• El teniente Latorre vestido de uniforme en el frontis de la Séptima Compañía, que hoy lleva el nombre del mártir. Foto: El Día
  • En la Séptima Compañía atesoran una de las poleras que el comandante Varela solía usar durante los entrenamientos. Foto: El Día
  • Fue el 25 de diciembre del 2012 cuando sucedió la tragedia en las canchas de la CORDEP, que enlutó a la institución. Foto: El Día
Hoy se cumplen cuatro años desde la trágica muerte del Eduardo Varela Ramos, recordado oficial del Cuerpo de Bomberos de La Serena, quien dejó de existir tras un fallido salto en paracaídas que realizó disfrazado de Viejito Pascuero durante una fiesta navideña. Pero nadie ha podido olvidar su paso por la institución, no sólo por su ejemplo como voluntario, sino también porque fue trascendental en su crecimiento, fundando la Séptima Compañía, que hoy lleva su nombre.

Es 25 de diciembre del 2012 y las canchas de la CORDEP se llenan de color. Tras meses de preparación finalmente está viendo la luz la gran fiesta organizada por el Cuerpo de Bomberos de La Serena, donde cientos de voluntarios junto a sus familias concurren para celebrar la Navidad.

La jornada ha sido tranquila, sumamente alegre, y el objetivo de unir a quienes día a día dan su vida por salvar las vidas de otros parece haberse cumplido.

Pero falta el acto final. La guinda de la torta, o esa estrella en la parte más alta del árbol, que ejemplifique el punto más sublime de la celebración.

Y ahí está él. Escondido para que la sorpresa lo siga siendo. Son las 16:30 horas y llega el momento de preparar la hazaña.

El helicóptero se encuentra en posición y el disfraz de Viejito Pascuero listo para que se lo calce el más valiente de todos.

Y es Eduardo Varela - quién otro- el que será el protagonista del show. Experto excomando del Ejército y bombero “desde siempre”, días atrás decidió que saltaría en paracaídas vestido con el traje del personaje navideño para sorprender a todos los niños que están en el lugar.

Nada podía salir mal. La experiencia del comandante del cuerpo de voluntarios es prenda de garantía.

Se sube a la nave, asciende. Varela ve a sus amigos desde lo alto, piensa en su madre Liliana, la que estaba temerosa de que realizara el salto y a la que prometió llamar por teléfono apenas entrara en contacto con la tierra.

17:15 horas y nada puede salir mal. Dedo pulgar hacia arriba del piloto del helicóptero, dedo pulgar hacia arriba de Varela. Ojos hacia abajo, decisión, y el salto.

 

LA NATURALEZA MANDA

Todo normal, al principio. El comandante Varela volaba, como tantas veces. Sin embargo, de un momento a otro la naturaleza jugó una mala pasada. El viento cambió de dirección abruptamente y el bombero perdió el control de la caída.

Sus compañeros más experimentados lo observaban desde las canchas de la CORDEP y de inmediato se dieron cuenta de que algo extraño sucedía, por lo que corrieron al lugar en donde supuestamente Varela debía aterrizar e intentaron distraer a los niños para que nada los alterara.

Las cuerdas del paracaídas se entrelazaron de manera tal que hicieron imposible que el experto en este tipo de hazañas pudiese retomar el control, y sucedió lo inevitable. El comandante cayó e impactó violentamente contra el suelo, ante la conmoción e incredulidad de sus compañeros. Murió el hombre y nació el mártir, la leyenda.

 

UNA VISIÓN Y UN PROYECTO

Hoy se cumplen exactamente cuatro años desde el trágico  episodio y el legado de Eduardo Varela continúa intacto.

De hecho, dejó uno tangible y está en el sector de Las Compañías de La Serena. Allí se encuentra la Séptima Compañía de Bomberos de La Serena, la que fue fundada por el propio Varela en el 2010, y que ahora lleva su nombre. 

Según relata su amigo, quien por entonces era superintendente de Bomberos, Cristián Martínez, con esta acción el mártir demostró ser un visionario. “Él tenía esa característica, desde siempre. Yo lo conozco desde el colegio, cuando decidimos entrar juntos a los bomberos y ya era así, además tenía esa forma de ser, que le gustaba hacer cosas a través de la unión, de la solidaridad. Así mismo fue cómo se gestó esa fiesta de Navidad, donde por primera vez participaban los voluntarios de todas las compañías y sus familias, y también fue así como hace algunos años él se dio cuenta de que el sector de Las

Compañías estaba creciendo explosivamente, comenzó junto a otros voluntarios a gestionar el que se instalara la Séptima Compañía de bomberos en este sector. En esto participaron bomberos de varias compañías, es decir, aglutinó a todos en pos de una causa y se logró salir adelante con este proyecto que hoy funciona perfectamente y le sirve a mucha gente. Ahí se vio una actitud marcada de amistad, de solidaridad, de fraternidad para prestar un servicio.  Todo nació desde una persona y se vio concretado en los carros, en las instalaciones, en los equipos”, manifiesta Martínez. 

