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Andrea Cantillanes
A la fecha los modelos de predicción avizoran que por lo menos en los próximos 3 meses no se presentarían eventos de lluvias como los que se registraron el año pasado. Afortunadamente los embalses mantienen buenas reservas, pero los regantes han advertido que los deshielos producidos en año pasado fueron bajos y han aplicado planes de contingencia que les permitan cuidar el recurso. El llamado es a no bajar los brazos en las medidas de largo plazo.

Los episodios de abundancia de precipitaciones que se registraron el año pasado, que permitieron en gran medida la recuperación de los sistemas hídricos de la región al parecer no se volverán a repetir en esta oportunidad y la zona volvería a sus condiciones normales de escasez hídrica.

Así lo advierten por lo menos los pronósticos a la fecha, que indican que en las condiciones actuales, lo más probable es que en el otoño y el inicio del invierno las lluvias se mantengan ausentes.

El meteorólogo regional, Cristóbal Juliá, señala que la zona en los últimos meses ha estado bajo la influencia del fenómeno de La Niña, pero que ésta ya se encuentra en retirada para dar paso a una fase neutra. “Esto augura un otoño que sería más bien seco y un invierno que debería estar dentro de los parámetros normales y tendiendo a ser un poco más seco de lo normal”, especifica.

Los expertos han advertido, eso sí, que es mucho más complicado emitir pronósticos meteorológicos cuando se produce esta fase neutra, pero Juliá afirma que como venimos saliendo de un fenómeno de La Niña “tienden a quedar un poco rezagados sus efectos y eso se podría manifestar durante al menos la primera parte del invierno, siendo un poco más seco de lo normal”.

Además, dice, el año pasado y el antepasado estuvimos bajo la influencia del fenómeno de El Niño, “por lo tanto es muy difícil respecto al régimen de precipitaciones que la misma situación se pueda repetir este año. Entonces, debería estar dentro de lo esperable, con precipitaciones normales tendiendo a ser un poco más seco”.

Así también lo ratifica el meteorólogo del Centro de estudios Avanzados en Zonas Áridas (Ceaza), Luis Muñoz, quien plantea que el pronóstico de las precipitaciones se ha mantenido más o menos estable “siendo más bajo de lo normal,  en gran parte de la región”.

Estadísticamente, agrega, se espera que los valores de agua caída sean normales para cada zona. “Pero sí o sí va a ser menos lluvioso que el año pasado, donde tuvimos una anomalía extrema”.

Esta misma entidad además en su Boletín Climático para marzo de 2018 señala que, según los modelos climáticos durante el trimestre marzo-abril y mayo “las precipitaciones estarían entre lo normal a bajo lo normal, mientras que las temperaturas medias estarían cercanas a lo normal en gran parte de la región y bajo lo normal en la costa”.

En tanto, en su informe emitido para marzo-abril y mayo, la Dirección Meteorológica de Chile, sostiene que “los escenarios más probables para los próximos meses son la mantención de una condición de La Niña débil o el ingreso hacia una condición neutral”.

En cuanto a las precipitaciones, indica que “se mantendrán en rango normal en la Costa y Valles de la mayor parte de la Región de Coquimbo”.

En el caso de las temperaturas, eso sí advierten que se mantendrían en un rango “bajo lo normal, por lo tanto Las mañanas estarán más frías de lo usual este otoño”.

 

¿SE PODRÍAN REPETIR LOS TEMPORALES?

En los meses de mayo y junio del año pasado y tras una década de sequía, en la región de Coquimbo se registraron importantes eventos de precipitaciones con carácter de temporal.

El primero de ellos se produjo entre el 11 y el 13 de mayo. Dejó como saldo la bajada de quebradas, cortes de camino, interrupción de suministros básicos y la lamentable cifra de 2 fallecidos. Según datos aportados por la Dirección General de Aguas (DGA), en La Serena, durante los 3 días el fenómeno dejó como registro 104, 5 milímetros y en Ovalle 118,8 mm. Pero hubo lugares donde se batieron records de caída de agua como Combarbalá, por ejemplo, donde llegaron a precipitar 189 mm y en Coirón, en la provincia de Choapa, donde cayeron 195 mm, 180 de los cuáles se produjeron sólo el día 12.

Un evento de similares características se produjo en junio. Pese a la destrucción que la fuerza del agua produjo en algunos sectores, sí sirvió para que los sistemas hídricos se recuperaran de manera importante.

El episodio fue catalogado en esa oportunidad como un hecho anormal, en el que influyeron además otros factores como la Oscilación Madden-Julian (OMJ), que contribuyó a exacerbar la caída de agua.

Respecto a si existe la posibilidad de que esto se pueda repetir en los próximos meses, Cristóbal Julia explica que ese tipo de fenómenos no responde a un año lluvioso o no. “Tú puedes tener un año seco y se presenta un evento de precipitaciones donde caen 50 milímetros en 4 horas”.

