• Educación sin escuela
    Educación sin escuela
No hay uniformes, libretas de anotaciones ni reglas institucionales que seguir. Es el aprendizaje sin escolarización que ha ido tomando fuerza en el mundo y da sus primeros pasos en nuestro país y en la Región de Coquimbo.

En un ambiente distendido donde la música acompaña el trabajo de un grupo de jóvenes que se concentra en sus tareas, una de las alumnas analiza junto a su profesor una fórmula matemática, mientras en otro de los cuartos de la vivienda, Ángel Mella de 17 años se preparara para la PSU e Ignacio González de 16, sentado en uno de los rincones de la “casa escuela”se enfoca en algunos apuntes de la jornada. No hay uniformes ni mucho menos reglamentos, solo la voluntad y la automotivación de quienes asisten tres días a la semana para aprender de Simón Iribarren, profesor y creador del proyecto educativo alternativo al que optaron ocho alumnos apoyados por sus padres de diversos sectores de la región.

Si bien son la minoría en comparación al amplio grupo de estudiantes que asisten al sistema convencional educativo, diversas razones los llevaron a formar parte de este grupo heterogéneo. En un mismo espacio convergen opiniones, ideales y personalidades distintas, pero que comparten una misma realidad.
Una casa en Las Compañías se convirtió en su centro de encuentro, discusión y acompañamiento, muchos de ellos viven en el valle e incluso Wenupi Quintanilla de 16 años viaja desde una zona rural de Ovalle para asistir a clases los días miércoles, jueves y viernes. El entorno es de confianza, reunidos en unos cajones con puff que hacen de asientos, nos cuentan su experiencia. Risas en medio de la conversación y una que otra curiosidad nace en ellos. Pero nuestro interés en conocer sus historias y cómo es que sus padres llegaron a tomar la decisión de sacarlos del sistema educacional.

“El hecho de usar uniforme y andar siempre urgida porque nos cortaban las pulseras, es decir, no nos dejaban ser como somos y eso nunca me gustó de los colegios”, comenta Belén Espinoza de 14 años, una de las estudiantes que se unió al grupo de Simón tras rechazar la idea de asistir nuevamente a un colegio tradicional. “Es mucho más cómodo estar acá y me gusta la relación que se genera con el profesor porque en el colegio no encontramos eso. Es mucho más motivador y se aprende más”, agrega.
Simón (el profesor), estudió pedagogía en Educación General Básica y sus experiencias en las prácticas de establecimientos tradicionales lo alentaron a buscar nuevas fórmulas para enseñar. “Empecé a investigar sobre la pedagogía alternativa o formas distintas de hacer clases porque había quedado traumado en mis propias prácticas y en mi vida de escolar, por lo mismo me puse estudiar para poder plantear algo y no mantener los mismos cánones o estructuras que están en las escuelas”, comenta el docente.

El vínculo entre profesor y estudiante es quizás el factor que marca la diferencia con la educación en los colegios, y bastan solo algunos segundos en la casa para notar el círculo de confianza que se genera en el pequeño grupo. “La relación que he tenido con mis alumnos es mucho más personalizada y eso es súper difícil de lograr en la estructura escolar normal. Admiro a los docentes que hacen eso, pero yo estaba en otra búsqueda”.

Para muchas familias tradicionales no es una opción sacar a sus hijos del sistema tradicional para integrarlos a una educación alternativa, ni mucho menos a la educación en casa. Sin embargo, en el ojo de las críticas están quienes se atreven a tomar esta opción.

FUERA DE LA ESTRUCTURA.
Salirse de las estructuras impuestas pareciera ser una de las decisiones que marcan la educación alternativa. Incluso son los mismos chicos quienes se encargan de liderar este quiebre, con ellos todos es posible, señala Simón. “Por más preparado que se esté los chicos siempre rompen los esquemas”.

Precisamente esta es la base de uno de los métodos de aprendizaje que utiliza Simón, quien explica que en ciertas materias son los mismos alumnos quienes proponen los temas, esto permite que vayan conociendo sus áreas de interés. “Yo trabajo con ellos en los espacios de las mañanas en algo que es propuesto por mí, que es la línea de desarrollo cognitivo; en donde hacemos problemas de lógica, los jueves trabajamos la escritura de temas que ellos vayan escogiendo y también, al mismo tiempo, la comprensión que se requiere. Los viernes realizamos matemáticas que es una materia donde se necesita mucha práctica”.

Respecto al contenido más específico el docente señala que en este momento está implementando un método diferente, como es la tónica. “Por ejemplo, en el sistema tradicional se invierte todo el tiempo en explicarle temas a los alumnos y luego dan una evaluación donde el profesor no puede dar retroalimentación. Acá, lo que hacemos es que los chicos en una pizarra proponen el tema a evaluar, pero ellos lo estudian antes entonces llegan acá teniendo una base y aquí yo les hago un ejercicio o les propongo alguna tarea con eso y ahí yo puedo intervenir en la aplicación de lo que han estudiado”.

