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Lautaro Carmona
En entrevista con El Día, el general, que tras su salida de la Comandancia en Jefe del Ejército ha continuado en el centro de la controversia, insiste en su inocencia en medio de los hechos que volvieron a colocarlo como protagonista y que incluso llevaron a declararlo cómplice en el caso Caravana de la Muerte y que próximamente lo llevarán a seguir prestando declaración en La Serena luego de la denuncia de Nicolás Barrantes, quien acusa que el militar en retiro lo habría torturado al interior del regimiento.

De una carpeta roja que trae bajo el brazo y coloca encima de la mesa donde se desarrolla la entrevista en la oficina de diario El Día en Santiago, el general (R) Juan Emilio Cheyre Espinosa saca uno a uno los recortes de este periódico, sobre todo del 17 de octubre de 1973. Algunos párrafos están marcados con destacador y demuestran, a su juicio, las actividades que desarrolló ese día. En medio de la querella del expreso político Nicolás Barrantes y hermano de Marcos, quien fue ejecutado en el Regimiento de La Serena por la Caravana de la Muerte, para Cheyre es clave, sobre todo cuando Barrantes lo acusó de haberlo torturado en ese mismo lapso al interior de la unidad penal.

Es la verdad del general Cheyre que ahora quiso entregar a diario El Día, el mismo medio al que concurrió una tarde de octubre de 1973 a dejar el bando que le pasó en un sobre el coronel Ariosto Lapostol Orrego, para que saliera publicado el 17 de octubre y donde se hablaba de las 15 ejecuciones que paralizaron a La Serena y que, a su juicio, cambiaron y marcaron su vida para siempre.

A diferencia de la entrevista que concedió a este periódico en marzo de 2006, cuando abandonó la Comandancia en Jefe del Ejército y donde solicitó cuestionario y no aceptó que se le consultara sobre la ofensiva judicial y las causas de DD.HH. que enfrentó durante el 2000, ahora respondió todas las interrogantes. Incluso, las que se notaba que le incomodaban o  que simplemente hubiese preferido no responder. 

El general del Nunca Más insistió en que no torturó a nadie ni es responsable de lo que se le acusa. Cheyre Espinosa recalca en el impacto que aún le provocan los disparos que escuchó la tardeaa del 16 de octubre de 1973. 

Llega puntualmente a la entrevista que se extendió por cerca de una hora. Se nota sereno y cada cierto tiempo nos mira fijamente. Hace ocho meses que no da una entrevista y ahora decidió entregar su versión de los hechos a nuestro medio.

De entrada responde cómo recuerda el contacto con el matutino cuando entregó el bando que pasaría a la historia. 

“El coronel (Ariosto Lapostol) me dice que se va a imprimir un bando y que lo entregue en un sobre a diario El Día de inmediato. Deben haber sido las 18:00 horas (16 de octubre de 1973) y personalmente voy del Regimiento al diario antes que cerrara la edición, porque él quería (comandante Lapostol) que la gente supiera de su boca y con su información lo trágico que había sido (los fusilamientos)”.

-¿Nunca le llegó al comandante Lapostol el acta del Consejo de Guerra como lo pidió a Copiapó, donde se encontraba Sergio Arellano Stark con la Caravana de la Muerte?

“Lo que él quería era reunirse con las familias, reuniones que empiezan a producirse esa misma noche y en la mañana del día siguiente y ahí vi a Lapostol, que lloraba con la gente. Escenas desgarradoras que me marcaron toda la vida. Esa fue la entrega del bando y el propósito del coronel (Lapostol) cuando llevo el sobre (al diario)”. 

-.¿Nunca lo abrió y leyó?

“No sabía el contenido y lo firma él. Y de hecho (hace el intento de sacar la publicación de su carpeta roja donde trae recortes del diario de la época), en esta ofensiva comunicacional y maniobra encuentro tremendo que se diga que hay documentos que yo firmo, en circunstancias que ustedes mismos en el diario publican este bando firmado por el coronel Lapostol”. 

-En una entrevista a diario El Día en enero de 2011, el coronel Lapostol admite que una de las cosas de las que se arrepiente es no haber tenido el dinero para comprar 15 ataúdes y entregárselos a sus familiares.

