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Desde hace algunos años que las denuncias informales a través de Facebook, Instagram o Twitter, han proliferado, y en el último tiempo han tenido un nuevo auge. Según expertos, el fenómeno responde a la desconfianza con las entidades que deben hacer justicia, por lo que la gente decide impartirla “por sus propias manos”. El problema es que muchas veces no tienen ningún sustento, y en este caso, la persona que funa podría pasar de víctima a victimario, ya que la ley sanciona fuertemente las injurias y calumnias, sobre todo cuando son con publicidad.

Para nadie es un secreto que las “funas” a través de las redes sociales viven “tiempos de gloria” y son cada vez más  recurrentes, sobre todo en el contexto del estallido social, luego que el grupo feminista Las Tesis, irrumpieran con su performance “Un Violador en Tu camino”, lo que incitó a que muchas mujeres que habían sido abusadas y que hasta ese momento no se atrevían a hablar rompieran el silencio, y, en muchos casos, denunciaran con nombre y apellido a su agresor. Aquello, “es una forma de hacer justicia social, y liberarse internamente de lo que les ha pasado”, según afirma la psicóloga clínica Alejandra Vivanco.  

Claro, de acuerdo a la experta hay personas que han quedado traumatizadas por un evento acontecido a lo largo de su vida, pero el miedo y el sentirse solos hizo que callaran. “Es en este sentido que las funas, y sobre todo ahora con el poder y el alcance de Facebook e Instagram, tienen un valor positivo en términos personales para la gente que ha sido víctima, la que se motiva a contar su historia cuando ve que muchos lo hacen, y, además, lo puede hacer desde la tranquilidad de su pieza, con un celular”, expresó Vivanco. 

Para muestra un botón. Hace algunas semanas un alumno del colegio Seminario Conciliar de La Serena hizo catarsis a través de su cuenta de Instagram. Allí, relató con detalles los supuestos abusos de índole sexual que habría sufrido por parte de un sacerdote que impartía clases de religión en el recinto, y que además era encargado de la pastoral. Fue gracias esta historia que el colegio se enteró y pudo activar los protocolos, poniendo los antecedentes a disposición del Ministerio Público y alejando al religioso de sus actividades hasta que el caso se esclarezca. 

Las dos caras

El caso anterior está judicializado, y todavía se investiga. “La funa” sirvió para que la justicia tomara parte, así como lo ha hecho en otros casos, fundamentalmente en los que se denuncian delitos graves que también tienen que ver con agresiones sexuales o violencia de género. 

Pero, ¿dónde está el arma de doble filo? Según explica el abogado penalista Carlo Silva, si la acusación es verdad, no hay problema para el que “funa”, el problema es que si el acusado a través de las redes decide recurrir a la justicia y resulta ser inocente de lo que se le imputa, la víctima pasaría a ser el victimario, arriesgando altas penas. 

El caso más reciente ocurrido en la zona en el que “se registró un vuelco” fue en el de las dos trabajadoras de Unimarc de Coquimbo quienes fueron grabadas por un individuo que subió el video a las redes sociales acusándolas de haberle negado el baño. Las imágenes se viralizaron rápidamente y los usuarios condenaron el hecho dándolo por cierto sin que se comprobara.

Tras un juicio laboral, las afectadas que fueron desvinculadas del supermercado, debieron ser indemnizadas por no haber causal para el despido, y ahora, preparan otras acciones legales contra quienes difundieron la información que sería falsa y que “les provocó serios daños morales”. En este contexto, quien corre mayor riesgo de tener que enfrentar a la justicia es el adulto mayor que las grabó y sacó de contexto los hechos. 

Y existen otros antecedentes de denuncias falsas en las que finalmente el “funado” termina siendo la víctima. Uno de los casos es el de la contadora y profesora ovallina Ana Payeros quien el 2016 fue acusada gravemente de cometer una estafa a través de la página “Eres De Ovalle Si”, lo que resultó ser falso. La situación causó “serios daños emocionales” a Payeros, por lo cual recurrió a la justicia. 

Otro antecedente es el del doctor de Monte Patria Carlos Reyes. El profesional vivió una situación aún más grave, ya que se le acusó de abuso sexual, también a través de Facebook. Fue su madre quien demandó a quien realizó la “funa” y finalmente ganó el juicio. 

Los alcances legales

Es el abogado Carlo Silva quien explica los alcances legales de realizar una “funa” sin estar seguros de lo que se está denunciando, intencionadamente con otra motivación. “En Chile no está tipificado el delito de “funa”, pero sí está el delito de injuria y el de la calumnia. ¿Cuál es la diferencia? En la calumnia yo imputo la comisión de un delito, que tiene que ser cierto y determinado, es decir tiene que haber un cómo y un cuándo. Además, este delito que se imputa tiene que ser perseguido penalmente, de oficio, una vez que la Fiscalía lo conoce”, explicó Silva. 