Para el profesor y antropólogo educacional, Carlos Calvo, el estudio alternativo en casa es una buena opción, siempre y cuando también exista disciplina en los estudios. “Me parece bien porque en las escuelas los aprendizajes son pocos y no siempre buenos, entonces hay muchísima gente en el mundo que busca mejores alternativas para poder educar a sus hijos y no escolarizarlo. Por otra, parte la división de las asignaturas que existen en las escuelas es absolutamente arbitraria y en una educación no escolarizada el niño va transitando a través de las distintas asignaturas o de los contenidos de una manera mucho más fluida. Es importante también que las familias tengan una postura consistente con este proceso, es decir, adquirir disciplina para que se vaya fascinando con lo que está estudiando y exista automotivación de su parte”.
Fue precisamente esa automotivación de los jóvenes estudiantes y de su profesor Simón que los movió para el desarrollo de diversos proyectos. “Tienen planes personales más un proyecto colectivo que está enfocado en generar una tienda online y una revista que está a punto de salir donde los chicos están subiendo columnas de opinión escritas por ellos”, comenta Simón.

Hiperactivos, introvertidos, soñadores y entusiastas son algunas de las características que definen a estos jóvenes que a diferencia de lo que muchos piensan se esfuerzan día a día solo que en un ambiente más distendido. “A veces estos espacios dan la impresión que son muy relajados y que los chicos no van a rendir afuera con la competencia pero no estoy muy seguro que en la escuelas formales salgan muy preparados para la vida, porque lo que se aprende en el fondo es seguir ciertos lineamientos con una presión. Acá los chicos tienen una apremio casi igual a nivel emocional pero es porque ellos mismos se ponen las metas y es un compromiso tanto conmigo como con ellos y eso yo creo que cambia un poco el enfoque ya que tratan de hacerse responsable de sus decisiones y de lo que dicen, en cambio en los colegios uno tiene que tomar responsabilidades con cosas a las que te mandan y esa es la diferencia que veo. Apuntamos a la autonomía, a que se conozcan y puedan decidir lo que les gusta y lo que no... La idea es que vayan explorando desde antes”, comenta el profesor, mientras sus alumnos escuchan, atentos.

Sin embargo, muchos de quienes hoy están con Simón han asistido a clases regulares en ocasiones anteriores y aunque a veces no han tenido buenas experiencias señalan que nunca es fácil acostumbrarse a un cambio tan drástico. “Al principio igual me sentía un poco tensa porque estaba acostumbrada a que me dijeran lo que tenía que hacer y uno se siente en el aire lo que genera inseguridad pero ya lo he ido manejando, aunque estoy ansiosa por los exámenes. La decisión fue tomada por mi mamá y yo la apoyé. Estaba ‘chata’ del liceo al que iba, los profesores no me ‘pescaban’ mucho y la idea al principio era cambiarme a otro liceo pero mi mamá se enteró de este espacio, probamos, yo accedí y acá estoy”.

Actualmente el reglamento chileno no obliga a los jóvenes a asistir al sistema educacional pero sí a rendir los exámenes libres y a validar sus estudios. Según datos aportados por la Seremía de Educación, hasta la fecha, 753 estudiantes menores de 18 años se han inscritos para rendir esta pruebas, entre ellos se cuenta a los niños del Sename, hijos de inmigrantes, alumnos de colegios sin reconocimiento del Mineduc y a los chicos que sus padres han decido no mandarlos a los colegios.
EXPERIENCIAS.
Felipe Vergara es el más inquieto de todos y uno de los primeros alumnos con los que partió Simón. Él nos cuenta que gran parte de su etapa educativa ha sido en colegios alternativos método que le adecúa mucho más. “Me acomoda más este sistema ya que me hubiese costado un poco encajar en un régimen común que apunta más a la competencia o a la nota”, nos comenta.

“A mí me acomoda mucho estar acá, mi opción era meterme a un colegio o dar exámenes libres y luego de eso tome la opción de estar acá. Yo no quería estar en un colegio no quería estar dentro del sistema”, señala otra de las estudiantes, Amparo Coopman.

“Pollo” le dicen sus amigos pero su nombre es Ángel, aunque su familia prefiere llamarlo Joaquín, así con simplicidad y entre medio de risas, el “Pollo” nos explica “sus múltiples identidades”. Cuenta además que se prepara para la PSU y que fue hasta tercero medio a un colegio común. Es un etapa difícil comenta, pero su experiencia sin colegio le ha valido más de una historia para contarle a sus amigos. “Acá he sentido un respiro y un apoyo bien grande porque tener un profesor que me pueda dar un sostén en todo lo que significa estudiar para la PSU, en realidad yo también estoy yendo al ‘preu’ y acá tengo el espacio para conversar sobre las decisiones”, comenta.

Al igual que sus compañeros escribe una columna de opinión y la suya se centra precisamente en las decisiones. “Es una decisión a la que nunca se nos preparó en los 12 años de colegio y llega el fin de esta etapa y te dicen ‘ya tienes que escoger que es lo que vas a estudiar’ sin darte otra opción, en cambio acá tengo la oportunidad de sentarme con mi profesor, analizar el tema y creo que gracias a eso podré escoger algo que me guste un poco más”.

La conversación termina. Como siempre entre medio de las risas y vuelven a sus espacios, cada uno con sus objetivos, ideales, tareas y de fondo nuevamente la música.
 

 

 

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