• En el hogar de la Fundación Las Rosas viven 98 abuelos y trabajan un total de 80 personas, de las cuales 50 se encargan del cuidado directo.
  • Don Mario Núñez, recordó con pena lo difícil que ha sido este mes para él lejos de Fresia.
Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
En el Juzgado de Familia se adelanta el trámite para que la tuición de la señora quede a cargo de su hija Yasmina, ya que la pareja, con 28 años de convivencia, no está casada. Desde el centro de adultos mayores señalan que ella ya reconoce el sitio como su casa.

Unas semanas muy duras ha pasado don Mario Núñez de 75 años, el chofer de la locomoción colectiva que cuidaba tiempo completo a su pareja Fresia Farías de 65, tras cumplirse un mes del ingreso de la mujer al hogar La Visitación de María de la Fundación Las Rosas.

Fue el miércoles 07 de noviembre que se concretó el traslado de Fresia, -quien padece Alzheimer desde hace cuatro años y medio-, a este centro donde viven 97 adultos mayores más, y ya lo reconoce como su hogar, según explicó a El Día el administrador del establecimiento Leonardo González.

“Además de mantener sus controles de salud, ya se acostumbró a estar aquí. Ella está adaptada y reconoce el hogar como su casa. Tiene las típicas cosas de personas con Alzheimer que a las horas de penumbra, amanecer y atardecer quiere volver a su domicilio, pero además de eso se ha integrado a los talleres, se le hace estimulación sensorial  por distintos mecanismos como actividades en la huerta o musicoterapia, y casi va sola al baño, aunque a veces se pierde, pero con ella no hay ni un problema”, detalla

Al momento de nuestra visita, junto a Fresia se encontraba una de sus hijas, Yasmina Bautista, quien se negó a que le sacaran más fotos a su madre, pero de forma amable contó que si bien en un principio no le gustó la idea de llevarla al centro de adultos mayores, ahora se siente tranquila porque la cuidan bien y todo el día tiene actividades acordes a su condición de salud.

“Esto parece la Teletón. Aquí habla con otras personas, ayuda a mover a los abuelitos que están en silla de ruedas y también se sienta a comer con el personal que trabaja acá, así que está mucho mejor, porque estar siempre en la micro era un riesgo”, razona.

“Aquí está mucho mejor, porque estar siempre en la micro era un riesgo”, Yasmina Bautista, hija de Fresia

Yasmina es la que en los próximos meses quedará con la tuición de la señora, un trámite que se está adelantando por el Juzgado de la Familia y con asesoría de la Corporación de Asistencia Judicial, ya que don Mario, al no estar casado con Fresia, no puede realizar este proceso.

“Mario viene los fines de semana y mi hija, María José Velásquez, la visita día por medio. Yo vengo todos los viernes porque trabajo y además tengo que cuidar a mi papá que sufrió un ACV y tiene Parkinson”, relata.

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

La nueva dinámica de vida no ha sido fácil de aceptar para Don Mario. Mientras el equipo de El Día esperaba este viernes a que el hombre llegara hasta el terminal de la Línea Liserco, las trabajadoras del casino expresaron que él se encuentra muy triste porque él y Fresia ya no están juntos.

“Ella era como su muñeca. La mantenía bien peinada, le compraba ropa y zapatos bonitos, creo que hasta las uñas le pintaba, por eso ha sido muy complicado para él ya no verla a diario”, comentó una de ellas.

Cuando don Mario llegó al terminal manifestó entre lágrimas que le ha costado mucho estar sin su compañera. Dijo que le afecta, pero mantiene la esperanza que con el tiempo duela menos la distancia.

“Son cosas que pasan y me tocó a mí, aunque igual sé que hay personas que están peor, que pierden sus hijos en algunas desgracias, entre otras cosas fuertes (…) yo lo hacia todo para ella porque es la persona más importante para mí”, se explaya.

“CON ELLA CONOCÍ EL AMOR”

“Yo me dedico a trabajar no más pero hay momentos del trayecto que me acuerdo de su carita. Lo que sucede es que con ella conocí el amor, porque cuando joven yo era un ‘disparo al aire’. Fue ella la que me puso los pies sobre la tierra, dejé muchas cosas de lado, como los vicios que tenía, y antes de ella miraba para todos lados, pero después nunca más”, rememora.

“Yo me dedico a trabajar no más pero hay momentos del trayecto que me acuerdo de su carita. Lo que sucede es que con ella conocí el amor”, Mario Núñez, pareja de Fresia.

Don Mario reitera que la extraña y le hace mucha falta compartir porque “llego a la casa y nadie me dice hola, ni me reciben con un beso. Duermo solo y antes dormía abrazadito con ella (…) era como dormir con un bebé porque me abrazaba y se dormía en mi pecho, ahora eso no sucede y eso es lo fome”.

APOYO FUNDAMENTAL

Así la pena sea grande, el hombre siente mucho agradecimiento por el apoyo moral que ha recibido, especialmente de sus compañeros y de las señoras del casino ubicado en el terminal de la línea Liserco.

“También a la comunidad de La Cantera Alta, que se ha portado espectacular conmigo, cada vez que me reconocen, me saludan y me dan sus muestras de cariño”, resalta.

Por otra parte, asegura que Fresia está mejor en el hogar, y sabe que el personal hace su mejor esfuerzo.

“No está al 100% como uno quisiera pero también hay que entender que no es la única, hay 97 personas más. Diferente sería si hubiese un cuidador por cada abuelo pero eso no se puede, así que no culpo a nadie, sino al destino que es así”, comenta.

Por último destaca que piensa seguir trabajando, y “cuando ya no pueda hacerlo más, espero cuidar a Fresia de forma personal y llegar hasta el último minuto de nuestras vidas. Yo no me casé con ella, pero hasta que la muerte nos separe”. 6101i

UN DÍA EN EL HOGAR DE LA FUNDACIÓN LAS ROSAS

A las 8:00 de la mañana se despiertan los abuelos para desayunar.

A partir de las 10:00 comienzan las actividades de terapia o kinesiología

Al mediodía sirven el almuerzo.

En la tarde tienen otras actividades como cine o ejercicios

Después toman once.

Y a las 8:00 culmina el día.

En total, son 98 pacientes y 80 personas laboran en el hogar, y de éstos unos 50 se encargan del cuidado directo de los adultos mayores, distribuidos en cuatro turnos.

Los horarios de visita son de lunes a lunes de 10:00 a 12:00 horas y de 15:00 a 17:00 todos los días del año.

Los apoderados además pueden sacar a los pacientes hasta por un mes pero deben dejar un documento donde se establece que se hará a cargo de su cuidado por ese tiempo.

UNA AYUDA PARA LAS FAMILIAS

Leonardo González deja claro que desde que ingresa un residente al hogar, a la familia se le explica que eso es una ayuda para ellos, pero no una responsabilidad total para la fundación. 

“Si no hay familia uno asume, pero cuando hay familiar uno les coopera. Nosotros tenemos a los abuelos todo el tiempo, los cuida, les damos sus medicamentos o les aportamos sus útiles de aseo porque hay familias que no tienen para eso”, reconoce.

“Además de mantener sus controles de salud, ya se acostumbró a estar aquí. Ella está adaptada y reconoce el hogar como su casa”, Leonardo González, director de la Fundación Las Rosas.

También hay una directiva de apoderados, que a juicio de González son “muy comprometidos y realizan diversas actividades, pero también está el otro polo de los familiares que más critican, pero en el fondo son los que menos vienen o algunos son agresivos y siempre tenemos que dialogar”.

 

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