Delincuentes ingresan a un condominio e intimidan a moradores con arma de fuego

miércoles 20 de junio de 2012
  • Uno de los 8 antisociales apuntó con la pistola a una anciana de 73 años, mientras los demás sujetos encerraron en el dormitorio a un niño y a otro adulto

“No queremos estar más aquí. Definitivamente, después de esto nos vamos”. Así de categórica fue Giovanna Herrera tras el violento robo con intimidación que afectó a la casa de su madre, en el condominio San Joaquín de la parte alta de La Serena, en las faldas del Cerro Grande. Ella justo no estaba cuando aconteció el delito, pero fue la primera en llegar después de los graves hechos que pudieron tener peores consecuencias.

A las 19:40 horas del lunes, cuando ya había atardecido en la ciudad, Cecilia Ispizua (73) se encontraba en el inmueble junto a su hijo de 38 años, que tiene deficiencia mental, además de su nieto de sólo 5 años. La madre del menor se había ausentado, dato que al parecer conocían los antisociales. La persona adulta mayor estaba viendo televisión en un dormitorio, cuando de pronto sintió ladrar a los perros y se asomó por el ventanal. “Ahí me di cuenta que había dos sujetos, que se lanzaron quebrando el vidrio. Uno de ellos me agarró y me puso una pistola en la cabeza, diciéndome que le pasara toda la plata”, relató. Paralelamente, otros 6 antisociales derribaron la puerta principal, tomando a los otros dos moradores y encerrándolos en un dormitorio, donde estuvieron cerca de 10 minutos, mientras el resto registraba la casa.

“Con el arma en la frente, les dije que tenía 300 mil pesos en una cartera y 190 mil en otra pieza” contó Cecilia ayer por la mañana a nuestro medio, aún impactada por lo sucedido, pero agradeciendo que al menos nadie resultó herido. Ella describió a los delincuentes como muchachos jóvenes, de entre 15 a 17 años, que trataban de taparse el rostro con una chaqueta y usaban un jockey puesto hacia atrás.

Junto con el dinero, los iracundos sujetos se llevaron especies como un computador, vestuario, un celular, joyas y hasta una botella de pisco, escapando a pie al costado norte del condominio, hacia un sitio eriazo. Ningún otro vecino vio nada. Aunque en todo caso, según contó Giovanna, “acá cada uno se preocupa solamente de su espacio. Nadie habla con nadie. Por eso es tan difícil coordinarse”. Esto porque los robos son constantes y no existe ninguna medida de seguridad. Tampoco disponen de guardias. 01 01