Eso tiene relación más bien con el cambio climático, puntualiza, que ha hecho que se presenten cada vez más en el mundo eventos extremos de esta naturaleza.  “Es lo que se ha observado en el hemisferio norte, donde se han dado súper tormentas, con temperaturas súper extremas, los que hemos tenido acá en Chile también en los últimos dos años”.

En base a esto, indica, no se podría descartar que se produjera nuevamente. “Independiente de la señal del fenómeno de El Niño, o como vaya a proyectarse el año pluviométricamente normal a seco, aun así hay que estar atentos a los efectos que son del cambio climático, que eso sí puede generar eventos extremos donde pueden bajar quebradas y ocurrir situaciones anormales que ponen en riesgo la vida de las personas”, dice Juliá.

Advierte, eso sí, que eso no es pronosticable “porque responde a un fenómeno que es mucho más global y por ello siempre hay que estar en alerta en caso de que vaya a ocurrir algo así”.

Respecto a si podría haber influencia esta vez (al igual que el año pasado) de la OMJ, detalla que se trata de una oscilación de régimen mensual “y de repente se activan algunas ondas que pueden hacer que ciertos eventos de precipitaciones sean un poco más fuertes de lo normal,  pero es mensual, vas viendo las señales mes a mes, es diferente que con El Niño donde se puede hacer un pronóstico más a largo plazo”.

Lo que ocurrió el año pasado, es que se vio fortalecida con el fenómeno del Niño “por lo tanto si vamos a estar en una fase neutra, la probabilidad de efectos de la Madden-Julian son más bajas también”.

Lo que podríamos esperar, reitera, es que sea “un otoño más bien seco e invierno dentro de los parámetros normales, con tendencia a estar más seco”.

Por su parte, Luis Muñoz plantea que si bien se espera que vaya a ser un año normal a seco, aun así hay algunas anomalías que siguen persistiendo en la atmósfera y en el océano. “Como todo esto es un proceso lento, uno puede pensar en otro tipo de fenómenos que nos pueden ir afectando, como por ejemplo lo que sucedió el año pasado, donde nos afectó la oscilación de Madden-Julian y tener algún evento que puede ser muy fuerte”.

No hay certeza de eso, indica, pero siempre es mejor “estar preparado para cualquier eventualidad”, sobre todo considerando los cambios que se han registrado en el planeta en los últimos años.

 

REGANTES EN ALERTA

Las lluvias registradas el año pasado fueron celebradas por los regantes. Claro está, venían saliendo de un periodo de 10 años en que las reservas de agua llegaron a niveles mínimos. La Paloma, por ejemplo, registró el nivel más bajo de su historia en marzo de 2014, con 34 millones de metros cúbicos de agua, un 4,6% del total de su capacidad, que alcanza los 750 millones de metros cúbicos. Se temió en su momento la pérdida de cultivos, no obstante, afortunadamente se logró la reactivación del sector.

Tras estos eventos la evaluación fue buena, sin embargo a partir de septiembre de 2017 hubo algo que encendió las alertas. Los deshielos no se presentaron como ellos esperaban. “Fue relativamente bajo en esta temporada y gran parte del agua que entró en el periodo fue en el periodo de lluvias en mayo y junio”, señala José Eugenio González, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Limarí y timonel de la Comunidad de Aguas Sistema Embalse Paloma (Casep), que agrupa además a los embalses Recoleta y Cogotí.

De hecho, indica el dirigente, desde septiembre en adelante deshielos prácticamente fueron nulos, manteniendo con ello los ríos caudales bastante bajos. Además, la acumulación de nieve era nula. “A veces cuando hay harta nieve queda de una temporada para otra, pero ahora prácticamente no hay nada”, indicó.

Respecto a cómo evalúan lo que sucederá en los próximos meses en cuanto a la pluviometría,  José Eugenio González manifiesta que según el pronóstico que ellos manejan y que les entregó la dirección de Obras Hidráulicas de ministerio de Obras Públicas a través de sus especialistas, se va a registrar un año normal húmedo “en que debería precipitar en los meses de mayo, junio y julio, pero no una cantidad tan importante, cerca de 100 mm”, éste análisis indicaría que el afluente al embalse La Paloma, respecto al cual se hizo el pronóstico, debería ser del orden de 400 millones “o sea, muy similar a lo que fue este año, donde va a entrar como 380 millones de metros cúbicos  en el periodo agrícola desde mayo de 2017 a abril de 2018”.

Cabe destacar que el reservorio limarino, el más grande de la región, fue la única de las 8 infraestructuras de la región que no se alcanzó a llenar en su totalidad. Según precisa González, llegó a alcanzar un total de 620 millones de metros cúbicos. Sin embargo y en vista de que el caudal de los ríos no era el que tenían pensado, se procedió a utilizar estas reservas. “En este momento el embalse con lo que se le ha sacado, va a terminar con alrededor de 540 millones al 30 de abril”.

