Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
El 26 de agosto del 2019 la vida de la familia Rojas Méndez cambió para siempre. El menor de los hijos, Benjamín (14) fue atropellado por un camión cuando se retiraba del Colegio Adventista, donde cursaba octavo básico. No le dieron más de 72 horas de vida y fue inducido a un coma para poder ser intervenido. Hoy ya está en su casa junto a sus padres y hermanos. Aunque con ayuda, ha vuelto a caminar y poco a poco recupera el habla. Contra todo pronóstico lucha por volver a ser el que era.

Lo que la ciencia no puede explicar, sí lo puede la fe. Para la familia Rojas Méndez, lo que ha ocurrido con el más pequeño su hogar, Benjamín, es implemente un milagro, como una retribución divina por no haber vislumbrado nunca un final sin esperanza, sino al contrario, haber tenido una esperanza sin fin. Siempre, incluso en los momentos más complejos, cuando la tormenta arreciaba y las grietas hacían tambalear la vida de su hijo, vieron la luz a través de ellas y nunca decayeron. 

El peor día de sus vidas 

El 26 de agosto del 2019 el sol iluminaba como nunca, pero para Benjamín Rojas fue el más oscuro. El adolescente de 14 años, se levantó como siempre a las 6:30 de la mañana. Era inicio de semana y en la casa ubicada en La Cantera, Coquimbo, todos retomaban sus actividades habituales luego de dos días de descanso y alegría en familia. El padre, Alejandro, la madre, Lorena Méndez, y su hermana Julissa (21), estaban en pie a la misma hora, para trabajar e ir a la universidad. Él debía llegar al Colegio Adventista, donde había estudiado desde siempre. Era su segunda casa. 

Todos se sentaron a la mesa, desayunaron y luego don Alejandro, chofer de la locomoción colectiva, se encargó de dejar a cada uno donde se desempeñaba. Benjamín fue el primero en despedirse. Un beso a cada uno de los que iban en al automóvil, la bendición de la madre y el ingreso al recinto ubicado a un costado de la Ruta 5 Norte. Bajó del móvil, de un salto, y avanzó al trote rumbo a su salón. Fue la última vez que lo vieron correr. 

Las horas transcurrieron, y el inefable paso del tiempo convergió con la tragedia. A eso de las 16::00 horas, “El Benja”, salió de clases y  se aprestaba a regresar a su hogar. Como todos los días tenía que cruzar la carretera para esperar el microbús que lo llevaría de vuelta a su casa, pero esta vez no pudo emprender el camino. 

El menor se encontraba todavía en la calzada junto a otros compañeros, cuando un camión aljibe que iba de norte a sur realizó una maniobra inesperada. Luego que intentara esquivar a otro automóvil que frenó abruptamente, se desvió en dirección a los alumnos. Todos alcanzaron a escapar, menos Benjamín quien fue embestido por la máquina de alto tonelaje quedando gravemente herido, al borde de la muerte. 

Una lucha incansable

A partir de ahí comenzó la lucha. En el dolor, cada momento se volvió eterno. Los padres recibieron la noticia pocos minutos después cuando desde el propio colegio una voz temblorosa llamó a don Alejandro avisándole que algo grave había ocurrido con su hijo y que debían dirigirse al Hospital San Pablo de Coquimbo. Allí, escucharon las palabras que quedarían grabadas para siempre en su memoria y en su alma. Benjamín se encontraba en coma inducido y sólo 72 horas lo separaban de la vida o la muerte. 

Se encomendaron a su fe. La oración fue el camino que eligieron y cuando pasó el plazo perentorio dado por los médicos, sintieron que sus plegarias habían sido escuchadas. “Somos una familia cristiana, y no podemos atribuir esta recuperación que ha tenido nuestro hijo a otra cosa que al actuar del Señor que ha estado junto a nosotros”, dice Alejandro Rojas, padre del menor, quien nos recibió en su casa a poco más de cuatro meses de aquel episodio que casi termina con la vida de Benjamín, pero que finalmente “lo convirtió en una persona más fuerte”. 

Allí están todos, contentos por lo que dicen ha sido un milagro. Claro, los médicos les dijeron que la recuperación del menor sería mucho más lenta –o no sería-, pero tras 10 cirugías, 5 de ellas cerebrales, Benjamín evolucionó de una forma inesperada, “milagrosa”, y desde el 18 de noviembre ya está en su casa nuevamente junto a los suyos, quienes han cambiado su estilo de vida para dedicarse 100% a él, algo de lo que no se arrepienten ya que en cada pequeño logro del adolescente ven un nuevo triunfo, un paso más desde aquella tormenta hacia la calma, desde la oscuridad de la tristeza a la luminosidad del júbilo. 

Un proceso íntimo 

“Fueron una fiestas muy austeras en familia. Para nosotros lo más importante era estar con ‘Benja’, y así fue. En el Año Nuevo nos asustaba un poco que se quedara dormido, pero aguantó hasta las 12:00, cenó con nosotros, nos dimos el abrazo y se fue acostar”, relata el padre, emocionado al constatar los avances de su hijo quien a su lado lo mira fijo, y realiza gestos como intentando decir algo. “Lo que pasa es que entiende todo, pero todavía no puede hablar, por una cuestión física. Esperamos que en un periodo no tan largo empiece a decir algunas palabras, pero vamos paso a paso”, indica Alejandro Rojas. 