“Yo no puedo opinar por el coronel Lapostol. Ahora qué siento estar hablando con diario El Día, y se lo digo muy de corazón, mi estada en La Serena cambió mi vida, porque el dolor que vi en el hecho que le relato, de ver a esas familias a horas de ser asesinados sus deudos se reunían con el comandante llorando y había algunas familias de conscriptos”. 

El generalCheyre había llegado a La Serena en 1973 como teniente y a los 25 años. Su esposa era estudiante en la Universidad de Chile con 21 años. “Teníamos nuestra primera hija con algunos meses. Fue una destinación inesperada. Yo era teniente en la Escuela Militar, enseñaba ética, no como lo que han hecho aparecer que enseñaba inteligencia militar. ¡Nunca he enseñado inteligencia militar! (lo remarca con fuerza varias veces durante la entrevista). Está acreditado en el proceso que llego a La Serena y me tengo que separar de mi mujer porque ella tenía que terminar su universidad. Hasta agosto quedamos de acuerdo que yo viajaría una vez a Santiago y ella una vez a La Serena, vivía en una pieza del casino. Cuando ella iba nos juntábamos en esa pieza. Me acuerdo de la humedad de La Serena y que puse una ampolleta dentro del clóset porque todo era húmedo. Le tuve gran cariño (a la ciudad)”. 

-¿Vivía en el Regimiento?

“En el casino”.

El generalCheyre se explaya ampliamente en el recuerdo íntimo y personal de su estada en La Serena. Sin embargo, también dice estar consciente de que un sector le sigue exigiendo explicaciones por los casos más sensibles, como la propia Caravana de la Muerte y el caso Lejderman (el asesinato de un matrimonio argentino-mexicano en el interior de Gualliguaica, hecho al cual sobrevive su hijo Ernesto, de dos años), “que me conmueve y me llega. Él tenía la misma edad de mi hija”. 

-¿Le conmueve ahora, 43 años después o en su momento?

“Cuando ocurrió”. 

-¿Cuando el coronel Lapostol le dijo que fuera entregar al menor al convento de religiosas?

“No, Lapostol no me dice que lo lleve al convento, él lo lleva al convento y el obispo va al convento. A mí lo único que me corresponde es llamar a monseñor Fresno (Juan Francisco) para coordinar el viaje de Lapostol y del obispo al convento. Se atribuyen cosas que no son propias de un teniente. El ayudante es un asesor que no opina”.

-¿Sigue descartando que en aquella oportunidad usted no tenía mando de tropa y gente a su cargo?

“Como ayudante no tengo ningún personal a cargo, no tengo ningún vehículo a cargo, no tengo ningún armamento a cargo y no dependo de nadie, sino que del comandante. No dependo de Moren (Marcelo, que aparece como el segundo comandante) y como jefe de la plana mayor o jefe de inteligencia”.

Cheyre retoma el recuerdo de su vida en La Serena. Insiste  en que nunca imaginó cómo transcurriría su permanencia en la capital provincial y en cómo terminaría. Además, se salta varias décadas y  hechos de su vida y enfatiza en que cuando logra una posición de poder “trato de mostrar esa sensación, primero le cambio el nombre al Regimiento, el 2004 voy con la ministra Bachelet (Michelle) y se le pone Capitán Arturo Prat Chacón, un hombre intachable para que fuera modelo en un lugar donde me interesaba que hubiera un paradigma modélico. Y en segundo lugar, un hecho que esperaba que fuera la consolidación de mi mando. A un mes de entregarlo en febrero de 2006, recupero el parque Santa Lucía con un trabajo anterior de arreglo de jardines, porque después del 11 de septiembre (1973) alguien le puso reja y lo cerró. No se podía sacar fotos, nada. Y en un acto en que voy con el ministro Ravinet (Jaime) lo entregó a la ciudad de La Serena, lo que era su patrimonio y tradición. Lo que yo quería es que fuera el recuerdo de la unión civil-militar. Era lo que había tratado de construir en el Ejército”.

 

NUNCA HAN ENCONTRADO NADA

-Usted habla de Prat como intachable, ¿el generalCheyre se siente intachable?

