Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
Antes de la emergencia jamás imaginaron que llegarían a vivir en un campamento, sin embargo la falta de empleo y la necesidad los llevó a priorizar y a dejar sus hogares para poder alimentarse. Se trata de 20 familias que desde abril se han ido instalando a un costado del cementerio de Las Compañías, en un nuevo asentamiento llamado "El Triunfo", quienes viven sin luz ni agua y sueñan con un futuro mejor.

Han sido miles las personas que durante este año han perdido su fuente laboral producto de la crisis económica provocada por la pandemia, quienes han debido ajustarse a vivir con lo mínimo y a priorizar la alimentación de sus hijos antes que el pago de un arriendo.

“Somos alrededor de 20 familias que hemos llegado desde abril de este año hasta la fecha como  consecuencia de la crisis económica que trajo la pandemia, nosotros no llevamos años en La Varilla, llegamos porque no tuvimos otra opción” relató Nayarett Toro, presidenta de la Organización Comunitaria El Triunfo.

Tres veces a la semana, y cada vez que pueden, arman ollas comunes para ayudarse entre sí, aunque están sin recursos, ni trabajo, comparten lo poco que tienen y se mantienen a flote gracias a la solidaridad y el apoyo que se dan entre ellos y que han recibido de familiares y amigos que les hacen llegar de vez en cuando.

Han vivido estos meses en la ilegalidad, lo saben, pero admiten que no tienen más alternativa, es eso o la calle y lamentablemente con niños pequeños la calle deja de ser una opción.

Pese a que hoy cuentan con un techo para dormir, el lugar no tiene acceso a electricidad ni agua, por lo que durante las noches se mantienen en completa oscuridad, quedando expuestos a cualquier situación y sin posibilidad de conectar dispositivos eléctricos.

El hecho de no contar con energía ha impactado no solo en la cotidianeidad y el diario vivir, sino que en el proceso educativo de los cerca de 20 niños, niñas y adolescentes de la toma, quienes no han podido participar regularmente de las clases ni hacer las guías y ejercicios producto que no tienen internet ni tampoco cómo cargar o enchufar el celular y computador.

“Para nosotros como padres es muy doloroso y no tenemos dinero para comprar paneles o acceder a electricidad y tomamos la decisión en conjunto como organización El Triunfo de no hacer transacciones ilícitas ni robar electricidad, no vamos a incurrir en ese delito porque queremos hacer las cosas bien” agregó Toro.

Tampoco cuentan con agua potable, algunas familias tienen los contenedores para comprar agua al municipio, mientras que otras mantienen el recurso vital en tarros, botellas o como pueden almacenarla.

Han golpeado puertas, tratando de contactarse con diversas autoridades para ver cómo se puede canalizar algún apoyo o postular a algunos de los beneficios implementados por la crisis sanitaria, por lo que están en proceso de organizarse y de sacar su Registro Social de Hogares.

Desde el Gobierno Regional recibieron la visita de un asistente social, así como cajas de alimentación para todos en el campamento, lo que agradecen, sin embargo admiten que su gran preocupación son los suministros, tanto de agua como eléctrico.

“No porque estemos aquí queremos vivir de mala forma, algunos recibieron su 10% y con eso tenían dos opciones, tomar ese dinero y arrendar una casa, pagando el mes de arriendo y la garantía ¿pero después que si no hay trabajo? Entonces lo que hicieron las personas fue tomar ese dinero y lo invirtieron para tener una mejor calidad en vivienda y estar aquí el tiempo que se nos permita pero dignamente” agregó Nayarett.

Bienes nacionales

Desde Bienes Nacionales, la Seremi Giannina González confesó que han estado permanentemente fiscalizando la situación de las tomas que tanto a nivel regional como nacional se han incrementado últimamente.

Admitió que ha estado en terreno visitando las familias y conociendo su realidad pero que específicamente desde el campamento El Triunfo no ha recibido audiencia de su vocera por lo que no está al tanto de la situación de esas 20 familias.

Sin embargo ha recorrido otras partes  de La Varilla donde ha sido testigo de la dificultad de quienes por la crisis han debido tomarse terrenos de forma ilegal, “también hemos encontrado familias que tienen doble vivienda o quienes están vendiendo o arrendando propiedad fiscal, donde eso es un delito” agregó.

En esos casos está coordinándose con la Gobernación de Elqui para realizar un procedimiento abreviado y así desalojar  a quienes hagan mal uso de los terrenos, no obstante, durante la crisis sanitaria aseguró que no dejaría a ninguna familia de la región en la calle.

Ahora bien, respecto a la posibilidad de normalizar esos terrenos para que puedan ser usados y contar con factibilidad de agua o energía, la Seremi indicó que no era posible, ya que se trataba de un terreno que no era apto para la ejecución de ningún proyecto habitacional, sino que para proyectos productivos.

Municipalidad

Una situación que no sería particular de ese sector admitió el delgado municipal de Las Compañías, Pedro Valencia, quien señaló que los últimos meses la situación de los campamentos se había agudizado producto de la pandemia.

“Como municipio no podemos apoyar mucho porque no podemos consolidar algo que es ilegal, pero lo que nos ha pedido el alcalde, por un tema social y de salubridad, es que apoyemos, y lo primero que nos solicitó fue ver como podíamos hacer entrega de agua, especialmente ahora por la pandemia.

