• En calle Anfión Muñoz constantemente está llegando gente en situación de calle a dormir. Según dicen los lugareños, no son los mismos y rotan permanentemente.
  • Luis Wilson tiene 64 años y ha sido un trotamundos. El destino lo llevó a terminar viviendo en las calles. Ahora, su sueño es juntar dinero para ir a ver a su familia al norte del país.
  • Su nombre es Gustavo Ricardo González, aunque en la calle lo llaman simplemente “Pablo”. Algo arisco con la gente, de igual forma pide ayuda ya que estas últimoas semanas el frío ha sido demasiado.
  • Miguel Ángel duerme en un pequeño ruco bajo el Puente El Libertador, pero cada mañana se instala en calle Brasil, frente a Diario El Día, para tomar desayuno.
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El Día
Pese a que aún no comienza el invierno, durante la semana pasada una ola polar azoló a la región. Ahora, las lluvias se aproximan. ¿Qué pasará con las 490 personas que viven en situación de calle en la zona? Conversamos con algunos de ellos, conocimos sus historias y pidieron ayuda. Mientras tanto, desde al Gobierno y el municipio intensificarán los programas, aunque se reconoce que estos no solucionan el problema de fondo. De hecho, ayer en Coquimbo, hubo una persona fallecida.

“Pablo” no estaba. Fuimos a buscarlo a calle Anfión Muñoz con Benavente, donde, según aseguró un reportero ciudadano, pernocta hace más de un año, en un rincón aledaño a una construcción.

Queríamos hablar con él. Durante la semana, una ola polar azoló a la Región de Coquimbo, y la comunidad se conmovió con la historia de este hombre no vidente, quien pese a su discapacidad, se las arregla para transitar por la ciudad durante el día y ganarse la vida de alguna manera, y luego volver allí, al rincón que donde se pone a resguardo cada noche, en medio del frío.

“Tenía mi esposa, mis hijos. Pero así son las cosas del destino, al principio por lo menos podía ver a mis hijas, pero después ya perdí todo contacto y no las veo hace como 20 años”, Miguel Ángel Orellana, persona en situación de calle.

Pero no lo encontramos. En su lugar había un carrito de comida y su dueña nos comentó brevemente que si queríamos dar con él, teníamos que venir antes de las 8 de la mañana, hora en la que el hombre ordena sus cartones, mete su única frazada en una mochila y sale a caminar por La Serena. “Yo no tengo ningún contacto con él, es muy apático y agresivo”, consigna la señora, dueña del negocio de comida.  

La pobreza frente a nuestras narices

No nos desanimamos. Volveríamos otro día, cuando sí estuviera “Pablo”, el solitario indigente, pero apareció Miguel Ángel Orellana y cambió el destino de nuestro reporteo. Nos habíamos empecinado con el hombre no vidente, pero no es el único que por estos días tiene que sufrir los embates del mal tiempo. Miguel Ángel tiene 60 años, y lleva 25 en situación de calle. Asegura que el último tiempo ha sido el más crudo porque cada otoño-invierno se siente más frío y porque su cuerpo “averiado” tras varios accidentes, resiste mucho menos que antes cualquier esfuerzo.

Duerme a orillas del río, bajo el Puente El Libertador, donde tiene su ruco, pero todas las mañanas llega a sentarse cubierto con su frazada a calle a Brasil justo en frente de nuestro medio. Allí, muchos lo ven, pero pocos lo miran. Él, lo único que espera es juntar “algunos pesos” para comprarse un pan con jamón “donde la Bernarda” y esperar que alguien le regale un café caliente, y cargado, para comenzar el día.

Su vida no siempre fue así. Fue su adicción al alcohol lo que lo llevó a perder todo. “Tenía mi esposa, mis hijos. Pero así son las cosas del destino, al principio por lo menos podía ver a mis hijas, pero después ya perdí todo contacto y no las veo hace como 20 años”, relata Miguel Ángel, con los ojos vidriosos, y un evidente hálito alcohólico. “Tomo, tomo bastante”, consigna, sin que se lo preguntemos, agregando que, “es lo único que te hace olvidar un poco el dolor y aguantar los inviernos”.