“Mi hoja de vida es intachable. Si hubiera tenido una reserva mental (comienza a subir el tono de su voz) de haber estado comprometido directa o indirectamente en un hecho de derechos humanos, no habría aceptado ser comandante en Jefe del Ejército. Yo no he cometido ningún delito ¡Jamás! ( lo remarca con fuerza). No he estado vinculado con ninguno de los episodios que se mencionan. Me han investigado por 40 y tantos años y en profundidad, más de 25 años. Lo mismo que publican algunos periodistas hoy de mi participación en la Caravana (de la Muerte), donde no tuve ninguna participación, se decía cuando yo era comandante en jefe o antes. Esto lo conversé con todas las autoridades. Di cuenta de mis hechos. Me investigaron en ese tiempo y posteriormente. Nunca han encontrado nada y yo no encuentro nada en mi vida que me vincule a la violación de los derechos humanos. Le repito, si lo hubiera encontrado, no habría aceptado ningún cargo. Yo no he cometido ningún delito. Le digo más, con la misma sinceridad que estamos hablando, puse con mucho costo la verdad por delante para terminar con la impunidad. Jamás en mi vida ni siquiera he tenido una pelea a combos con nadie. Detesto la violencia, ni uso la violencia. Nunca la he usado, ni de palabra, ni de hecho. Se ha caricaturizado con respecto a mi vida y eso es un hecho que es muy doloroso”. 

-Usted habla e insiste en que no tenía mando, que su labor era sólo de ayudante y secretario, pero cómo explica la publicación de El Día del 21 de septiembre de 1973, cuando usted llama a entregar a los violentistas y extremistas, ¿esa no es una orden?

“Esa es una orden del comandante Lapostol (Ariosto), que transcribe el teniente ayudante en relación al tema”.

-¿Pero, en medio del proceso, no se puede confundir que esa era una orden suya?

“No, no se puede confundir, porque el mismo diario (nuevamente abre su carpeta roja y muestra otras páginas de El Día donde sale la actividad que efectuó el 16 y el 17 de octubre de 1973), cuyo texto han analizado en extenso los abogados que llevan este tema. El mismo 17 de octubre, el coronel Lapostol hace una separación taxativa entre lo que es el Regimiento y lo que es la intendencia y dice textualmente, ‘ahora como intendente tengo en el teniente Juan Emilio Cheyre, un hombre joven que con sólo 25 años es mi brazo derecho y en quien confío plenamente’ y después da cuenta que nuestra responsabilidad llegaba hasta el Departamento de Vallenar de la Provincia de Atacama. El mismo diario da cuenta que el día 17, el coronel Lapostol dice que el agro ha demostrado una gran capacidad y que el que está a cargo soy yo. Y no solamente de la restitución de la tierra, sino que también de la producción y ese soy yo, el de la intendencia. El mismo 16 (octubre), cuando están sucediendo los hechos, el jefe de la Plaza visitó la industria Manesa y también el puerto de Coquimbo, donde el ayudante va con el intendente y a mayor abundamiento (lee textual del diario), ‘comunicó anoche la jefatura de la Plaza a través del teniente Cheyre que los precios de los diversos artículos’ y da la lista de precios. Es decir que hago un trabajo con Galleguillos, que era el presidente de los comerciantes, con Pedro Irarrázabal, Alberto Cooper y resulta que este mismo día 15 (el diario) da cuenta de estos hechos, el señor Barrantes (Nicolás) cuyo caso me duele, porque sin duda que lo tienen que haber torturado, porque lo tuvieron 10 días en Ovalle, 40 días en la cárcel y una hora y media en el Regimiento el día 15. Y el día 15, el mismo diario (El Día) dice que estaba en lo que indiqué y no en el regimiento. Mi actividad y lo que me acuerdo es de lo que hice y la gente con quien estuve”. 

-¿Descarta entonces que haya estado torturando a Nicolás Barrantes, como él lo indicó 43 años después?

“Yo no descarto que lo hayan torturado, por qué lo voy a descartar y me duele mucho que haya sufrido en los 10 días de Ovalle, en los 40 días de la cárcel y estuvo solamente, según él, una hora y media en el regimiento. Lo que yo descarto es que en esa hora y media estuviese ahí porque el mismo diario dice que no estuve ahí. Lo que me llama la atención es que en toda estas declaraciones haya una verdadera caricatura, que es contraria a toda la gente de La Serena que trabajó conmigo y dice como era”.

