• El matrimonio de Carlos Erler y Rita Baldessari cuenta cómo han enfrentado estos años tratando de hacer justicia tras la agresión que le cambió la vida a uno de sus hijos y a toda la familia.
Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
El 14 de diciembre del 2013 marcó para siempre a la familia Erler- Baldessari cuando uno de los hijos, Mario, fue agredido en el Casino Enjoy por el futbolista Carlos Escobar y un grupo de amigos. Tras el episodio, Erler perdió el 85% de la visión en uno de sus ojos y el recinto de juegos negó cualquier tipo de responsabilidad.

La sensación en la familia Erler Baldessari no es de felicidad, mucho menos de triunfo. Pese a que el Tercer Juzgado de Letras de Coquimbo acaba de condenar a la sociedad Campos del Norte S.A. (Casino Enjoy) a pagarles una indemnización de 160 millones de pesos por concepto de daño moral luego de la agresión sufrida en diciembre del 2013 por Mario Erler Baldessari en las dependencias del recinto de juegos, los padres del joven, Carlos Erler y Rita Baldessari, se sienten cansados y decepcionados del sistema judicial chileno.

Y es que han sido más de cuatro años de lucha que, según relata el matrimonio en exclusiva a diario El Día, les permitieron ver desde dentro cómo funciona un sistema de justicia que “ampara a los delincuentes y no protege a las víctimas”, y que además, se torna “extremadamente clasista y desigual”, aseguran ya que están convencidos de que si ellos no hubiesen tenido los recursos económicos para seguir las acciones legales, soslayando todo tipo de trabas burocráticas y “subterfugios legales que utilizaba la empresa demandada”, que los obligaron a viajar, dejar de trabajar por importantes periodos de tiempo y desembolsar una buena cantidad de recursos en tramitaciones, nunca hubiesen obtenido algún tipo de resultado. 

Por eso se cuestionan, ¿qué pasa con la gente que no tiene estas posibilidades? En este sentido, Carlos Erler es categórico.

“Si esto le pasa a una familia de clase media, todo queda impune y la víctima, con la magnitud de la lesión que sufrió mi hijo en su ojo, simplemente lo hubiese perdido”, asegura. 

UNA LARGA HISTORIA 

“Es increíble cómo la vida te puede cambiar en un par de segundos”, es lo primero que dice Rita, la madre de Mario, cuando comenzamos la conversación junto a ella y Carlos, su esposo y padre del joven agredido. 

Les duele recordar el comienzo de esta dura prueba que han tenido que enfrentar. Fue 14 de diciembre del 2013 cuando la que iba a ser una de las noches más especiales para Mario Erler, quien por ese entonces tenía 17 años, terminó de la peor manera. Salía de la discoteca Ovo –ubicada al interior del Casino Enjoy- donde celebraba junto a sus compañeros de cuarto medio el término de su etapa estudiantil.

La noche había sido normal hasta que se produjo una riña de proporciones en la que Mario terminó pagando los platos rotos sin tener nada que ver. Claro, uno de los que sí participaba en la pelea era el  futbolista Carlos Escobar. Sin mediar provocación alguna uno de los acompañantes del deportista se acercó a Erler  y lo golpeó con un vaso de vidrio en el rostro, hiriéndolo gravemente en uno de sus ojos, provocándole, a la larga, la pérdida del 85% de la visión.  

Y es que nadie lo socorrió. Según declararon los guardias del recinto, no estaban autorizados para llevarlo al herido a un recinto asistencial. “¡Me vas a decir que eso es humano!”, cuestiona Carlos Erler, quien todavía no comprende “cómo una empresa tan grande no tenía protocolos ante este tipo de emergencias”.

De hecho, los funcionarios tenían prohibido incluso llamar a la ambulancia y fue una amiga de su hijo quien se comunicó con el servicio de Urgencias cuando lo encontró herido.

“Es algo que no se puede creer, de verdad. Cómo no va a haber un director responsable, alguien que aplique criterio más allá de cualquier reglamento cuando es una vida la que está en juego”, expresa Erler. 

Su esposa, al lado, asiente con la cabeza y agrega que esta crítica es independiente de que se trate de su hijo. “Aunque hubiese sido un delincuente el que está herido, si no se le presta el auxilio, claramente hay un actuar negligente, porque hay un deber moral de por medio”, asegura. 

La familia hubiese entendido que se produjera un error de procedimiento en el momento. Sin embargo, desde la casa de juegos nunca lo manifestaron, ni a ellos, ni a través de algún comunicado público. De hecho, en los más de cuatro años jamás han recibido el llamado de alguien por parte de la empresa.

“Nunca se acercaron ni preguntaron siquiera por la salud de Mario (…) Se trata de una persona, y más allá de lo que determinaran después los tribunales, el que no existiera esta preocupación dice mucho de ellos. Uno no entiende cómo una empresa que se dedica a brindar entretención y seguridad se desentiende así y trata de evadir todo tipo de culpas”, insiste el empresario Erler. 

NUNCA PERDIERON LA ESPERANZA

“Sabíamos que iba a ser un proceso largo, y lo fue. Pero nunca dudamos en seguir adelante con nuestras acciones legales”,  sostiene una convencida Rita Baldessari, quien en todo momento estuvo consciente que enfrentarse a Enjoy no era cualquier cosa.

Sin embargo, cuenta que desde que decidieron “dar pelea” asumieron que sería hasta el final. “Nos hicimos la promesa de que todo lo que tuviésemos que hacer, lo haríamos. Había y hay un tema de convicción muy fuerte”, enfatiza. 

