Luis Musrri con una pelota bajo el brazo

Desde que tiene uso de razón que no sabe de otra cosa que de fútbol, deporte al que ha dedicado literalmente toda su vida, aunque dice que por sobre todas las cosas está su familia
lunes 11 de julio de 2016

La Serena

El actual DT de Club de Deportes La Serena, Luis Musrri, ha dedicado toda su vida al fútbol y su familia, sus amistades han girado en torno a este deporte.

Reconoce que desde que tiene uso de razón que ha estado ligado al balón pie, sosteniendo que es una herencia que recibió de su madre, puesto que ella es la fanática y la primera en practicar este deporte junto a sus hermanos, por ser la única mujer. Entre bromas dice que su padre no sabe ni correr y que su mamá fue siempre la de los pelotazos.

Nació un 24 de diciembre de 1969 en la comuna de Peñaflor, en la localidad rural de Mallarauco (del mapudungún, malla, una papa silvestre y ragh co, agua gredosa).

No cree haberle amargado la Navidad a su madre por nacer en esa fecha, aunque dice que tuvo buena y mala suerte, “porque para los regalos era uno solo, pasaba colado, este regalo es por el cumpleaños y por la Navidad, pero es una linda fecha para nacer, para mí por lo menos”, dice.

Hasta los ocho años vivió en Mallarauco   y luego se trasladó a vivir con unos familiares, tíos y abuelos, a Peñaflor, donde estudió  hasta octavo básico en el Colegio Inmaculada Concepción.

Fue en esa época cuando con unos amigos se fue a probar a la Universidad de Chile, equipo que marcaría su vida. “Me fui a probar a la U, a los cadetes, como a los ocho años, estaba en cuarto básico y como no podía entrenar e ir al colegio, me tuve que cambiar en octavo básico al English College de Talagante y ahí me dieron las facilidades de poder ir a entrenar y saqué cuarto medio, salí muy chico, con 16 años y a los 17 estudié administración de empresa, pero estuve solo un semestre, no pude continuar, porque mi carrera deportiva empezó muy temprano”.

Todo fue como un tobogán del que se avanza rápido y con vértigo en su vida. Con ocho años es aceptado en el club azul, a los 15 años tuvo su primera nominación a la selección infantil, viajando por un mes y medio a Argentina. “Fui desde chico seleccionado, no tenía tiempo para estudiar y ya más grande debuté  muy joven en el fútbol profesional, a los 16 en primera división, así que tenía régimen de futbolista profesional a esa edad, no me dio para estudiar y poder jugar”, recuerda.

Al consultarle de los juegos que tenía como niño en la escuela básica, es claro: “Fútbol, fútbol”. Precisa que era un colegio de monjas y “me acuerdo que hasta quebré un vidrio. La capilla tenía vitraux, con un remate pegó en el palo y después quebré un vidrio. En el barrio jugaba otro tipo de juegos, a las bolitas, al pillarse, al caballito de bronce, como un niño normal nomás”.

De esa época recuerda como amigo a Luis Pavez, quien lo entusiasmó para ir a probar suerte a la Universidad de Chile. De enseñanza media recuerda a Claudio Iribarra.

En este período de los estudios, sus padres se fueron a vivir a  Peñaflor, cuando ya vieron que tenía posibilidades en el fútbol. “Como en primero medio mis papás se vinieron de Mallarauco a Peñaflor y ahí el colegio me dio todas las facilidades”.

Sobre los estudios, le gustaba la historia, se sacaba las mejores notas en ese ramo, pero lo que más le costaba era filosofía, biología, en matemáticas se las arreglaba. “Fui muy poco el último año a matemáticas porque era electivo y me puso un dos el profesor, fue el único que no me ayudó, pero pasé igual porque se podía pasar con un rojo y un promedio mayor a cinco”.

Luis Musri dice que no le pasó eso que les ocurre a muchos niños que se enamoran de la profesora o de una compañera. “No es que me quiera poner bien con mi señora, pero a ella la conozco desde octavo básico, la conozco desde el colegio y enamorado de ella siempre”.

Sin embargo, el romance no se inició de inmediato, cuenta que le costaba estudiar y Alejandra Fuenzalida le ayudaba. Recuerda que se sentaba detrás de ella y lo apoyaba en las pruebas, “me las hacía de repente (se ríe con picardía), sobre todo en inglés. Yo iba a su casa a estudiar, pero al final terminaba viendo partidos con su papá. No pololeábamos todavía, ahí nos conocimos, en enseñanza media medio pinchamos nomás, después salimos de cuarto medio, ella se fue a la universidad y yo seguí con lo mío, el fútbol. Nos reencontramos como un año después en estas típicas juntas de excompañeros, yo estaba más grande, más canchero, ya no era el huasito de Mallarauco, fue un poco más fácil la cosa. Pololeamos cinco años y llevamos 22 casados, son 27 años juntos”.