 

“NO ME PUEDO ACORDAR DONDE NO ESTUVE”

-¿Usted tiene testigos de que no estuvo a esa hora en el regimiento?, porque más allá de la publicación, Barrantes insiste en que fue usted y que hay testigos que lo vieron en la unidad militar…

“Por supuesto, no solamente... mire, dos cosas, los testigos, muchos afirman en detalle todo lo que hice. En TV el señor Barrantes manifiesta a todo el país y también en su escrito que él, con otra persona que había sido detenida, conversan que habría sido el teniente Cheyre quien lo habría recibido en la guardia. En la declaración con el ministro, el señor Barrantes dice, ante una afirmación mía, que él no estuvo con esa persona en la cárcel, porque cuando él ingresó, la otra persona había salido. En esta seguidilla de hechos calumniosos o tendenciosos, hay múltiples afirmaciones que tienen que tener un origen muy raro. Se dice que yo era el segundo comandante, jamás fui segundo comandante, que era el jefe de la plana mayor, jamás. Que era jefe de inteligencia, jamás he actuado en inteligencia. Que era un hombre grosero y ofensivo. Decenas de personas en La Serena dicen que mis características eran contrarias a eso. Está en los autos (procesamiento judicial)”.

-Pero, ¿como llegará a probar eso?

“Déjeme terminar la idea que me plantea, los hechos generan una caricatura. En la misma televisión se dice que ‘Cheyre no se acuerda de algunas cosas’. Yo me acuerdo de todo, ya le decía, La Serena me marcó, era una actividad que no conocía. Una actividad que tuvo estos momentos álgidos, pero no me puedo acordar de algo en que no estuve. Me acuerdo de cuando distribuimos la tierra y de todos los viajes que hicimos por toda la zona. El mismo diario da cuenta de ello. Me pone el 16 de octubre en Ovalle, preocupado de la producción de pollos. Me pone el 6 de octubre en el nombramiento de los alcaldes y normalizando los precios, esa era mi actividad”. 

-Pero el diario El Día también lo pone mostrando dinamita y armas decomisadas, ¿no cree que eso para las nuevas generaciones y en el contexto de hoy generan otra imagen?

“No, no, en eso soy el transmisor de las ordenes del comunicado, tal como entregué el bando al diario, soy el transmisor de lo que el jefe de la plaza tiene que dar como transparencia”. 

-Pero, general, ¿piensa que la gente le cree eso 43 años después, sobre todo cuando ya había ocurrido el Golpe de Estado y los militares controlaban la información que salía en los medios y se entiende que fue visado, incluso, por usted?

Se sorprende con la pregunta y adopta una posición seria, “yo en La Serena, las actividades, reitero con gran cantidad de antecedentes están puestas en declaraciones, en los diarios, en las actividades y en los testimonios en las zonas que efectivamente trabajaron conmigo. La entrega de un sobre, una foto de una actividad del jefe de plaza en que expone una información abierta de lo que está y donde no se acusa a nadie, no quiere decir que haya detenido a alguien o que haya puesto a disposición de la justicia. Mi labor no era operativa”. 

 

“LUCHÉ PORQUE NO HUBIERA IMPUNIDAD MUCHO ANTES DE SER GENERAL”

-¿En qué momento se da cuenta que esas cuatro horas en el Regimiento de La Serena le jugarían en contra o afectarían su intachable carrera como plantea?, ¿cuando asume como comandante en jefe del Ejército, cuando redactó el documento del Nunca Más, al frente del Consejo del Servel o cuando se reactivó una avalancha de querellas en su contra?

“No son las cuatro horas, usted llama avalancha de querellas, pero es una secuencia de querellas, no es una avalancha. Aquí hay dos fuerzas que confluyen desde hace muchos años. En los años ‘90 fui director de la Academia de Guerra y me correspondió la apertura y el vínculo con la sociedad civil. Ahí ya me gané los primeros enemigos dentro del Ejército. Yo luché porque no hubiera impunidad mucho antes de ser general. Cuando fui nombrado comandante en Jefe todos estos hechos que están saliendo a la luz pública, los mismos periodistas que lo publican, los publicaron en ese tiempo. El generalCheyre del Nunca Más. El generalCheyre del reconocimiento de la responsabilidad institucional, que terminó con 30 años de silencio y mentira. El Nunca Más que terminó con un compromiso a firme de que la tragedia del ayer no se volvería a repetir, trajo dos polos que confluyen con diferentes objetivos. Uno de un sector militar, que claramente no está de acuerdo. El primero que me denuncia es un exagente de la Dina (Pedro Rodríguez). Claro, mucha gente le creyó a Rodríguez, periodistas que, incluso hoy, trabajan en organizaciones de derechos humanos vinculadas a diferentes organismos. Los mismos de ayer que dijeron que di un disparo y tiro de gracia (a los ejecutados), que quedó descartado. Y el otro sector que no quiere ver la transición militar y que no quiere ver el avance que ha existido. Que no quiere reconocer, como lo ha dicho el Presidente Lagos (Ricardo) y como lo dice la mayoría de los chilenos, que le devolvimos el Ejército de siempre a todos los chilenos. Esa es la síntesis de mi objetivo de mando, haberle devuelto a Chile (golpea la mesa) su Ejército y me siento orgulloso de eso y si tengo que pagar el precio de que estos dos sectores no me perdonen eso, lo haré con la verdad de siempre”.

