• Héctor Contreras fue guardia papal durante la visita del Papa Juan Pablo II a La Serena. Foto: El Día.
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El Día
El Sumo Pontífice fue anfitrión de un retiro en el ex Club Hípico de Peñuelas, el cual se encontraba ubicado cerca del sector Los Pescadores. Si bien existen pocos registros gráficos del momento, a diferencia de los ocurridos en Santiago, se pueden encontrar muchos relatos que permiten dimensionar la magnitud de su visita.

La visita del Papa Juan Pablo II a La Serena durante 1987 no solamente fue un acontecimiento histórico en sí mismo, sino que también dejó cientos de historias sobre personas que participaron directa o indirectamente de su desarrollo. Uno de ellos es Héctor Contreras, dueño de un taller de cueros en La Recova, todavía recuerda con orgullo que fue guardia papal durante la actividad que el fallecido Sumo Pontífice protagonizó en el Club Hípico de Peñuelas. “Es algo que no olvidaré jamás. Uno de los momentos más importantes de su vida”, sentenció con alegría.

ESCOLTANDO EL PAPAMÓVIL

-¿Cómo fue el proceso de selección de los guardias papales?

“El proceso fue dirigido por un delegado de la iglesia La Merced, por orden del Arzobispado de La Serena. Este organismo pidió a todas las diócesis de la comuna que eligieran a un grupo de personas que los representaría en el acto, entre los cuales tuve el privilegio de participar. Tuvimos dos semanas de preparación, dónde nos indicaron de qué se iba a tratar el tema, cómo debíamos actuar en caso de alguna dificultad. A nosotros nos designaron en el Club Hípico de Peñuelas, lugar que ya no existe. Recuerdo que nos levantamos muy temprano para prepararnos y nos dieron una colación. Éramos puros hombres porque nuestra tarea fue contener a la multitud, formando una pared humana, para lo que había que tener mucha fuerza. La idea era evitar que el Papa pasara algún inconveniente, dado el complicado contexto que vivía el país. Me acuerdo que el papamóvil pasó muy cerca de mí, como a dos metros. Fue algo impresionante”.

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-¿Qué sintió en ese momento?

“Me sentí orgulloso de haber participado. De estar ahí, protagonizando un momento histórico para el país. Para los católicos, el Papa representa a Cristo. Verlo cerca fue una tremenda emoción. Es uno de los momentos más grandes de mi vida. Estar cerca de una persona como él es una historia que pocos pueden contar. Me puse a llorar. No sé si fue la emoción de estar ahí o lo que provocaba en la gente. Permitió liberar mucha alegría que había contenida debido al proceso social que estábamos viviendo. Había mucha rabia y mucha desazón. Yo era joven, tenía 24 años y su visita era una cosa esperanzadora, de que hiciera entrar en razón a todos y construir un país mejor. Estábamos bajo el Régimen Militar y todo se remeció”.

¿Qué efectos cree que provocó su visita?

“Los civiles esperábamos que la Junta se diera cuenta que queríamos un cambio en el país, que dieran un paso al costado. Creo que el Papa lo logró con sus discursos sociales. Le dio esperanzas a un pueblo que ya estaba cansado de la Dictadura. Siento que fue muy inteligente. Él estudiaba mucho sobre los contextos de los países que visitaba y eso le permitía hincarle el diente a los temas que estaban generando divisiones. No era como Francisco. Siento que él vive en otro mundo. Hoy son otros los temas que afectan a América Latina: el hambre y la mala distribución de los ingresos. Creo que hay una dictadura económica, donde muchos tienen poco y muchos tienen poco. También hay descontento de los jóvenes y problemas con el medioambiente. En tanto, los más viejos aún seguimos esperando el chorreo que nos prometieron. También, creo que no se dejó utilizar por Augusto Pinochet. Un ejemplo de ello fue cuando visitó el palacio de La Moneda y salió al balcón a saludar al  público. Detrás de él venía el gobernante, pero siempre supo mantenerle a distancia”.

¿Cómo fue la actividad en el ex Club Hípico?

“Fue un encuentro más espiritual, como un retiro. La Serena es una ciudad muy religiosa: hay muchas iglesias, Fe, espiritualidad y tradición. Eso se vio reflejado en la actividad, porque se danzaron muchos bailes chinos en honor a la Virgen de Andacollo (que son típicos de la Región) y se rezó mucho. No fue como lo que se vio en el estadio Nacional o en la población La Bandera. Fue más para el espíritu”.

MILITARES A LA CALLE

-Después de haber vivido uno de los procesos históricos más complicados del país, ¿qué siente cuando ve  personas pidiendo una nueva dictadura?