Don Luis, el trotamundos

Recuperamos la fe y volvimos a buscar a “Pablo”. Pero el camino no sería tan sencillo. Luis Wilson de 64 años, estaba al paso y su historia también habla de calle, hambre y frío. El hombre estaba en calle Prat, disfrutando de los pocos rayos de sol que ese día viernes por la mañana asomaron a eso de las 08:00 am, para no volver más en todo el día. “Siempre me gustó andar por las mías”, relata, y hasta hace poco dormía al frente de la Primera Comisaría de La Serena, pero ya no aguantó más, y en la última semana ha recurrido al albergue del Hogar de Cristo. “No pude soportar las bajas temperaturas, porque como usted me ve ahora. Yo lo único que tengo es una frazada y una mochila”, cuenta el hombre, quien en ese momento padece un fuerte resfrío, e interrumpe la conversación con su ronca voz.

“No pude soportar las bajas temperaturas, porque como usted me ve ahora. Yo lo único que tengo es una frazada y una mochila”, Luis Wilson, persona en situación de calle.

Asegura que nunca tuvo hijos ni se casó, y que su única familia está en Iquique. Se trata de un hermano y una hermana que no tienen la más mínima idea de las precarias condiciones en las que vive. “Ellos saben que uno siempre ha sido medio loco. Si me fui re chico de mi casa, pero ahora los echo de menos y ojalá pueda ir a verlos pronto. He dejado un poco el copete para juntar mis monedas y poder ir a la fiesta de La Tirana, donde ellos siempre van”, cuenta, siempre con una sonrisa que antecede una preocupante tos.

“Pablo para el mundo”

Al final pudimos dar con él. El mismo día en que nos habían dicho que sería imposible ubicarlo. Pablo estaba sentado sobre la vereda en calle Balmaceda, donde se juntan los negocios funerarios. “Soy pablo para el mundo, pero mi nombre es Ricardo Gustavo González, anote bien mi nombre”, dice, con un tono de enojo, evidente. Lo que pasa, dice “Pablo”, es que estas últimas semanas, su pequeño rincón en Anfión Muñoz con Benavente, no le ha resultado tan acogedor, primero por el frío y también porque alguien le estaría haciendo ‘la vida imposible’. “Me sacan los cartones que yo tengo que poner abajo, de mis frazadas, mi saquito de dormir, y me los botan. Ahí tengo que volver a buscar cartones. Le pido por favor a las personas que me están robando las cosas que paren”, dice, nervioso, moviendo su bastón de lado a lado con una de sus manos, mientras con la otra come una empanada de queso que le regalaron en el negocio de enfrente.

La vida de este serenense no ha sido fácil, como ninguna de quienes viven su realidad. Pero “Pablo” no se victimiza y es orgulloso a la hora de hablar del destino que le tocó. Asegura que nunca le ha pedido nada a su familia, ni tampoco lo haría, porque en su momento no lo apoyaron, sobre todo cuando falleció su padre hace dos años. “Yo había estado viviendo con él, pero cuando murió llegaron mis hermanos y un tío y me echaron. Desde ese momento que yo no quiero nada con ellos, me las arreglo solito”, dice, con voz firme.

Pero la calle no era un lugar desconocido. Ya que desde los 12 años que la recorre solo. Tuvo una esposa y dos hijos, a quienes tampoco ve hace mucho tiempo, según él, porque “su madre le metió cosas en la cabeza sobre mí”.

490 personas en situación de calle existen en la Región de Coquimbo.

La vista le fue perdiendo de a poco. Fue ayudante de soldador, lo que se sumó a una diabetes. Todo influyó en que sus ojos sufrieran secuelas. “Lamentablemente ya no puedo ver nada. Si hubiese tenido mi vista, no estaría aquí”, dice el hombre de 50 años.

Una realidad difícil de combatir

Las vidas de Miguel Ángel, Luis, y “Pablo”, no son poco comunes. Casos como los suyos, van en aumento en Chile y en particular en la Región de Coquimbo. Según cifras de la Seremía de Desarrollo Social, en la zona existen 490 personas en situación de calle, aproximadamente 70 más que en el 2013.