-¿Se refiere a pagar el precio yendo a la cárcel?

“Dejemos eso a mis abogados y a la justicia, yo creo en la justicia, ¿pero usted cree que no he pagado con el dolor que siento? Haberme restado de toda actividad para no molestar a nadie. Con haber sufrido lo que estoy sufriendo. ¿Usted cree que para un militar de una vida haber dado estos pasos duros no tienen un costo? ¿Usted cree que no leo los anónimos sobre mi actuar, de gente que no quiero calificar, porque nunca ha estado en mí la violencia? Pero lo que nadie me quitará, y todos reconocen, es que el Ejército de Chile se ganó el corazón de todos los chilenos y cuando tuve posiciones de poder trabajé y luché por eso”. 

 

SIN CÁLCULOS NI PREVER ESCENARIOS

-Hay quienes pensaban que tras la muerte del generalAugusto Pinochet todos estos actos que un sector califica de persecución, se acabarían. Sin embargo, no ha ocurrido y continúa la división y el odio…

“Mire, en esto nunca he sacado cálculos ni he hecho escenarios de futuro. Mi forma de ser es actuar. Lo que le puedo decir es que actué para que en Chile no hubiera impunidad, para que tuviera reconciliación, paz y para que el Ejército volviera a ser querido y respetado por todos los chilenos y eso se reconoció. Y eso es lo que algunos pocos, pero muy activos no aceptan”.

-¿Pensó que el "Nunca Más" era suficiente para dejar tranquilas a las familias que perdieron a sus seres queridos y organizaciones de derechos humanos?

“Vuelvo a repetir, nunca he sacado cálculos. Es más, le digo que con las autoridades de Gobierno con las cuales compartí nunca pedí una moneda de cambio. No hice lo que hice para obtener algo a cambio. Siempre he creído y lo conversé con quienes fueron mis jefes, Presidente de la República y ministro de Defensa, que tenía que hacer lo que había que realizar. Escapa a lo que un comandante en Jefe del Ejército puede hacer por la reconciliación del país o como puede aplicar la justicia o los criterios para ello. No corresponde, es cobarde y es antiético que un comandante en Jefe diga, ‘yo me voy a portar bien si usted me da algo a cambio’. A mí me han amenazado de todo. Me han dicho ingenuo, entreguista, por no pedir a cambio algo. Cada uno de mis actos no los hice para obtener algo a cambio”.

-Cuando sale el testimonio del exagente de la DINA, Pedro Rodríguez, quien lo acusó de rematar a los ejecutados (2000) y después al ser nominado comandante en Jefe se denunció su vinculación con la muerte de los niños de La Herradura aunque se logra probar que usted estaba en Iquique, ¿no advirtió ahí que el escenario en el futuro lo tendría pesado y complicado?

“O sea, la lectura debería haber sido diferente, porque si venían esas acusaciones y que fueron demostradas falsas, como han sido demostradas falsas muchas otras, lo lógico era que estaban mal presentadas, como siguen estando mal presentadas. Fíjese el caso de los niños de La Herradura, se me presenta a mí como a cargo de una patrulla y resulta que es conmovedor ver que unos niños mueren en Coquimbo. Se logró demostrar en un proceso en el que tengo que declarar, que se expone a toda la prensa, se sube a internet que Cheyre es el culpable y jefe de la patrulla y resulta que el ministro Zepeda (Jorge) no me culpa absolutamente de nada y resuelve el caso”. 

-Pero es el ministro Juan Guzmán quien pide la exhumación de los cuerpos.