“Me da mucha pena, porque mucha gente que lo dice, especialmente en las redes sociales, no vivieron lo que nosotros vivimos. Más tristeza me da cuando es gente que tiene tribuna en los medios de comunicación. Hablan sin saber o porque nunca quisieron saber. Fue una situación donde nadie ganó. Fue como una guerra, cuyas secuelas aún se sienten. Sudamérica no se merece una dictadura. No somos muy radicales en nuestras posturas, como en otras partes del mundo. Somos un lugar donde la Fe Católica es fuerte, tenemos muchos recursos y poca tecnología. Yo cambiaría el lema del escudo nacional y le pondría “Por la Fuerza de la Razón”, no “Por la Razón y la Fuerza”. Es fácil pedir un dictador cuando uno no sabe de lo que habla. La Democracia debe ser siempre la base de la sociedad. Hay que cuidarla, con todos los defectos que tiene y aceptar los diferentes modos de pensar. Un dictador no es demócrata, porque emplea la fuerza sin medir ninguna consecuencia. Los militares deben ocuparse de lo suyo, que es ayudar en las catástrofes y en caso de cualquier otro peligro. Su rol no es gobernar. Eso le corresponde a los políticos, quienes son los primeros que deben cuidar la Democracia. Llevamos más de 30 años tratando de sanar las heridas. ¡Aún hay gente que sufre y quieren un dictador!. Uno puede ser pinochetista, lo respeto aunque no piense así, pero pedir un nuevo dictador, creyendo que solucionará todo, ya es caer en radicalismos que lo único que provocan es dolor, divisiones y privilegios para unos pocos.

UNA BODA QUE CASI NO SE REALIZA

A pocos kilómetros del Club Hípico, mientras Héctor se disponía a vivir uno de los momentos más importantes de su vida,  una feliz pareja se preparaba para un acontecimiento especial. No era la visita del Papa, sino el hecho que estaban a horas de unir sus vidas para siempre. Se trataba de Clara Avilés y su esposo Luis Armando. En su trigésimo aniversario, recordó lo difícil que les fue concretar el sacramento debido a la escasez de sacerdotes por la actividad, donde era anfitriona la máxima autoridad de la Iglesia Católica.

“Teníamos hora para el 4 de abril a las 9 de la noche en la capilla San Pedro de Coquimbo. Debido a la visita del Papa, recuerdo que hubo un fuerte incentivo para que las personas contrajeran el Bautismo y la Confirmación, por lo que ya días antes era complicado encontrar un sacerdote”, recuerda, agregando que, a pesar de este contexto, decidieron llevar a cabo la ceremonia.

“Llegamos a la capilla y empezamos la ceremonia. Sonó la marcha nupcial y subimos al altar. Estuvimos casi 10 minutos esperando y no pasaba nada. No llegaba el sacerdote. Posteriormente, nos avisaron que Peñuelas preparándose para el Retiro Papal y nos ofrecieron cambiar el día de la boda. Nos opusimos y otro padre que llevaba horas confesando gente, se hizo un tiempo y nos casó. Hicimos la fiesta en la casa de mi tía y recuerdo que se veían los botes decorados con flores esperando al Papa.  Fue una anécdota que recordaré por siempre”, indicó. 

UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE 

Silvia Poblete es profesora y fue una de las serenenses que tuvo el privilegio de ver a Juan Pablo II mientras transitaba por Plaza de Armas, movilizado en el conocido papamóvil. Poblete recuerda, emocionada, que asistió al lugar junto con sus padres, quienes ya no están con ella y tiene aún presente las emociones que la figura del santo, de origen polaco, provocó en ese fugaz momento: "La visita del Papa Juan Pablo II,ha sido para mí y mi familia uno de los acontecimientos inolvidables. Fuimos a la Plaza de Armas. Toda la ciudad se volcó a las calles por donde sería su recorrido. Desde temprano llegamos a la Plaza, en calle Prat. Era una gran fiesta. Desde que el avión en que venía, surcó el cielo serenense, la emoción se anidó en todos los corazones de los miles que estàbamos ahí. Luego, la espera de unos 30 minutos la expectación creció. La alegría, las lágrimas y la emoción fue infinita cuando apareció en el Papamóvil, su mano en alto y su sonrisa quedaron grabadas en nuestras retinas. Para mí es un lindo recuerdo, yo estaba ahí con mis padres. Ellos ya no estàn, pero seguramente están conversando con el querido Papa Juan Pablo II", manifestó.                         
 

 

 

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