• El duro golpe familiar y económico tras el incendio en la caleta de Coquimbo
    El duro golpe familiar y económico tras el incendio en la caleta de Coquimbo
Muchos de los locatarios han trabajado toda su vida en el sector, han criado a sus hijos y sostenido a la familia con los ingresos provenientes de los locales y cocinerías que terminaron en ruinas.

A 24 horas de haber ocurrido la peor catástrofe que se recuerde en la zona de la caleta de Coquimbo, específicamente en el sector de las cocinerías, donde ardieron y terminaron en ruinas 24 locales de ventas de pescados y mariscos y cocinerías, el dolor de sus propietarios se olía en el aire, al igual que el aroma quemado que aún persistía.

Pero el dolor y la preocupación no era sólo de quienes administran sus locales, sino también el de sus familias y las familias de sus trabajadores, que serían unos 250 grupos familiares, el mismo números de cada jefe o jefa de hogar que labora y vive de los productos del mar.

El ambiente de dolor no podían evitarlo, pero se mostraron dispuestos a no bajar los brazos y con las primeras horas de la mañana, como llegan cada día a poner en marcha los locales y cocinerías, se presentaron en el recinto para iniciar de inmediato los trabajos de reparación para ponerse de pie, indicando que “No nos vamos a quedar llorando a mirar las ruinas, nos vamos a parar de esta y estamos dispuestos a abrir en pocos días”, fue la voz común de los afectados.

Pero detrás de cada una de estas personas de esfuerzo, existe una historia de vida ligada  al lugar, ya que la gran mayoría lleva décadas trabajando en torno a la caleta de pescadores, comercializando productos del mar. Son varios los que en décadas pasadas vendieron el pescado con sartas atadas a palos que cruzaban en sus hombros para recorrer las calles de Coquimbo e incluso de La Serena, como es el caso de  Nicolás Figueroa, quien cuenta que su negocio de productos marinos le ha dado para formar una familia, criar a sus hijos, darle estudio y contar con una vivienda digna, cerca de La Pampilla.

Con más de 70 años a cuestas, es uno de los pioneros, junto a otros locatarios. “Partí vendiendo pescado en las calles amarrados colgando en un palo y con el paso de los años una hija me incentivó a que vendiera mariscos. Yo siempre he sido luchador y me gustaba vender pescado por allá por el año 1977”.

Señala que un par de años desapareció del lugar, porque se puso algo “patiperro” y buscó otros destinos, pero pronto retornaría a sus orígenes y al contacto con la venta de productos del mar.

Con el tiempo se casó y tuvo dos hijas y también una nieta en la actualidad, la que dice son sus ojos, ya que tiene una discapacidad. “Me da pena ver todo así destruido, por mi nieta que es enferma con síndrome de Down, porque mi familia vive de esto y nos apoyamos unos a otros”.

OTRA GENERACIÓN

Cristian Fibla, mientras demuele parte del local de la familia, es parte de las nuevas generaciones de  los vendedores de productos del mar. Dice que el puesto es de su suegra, pero todos viven de lo que produce el negocio y perderlo es quedar sin nada en las manos, por eso desde el primer momento iniciaron la reconstrucción. “Esto afecta profundamente a todos, padres, hijos, la familia. Es una catástrofe lo que pasó, pero la gente en Coquimbo es unida y saldremos adelante”. El local se llama irónicamente Jhony Fortuna y “fue una de las cocinas más afectadas junto con El Pobre Tito, El Romané, La Mami y el Casanova”, dice, aunque la destrucción de los  24 locales fue total.

Harry Gloria, también es de las nuevas generaciones y dice mientras recupera lo que se puede del “Terraza La Mami”, que sus padres llevan como 30 años en el rubro. “yo y mis hermanos fuimos criados acá,  esto nos afecta demasiado, todo lo que se perdió no se va a recuperar. Aquí trabajan mis padres, cuatro hermanos y otras doce personas y no estábamos preparados para esto, porque los ahorros son pocos”.

La historia de todos estos grupos familiares es similar, han criado a sus hijos, han formado hogares trabajando duro en el negocio familiar, siempre ligados al mar. Es el caso de Ulda Cuevas, que encabeza “El Puesto de la Señora Pola”, como le llaman a su negocio.

“Tengo como 25 años acá, empecé a trabajar como socia de un dueño de local, después me compré un puestecito, lo fui agrandando hasta llegar a lo que tenía, vendiendo productos del mar. Con el negocio crié a mis hijos, fui mamá y papá y todo lo conseguí con mi puesto de ventas. Ellos ya  son adultos. Una de ellas trabaja conmigo y el menor está saliendo de la universidad”.

Dice que tiene 68 años, pero “estoy como una joven de 40”, bromea dejando de lado la desgracia, al tiempo que reafirma que “saqué a delante a mi familia con este trabajo”. Señala que no es la primera vez que la toca el infortunio, pero se ha puesto de pie, ya que en una ocasión la estafaron y también hace mucho tiempo sufrió un incendio.

LOS CONTRATADOS

Héctor Contreras del local “El Pobre Tito”, se mostró asolado por lo ocurrido y se lamenta que algunos proveedores que les han pedido exclusividad durante muchos años, ni siquiera lo habían llamado para preguntarle cómo estaban sus trabajadores, que son más de 12, todos con contratos e imposiciones al día. “Vivimos todos del negocio, yo y todos los trabajadores que tenemos acá con mi señora”. En su caso, también el rubro ha sido el sustento familiar durante décadas y recuerda que “llevo como 27 años acá. El comedor fue lo único que se salvo (zona de atención a clientes) lo demás se quemó todo, las máquinas están reventadas (se refiere a las heladeras y a las que contienen las bebidas de una sola marca).  La Coca Cola nos ha pedido exclusividad por décadas y se ha portado tan mal que no ha venido ni a preguntar”.

No obstante se muestra optimista y señala que se debe continuar con la cabeza en alto y cree que “en una semana más deberíamos estar funcionando”.

LA CARPA

Ayer se comenzó a instalar una moderna carpa para que comiencen a reintegrarse a las funciones habituales, la que fue cedida por  Marco Collante, empresario que siempre se instala en la comuna y cuenta con una feria frente a la caleta de pescadores. Dice que los conoce a todos, por eso no ha dudado en acudir en su apoyo.

“SOMOS CALETA”

Hoy,  a partir de las 12:00 horas se llevará a cabo la actividad “En Coquimbo, somos CALETA”, encuentro musical organizado por la municipalidad para reunir fondos e ir en ayuda de los afectados. La cita es en la intersección de las calles Bilbao y Avenida Costanera, y ofrecerá a los asistentes "sánguches" de pescado a mil pesos. se recibirán alimentos no perecibles y aportes en dinero.

El alcalde Cristian Galleguillos, reconoció que eran cerca de 250 familias las afectadas y que ya se les ha aportado una caja de mercadería para apoyarlas, pero que las medidas definitivas llevarán un tiempo más y que ya se trabaja en ello.

 

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