La imagen corresponde a una captura del video
registrado por las cámaras de seguridad del recinto
donde se produjo la riña. CEDIDA

 

“A LOS AGRESORES NO LES IMPORTÓ NADA”

La batalla contra el Casino en busca de justicia, fue sólo una parte de la historia, pero la lucha anterior para lograr que los agresores recibieran alguna sanción también fue larga, aunque finalmente la condena fue la mínima. “Es increíble, porque nosotros incluso llegamos a un acuerdo con la defensa, pero el juez resolvió otra cosa y las penas que recibieron fueron las más bajas”, detalla Erler. 

No quedaron conformes, pero fue lo que consiguieron en cerca de dos años y medio de audiencias, trámites y de tener que lidiar con los victimarios, algo que sin duda los fue mermando psicológicamente, aunque no renunciaron. “Nosotros somos corajudos”, dice Rita Baldessari. Claro, admite que la perseverancia hizo posible lograr al menos una pena remitida, ya que “todo estaba a favor de ellos”, remarca. 

En este sentido, Carlos Erler hace hincapié en lo que considera son “falencias del sistema judicial”, que, asegura, facilitarían la impunidad.

“Copiamos un sistema del extranjero para el que no estamos preparados culturalmente. Un sistema garantista en el que las víctimas y los victimarios entran por la misma puerta a las audiencias. A nosotros nos insultaban, nos amenazaban. Yo me pongo en el lugar de otras personas que quizás sucumben ante el miedo que infunden los delincuentes y dejan de ir al tribunal. En esos casos, el juicio se termina y no hay culpables”, critica. 

En ese momento, Erler tenía un programa de reinserción laboral en su empresa, donde daba trabajo a individuos que habían estado privados de libertad y asegura que ellos le dijeron textualmente cuál sería la sentencia para los individuos que golpearon a su hijo, una muy baja, por lo que le ofrecieron “ajusticiarlos” por su cuenta.

“Cuando supieron lo que pasó, se acercaron dos de ellos y me alertaron que si es que llegaban a recibir alguna pena, sería muy baja en relación al daño causado así que lo mejor era que ellos cobraran. Por supuesto yo les dije que no porque esa es una labor de la justicia y ellos no tenían por qué arriesgarse, pero lo sorprendente fue que lo que salió después del tribunal, precisamente lo que me comentaron”, relata. 

MOMENTOS DE PAZ 

Tras tanto tiempo transcurrido y con el proceso penal y civil a cuestas, lo que más valora Rita, la madre de Mario Erler, tras la sentencia del Juzgado de Letras de Coquimbo, es que se conozca públicamente la verdad y se esclarezcan los hechos de aquel 14 de diciembre del 2013, ya que desde Casino Enjoy nunca reconocieron la más mínima responsabilidad. De hecho, sostiene que en su minuto intentaron dar vuelta la situación culpando a su hijo de lo sucedido.

“Por fin hay una verdad que se hace pública, porque además de lo poco humanos que ellos fueron al no prestarle ayuda, dijeron que Mario se había expuesto temerariamente, que él fue a buscar el peligro. Eso nos dolió, entonces el que la verdad ya esté sobre la mesa es tal vez lo que más importante”, sostiene. 

“UN SISTEMA DESHUMANIZADO PARA LAS VÍCTIMAS”

“En Chile el sistema te obliga a ir a probar que te hicieron daño, a ti como víctima, y debería ser que el delincuente fuese a probar su inocencia”, dice Carlos Erler, criticando explícitamente la presunción de inocencia que impera en Chile desde la puesta en marcha de la Reforma Procesal Penal.

“Es una idiotez tremenda lo que tenemos hoy. Aquí pueden haber cámaras que registran que alguien está golpeando a algo a otro o que está robando, pero si no se cumplen ciertos requisitos el tipo es inocente aunque estemos viendo que no lo es. O sea, nos estamos auto engañando de una manera espantosa. Yo estoy totalmente desilusionado del sistema penal y del civil”, asevera.

 

RECONSTRUYENDO LA VIDA

Los padres del joven, quien en la actualidad  tiene 23 años y estudia en la Universidad Adolfo Ibáñez en Santiago, se emocionan cuando hablan del proceso interno que le tocó vivir. Aseguran que se trata de un tema del que no habla. Ha ido levantándose psicológicamente, pero todavía falta y en momentos, sobre todo el primer año tras la agresión, decayó completamente.

“Antes de esto él era muy alegre, jovial, el chistoso del grupo, pero después se fue para adentro. De hecho, el primer año de universidad no salió a ninguna parte”, cuenta Carlos Erler, y Rita lo ratifica. “Perdió esa chispa que tiene todo joven por harto tiempo”. 

Pero no tiene dudas de que en la medida que los procesos vayan terminando, las heridas también sanarán y la reciente resolución del tribunal es un paso importante para ir “reconstruyendo su vida”, y no sólo la de Mario, la víctima directa, sino también la de toda una familia cuya vida cambió hace cuatro años y medio y que, poco a poco vislumbra algo de justicia en un sistema que ellos califican como “garantista, hecho a la medida de los delincuentes y desigual”. 

Fue en el Tercer Juzgado de Letras de Coquimbo, donde los magistrados ordenaron indemnizar a la familia por concepto de daños morales.

ESTO NO TERMINA

Tanto Carlos Erler como Rita Baldessari piensan que desde Enjoy apelarán a la sentencia. Dicen estar cansados, pero preparados en el caso de tener que continuar con el proceso. “Hemos llegado demasiado lejos como para flaquear ahora”, coinciden ambos. 

Diario El Día intentó contactarse con la empresa, pero prefirieron no referirse al tema y sostuvieron que los abogados están analizando el fallo y que por ahora no tienen nada más que comentar.

 

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