 

EN LA SÉPTIMA

Martes por la tarde y en la Séptima Compañía sólo está Diego Latorre, quien con 24 años, es teniente primero de la unidad. Conoció a Eduardo Varela y asegura que para él todavía es difícil recordar aquel fatídico momento en el complejo Cordep, donde también se encontraba presente ese 25 de diciembre hace 4 años, pero siente orgullo de pertenecer a la compañía que él fundó. 

“Cuando falleció él era director fundador de esta compañía. Todos sabían lo importante que fue para  él que naciera, por eso es que nadie dudó en que llevara su nombre después de lo que pasó”, cuenta Diego, en el patio del recinto bomberil. 

Asegura que haber convivido con Varela le dejó valiosas enseñanzas. “Lograr conocerlo y trabajar con él, fue algo que aquí a los más jóvenes nos marcó mucho. Era tanta la disciplina que él infundía y a la vez la solidaridad entre los voluntarios que ahora uno lo recuerda y es inspirador. Se hacía respetar de inmediato, marcaba presencia, pero después te ibas dando cuenta de que era una persona llena de carisma, culto, buen director y buen bombero”, relata el joven. 

 

UN FORMADOR

El joven bombero también hace hincapié en la vocación formadora que tenía el comandante Varela. “Él era un verdadero profesor con nosotros acá, y claro, yo supongo que eso lo llevaba en la sangre porque también hacía clases de prevención de riesgos en la Universidad. Acá nos enseñaba mucho, si nos tenía que retar nos retaba y bien firme. Era un guía y hasta el día de hoy nosotros lo recordamos a él para poder hacer las cosas de la mejor manera posible”, concluye Latorre.

 

LOS RECUERDOS

En el 2013, cuando se conmemoraba un año de la muerte del comandante Varela, diario El Día conversó con la madre del bombero mártir, Liliana Ramos. 

Ella relató cómo fue el día previo al accidente de su hijo quien estuvo la Nochebuena en su casa. “Llegó acá a la casa como a las nueve (…) No había avisado nada y se quedó a cenar”, contó la madre, en esa oportunidad. 

Esa noche, el tema de conversación fue uno solo, el acto que Varela realizaría al día siguiente en CORDEP. “Estaba muy entusiasmado con eso que iba a hacer porque era algo para unir a los bomberos y a las familias. Además se le había ocurrido a él mismo. Ya andaba acá probándose el traje de Viejito Pascuero (…) Lo que pasa es que ya había saltado con el disfraz una vez y había tenido problemas con el gorro, entonces me pidió que se lo cosiera para que le quedara más ajustado. Yo lo hice”, agregaba.

Y cuando el traje estuvo listo hubo un hecho que al día siguiente cobraría sentido y que en ese momento constituyó un presagio de lo que pasaría. “Venía de la pieza con su traje y venía moviendo los brazos. Ahí me dijo, ‘Mamita, voy a volar así por el aire, me voy a caer y me voy a morir’, yo me quedé en silencio un rato, pero después lo reté harto por decir esas cosas. Ahí me abrazó y me dio un beso y me dijo que eran bromas. Al final, no fue tan broma”, relató Liliana. 

 

 

A 23 AÑOS DE UNA TRAGEDIA SIMILAR

Pero la tragedia del comandante Varela no fue la primera de estas características que ha ocurrido en la Región. Resulta que el 27 de diciembre de 1993, en el balneario de Totoralillo, en pleno lanzamiento de la campaña turística, el experimentado paracaidista Hernán Dubó falleció luego que no se le abriera el paracaídas y chocara violentamente contra el mar.

Al igual que el comandante Varela, Dubó era experimentado en la materia. Este hombre había sido instructor de la escuela de paracaidismo La Serena- Coquimbo durante 15 años.

En aquella oportunidad también la tensión se adueñó de quienes presenciaron la dramática escena. Y es que el paracaidista intentó por todos los medios que su aparato se abriera, sin embargo no le fue posible.

Aquella situación generó polémica, ya que según se consignaba en la prensa de la época, la Armada no habría tenido una actuación afortunada y habría demorado cerca de 15 minutos en llegar a socorrer al deportista y el rescate duró cerca de una hora. Esa vez, el gobernador marítimo de la época, Jorge Ahumada, no habría reconocido deficiencias en su actuar. Aunque se declaró sin responsabilidades en la muerte de Dubó, sin embargo, señaló que “el helicóptero se confundió cuando intervino porque vio primero la marca que se encontraba cerca de Las Tacas”, sostuvo.

 

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