“Bueno, no quiero entrar al detalle, lo que pido es que entre a la resolución del ministro Zepeda y además, como dice, se prueba que estoy en Iquique. Sin embargo, los hechos comunicacionales y las denuncias apuntan a mi persona. Entonces, cuando se apunta tanto a una persona es la misma lógica de siempre. El señor Rodríguez dice, ‘este señor hace el tiro de gracia’, el año ’98, en que tengo que declarar y le digo al ministro Guzmán (Juan), a quien respeto mucho, quién lo dice, ‘no, es un cuaderno secreto’ y estoy como inculpado y hoy día lo sigue leyendo en cualquier parte. Cuando voy a un programa de TVN con el joven Lejderman (Ernesto) aparece como que yo no lo conocía, pero con él me había reunido en la oficina de su abogado (Héctor Salazar) y habíamos tenido una muy buena relación. Cómo me iba a negar a 40 años de producido el ’73 cuando siempre he dado la cara, pero lo que nadie dice y lo que se hace aparecer es como que yo soy culpable del hecho”. 

-¿Se arrepiente de haber asistido a ese encuentro?

“Espérese un poquito, nadie en el programa dice y yo lo trato de poner, que el caso está resuelto el 2009 y que los culpables a esa fecha están en la cárcel. Pero resulta que abogados, querellantes, la misma persona afectada y periodistas me hacen aparecer como responsable en consecuencia que los culpables por fallo judicial de la Corte Suprema están en la cárcel”.

-¿Se arrepiente?

“Usted dice, ¿me arrepiento?, contra todo lo que pienso no me arrepiento y volvería a ir, sabe por qué, porque nunca, nunca, me he negado a dar la cara, menos creyendo que puedo contribuir a mitigar el dolor”. 

-Sin embargo, ese episodio a la postre le costó un puesto importante que tenía en el Servel…

“Me costó lo que me costó, pero lo que no me cuesta y lo que ratifico es cómo puede haber una operación de esta naturaleza en que en un caso resuelto el 2009 se aparezca inculpando a una persona inocente el 2013. Ahí hay una constante de una operación política, con un solo objetivo. Con todo el dolor que me puede producir el señor Barrantes (Nicolás) y le reitero que es sincero, pero cómo puede ser que por una hora y media que está en el Regimiento, donde dice no haber vuelto nunca más, sin haberme conocido, me pueda hoy día estar diciendo que yo fui el que le causó los problemas y nada se diga de los días que estuvo en otra parte. Esto tiene un mismo modus operandi y una misma forma de actuar. Volviendo a la pregunta, nunca me arrepentiré de haber sido un hombre, un militar que ha dado la cara en todo. Usted cree, no le pido lo que usted crea, lo que le digo de corazón es que jamás me he sustraído a una responsabilidad. Que nunca he sacado cálculos, que mi gran amor es el Ejército y mi gran tarea es que todos reconocen el devolverle el Ejército a Chile después de una tragedia que nunca debió haber pasado y que nunca pasará porque hay una doctrina al respecto y esta doctrina la concedí junto a mis asesores, la firme y quedó a fuego marcada en el Ejército”.

-¿Nunca pensó al dejar la Comandancia en Jefe del Ejército, abandonar la primera línea y evitar exponerse?

“Yo me prometí y cumplí, jamás ocupar un cargo de poder después de ser comandante en Jefe del Ejército y lo cumplí cabalmente. No he aceptado ser candidato y a muchos cargos que me han ofrecido. No he aceptado cargos públicos y me dediqué a dos cosas. A la educación y a organismos del voluntariado”. 

-¿Y a aceptar el cargo del Servel que le propuso el ex Presidente Sebastián Piñera?

“Respecto al cargo del Servel encontré que era absolutamente apolítico, que profundizaba la democracia y la participación. No tenía representación ni partido político. Por haber sido el comandante en Jefe que fui tuve una exposición mayor que la que tiene cualquier militar. Renuncié a todo y me abstuve absolutamente”. 

-Pero estaba consciente de que estando con una alta exposición pública en el Servel no faltaría que dijeran que usted en ningún caso representaba la democracia.

“Si revisa la discusión del Senado en que se revisaron nuevamente mis antecedentes, tiene declaraciones de todos los sectores en los que lejos de ver el tema como me lo está presentando, que no iba a ser democrático, decían que sería una garantía y era la demostración más fehaciente de que unión civil y militar se había producido. Una demostración y un logro más de que vivíamos en normalidad, lo que pasa es que después de eso (los tiempos que transcurren), la transición y la forma de entenderla han tenido un cambio y en ese cambio hay víctimas y esa víctima soy yo”. 

