• Fotos: Lautaro Carmona
Dedica todo su tiempo a buscar bólidos en el desierto de Atacama, principalmente. También en algún momento espera hacerlo en la Pampilla de Coquimbo y su sueño, al igual que muchos, es encontrar un meteorito lunar y marciano. Pronto se irá a España y Marruecos.

Desde su niñez que le fascina el espacio. El Universo. En concreto, todo lo relacionado con el Sistema Solar. Por lo mismo, siempre supo que con los años se dedicaría a la búsqueda de meteoritos. Y cumplió. Porque Jorge Monsalve (45), que pasa sus días entre las ciudades de Ovalle y Copiapó, aunque es de Osorno, es uno de los pocos caza meteoritos que tiene el país. Posee una colección inmensa de bólidos, varios encontrados en el desierto de Atacama, en su mayoría, y también uno en la comuna de Ovalle hace un par de semanas, camino a Río Hurtado, y que corresponde a una condrita ordinaria compuesta con hierro y níquel. ¿El más nuevo? Más de 100 millones de años. ¿Los Otros? Varios millones de años más. ¿Afición o trabajo? Las dos cosas, dice.

“Se nos conoce en todos los lugares del mundo como cazadores de meteoritos y acá trabajo junto a Darío Ruiz, una de las personas que más sabe en Chile. Es un ciudadano argentino-canadiense y lleva muchos años en esto y es mi maestro. Con él partí hace un par de años y generalmente salimos a recorrer el desierto de Atacama y los lugares que nos parecen interesantes como para poder buscar meteoritos”, cuenta de entrada este cazador que muchas veces inicia la búsqueda “a ciegas” y sin saber dónde empezar, aunque siempre los acompaña una máquina norteamericana –Garrett- que se usa especialmente para buscar meteoritos y que les permite buscar hasta 50 centímetros de profundidad y cuando son piezas muy grandes, pueden identificarlas hasta un metro de profundidad, pero generalmente está entre los 30 y 50 centímetros.

"Esto se financia de nuestro bolsillo, pero si esperamos tener a alguien que nos auspicie, ya que utilizamos vehículos, detectores y todo el equipo de campamento. En Chile somos pocos, en la zona creo que no más de 3 y no más de 10 en el país. Nuestro nombre es  “Caza meteoritos Cherufe”, que en mapudungun significa fenómeno del cielo", advierte Monsalve.

El primer meteorito con el que se tropezó en su vida fue hace ya muchos años. Y reconoce que el hallazgo “fue muy emocionante”.

Y luego de ese encuentro se enganchó en esta caza interminable, hasta el punto de que se pasa la vida de aquí para allá, recorriendo desiertos y subiendo montañas. Y asegura que no sólo lo hace para vivir de ellos –hace joyas preciosas-, sino que también para que “se descubra lo que se pueda sobre el origen del Universo, de nuestro planeta y de la propia vida”.

Agrega Monsalve que “llevamos un par de años, pero dedicados al ciento por ciento casi tres. Hoy estoy concentrado en buscar meteoritos, recorremos cualquier lugar que nos parezca interesante. No obstante, los meteoritos no eligen dónde caer, sino que caen en cualquier lugar. Y tampoco sabemos cuándo caerán, puesto que no existe una forma -con toda la tecnología que tenemos- certera de poder identificar un meteorito y saber dónde caerá. Los meteoritos son las estrellas fugases que uno ve en la noche y existe un efecto óptico de ver que caen muy cerca y resulta que caen a kilómetros, incluso en otros países. Nosotros vamos al desierto, que por ahí es un poco más fácil con respecto al clima, pero también bastante complejo porque tenemos zonas mineras donde además se tiende a confundir con otras rocas que se parecen mucho a los meteoritos y que incluso también son magnéticas, rocas que a simple vista son parecidas y son las que más nos confunden cuando uno comienza en esta actividad, cuando es novato”.

¿Se puede saber con exactitud el tamaño de la roca cuando cae a la tierra?