Pero así como ha aumentado el problema, las soluciones también han crecido, al menos para este año. Marcelo Telias, Seremi de Desarrollo social, explica que el Plan de Invierno se ha potenciado con rutas sociales, albergues y rutas médicas las que efectuarán de manera permanente desde la primera quincena de junio, durante 60 días, y no como era antes, cuando sólo se realizaban si la temperatura bajaba de los cuatro grados.

Además, se ha ampliado la cobertura en albergues, llegando a cubrir La Serena, Coquimbo y Ovalle, con 20 cupos extra durante el periodo de tiempo que dura el Plan Invierno, en las tres comunas. “Estos puntos estarán ubicados en otros sectores de las comunas, más allá de los albergues que ya existen. En estos momentos estamos estudiando los lugares, pero la comunidad los conocerá en su debido momento”, explicó.       

Pero, más allá de la contingencia, Telias sabe que el problema es mucho más de fondo, y la solución requiere de un trabajo mucho más integral. “El 70% de las personas que cae en situación de calle, lo hace por un quiebre emocional, esto quiere decir que lo que debemos buscar es mejorar la vida de las personas, sabemos que no es fácil, pero ese es el gran desafío, formando mesas de trabajo con Senda, con el Hogar de Cristo y con el voluntariado”, manifestó.

Municipio a cargo de las rutas

Como ejecutantes del Programa Calle, el municipio de La Serena, en conjunto con la Seremia de Desarrollo Social, presta cobertura a unas 80 personas que no tienen donde vivir. Así lo explica Judith Alfaro, coordinadora del Programa, quien, además de eso expresa que este año, tomando en cuenta que “el invierno se adelantó”, ya comenzaron con las visitas en terreno a la gente para entregarles lo que denominan “ropa de primera piel”, es decir frazadas y camisetas. “Obviamente, cuando comience el programa invierno esto se intensificará. Con grupos que saldrán en la mañana a entregarles el desayuno a estas personas y la cena durante las tardes”, aseveró Alfaro.

La deuda pendiente

El jefe de operaciones zonal del Hogar de Cristo, Gonzalo Cortés, está consciente de que “existe una gran deuda con la gente en situación de calle”, que va mucho más allá de los planes de invierno. “Nosotros valoramos lo que se hace cada año con la seremía de desarrollo social, pero siempre debemos enfatizar en que el trabajo tiene que ser permanente y tienen que involucrarse todos los actores”, precisó.

Respecto a por qué cree que el problema va en aumento, Cortés, está convencido de que las principales causas radican en la desvinculación familiar, y la depresión que en algunas personas pueden repercutir en situaciones como alcoholismo o drogadicción. “Lo bueno es que el tema hoy es más visible, lo tenemos más presente en los medios de comunicación, pero todavía no es suficiente. No basta con un plan, hay que abordar el tema integralmente, porque no sacamos nada con tener más hospederías, sino vamos al porqué las personas llegan a estos lugares”, expresó Cortés, dejando claro que todavía falta mucho por hacer. 

Un triste final en Coquimbo

Mientras realizábamos este reportaje, la mañana de ayer sábado conocimos la lamentable noticia. De acuerdo a la información policial, una persona en situación de calle fue encontrada muerta en el parque ubicado frente al Hospital San Pablo de Coquimbo, en calle Videla. Se trataría de un hombre de edad avanzada cuyo cuerpo fue hallado bajo el bandejón. Sin duda un triste final que ninguna de las 490 personas que viven en la indigencia en la región, merece tener.

 

El “Patiperros” pide colaboración

Desde el colectivo ciudadano “Patiperros”, quienes se dedican a ayudar a la gente en situación de calle durante todo el año, hacen el llamado a los privados, a que colaboren con ellos para que puedan seguir desarrollando su labor. “Sabemos que el municipio y la seremía hace sus cosas, pero nosotros estamos todo el año y no tenemos financiamiento, para entregarle la ayuda a la gente, por eso le pedimos a quienes puedan contribuirnos, se comuniquen con nosotros al número +56982820515”, solicitó

 

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