• Sólo un 52 por ciento de los jóvenes se proyecta más de cinco años en su organización actual. Crédito: Andrea Cantillanes
Se trata de la generación del futuro, quienes nacieron en un mundo ligado a la tecnología y a la era de Internet. No duran más de tres años en las organizaciones, puesto que su concepto de compromiso es distinto al de las actuales jefaturas.

Se conoce como la generación Millennials, quienes tienen entre 27 y 30 años, y que por lo general aún viven con sus padres. Al vivir el atentado de las torres gemelas, crecieron con una sensación de que el mundo se puede acabar y a raíz de este hecho decidieron vivir sin proyecciones a futuro, privilegiando la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo.  

Según explica Susana Cáceres, investigadora del tema Millennials en Chile y autora del primer libro de comunicación interna, “ellos buscan pasarla bien y no una estabilidad, porque se casan y tiene hijos más tarde”, agregando que “en el mundo del trabajo, esperan tener una comunicación mucho más directa e informal, ya que necesitan más feedback de sus jefes, que les estén diciendo permanentemente si están haciendo las cosas bien o mal”.

En este sentido, comenta que “los jóvenes trabajadores buscan empresas con un buen clima laboral y jefes cercanos. Y cuando no encuentran esto en las organizaciones simplemente se van. No duran más de dos a tres años en sus puestos de trabajo porque constantemente necesitan nuevos desafíos y proyectos. Hacer siempre lo mismo les aburre”.

Tal como detalla el estudio realizado por la socia directora de Internal, sólo un 52 por ciento de los jóvenes se proyecta más de cinco años en su organización actual, fenómeno que se entiende porque esta generación “antepone sus aspiraciones y una labor que los apasione antes de la posibilidad de ganar mucho dinero”.

Nuevos requerimientos

¿Qué privilegian a la hora de elegir un trabajo? “Buscan empresas que sean flexibles y comprometidas con el medio ambiente y la sustentabilidad. Los jóvenes trabajadores le entregan un rol fundamental a los valores corporativos del espacio donde se van desarrollar, en cuanto a un clima laboral que los motive y al estilo de los líderes”, señala Susana Cáceres.

La premisa que mejor los define es que “la generación Millennials trabaja para vivir y no viven para trabajar como sus padres”. En esta línea, la profesional destaca que aprecian enormemente la posibilidad de trabajar desde sus casas y tener tiempo para viajar, conocer el mundo y nutrirse de nuevas experiencias. Si bien las generaciones mayores piensan que los jóvenes están muy solos al pasar conectados a un computador o celular, la verdad es que están muy conectados, a través de una comunicación virtual con mucha gente alrededor del mundo.

Renovado concepto de compromiso

La relación de los gerentes y los jóvenes trabajadores es más bien tensa, ya que existe un desencuentro generacional en relación al concepto de responsabilidad con la labor que desempeñan. En este punto, Cáceres cuenta que “para ellos quedarse más horas al finalizar la jornada laboral no es sinónimo de compromiso, sin embargo para los jefes eso sí es importante, al igual que cumplir con las metas y tener una relación fuerte con los valores corporativos”.

Producto de esta desconexión, la generación Millennials prefiere emprender, ya que según detalla la profesional “les genera mucho desafío, ya que pueden manejar su propio ritmo y tiempo. Se trata de un grupo de personas que buscan lograr un equilibrio integral en su vida, más allá del trabajo, buscan la satisfacción personal y una calidad de vida permanente”.

Desafío de un emprendedor

Un ejemplo de esto, es el caso de Roberto Bravo (27), quien hace casi dos años congeló su carrera de Ingeniería Civil Industrial que cursaba en la Universidad Católica del Norte, para dedicarse a su emprendimiento de sushi, que en la actualidad se ha transformado en un negocio familiar y en el sustento económico de su hogar.

“Con la idea de ganar ingresos extras, con mis hermanos empezamos a vender sushi a través de un Fan Page. En un principio era una actividad sólo de fin de semana, pero como nos comenzó a ir bien, de a poco fuimos tomando pedidos en la semana. Estuvimos un año con este sistema y hace seis meses nos aventuramos con un local de delivery llamado Oishii Sushi”, cuenta Bravo.

Si bien hoy en día el joven está enfocado 100 por ciento en el negocio, admite que tiene la intención de terminar su carrera porque “la idea es tener una cadena de sushi a nivel nacional e internacional, considerando que incluso mis hermanos renunciaron a sus trabajos para poder levantar este emprendimiento, que nos ha permitido vivir tranquilos”.

La valiente decisión que tomó Roberto es uno de los aspectos característicos de este grupo de jóvenes que ha revolucionado los paradigmas de una sociedad conservadora y conformista. “Cuando uno confía en una idea hay que ejecutarla de buena forma para que llegue a buen puerto. No hay que desanimarse, hay que creer en nuestras capacidades”, sostiene.

Apuesta por emprender

 Carlos Araya (30), dueño de AHB Games de la región de Coquimbo, empresa que crea juegos para páginas web y dispositivos móviles, señala que “en un escenario donde el mundo laboral está cada vez más complejo, emprender es algo súper positivo porque puedes ser tu propio jefe y además sigues un sueño o un ideal”.

Según cuenta, la empresa que partió el año 2013 y que hoy cuenta con cuatro miembros, “crea oportunidades de trabajo para otros jóvenes, incluso algunos de ellos aún no han salido de la universidad, porque no nos preocupamos mucho del curriculum que tengan, sino de las ganas que tengan de apostar por nuevos proyectos”.  

Para Araya, los nuevos estímulos que existen en relación al desarrollo de la tecnología han motivado a la nueva generación a experimentar y traspasar fronteras a través de plataformas web como las ventas online. “El conocimiento de lo digital es la principal brecha que existe con nuestros padres, quienes se encuentran ajenos a este fenómeno”, señala.

“Es difícil ser tu propio jefe porque implica harta responsabilidad, porque si uno no trabaja no ve frutos y no podrá responderle a las personas que tienes a cargo. Además, los horarios se escapan de las manos, pero la verdad es que vale la pena hacer algo que te apasiona”, concluye. 6002i

 

 

 

 

 

 

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