afirma.

Y ya más relajado, después de dar unos retoques a su dibujo, el que demoró un par de horas –tuvo que repetirlo- indica que “hago ilustraciones para dar a conocer mi trabajo y así poder venderlo, pero la gente de acá no me conoce mucho. Más bien es gente de otras ciudades la que me pide que le haga trabajos. La de acá muy poca. ¿Qué cosas me piden? Lo que ha salido harto son los partes de matrimonio con una caricatura. También de empresas, aniversarios o la despedida de alguien. Conviene. Soy de boca en boca, muy poca gente me conoce. Tengo un amigo que trabaja en esto en Santiago y cuando tiene muchos pedidos, le pide que le ayude. Así salgo adelante”.

Años de sufrimiento

Pero la vida para Marcelo Gallardo no ha sido fácil. Ha tenido que pasar por varias. Y él quisiera, ahora que encontró lo que realmente lo hace feliz, seguir con la caricatura. Poder dedicarle todo el tiempo. Pero no puede.

“Sufro dolores tras la famosa operación que me dejó inválido. Lamentablemente, el médico no me dijo lo que iba a venir después, sólo me dijo que sería largo… y cuando desperté mi vida se había ido a la cresta. No hice nada contra el hospital y el doctor. Tenía un dolor que podía soportar, pero tras la operación me dan dolores neuropáticos muy grandes. Y eso me complica mucho, porque hay ratos en que estoy con dolor y no lo puedo aguantar. He buscado soluciones, pero no me han dado ninguna respuesta. Perdí todo. Me fui quedando solo y pobre, ya que no gano lo de antes. Si no tuviera dolor, claro que me dedicaría a esto. Y podría proyectarme, pero el dolor es el que me postra, no la silla de ruedas”.

 

 

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