Es una buena cifra, indica y que además podría aumentar con las lluvias que eventualmente se generarían durante el invierno. “Si ocurriera eso (los pronósticos de la DOH), deberíamos terminar con alrededor de 700 millones en abril del próximo año”.

No obstante, están tomando resguardos ante la posibilidad de que nuevamente se repita un escenario de escasez. Para ellos, dice, se dividió la reserva disponible en 3 partes “y partiríamos con una dotación más baja de lo normal, de manera de poder tener certeza de lo que ocurre para ratificar o modificar la dotación a más tardar en el mes de septiembre de 2018”, puntualiza.

En el caso de la Junta de Vigilancia del Río Elqui, su presidente, Pelayo Alonso, señala que según los análisis que manejan “los pronósticos dan cuenta de un escenario que se presenta con un primer semestre más bien seco y un segundo semestre del presente año con condiciones entre neutras y favorable a la ocurrencia de precipitaciones si consideramos el fenómeno de El Niño”.

El dirigente también advierte la situación que se produjo por la falta de deshielos e indica que como organización lo vienen manifestando desde agosto del año pasado. “La tendencia de los caudales en el rio Elqui ha sido de una sostenida baja, sumado  a que el período de deshielos, Diciembre-Enero, no se observó el esperado un aumento de caudales, sino más bien se mantuvo y profundizo la tendencia a la baja en los caudales observados”, recalcó.

Ante este mal escenario hídrico, dice que el directorio presentó en Agosto a sus regentes una visión de una temporada conservadora “que, a pesar de la ostensible baja de los caudales, estamos cumpliendo con altas probabilidades de llegar a agosto de este año con los embalses llenos y la oferta comprometida satisfecha”.

Por esta razón, agrega, en primer término el llamado es a mantener e incorporar a nuestra cultura, el uso eficiente de agua en todo nuestro que hacer “junto con trabajar desde el mundo público-privado en tomar acciones concretas de inversión y mejoramiento de gestión para hacer un uso eficiente de este preciado recurso”.

En entrevista con El Día en febrero de este año, Luis Lohse, Presidente Junta de Vigilancia del Río Choapa, también hacía ver que la situación de las cuencas era preocupante, pues si bien se podría haber esperado un muy buen nivel para este año —ya que se registraron importantes lluvias—, la precipitación nival fue escasa durante 2017, afectando directamente la acumulación de nieve y generando como consecuencia una disminución de los caudales de agua en toda la cuenca, generando bajos caudales del deshielo. “Esto significó que por primera vez desde que tenemos la cuenca regulada, tuviésemos que ya en el mes de diciembre de 2017 utilizar agua del embalse, cuando lo normal es que en ese periodo estemos cargando agua a través del canal alimentador al embalse”, reveló Lohse.

Con todo, recalcó que los esfuerzos de la Junta de Vigilancia están enfocados en mantener asegurado el riego durante toda la próxima  temporada y esperan  una recuperación del embalse Corrales con las lluvias esperadas para este invierno.

SE MANTIENE LA ESCASEZ HÍDRICA

Pese a que las lluvias registradas el año pasado, los expertos han recalcado que el escenario falta de agua no ha terminado para la región. De hecho, en noviembre de 2017 el ministerio de Obras Públicas emitió un decreto (que tiene una duración de 6 meses) y declara zona de escasez hídrica en 14 comunas de la zona (exceptuando Andacollo) para asegurar el abastecimiento de agua potable para la población, principalmente en la zona de secano, donde la recuperación de las napas subterráneas (pozos) no ha sido completa.

“Eso es algo que no va a variar en la región y es la mentalidad que hay que cambiar. Un par de años lluviosos no cambian la realidad de la región que está pasando por un proceso de desertificación”, sostiene el meteorólogo Cristóbal Juliá,  quien recalca que “podemos tener años de bonanza, de agua, donde se puede ver una recuperación sustancial de los embalses, pero aun así teníamos un acuífero generalizado en la región tan dañado”.

Si bien los tranques efectivamente se mantienen en un muy buen nivel, totalizando un 82% de sus reservas, lo que no se veía hace más de 10 años, en el caso de las aguas subterráneas el escenario no es el mismo. “Mucha del agua infiltró, evaporó y por eso los regantes también están preocupados, porque los pozos tengo entendido que no subieron tanto, el sector secano sigue en el mismo problema y si no llueve vamos a volver a este escenario, igual va a ocurrir con los crianceros”, especificó Juliá.

Por eso el llamado es a no bajar los brazos y a apostar a que las autoridades sigan apostando a medidas de largo plazo, como la construcción de nuevos embalses y desaladoras para resguardar el recurso. “Es lo que vengo diciendo hace varios años atrás, no hay que relajarse, porque volvemos a nuestra realidad que es la desertificación y una escasez hídrica que va a ser constante en el tiempo”, recalcó el profesional.

 

 

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