 

LA ESPERANZA EN LA JUSTICIA

-General, en sus últimas entrevistas ha insistido en que usted no es un torturador, un genocida o que ha violado los derechos humanos, ¿qué cree que está esperando la gente vinculada a los DD.HH., que le pida perdón?

“Yo lo único que espero es justicia en lo personal y que la verdad se imponga y que el periodismo, como siempre he reconocido el periodismo de diario El Día, sea serio y creo que lo es y así ha tratado en general este caso. Ya le he dicho que hay testigos que han indicado tres cosas diferentes y que el ministro dice otra. Otro dice que lo conocí en Arica en 1964 y yo tenía 15 años. Lo que espero es que esta tragedia termine y termine bien. Tengo un dolor muy grande (hace una pausa y su voz se quiebra), un dolor de no poder estar haciendo mis voluntariados y mis clases. Un dolor por mi familia (hace otra pausa y se vuelve a emocionar). Mi mujer, cuando estuvimos en La Serena, era una jovencita de 21 años (se lleva una de sus manos a la cara), teníamos una hija de meses. Los sacrificios que mi mujer ha tenido que pagar por mi entrega al Ejército y por las decisiones que he tenido que tomar son inmensos. Uno, casi a los 70 años, esperaría poder disfrutar y darle lo que ella muchas veces tuvo que renunciar.  A La Serena llegamos a vivir en agosto de 1973 a una casa que me conseguí para terminar estos viajes de ir y venir y la pintamos juntos” (vuelve a hacer una larga pausa). 

 

SIN CAMBIO DE DECLARACIÓN

-¿Advierte que el caso Barrantes es distinto a las otras ofensivas judiciales que ha tenido que enfrentar, porque ahora es el juez quien deberá discernir entre la palabra suya y la de Barrantes?

“Como han tenido que discernir todos los jueces que me han exculpado de múltiples situaciones. Su mismo diario, hace tres años en una cosa demencial, quiso entrevistarme porque unos pobladores de Cutún (localidad al interior de La Serena) denunciaron que llegué al pueblo en 1975 y le pegué a todo el pueblo, los tomé presos, los subí al camión y los torturé en el Regimiento. En 1975 hacía más de 8 meses que estaba en la Escuela Militar. Es raro. Es un modus operandi que sigue”.

-¿No cree que también surge la duda cuando el ministro Vicente Hormazábal le pregunta por consejos de guerra y usted le dice que no se acuerda y después el mismo ministro le muestra un acta con su firma?

“Jamás he negado que he estado en consejos de guerra, lo que siempre he negado es que presidiera un consejo de guerra y lo que no puedo recordar es cuántas personas habrán pasado por los consejos de guerra. No he cambiado mi declaración en lo absoluto. Lo mismo que han dicho que he negado que estuve en La Serena. Le reitero, yo me puedo acordar y puedo reconocer lo que hice y dónde estuve, pero no puedo reconocer o saber de películas que no he visto y esas películas no las he visto. Lo que sí he declarado ante el señor ministro es cómo se daban los consejos de guerra. Me he acordado del abogado Salamanca (Raúl), del abogado Fortes, Pedro Escandón, todo lo que hizo el obispo Fresno. Lo han dicho en televisión, ‘Cheyre no se acuerda de algunas cosas’. Me acuerdo de los detalles porque fue una época que me marcó. ¿Cree que estaba preparado para ser el joven teniente que veía la producción agrícola, que devolvía los terrenos y que tenía que hablar con las personas que debían ser nombradas alcaldes y que tenía que tomar nota de lo que pasaba en el puerto de Coquimbo, que había que regular los precios, hablar con los camioneros y comerciantes? De todo eso me acuerdo, de Raúl Aguirre, del señor Zabala, del señor Cooper, del señor Carmona, eran mis interlocutores y mis actividades. Yo no me acuerdo de donde no he estado. Yo no me acuerdo de lo que no he hecho”.

-¿Cuando acepta hablar en esta entrevista para la gente de La Serena es porque tiene la sensación de que no lo dejarán tranquilo hasta no verlo preso en un penal militar?

“No me muevo por sensaciones, me muevo por mi actuar. Tengo la certeza de que no he cometido ningún delito”.

-¿Qué le provocan letreros camino al regimiento de La Serena que hablan de Cheyre y Lapostol torturadores?

