• Este comportamiento está normalmente asociado a problemas emocionales y psicológicos. Crédito: El Día
  • Durante la temporada estival aumenta el consumo de bebidas energéticas por parte de los adolescentes. Foto: Nicole Muñoz.
Las potentes campañas publicitarias han posicionado al producto como la gran alternativa para revitalizar el cuerpo luego de extensas jornadas de trabajo o estudio. Además, se ha transformado en el ingrediente favorito a la hora de preparar tragos frescos en época veraniega

A casi cuatro años de la muerte de un menor de 17 años, quien falleció al interior de la discoteque Equinox en Guanaqueros – como consecuencia de un edema pulmonar, que en su momento se asoció al consumo de alcohol con bebidas energéticas - especialistas alertan sobre los efectos colaterales de ingerir de manera irresponsable este tipo de productos, especialmente durante la temporada estival, que es cuando se identifica un aumento de su consumo por parte de los adolescentes.

En conversación con El Día, la nutricionista Aranzazu Jugo se refirió al real efecto que tienen las bebidas energéticas en el organismo, explicando que “sus ingredientes y dosis están muy poco reguladas y varían de acuerdo a la bebida específica, pero en general los efectos relacionados al exceso de cafeína y taurina (efecto estimulante) pueden ser aumento del estado de alerta, y por lo tanto insomnio, reducción de fatiga, agitación psicomotora, y aumento del gasto energético en reposo, entre otros”.

“Me gusta porque te da energía, te da la sensación de andar más despierto, especialmente en época de exámenes en la universidad. Además, cuando vas a una fiesta y tomas un trago con energética no te da sueño”, cuenta Natalia Jara, joven de 24 años que reconoce un consumo regular de este tipo de bebidas que llegaron a Chile el año 2001 y desde ese momento, se han convertido en un boom entre los adolescentes.

Sin embargo, según señala la especialista, el abuso de este popular producto se vuelve un escenario preocupante cuando “en algunos casos se ha descrito un aumento de la presión arterial y frecuencia cardiaca, alza del azúcar en la sangre, generación de nauseas, molestias gastrointestinales, dolores de cabeza, arritmias e incluso convulsiones”, consecuencias que en la mayoría de los casos son desconocidas por sus consumidores, quienes no están conscientes de las posibles repercusiones de ingerir ciertos componentes químicos.  

Asimismo, pese a que sostiene que la información científica sobre sus efectos a largo plazo no es concluyente, cuenta que “un promedio de consumo mayor a 350 ml diarios a mediano y largo plazo, se ha relacionado con conductas impulsivas”, las que se traducen en la constante búsqueda de nuevas sensaciones y experiencias, perdiendo la noción de riesgo y mesura.  

Las potentes campañas publicitarias han posicionado al producto como la gran alternativa para revitalizar el cuerpo luego de extensas jornadas de trabajo o estudio. Además, se ha transformado en el ingrediente favorito a la hora de preparar tragos frescos en época veraniega, pero ¿cuál es el peligro de combinar alcohol con bebidas energéticas? Al respecto, la doctora Aranzazu Jugo explica que “el alcohol disminuye la metabolización de los componentes de las bebidas energéticas, por lo tanto aumenta el tiempo y la magnitud de su efecto en el organismo”.

En este sentido, es enfática en señalar que “no deben ser combinados”, agregando que “estudios han descrito que esta mezcla puede aumentar las conductas impulsivas y de riesgo en quienes la consumen, entonces considerando sus potenciales riesgos y efectos adversos, lo ideal es reducir al máximo o eliminar su consumo. Las personas que usan vías alternativas de relajación, llevan una dieta equilibrada, cuidan el sueño y el consumo de productos procesados, no necesitan consumirla”.

Buscan Intensidad

Sobre la percepción social del consumo de estas bebidas, Isabel Puga, psicóloga y académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central, indica que “el consumo de éstas se da principalmente en los jóvenes, quienes buscan sentirse más activos y con mayor capacidad para mantenerse despiertos. Lo que buscan en realidad es sentir más intensamente, por eso las consumen en situaciones sociales: encuentro con amigos, fiestas, y muchas veces mezcladas con alcohol”.

El producto se instaló en el mercado bajo el concepto de mayor energía, lo que se condice con las representaciones actuales de ser joven, “las que están asociadas a aprovechar al máximo las oportunidades, lo que provoca que sea más fácil llegar a los excesos porque se relativizan los riesgos. También está la percepción de que a mí no me va a pasar nada, lo que demuestra una mirada egocéntrica. Más allá de los efectos nocivos derivados básicamente de la cafeína, el problema es que beber recurrentemente va a generar adicción”.

En relación a por qué las personas comienzan a consumir estas bebidas, la profesional asegura que “así como otras adicciones, este comportamiento está normalmente asociado a otros problemas emocionales y psicológicos de las personas tales como: tendencia a la depresión, inseguridades, fobias sociales, por tanto muchas veces encubre problemáticas que son de base en las personas y que requieren tratamiento. En este sentido, lo más importante es prevenir en la familia: con la comunicación; con las habilidades para la vida; en cómo se resuelven las situaciones”.

¿Qué sucede cuándo la adicción se sale de control? “En ese caso, hay un segundo nivel de prevención que implica intervenciones psicológicas y psicoterapia, a las que normalmente una persona llega porque la misma familia o personas cercanas se dan cuenta de que estas con dificultades. Y, debido a que este consumo excesivo provoca problemas de salud, en un tercer nivel, son los centros de salud los que derivan a las personas a las áreas de adicción”, concluye.

Mayor Riesgo

Un informe desarrollado por el Comité Científico Asesor de Seguridad Alimentaria de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, detalla que aquellos grupos que no deben consumir bebidas energéticas son las mujeres que están embarazadas o amamantando, niños, personas con trastornos cardiovasculares o neurológicos. Además, destaca que no se debe consumir para reponer líquidos porque la cafeína tiene efectos diuréticos que aumentan el riesgo de deshidratación. 

 

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