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Juan Adaos
En conversación con diario El Día, la socióloga y directora de la carrera de Sociología de la Universidad Central, Liliana Manzano, se refirió a la evolución del comportamiento social durante los 46 días de movilizaciones. Estima que si la autoridad hubiese dado soluciones claras y rechazado las vulneraciones a Derechos Humanos la respuesta de la sociedad habría sido menos agresiva y violenta.

Injusticias sociales, con alta penas para algunos e impunidad para otros, vulneración y abandono del Estado, deslegitimación de la clase política y la fuerza policial son algunas razones que explican la molestia de una ciudadanía que sacó la voz y hoy pide cambios. 

La socióloga de profesión llegó hace un año a la región desde Santiago donde se dedicó a estudiar el comportamiento de los sectores más complejos de la capital, la segregación, la exclusión social y la “gueterización” de los barrios con caracterización de pobreza y violencia, un fenómeno que dice se replica en las principales ciudades del país y se ha agudizado con el estallido social.

“Hay gran parte de la población que vive en estos sectores que no está participando del sistema de distribución de oportunidades sociales, no tienen posibilidades de participar en los sistemas educativos, en los mercados laborales, entonces en ese sentido, un gran porcentaje está socialmente excluido y por eso tienden a ocurrir fenómenos de desintegración y falta de socialización en las normas sociales y los valores sociales compartidos”.

Casos donde las oportunidades no serían equitativas, con sueldos bajos que no alcanzan para mantener hogares, por lo que muchos optan por trabajos informales, perdiendo, en situaciones, la protección del Estado y quedando vulnerables.

“Todo se ha ido acumulando por décadas en esos contextos y eso ciertamente genera mucho malestar social, pero sobretodo una violencia estructural que se vive día a día. Eso en parte, desde mi punto de vista, es una de las razones del estallido social”.

Una movilización que ya tenía antecedentes, asegura, primero el 2006 con la movilización de los “pingüinos” y posteriormente el 2011 con la manifestación estudiantil universitaria y secundaria, donde además se acoplaron diversos actores sociales.

¿Quiénes provocan los desmanes y la violencia?

Aún no hay datos fehacientes para armar un perfil claro de las personas que, terminadas las marchas pacíficas, provocan desmanes, incendios, rayados y saqueos, ya que aún se está trabajando en los procesos de detención e identificación de los sujetos, sin embargo habría grupos que comparten algunas características.

 “Hay sujetos que se han identificado con perfiles delictuales, que tienen varios antecedentes previos de delitos, donde claramente hay motivaciones que pueden estar directamente asociadas con esas mismas carreras delictuales”.

Por otra parte habría personas, mayormente jóvenes, que responden al malestar social aprovechando la oportunidad de “descargarse” mediante la protesta y los enfrentamientos con Carabineros, esto porque son la fuerza pública presente y la representación del Estado.

 “Muchos jóvenes que van a las manifestaciones no van a tirar piedras, sino que van a manifestarse pacíficamente pero en el desarrollo de la protesta suele enfrentarse con la policía, entonces cuando llega el momento en que Carabineros empieza a reprimir, muchos de esos jóvenes responden tirando piedras”.

Jóvenes que, según Manzano, en otras circunstancias habrían actuado diferente y de forma menos agresiva, pero con esta dinámica la violencia de los actos se va agudizando.

El poder de las masas

Explicó que existen personas organizadas y con prontuario delictual que han aprovechado las circunstancias para cometer ilícitos, tales como robos y saqueos. Algo diferente a lo ocurrido en los saqueos de las primeras semanas del movimiento que eran más masivos, y que se habrían producido por el ímpetu o frenesí del momento donde la gente se sumó a sustraer productos de  supermercados y otras tiendas.

“Son distintos de los saqueos de las últimas semanas que son más localizados, menos masivos, pero tampoco tenemos los datos hoy en día para decir que vienen de tal lugar o tienen tal perfil, también hay mucha diversidad (…) Yo no creo que se trate de grupos muy organizados o con ideologías particulares, yo no creo en esas hipótesis porque creo que se mezclan un poco de todo”.

Señales poco claras

Exclusión social, un Estado ausente y débil, no identificarse ni creer en la clase política ni el sistema democrático, la deslegitimación de las fuerzas policiales y la represión de las mismas, son algunas de las hipótesis de la profesional para explicar los hechos del último mes y medio.

“Hay elementos que tienen que ver con lo generacional probablemente y esta falta de legitimidad de las instituciones, entonces ahí Carabineros, si bien es la fuerza contra la cual los jóvenes generalmente reaccionan cuando están en la calle, es una presentación más del Estado, un Estado que nos ha desprotegido durante décadas”.

Una situación que cree podría haber evolucionado con menos violencia si el Gobierno hubiese dado un discurso coherente, soluciones concretas y si hubiese investigado las denuncias y defendido los Derechos Humanos.

“Si no hay una respuesta clara esto va a reflotar con muchas otras movilizaciones que pueden ser más violentas que éstas, si este escenario no se resuelve de buen modo en los próximos meses y siguen con la línea que tiene el Gobierno de tratar de que esto se termine por cansancio o que se termine por solo represión, va a ocurrir que quizás la gente vuelva a la normalidad pero en algunos meses más o el próximo año va a volver a haber otro estallido y vamos a seguir en un contexto de no resolución”.

 

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