“Le he expresado el sentimiento en todo sentido, no me gustaría ir a cosas que no conozco y no he visto”. 

-En la ofensiva judicial que viene, ¿de qué forma se defenderá Juan Emilio Cheyre?

“Yo con lo único que me defiendo es con la verdad, siempre ha sido mi norte la verdad”. 

-Cuándo falleció el general Manuel Contreras ¿usted pensaba que se iba a terminar esta ofensiva de un sector que usted dice está ligado al Ejército?

“Le vuelvo a repetir lo que le repetí anteriormente, no saco conclusiones”. 

 

RESPONSABILIDAD INSTITUCIONAL
••• Cuando firmó el "Nunca Más", ¿no pensó en reunirse en La Serena con las 15 familias a quienes les ejecutaron sus seres queridos?
Hace una pausa  y responde, “yo vi al comandante que era el responsable de reunirse con esas familias, llorar con esas familias y devolverles sus anillos. Yo vi que la autoridad que correspondía en ese momento había hecho esa parte  de lo que tenía que hacer, esa era la responsabilidad de él. En el mando, un teniente no comparte el mando”. 
-¿Le faltó haber entregado los cuerpos o haberles dicho que estaban en la parte posterior del cementerio?
“No sé si se lo dijo o no se lo dijo y nunca he sabido por qué no entregó los cuerpos”.
-¿Ese fue un error histórico?
“Ese es (duda) un error que tendría que decir él y reconocer él”. 
-¿Usted pudo haberlo enmendado cuando estuvo al frente del Ejército?
“Ya estaban entregados los cuerpos, en 1998 (noviembre) se exhumaron y yo fui comandante en Jefe el 2002. Interpretando lo que me dice, mi acto de reparación y memoria colectiva, no de mi actuar, porque yo no fui cómplice, no fui autor, encubridor de ese hecho, no tuve vínculo directo ni indirecto  con ese hecho…”.
-Pero ahora fue declarado cómplice por el juez Mario Carroza.
“Es la interpretación del ministro Carroza, pero no fue la interpretación de los cinco ministros anteriores ni de la Corte de Apelaciones, que conoció este caso y que falló 3-0 en que no tenía participación alguna hace tres años, por lo tanto eso está enåå tribunales y serán los tribunales los que lo resuelvan. La reparación histórica fue el nombre y el parque (Santa Lucía), ahí está el carillón  que no sonaba, yo lo hice sonar y lo hice fundamentalmente recordando el espíritu de la música y una de las personas ejecutadas tiene que ver con ella”. 
-¿Le impactó la ejecución de Jorge Peña Hen?
“No solamente me dolió Peña Hen, sino que todos.  Por mi edad, me impactó la forma. El reconocimiento del Nunca Más lo hice en Calama, tomé conciencia cuando en el Estado Mayor, el 2001 tuve conocimiento de los hechos del pasado y el que más me impactó fue el actuar de la Caravana en Calama, pero también recordando lo que pasó en La Serena, porque a mí me desgarró cuando escuché los tiros, porque nunca en ese día  supe que habría fusilados. Jamás escuché que se iba a producir la tragedia que ocurrió y por eso de mi puño y letra, y con el visto bueno y el consenso de todo mi cuerpo de generales,  lo firmé y lo leí en Calama”. 
-¿Hoy día pedir perdón serviría?
“Cuál fue mi perdón, el Nunca Más y el reconocimiento de la responsabilidad institucional a lo que yo le doy casi más importancia que el Nunca Más. Por el Nunca Más, por doctrina, no habrá otro  golpe militar en Chile, no lo va a haber. Y el actuar del Ejercito en ese tiempo no tiene ningún hecho cuestionable en derechos humanos, ninguno.  El reconocimiento de la responsabilidad institucional a los 30 años de haberse producido (golpe de Estado) es muy fuerte. Es terminar con la doctrina de que aquí hubo responsabilidades individuales. Y se agrega otro hecho que se conoce poco. Yo logré que todos los vicecomandantes en jefe del Ejército,  menos uno,  que se restó al final, reconocieran en una carta firmada, su responsabilidad en los hechos del pasado. Les dije: ‘Si iba a reconocer la responsabilidad del Ejército en dos semanas más, yo que era teniente el ’73, ¿ustedes no son capaces de hacerlo?’ Y en  entrevistas durísimas  con ellos, fuertísimas emocionalmente, lo firmaron”.

 

 

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