Mujer raptada por Hamas

Nieta de chileno raptada por Hamas revela "la única razón" por la que no fue violada

"No puedo quitármelo de la cabeza", es la frase con la que una joven reconoce todo el horror vivido en manos del grupo extremista.
domingo, 14 de enero de 2024 · 18:05

Corría la primera semana de octubre cuando un masivo ataque terrorista, acabó con la relativa calma en una zona de conflicto entre Hamas y el pueblo israelí. Casi dos meses después, “la única razón” por la que una joven víctima de la situación no fue violada, fue relatada en primera persona, en una historia de supervivencia.

300 personas no corrieron con la suerte de sobrevivir al ataque en un festival de música en el sur de Israel. Explosiones, disparos y muerte fue el resultado de lo que estaba destinado a ser un encuentro artístico.

La masacre puso en guerra a ambos bandos, en medio de los secuestros de hombres y mujeres. Entre estas últimas estaba una ciudadana franco-israelí, que vivió un mes y medio de secuestro. Una pesadilla que es capaz de relatar, pero con un trauma que asoma rápidamente cuando se atreve a hacerlo.

Pese a lo anterior, la joven sabe que es, dentro de todo, afortunada de estar contándolo todo. Se siente culpable de dejar a otros atrás, en un cautiverio que se convirtió en la muerte para decenas de personas.

De acuerdo al medio La Nación, la víctima de esa fatídica jornada, es nieta del ciudadano chileno Zeev Scharf, de 83 años. Su caso tomó notoriedad al difundirse imágenes de ella acostada en una cama y con daños graves en uno de sus brazos, por lo que recibió las mínimas atenciones.

El mortífero festival de música en Israel donde inició el cautiverio

Con 21 años de vida, la ciudadana franco-israelí Mía Schem, disfrutaba de un festival musical el pasado 7 de octubre en Kibutz en Otef y Gaza Hanion Raim.

La música electrónica sonaba la madrugada de ese sábado, en una hora tan local como el conflicto histórico que parecía estar disipado, relativamente hablando.

Ese día el ritmo fue reemplazado, en un abrir y cerrar de ojos, por una sangrienta incursión extremista a cargo del grupo terrorista Hamas. Schem estaba entre los miles de jóvenes que pasaron a correr despavoridos, luego de estar disfrutando el ambiente.

“Empecé a gritar, a volverme loca. Había vehículos quemados, cadáveres”, comentó la joven mujer en una entrevista al canal 13 de la televisión israelí, relato retomado por medios sudamericanos como Clarín.

Ella iba a bordo el vehículo de un amigo, pero el automóvil estaba en llamas, por lo que sus ocupantes salieron de este. Fue entonces que un extremista la capturó. El hombre comenzó a tocarle la parte superior de su cuerpo, pero paró cuando Mía gritó de dolor, ya que tenía una herida de bala en uno de sus brazos.

Si bien los tocamientos cesaron, el secuestro siguió en marcha. Corrió la misma suerte de decenas de personas tomadas como rehenes.

Las semanas de secuestro de Mía Schem

Mía atravesaba un dolor intenso con la bala incrustada en su brazo. El miedo de haber sido secuestrada también era grande. La joven temió lo peor desde que cayó en manos de Hamas.

Fue llevada a una casa de cautiverio donde vivía una familia con nexos con el grupo extremista. El padre de dicho núcleo la vigilaba las 24 horas del día. Sin embargo, el pánico de Schem era, además de morir, ser abusada sexualmente por el hombre que no la perdía de vista, incluyendo miradas lascivas, según el relato de la joven.

Su vida cambió drásticamente tras asistir al festival musical con saldo de 300 fallecidos y decenas de personas tomadas como rehenes. Pronto, la joven se dio cuenta de que en la casa había más personas. Se trataba de su vigilante, la esposa de este y los hijos de la pareja.

Los infantes entraban a la habitación y la miraban “como si fuera un animal de zoológico”, según relató en la entrevista televisiva. Mientras estuvo en esa casa, no concilió el sueño y tampoco le dieron medicamentos para su brazo, al cual únicamente le colocaron una especie de torniquete metálico.

“La única razón” por la que la rehén de Hamas no fue violada

Varias semanas después de mantenerla cautiva en casa de la familia de extremistas, el grupo mostró un video donde aparece Mía Schem acostada, con los ojos cerrados, pero consciente de lo que estaban haciendo en ese momento.

Cada instante en que alguien entraba a su habitación la ponía en máxima alerta. El día en el que tomaron registro, para dar prueba de vida, pero sobre todo de cautiverio, le vendaron el brazo mientras ella asegura “quiero volver a casa”.

A pocos días de ser liberada, supo que “la única razón” por la que no fue abusada, se debió a la presencia de los niños y la esposa del sujeto que la mantenía vigilada, pero con evidentes intenciones de cruzar la línea.

La pareja del extremista jugó un papel determinante, ya que se mantenía pendiente de los movimientos dentro de la pieza donde Mía estaba cautiva.

“Su esposa estaba fuera de la habitación con los niños. Esa fue la única razón por la que no me violó”. La mujer la miraba con odio y pasaba días sin darle alimento.

Schem estaba atrapada en la realidad de otras decenas de personas capturadas, utilizadas por Hamas como moneda de cambio en una negociación. Otras perdieron la vida, como el caso de la joven alemana, de quien las imágenes de su secuestro dieron la vuelta al mundo mostrando parte el horror del conflicto en oriente medio.

La liberación de Mía y la culpa por los que quedaron atrás

Mía Schem presintió que sería liberada cuando los movimientos extraños empezaron en la casa donde estaba en cautiverio.

En efecto, poco después, pasado el mes de su captura, fue llevada a un túnel junto a un grupo de 7 personas. La ración de alimentos fue de un pan árabe al día. Aún así, sentía que la libertad se aproximaba.

Al igual que algunos voceros gubernamentales, esta joven considera que la comunidad internacional le restó importancia o ignoró el dolor de las víctimas del ataque de Hamas.

Por el momento, lo que apunta a ser un estrés postraumático, por evidentes razones, lo está tratando de superar a diario, pero reconoce que es difícil después del horror vivido, tras ser liberada a los 54 días.

“No puedo quitármelo de la cabeza. Viví un holocausto”, concluyó.

 

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