“La mayoría de los bólidos se convierten en vapor y nunca llegan al suelo. Se deshacen por el camino. La verdad que es complejo estimar el tamaño, puesto que la mayoría se desintegra al contacto con la atmosfera”.

Ya, pero ¿cómo uno sabe cuándo es un meteorito y no una roca cualquiera?

“Una vez que uno hace la observación y el detector lo identifica, se pueden hacer algunas muestras químicas que se le aplican a los meteoritos para poder tener la certeza de que sí lo son. Por ejemplo, está el meteorito metálico que puede parecer cualquier roca, pero uno lo pule (en una de sus caras) y luego le aplica ácido nítrico con alcohol y eso nos permite reconocer unas manchas que se llaman líneas Widmanstatten -se llaman así por el personaje que las descubrió llevaba ese apellido- y es como el adn del meteorito. Un meteorito metálico que no tenga esas marcas no es meteorito. Claro que también existen otros tipos de meteoritos que no las tienen, pero son muy difíciles de encontrar”.

Líneas de Widmanstatten

¿Cómo se busca un meteorito?

“La ciencia de esto, como muchas otras actividades, es la paciencia, además de la buena vista, caminar mucho y todo se hace caminando, pues es la mejor manera de tener buenos resultados. Cuando estamos en el desierto estamos casi una semana, mínimo 5 días y te aseguro que la mayoría de las veces no encontramos nada. Como así también hemos encontrado hallazgos súper afortunados, como cien meteoritos en una sola pasada”.

¿Y los meteoritos los tienen para colección o también para joyería?

“De todas las piezas que encontramos algunas se van para la colección, que son para las exposiciones y las otras las destinamos a joyas. Y estas son caras porque son joyas exclusivas. Por ejemplo, una joya de oro todos saben lo que cara que puede costar a llegar, pero es una joya muy común. En cambio, no todos tienen acceso a una joya de meteorito”.

¿Y tienen meteoritos de otros países, uno marciano, por ejemplo?

“Tenemos meteoritos de todo el mundo. La gracia de esto es que con los caza meteoritos de otros lugares vamos intercambiando rocas y tenemos meteoritos de los cinco continentes. Incluso uno de los más famosos, el que cayó en Rusia, el Chelyabinsk, en los Urales, cerca de Ekaterimburgo, rompiendo cristales y causando miles de heridos. Y las joyitas de nuestra exposición son unos meteoritos que son de la Luna y uno marciano. Y se le llaman así porque cayeron de la luna y de Marte. Y son carísimos, los más valiosos. Toda la gente que se dedica a alguna actividad de este tipo tiene como su sueño y en el caso nuestro, la máxima es poder encontrar algún día un meteorito lunar o marciano. Y ahí estamos hablando de muchos millones de pesos. Uno cuando sale al desierto sale con la esperanza de poder lograr un marciano o lunar, y que si bien acá no tendrá ese valor, al menos alcanzará para financiar una expedición”. 

"Ahora estoy dedicado con todo a la búsqueda de meteoritos, aunque la idea fundamental también es poder es acercar a la gente, las escuelas. Tenemos una invitación de recorrer Chile, a todos los Mall Plaza con una exposición que vamos a llevar. Ya hemos hecho exposiciones en Copiapó, en Calama y la primera semana de noviembre vamos a estar en La Serena”, dice Jorge Monsalve

Tras varios años de exhaustivo trabajo, los objetivos para Jorge Monsalve se están cumpliendo. Porque feliz cuenta que fue invitado a España para conocer el museo de meteoritos de las Islas Canarias y también existe otra invitación para ir a visitar el museo universitario del meteorito que se encuentra en Marruecos y donde tiene contemplado vivir la experiencia de recorrer el Sahara buscando meteoritos.

Y claro, en una de esas encontrarse en esa actividad con uno de sus máximos referentes, el exsoldado norteamericano Mike Farmer, cazador que encontró un meteorito lunar de casi medio kilo y cuyo valor fue de casi un millón de dólares.

 

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