En relación a la injuria, se sostiene que lo que se imputa no es un delito, pero sí una acción reñida con la moral. “Las injurias y las calumnias protegen el honor y la identidad moral de cada persona, pero en la injuria se expone cualquier tipo de calificativo, o cualquier tipo de conducta (no necesariamente un delito) que causa un menoscabo en tu identidad pública. Cuando le digo a alguien que es un abusador, que es un acosador, lo estoy injuriando”, manifiesta Silva. 

Ahora bien, para que la persona “funada” pueda limpiar su imagen, debe iniciar por su cuenta una acción privada, es decir, demandar a quien lo injuria o lo calumnia. 

Los pantallazos

Muchas de las “funas” a través de las redes vienen acompañadas de imágenes de quien se acusa, y, además de supuestas pruebas, como por ejemplo, los pantallazos, lo cual también es ilegal incluso aunque la imputación sea cierta, ya que no se pueden publicar conversaciones privadas.

“Imaginemos que una persona ‘Juanito’ le manda un mensaje sexualizado a ‘María’ y María hace una captura de pantalla de ese mensaje, y lo publica, ella estaría cometiendo el delito del 161 letra A del Código Penal, que significa exponer y publicitar conversaciones privadas. Entonces hay que tener mucho cuidado porque cuando alguien tiene una conversación con otro hay una especie de protección de la propiedad privada que constituye esa conversación”, aclaró, agregando que cada una de estas figuras legales, tienen una pena que va, según las agravantes y el mal causado, desde los 61 días de presidio hasta a los 540. 

La visión feminista

La representante del colectivo feminista Úteras Proletas, Katherine Véliz, defiende a las “funas” como una herramienta social legítima dentro de los movimientos sociales. “Existen contextos en los que se vulnera a personas, o movimientos. Como a grupos de distinta condición sexual, o contra las mujeres, que muchas veces quedan en la impunidad, por lo que la única forma de crear conciencia social y, en la medida de lo posible, hacer un poco de justicia es a través de una ‘funa’”, explica Véliz. 

Pero sí enfatizó en que hay “funas y funas”, y que no todas tienen el mismo valor. “Hay algunas que reivindican valores, o pensamientos. No es lo mismo funar a un tipo que le pegó a su polola y la dejó mal, que funar a un tipo que no te pagó un arriendo, en lo primero hay algo más de fondo”, manifestó. 

Debilitamiento de las instituciones

Pero, ¿a qué se debe esta proliferación de las ‘funas’? Para el sociólogo Cristóbal Reyes, estas acciones son un instrumento que tiene hoy día cierto sector de la población para “subsanar la sensación de injusticia imperante”.  Agrega que, “frente a casos de abusos, frente a la ausencia de justicia, la ausencia de un proceso, se está optando por instalar la temática a través de esta acción en las redes”. 

De igual forma, Reyes asegura que esto responde a un debilitamiento de las instituciones en general, ya que la gente está creyendo menos en la justicia formal, por eso optaría por la venganza social, haciendo justicia por sus propias manos. “No hay una credibilidad en las instituciones encargadas de impartir justicia, por lo mismo, hoy en día se está recurriendo a este camino”. 

Pero es un hecho que, tal como lo asegura el abogado Carlo Silva, ‘las funas’ pueden ser peligrosas y traer consecuencias. “Naturalmente que esto es peligroso, porque en rigor, con las funas nos estamos saltando un proceso legal, y con eso se puede generar que muchas personas que son inocentes también sean víctimas de esto, porque no es algo que haya sido regulado”, explicó el sociólogo. 

Funas desde dentro

Si se busca en las redes sociales, a nivel regional aparecen 5 o 6 páginas o grupos de Facebook que tienen como único propósito servir de plataforma para que la gente común y corriente realice sus funas. La que tiene más integrantes es el grupo “Funas de la Serena y Coquimbo”, con 3.772 miembros.

Conversamos con uno de sus administradores, quien se identificó como “Doc Dexter”. Lo primero que señaló fue el que crear el grupo le había costado más de algún mal rato, ya que la gente “funada”, incluso lo había amenazado. “He tenido que cambiar de usuario de administración por temas de amenazas y demás, tu sabes cómo es esto la gente piensa que yo soy el que los funa”, indicó. 

Consultado respecto al por qué creó el grupo indicó que vio la necesidad de la gente, y pensó que era necesario canalizar todo a través de una sola plataforma. Además, le parecía interesante el debate que se generaba. “Surgió porque veía muchas ‘funas’ en los grupo de ventas y de Yapo en Facebook (…) Igual son entretenidas de leer porque sale gente de todos lados insultando, apoyando, o linchando. Y había otras personas que no les parecía correcto hacer estas cosas. Había de todo”. 

Agregó que, junto a los demás administradores, siempre verificaban que quienes ingresan al grupo sean mayores de edad y que las cuentas sean verdaderas. 

Respecto a los casos que más se denuncian, no son por abusos o agresiones. Según Doc Dexter, “hay más casos por temas de plata o estafas”. 

 

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