Lo que menos quiere es apresurar las cosas, “ya hemos ido rápido, y estamos contentos por ese regalo”, dice, con su mirada dirigida al pequeño que viste una camiseta de Coquimbo Unido. Muy cerca de ellos, está su señora, Madre de Benjamín, quien deja caer un par de lágrimas, ya no de tristeza. 

Ambos se emocionan al recordar el proceso, cuando tras salir del coma, empezó a dar los primeros movimientos en el hospital, en el momento en que nadie lo esperaba. “Ni los propios profesionales les deban 72 horas de vida a Benjamín, pero luego de eso todo fue avance. Una de las mayores emociones fue cuando una noche nos llamaron del hospital, diciéndonos que habían tenido que contenerlo, porque estaba con muchos movimientos, incluso quería bajarse de la cama”, cuenta el padre. 

No dejó de moverse, comenzó a abrir los ojos permanentemente, y sus familiares comprendieron que pese a que no hablaba, los estaba escuchando. “Fue como tenerlo de vuelta”, cuenta su madre, Lorena, quien, al igual que  Alejandro, ha dejado de trabajar durante este tiempo para dedicarse de lleno a su hijo. 

Ella es quien relata el momento en que volvió a caminar, con ayuda, hasta el día de hoy, pero en su familia están convencidos que con las terapias kinésicas realizadas en la Teletón y en Met Salud, continuará avanzando y logrará volver a desplazarse solo, incluso correr como aquella vez, ese triste día lunes cuando bajó del auto rumbo al colegio. “Los primeros pasos los dio desde la camilla hasta un sillón Berger que tenía al lado. Fue emocionante, porque estaba toda la UCI pendiente. Aplaudieron y se pusieron muy alegres cuando lo logró, fueron cuatro o cinco pasos, ahora ya da los que quiera dar, siempre tomado de la mano”, cuenta la Lorena, quien no puede ocultar su emoción. 

El futuro

Pese a que no existen certezas, en la familia piensan en el futuro de Benjamín siempre de manera optimista. Por lo mismo, ya lo matricularon para este año 2020 en el Colegio Adventista, para no perder el cupo, y aunque saben que no podrá ir regularmente, están convencidos que en algún momento volverá a las aulas nuevamente junto a sus compañeros, con quienes terminará cuarto medio. “Esa es nuestra esperanza y en eso depositamos nuestra fe”, dice Alejandro Rojas, mientras Benjamín comienza a ponerse inquieto. “Lo que pasa es que se aburre, y quiere hacer cosas, eso no lo ha perdido”, comenta su madre, esbozando una sonrisa. 

Poco a poco intentan que el adolescente haga una vida con normalidad, sin presionarlo. Nunca le han tocado el tema del accidente, para no perturbarlo, y hasta el día de hoy no saben si lo recuerda, pero tratan de no pensar en ello, “preferimos enfocarnos en el futuro”, cuenta Lorena. 

Por lo pronto, cada día es un nuevo comienzo. Benjamín se levanta temprano, aunque no tiene horario. “Como duerme con su hermana mayor, ella nos avisa cuando despierta, ahí empieza su día, tomamos desayuno, después ve televisión, hace sus ejercicios, juega Play Station, y está pendiente de Colo-Colo, porque es de Coquimbo, y de Colo-Colo”, relata la madre, y Benjamín vuelve al sillón, a sentarse en medio de su padre y su madre, el lugar donde se siente más seguro, su lugar. 

Dolor latente

En la familia no tienen rencor contra nadie, pero no quieren que lo que le sucedió a Benjamín le vuelva a pasar a otro niño. Por ello, iniciaron acciones legales “contra quienes resulten responsables”. Nada en contra del chofer del camión, ya que dicen, no fue culpa de él, sino de las condiciones de peligro en las que se encontraba –y todavía se encuentra- ese cruce. “Nosotros somos una familia  creyente, y valoramos la actitud del chofer que nos llamó desde el primer momento, y se ha mantenido en contacto con nosotros hasta ahora. Para él, también ha sido súper difícil, de hecho estuvo con tratamiento psiquiátrico. Aquí nosotros apuntamos más a la responsabilidad del Estado, y de las empresas respectivas, que no tenían dadas las condiciones mínimas de seguridad”, expresa Alejandro. 

Le duele que la pasarela todavía no esté instalada. “No me gusta referirme mucho a eso, porque ellos (el Gobierno) han dado sus razones públicamente de por qué se han retrasado. Pero espero que esté antes de que los niños ingresen a clases nuevamente”, expresa el padre de Benjamín, quien ya en la despedida sale a la calle, acompañándonos. Detrás de él, el adolescente caminando de la mano de uno de sus tíos, paso a paso. 

 

 

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