Crédito fotografía: 
Comunicaciones hospital de Coquimbo
Hombres y mujeres que tenían una vida normal, de la noche a la mañana pasaron a sufrir las dolorosas consecuencias físicas y emocionales de la pandemia. Se trata, desafortunadamente, de una tendencia que va al alza a nivel regional y obliga a la población más activa a tomar conciencia de respetar las medidas y extremar los cuidados para así no arriesgar a quienes los rodean.

Muchos jóvenes, antes de leer esta nota, se imaginarán que la pandemia del Covid-19 es lejana, que sólo se ve a través de  balances diarios y afectando sólo a adultos mayores. Lo cierto es que está mucho más cerca de lo que piensan, pues según cifras actualizadas cerca del 50% de los hospitalizados de la Región de Coquimbo tienen menos de 35 años. Por lo tanto, la pandemia se ha hecho mucho más real para un grupo etario que creía que sólo se trataba de una fantasía.

Por el contrario, existen testimonios que nos demuestran que la pandemia es real e incluso la muerte puede estar más cerca de lo que creemos.

 

No se la dan a nadie

Patricia Yáñez, de sólo 38 años, sigue en proceso de rehabilitación en el Hospital San Pablo de Coquimbo. Sin embargo, ha debido pasar por momentos críticos. “Todo partió en Andacollo porque me contagié a través de un familiar, lo que pasó a finales de febrero. Me hice el PCR a inicios de marzo y me avisaron el día 6 de esta situación. Luego, comencé a tener todos los síntomas posibles: vómitos, náuseas, dolores de cabeza. Pedí que una ambulancia me fuera a buscar a mi casa, porque saturaba muy bajo. Estuve hospitalizada durante unos tres o cuatro días y fui trasladada hasta Coquimbo”, recordó.

Cuando llegó al puerto, inmediatamente fue intubada, por lo que debió disponer de una cama UCI. “Perdí la noción del tiempo, incluso en más de una oportunidad me sacaba los tubos. Incluso, tuvieron que colocarme una sonda en la nariz. Ahí estuve muy grave, y lo más complicado, es que empecé a tener delirios, pesadillas y una gran desorientación”.

Cabe destacar que posteriormente, y con gran dolor, pudo ir mejorando y así pasó a la Unidad de Tratamiento Intermedio, donde logró una mejor saturación y actualmente, se encuentra en rehabilitación, lo que ha sido lento y paulatino. “Esto, de verdad no se lo doy a nadie, porque uno teme que lo puede perder todo. En mi caso, a mi marido y mis hijos”, aseguró.

 

Se pudo evitar

Paola Muñoz, de 35 años, también vivió momentos que fueron una verdadera película de terror. Y también sabe cómo llegó a contagiarse: asistió a un culto religioso.

“El día 28 de febrero comencé a sentirme mal, y partí a la Clínica Elqui, porqué pensé que era un resfrío, pero resulté positivo por Covid-19 tras hacerme el examen. No pasaron muchos días y comencé a sentir molestias en el pecho y no podía respirar. Me llevaron de Urgencia al Hospital de Coquimbo el día 7 de marzo y me trasladaron a la UTI, donde permanecí cerca de 10 días, con una cánula de alto flujo. Los primeros días estuve boca abajo, y pese a que no llegué a la UCI, y afortunadamente no fui intubada, pasé momentos muy duros. El estar en buena condición y no tener enfermedades de base es algo muy importante, que creo que cualquier persona, no sólo las personas mayores, deben entender”, subrayó quien estuvo internada hasta el 18 de marzo.

Quien también está casada y es madre de dos hijos, por suerte ya está en casa, pero debe seguir asistiendo a controles médicos y usar inhaladores para mantenerse. “Les digo a todos que de verdad se cuiden, porque esto no es una broma. Los primeros días realmente no se siente nada, por eso no deben confiarse y preocuparse de cada detalle”.

 

A cualquiera le puede pasar

Willy Huerta, serenense de 30 años, quien es kinesiólogo al igual que su señora, también vivió una situación de gravedad el año pasado, durante los primeros meses de la primera ola en la Región Metropolitana. “Se dio una situación desafortunada, porque ella fue a realizar una atención a domicilio, y ahí lamentablemente se contagió”, nos comentó.

Posteriormente, debieron pasar semanas encerrados, en una especie de departamento dúplex. Si bien, afortunadamente no tuvieron que ser hospitalizados, sí es claro en su análisis. “A mi me quedaron importantes secuelas al respirar, lo que no esperaba. Yo nunca tuve enfermedades de base, pero en alguna época de mi vida tuve un importante sobrepeso, por lo que le insisto a los jóvenes como yo que entiendan que esto no es broma y te marcará de por vida”, nos contó desde Europa, donde reside en la actualidad.

 

La importancia del cuidado desde la medicina

El doctor Héctor Ugarte, médico jefe de la UCI del Hospital de Coquimbo, aseguró que “es más fácil que los mayores se contagien por su reserva biológica. En el caso de los pacientes más jóvenes, casi siempre tienen patologías agregadas y dentro de ellas, una muy importante es la obesidad, que es considerada como una enfermedad. Así, los campos pulmonares son más pequeños y se inflaman más.  A esto se suma la diabetes, cuya incidencia se ha hecho cada vez mayor en personas jóvenes, que en otros casos cuentan con patología pulmonar previa, no necesariamente asma bronquial”. Juan Añazco, coordinador de pacientes críticos del Hospital de La Serena, señaló que se “trata de un fenómeno global, donde incluso en nuestra realidad hemos tenido pacientes de 24 años intubados y en estado grave, más otros tres que bordean los 30 años  y otros dos por sobre esa edad. Esto no se vio en el primer brote de la pandemia, porque el agente infeccioso hoy es mucho más agresivo y hay conductas irresponsables”.

 

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