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Efe
Una nueva materia prima permite generar una alternativa 100% amigable al ambiente, la que ya empezó a captar el interés del mercado mundial. La firma a cargo del proyecto explicó de qué se trata la iniciativa y el positivo impacto que podría significar para el planeta.

Islas de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados se han formado producto de las grandes cantidades de plástico que flotan en la costa oeste de Estados Unidos y en la isla de Hawái. Una masa de materiales nocivos que incluso supera al tamaño de países enteros, como Francia,  y que plantea un desafío mayor para el cual el mundo aún no tiene solución definitiva.

Según las cifras de Greenpeace, son alrededor de 12 millones de toneladas de basura las que llegan al mar cada año. Las bolsas, botellas y utensilios de plástico son los principales elementos que se han encontrado, una situación que resulta preocupante, si consideramos que este tipo de materiales pueden tardar hasta unos 500 años en biodegradarse.

De forma paralela a los mensajes para “crear conciencia”, diversos investigadores han buscado la mejor fórmula para aportar en la batalla contra la contaminación. En este escenario, y cambiando la fórmula del plástico derivado del petróleo, la empresa chilena Solubag ha logrado crear un material totalmente amigable con el ambiente.

Su composición le permite biodegradarse a los 10 minutos de entrar en contacto con el agua, dando paso a la posibilidad de fabricar bolsas comunes, que parecen de plástico y cumplen la misma función, pero que en realidad no lo son, evitando así la necesidad de reciclaje para no ser contaminante.

Cómo funciona

El secreto está en el polivinilo alcohol, un elemento que sustituye al polietileno, que fue creado para desarrollar una materia prima que se puede utilizar en las mismas máquinas que actualmente se utilizan para fabricar las bolsas de plástico, por lo que el proceso además es fácil de aplicar.

¿Por qué es soluble? El jefe de operaciones de Solubag, Roberto Astete, explicó en entrevista con Agencia EFE que “al contacto con el agua, la cadena molecular de este material se abre, permitiendo que se transforme en agua y CO2”. Así, en agua fría, una bolsa fabricada con esta composición tarda unos 5 minutos en disolverse por completo.

Incluso, en agua caliente o salada, la reacción de la materia es inmediata y el resultado además es totalmente inocuo para el organismo, por lo que los investigadores no dudan en beberse el agua resultante de la disolución cuando han tenido que presentar su innovadora idea a sus pares.

¿Y si no se disuelve? En la eventualidad de que la bolsa hecha de este material no entre en contacto con el agua, tampoco contamina. El producto se destruye en el medioambiente de forma natural por acción de bacterias, el sol y la humedad en aproximadamente medio año, muy lejos de los cinco siglos que demora una bolsa de plástico.

"Si esta bolsa pasa a un vertedero o a un relleno sanitario se va a destruir igualmente. Pero te damos la posibilidad de ser la persona que cambie y delimite cuánto tiempo va a estar la bolsa en el medioambiente", afirmó Astete, instando a los potenciales usuarios a disolverla de inmediato.

Origen y avance de la idea

Los orígenes de “Solubag” tienen relación a la serie de medidas que se han ido implementando en los últimos años para reducir la cantidad de plástico que termina en los vertederos. La idea fue creciendo y estos científicos creen haber encontrado una solución muy viable al problema que describen los primeros párrafos de este artículo, y que podría aplicarse en todo el mundo.

Los límites son igual de solubles, ya que no solo es posible fabricar bolsas. La materia prima se puede distribuir para que los productores la utilicen como una alternativa completa al uso del plástico en sus distintas formas.

Creando una fibra a base del polivinilo alcohol se podrían crear, por ejemplo, vasos de café, batas desechables para médicos o cocineros, contenedores portátiles para comida, botellas y así una larga lista.

El proyecto ya partió en el mercado local y otros países de la región, como Perú y Argentina, ya se han interesado en la idea. En Europa también algunas naciones empezaron a fijarse en esta alternativa al plástico, por lo que la firma chilena ya estableció una oficina en la República Checa.

 

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