Empezamos con un servicio de instalación de tolvas para que las personas pudieran sacar su basura y a partir del jueves de la semana pasada comenzamos con un servicio de retiro de residuos con una caja compactadora con un camión de la basura a través de un circuito que recorre todo el campamento” explicó Valencia.

“Desde la oficina de inmigrantes del municipio se ha estado atendiendo a las familias extranjeras que hay en el sector y hemos estado apoyando en  la gestión de los beneficios que han estado llegando como las cajas de alimentación y postulaciones a bonos” indicó Valencia.

Por otro lado, desde Desarrollo Social y Familia, el Seremi Marcelo Telias  explicó que “estamos realizando un trabajo coordinado con diferentes servicios para vincular a las familias de nuestra región con la Red de Protección Social, que ahora tiene incluso una página web www.proteccionsocial.gob.cl, y con mayor razón a quienes están en una situación de vulnerabilidad. En tal sentido, es fundamental el Registro Social de Hogares para acceder a los beneficios del Estado y poder postular a  los diferentes apoyos que brinda el Gobierno. Nuestra labor es ser el nexo entre las personas y las políticas sociales”.

Gleider Arenas

Junto a su esposo e hijo de 19 años fueron los primeros en llegar al campamento en abril de este año. “Para nosotros la crisis empezó en octubre”, confesó.

Con el estallido social su pyme de aluminio y vidrios se vino abajo y ocuparon todos sus ahorros en arriendo.

“Tuvimos la posibilidad de venirnos a una toma, nos ha tocado difícil pero al menos no tenemos la preocupación de pagar un arriendo. Sobre el agua solo quienes tenemos bidones podemos comprar y al que no tiene se le colabora y en energía nos apoyamos con luces y cargadores solares”.

Además del viento y la arena, lo más complicado ha sido vivir estos meses sin luz, “mi hijo es becado de la universidad y le ha tocado muy difícil porque no hay electricidad ni internet”.

Han sido meses complejos para ella y su familia y admite que ha llorado al ver lo que le ha tocado vivir, “nadie quiere vivir en circunstancias tan precarias, pero hemos sabido sobrellevarlas. Ni siquiera contando la gente puede entender lo que es vivir en estas circunstancias”.

 

Nayarett Toro

Fue la segunda familia en llegar a El Triunfo, como decidieron llamarle a la comunidad que han formado. Nayarett, chilena y conductora radial,  ha sido fundamental dentro de la comunidad, ha organizado, golpeado puertas por lo que se convirtió en la presidenta de la agrupación.

Antes de la crisis vivía junto a su pareja e hija en una casa donde pagaban arriendo amoblado y cuando con su pareja quedaron sin empleo, gastaron sus ahorros en arriendo, pero se les agotaron, en mayo de este año, tuvo que irse junto a su familia al campamento.

“Llegó el punto en que había que decidir si seguir pagando arriendo o comer, como muchos quedamos cesantes tomamos la decisión de venirnos para acá, somos familias diferentes, cada una tiene su historia”.

Llegó solo con su ropa y tuvo que empezar de cero, la ha pasado pésimo,  confesó,  “mi hija no ha podido seguir estudiando, tuve que hablar con el colegio para ver si le hacían alguna guía porque ella no tiene acceso a internet”.

 

Pilar Neira

“Es difícil no tener la comodidad de la luz de no poder ducharse o usar un baño de forma normal, es complicado” confesó Pilar, quien llegó de Colombia hace dos años y medio con su esposo y dos hijos escapando de la agresividad y guerrillas de su país y en busca de un futuro mejor.

Antes de la pandemia su marido trabajaba en Tierras Blancas en un negocio donde vivía junto a su familia, pero al perderlo quedaron en la calle, por lo que llegaron a la toma en el mes de junio, lugar donde admite ha encontrado tranquilidad y estabilidad para sus hijos de 13 y 17 años, a quienes más les ha tocado acostumbrarse, especialmente por las clases, puesto que no tienen como cargar los celulares ni acceder a internet.

“En cuanto a lo académico es un poco frustrante para ellos al no tener la posibilidad de estar en una clase ni poder conectarse” admitió, pese a eso dice estar agradecida de haber encontrado a la comunidad El Triunfo, con quienes se ha apoyado y ha trabajado en conjunto especialmente en los momentos de mayor necesidad”.

 

Deyanira Rincón

Es venezolana y antes de la crisis se desempeñaba como cajera, perdió su empleo hace seis meses y desde que fue despedida, tanto su marido como ella han buscado oportunidades sin resultados favorables.

Lleva tres meses en la toma, donde vive junto a su marido y su pequeño hijo.“Primero se vino mi esposo, construyó y como a los quince días llegué con mi hijo, mis sobrinas, no teníamos como sostener un arriendo mensual, no podíamos por lo que nos vinimos para acá”.

Admite que antes de la pandemia ya era complejo para los extranjeros, pero con esfuerzo y dedicación era posible, sin embargo las cosas han cambiado y las oportunidades cada día son menores.

Así como el resto de la comunidad una de sus mayores complicaciones ha sido no contar con energía eléctrica, lo que afecta principalmente a su hijo quien no ha podido conectarse en estos meses a clases.

“No tenemos un computador y el celular se descarga muy rápido. Para cargarlo es difícil porque tenemos que estar trasladándonos y no siempre se puede”.

 

 

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