• Esta imagen muestra la casa donde se perpetró el crimen y la visita de los magistrados que sustanciaron la causa, suceso donde todos emitían su opinión por lo complejo de resolver. Foto: Archivo El Día
  • De esta manera diario El Día informó la primera vez del caso que conmocionó a la comunidad serenense. Foto: Archivo El Día
Cinco décadas se cumplen del hecho policial que sacudió a la entonces provincia de Coquimbo en diciembre de 1966 y que fue caratulado como el crimen perfecto. Hoy entregamos un adelanto del libro del periodista Eleazar Garviso que retrata la historia de este caso que aún sigue remeciendo a la sociedad serenense.

La Navidad  de 1966  se transformó en  una verdadera tragedia. Diario El Día que  se publicaba en tamaño mercurio  sólo alcanzó a colocar en portada  una pequeña nota con dos fotografías. Se trataba del caso  de Chacra Julieta que  tuvo  como escenario el sector de lo que hoy es calle Las Higueras y  Gabriel González Videla. En una modesta vivienda asesinaron a una madre y dos  hijas. Por años, el  suceso policial copó la agenda periodística  y con el tiempo se transformó  en el crimen perfecto. Nunca se encontró al o los culpables. No obstante, el hecho está instalado  en la sociedad serenense. Cuando hoy se cumplen  cinco décadas  de su  desarrollo, presentamos un adelanto del libro  del periodista Eleazar Garviso donde  se develan algunos  pasajes de este caso.   El trabajo  está en su etapa  de edición final y será presentado oficialmente en la próxima feria del libro de La Serena. 

 

LA NAVIDAD QUE SE TRANSFORMÓ EN TRAGEDIA

“La tarde  del 24 de diciembre de 1966  Dagna Olivares había decidido  salir al centro de La Serena y el trabajador de la familia, Alejandro  Macaya, se quedó con las niñas Silvia (11) y Miriam Gálvez Olivares (5). 

Fue  en  ese encuentro en que se encontró con su hermano Sergio Olivares.  Se transformó en el último familiar que vio a Dagna. 

Se toparon en la Alameda  esquina O’Higgins. “Estaba sola, yo iba en el camión de mi padre, me ofrecí a dejarla en su casa por lo que me detuve y llegué con ella hasta la casa. No me bajé pues me retiré en el mismo vehículo en cuanto se bajó. Divisé a las niñitas desde el camión, no vi a nadie más en la casa”. 

Durante este corto viaje se colocó de acuerdo para venir a buscarla al día siguiente y llevarla con sus hijas a Algarrobito a casa de sus padres, donde celebrarían el cumpleaños de una de las menores.  Quedó de pasarla a buscar entre las 14:00 y las 16:00 horas. El encuentro nunca se pudo concretar. 

El  24 de diciembre de 1966, alrededor  de las 14:00 horas, el peoneta de la familia Gálvez-Olivares, Alejandro Macaya, estaba regando un cuartel de papas cuando vio salir el camión de su patrón  y Lino Gálvez en dirección a Andacollo. Macaya terminó de trabajar a las 16:00 horas y después de lavarse  se cambió ropa poniéndose un pantalón verde oscuro, sweater azul y zapatos negros. Salió al centro y se dirigió al teatro serenense donde vio las películas Tiqui El Tiburón y Tierra  Amarilla.  Cuando le quedaba tiempo,  el cine era uno de sus pasatiempos preferidos.

La menor Silvia Gálvez  Gajardo  (10)  y su hermana Miriam (5) se durmieron el 24 de diciembre  de 1966 como de costumbre pasadas las 20:00 horas. Lo mismo hizo su madre Dagna Olivares (33) en su dormitorio  de la casa de Chacra Julieta, en lo que hoy se conoce como Las Higueras y Gabriel González Videla. Se durmieron con la inocencia de esperar al Viejito Pascuero  y celebrar  al día siguiente  el cumpleaños de  Silvia donde su abuelo Juan Olivares, en la localidad de Algarrobito. 

Cerca de las 22: 30 horas, Dagna se levantó para atender a su esposo, Salvador Gálvez (31), que venía llegando de la localidad de Andacollo en su camión, donde había viajado trasladando pasajeros a la fiesta religiosa de la Virgen Morena. Era el primer viaje de una serie que tenía planificado para esta festividad.

Dagna se levantó en bata y con  zapatos. Gálvez tocó primeramente la ventana para señalarle que era él. Se trataba de uno de los acuerdos cuando llegaba tarde. Dagna era demasiado miedosa. La vivienda no tenía luz eléctrica y sus habitantes se alumbraban sólo con velas. Le preparó cazuela y le acercó pan.

Gálvez pidió agua caliente para lavarse los pies. Mientras cenaba despertó una de sus hijas y entablaron un corto diálogo. Sería el último. A las 22: 30  horas Gálvez  se despidió de su esposa  y ayudó a trancar  las puertas y dejar todo cerrado. Sin quererlo, este episodio se transformó en la última reunión familiar de los Gálvez-Olivares. En  la madrugada  del 25 de diciembre de 1966, la tragedia se ensañó en este hogar.  Desconocidos  asesinaron despiadadamente a Dagna y  Silvia y la pequeña Miriam quedó  gravemente  herida. Al final no soportó  la profundidad de las lesiones  y se transformó en la tercera  víctima. El desconsuelo era total. Se empañaba una Navidad que había  comenzado auspiciosa. 

Mientras en la mayoría de los hogares de los habitantes de la provincia de Coquimbo abrían los regalos y un gran porcentaje visitaba a la ‘Chinita’  en la fiesta religiosa de Andacollo,  donde  los Gálvez- Olivares comenzaba una lucha judicial que buscaba saber la verdad de lo ocurrido.  

El caso  no fue fácil.  De hecho, han pasado 50 años y aún no se resuelve. El asesinato  de la Chacra Julieta se transformó en el crimen perfecto y todavía continúa en la impunidad. Pocos entienden qué ocurrió  para no haber llegado a una solución. Este sangriento hecho policial marcó a una generación y aún en los hogares de La Serena se hacen recuerdos soterrados del crimen. 

Durante más de seis  años  hurgamos en los archivos periodísticos y cotejamos datos, versiones judiciales, declaraciones policiales como una forma de entregar  un relato que se acercara a lo que efectivamente  ocurrió. 

Durante cinco décadas, la comunidad se quedó con la versión que apareció en los medios de prensa  y sobre todo la radio y los diarios. Sin embargo, existe una  radiografía judicial que dista mucho de la que apareció en los medios. 

¿Quién fue  el  o los culpables del crimen?, ¿Qué fue lo que realmente sucedió?, ¿Por qué ni la policía de Investigaciones ni Carabineros lograron despejar y aclarar uno de los crímenes más alevosos de la década de los ’60?. Todavía esas preguntas están  sin respuesta y  continúan siendo un enigma. 

Al profundizar  en el caso  50 años después se puede advertir que la comunidad  sólo conocía una parte de lo que se ventilaba en los tribunales. 

La noticia del crimen golpeó a la Provincia de Coquimbo y empañó una Navidad que los niños esperaban con ansias.

Los vecinos se transformaron en los primeros testigos de la masacre y quienes prestaron las primeras ayudas, pero al mismo tiempo  en quienes

presenciaron las imágenes más crudas. 

También los intentos de ayudar y salvar vidas terminaron contaminando el lugar del suceso y eliminaron  pruebas claves. 

 

TESTIMONIOS DE LOS MÚSICOS HÉROES

Leonel Fernando Godoy (36)  era director de  orquesta y la noche del 24 y madrugada del 25 de diciembre de 1966 actuaba con su conjunto en la boite Neptuno.  Su  presentación terminó cerca de las 05:00 de  la mañana y en su motoneta se dirigió a su casa. En el camino encontró a su amigo, también músico, Lorenzo Pérez (38) con domicilio en los  huertos familiares del sector La Pampa y que actuaba en el conjunto orquestal del Anexo Las Cuatro Esquinas.

Como un gesto solidario lo llevó en su moto. Cuando se internaban por la calle Gabriel González Videla, a la altura de la Chacra Julieta, dos parejas que no representaban más de veinte años de apellido Ledezma los hicieron detener y les explicaron que en la casa que tenían al frente salía mucho humo por las ventanas y el entretecho. 

Los seis se dirigieron a la vivienda construida de bloques de cemento y con techo de zinc. Uno de los jóvenes golpeó fuertemente la puerta principal, pero nadie salió a atender. Tampoco escuchó que hubiese persona alguna. Solamente percibieron unos quejidos en el interior del inmueble. Fue el momento en que uno de los jóvenes empujó una ventana que se encontraba semi abierta y desde ahí observaron que la pieza era un dormitorio de donde salían llamas, “y vi a una mujer que estaba acostada y que se quemaba.

Tenía todo el rostro tostado y debido al humo no se podía observar nada más. Me dio la impresión de que la mujer movía los dedos de su mano derecha”, relató  Godoy.   

 

 

 

Contenido relacionado

- {{similar.created}}

No hay contenido relacionado

Cargando ...

 

 

 

 

 

 

Diario El Día

 

 

 

X