Reconoce algunos errores que ha cometido y que estuvo separado, tiempo en que nació su tercer hijo,  hoy de seis años, ya que en su matrimonio tiene a Catalina, que estudia biología marina en la Universidad Católica del Norte y Javier, que salió de cuarto medio de la Scuola Italiana y está probando por este año en el fútbol, si no le va bien, tendrá que seguir estudiando, dice su padre.

Indica que estuvo separado como un año y medio, pero después se reencontró con su esposa. “Fui yo el culpable de esa separación, pero a mi señora hay que ponerle un monumento, ahí primó el amor que nos sentíamos, uno se puede equivocar en la vida y a mí me causó muchos problemas eso, tanto familiares como laborales. Yo tenía una carrera en ascenso como técnico y me vine un poco abajo, ahora lo estoy retomando de a poquito”.

En este punto comenta un chascarro de joven que vivió con su hoy esposa. “Ella me ha sacado siempre en cara que cuando pinchábamos yo jugaba por el colegio y había una niña que era de otro curso, del B y nosotros éramos del A y cuando yo hacía un gol miraba para el lado A y después para el B. ‘Más fresco’, me dice, ‘desde ese tiempo’. Esa no me la saqué nunca más”.

 

NACE EL FUTBOLISTA. Se inició en la escuela de fútbol de la Universidad de Chile a los ocho años, escuelas que en ese tiempo no eran pagadas, había que probarse, había que quedar y había que mantenerse. “Recuerdo que tenía que viajar, no era fácil llegar a Recoleta en esos años cuando no había carretera, me costaba tres horas y en auto, no en locomoción colectiva, ahí eran cinco horas. Me costaba mucho y era chico. Tuve el apoyo de mis tíos, de mis abuelos, mis papás”.

De los 50 niños de la escuela de fútbol pasaron solo 12 a la serie de menores, la tercera infantil de ese tiempo. “Fui escalando a segunda infantil, después seleccionado sub 15, después sub 17, ya había debutado a los 16 como profesional. Vino el mundial juvenil del 87 en Chile, donde salimos cuartos. Luego vino una carrera ascendente en la U, me hice titular, pero descendimos. Volvimos a subir a primera, vinieron un par de años malos el 90 y 91, después vienen cosas buenas y el 92 comenzamos a mejorar y logramos dos bicampeonatos y yo era el capitán de ese equipo”.

 

VIENEN LOS HIJOS Paralelamente llega su hija Catalina, mientras Universidad de Chile se erige como equipo campeón del fútbol nacional, por lo que Musrri indica que vino con la marraqueta.

Posteriormente nacería su hijo Javier, el que hoy está practicando fútbol profesional en el club que dirige Musrri.

Ser padre es una experiencia maravillosa que no había experimentado el actual DT, lo que valora profundamente. “Yo siempre digo, después del nacimiento de tus hijos, de tu matrimonio, viene todo lo que es la alegría deportiva; primero está la familia, todo lo que la envuelve, lo que te afirma, es tu cable a tierra es lo máximo para mí, después viene lo deportivo. Lo principal es tener hijos educados, que tengan buenas costumbres, esa es nuestra tarea y lo principal es que sean respetuosos de la vida”.

Su experiencia ha sido buena y le ha sido fácil complementar su carrera con la familia, “porque tengo la suerte que mi señora me conoce desde los 13 años y siempre estuve en lo mismo. Mis hijos también lo entienden”. Explica que siempre fue igual, ya que en los primeros años de fútbol su  familia, como sus padres, giraba en cómo le iba al hijo; para sus abuelos, cómo le iba al nieto y nunca tuvo inconvenientes.

 

AMIGOS EN EL DEPORTE Cuenta que su yunta no era uno solo en las canchas. Tenía varios amigos y nombra a  Cristian Mora, también a Cristian y Víctor Hugo Castañeda. “Comenzamos juntos el año 92, cuando empezó la cosa buena de la U. Éramos bien yuntas, compadres, los cuatro ahora somos entrenadores, lo que pasa que no todos han tenido la posibilidad de poder entrenar. La mayoría de ese equipo somos entrenadores”.

Sobre la idea de transformarse en director técnico, no le vino de la noche a la mañana, sino que siempre la tuvo y asimilaba todo de los técnicos que tuvo y de los que iba aprendiendo. “Quizás no tuve un técnico como los de ahora, porque estuve en la transición. Salí como entrenador cuando estaba desapareciendo la escuela antigua y llegando la nueva, lo que me ha costado incluso que me tilden de   que soy un técnico defensivo y no es así. Yo jugué en un equipo grande siempre y trato de inculcarles siempre eso a mis jugadores. Desde chico me gustó ser DT. Me acuerdo que llevaba un cuaderno y cuando me subía al auto si me gustaba un entrenamiento lo anotaba y algunos los llevo a cabo hoy poniéndole de mi cosecha”.

Preguntamos si  en ese torbellino deportivo hizo el servicio militar, que en esa época era obligatorio. Precisa que no, ya que a esa edad estaba como seleccionado juvenil. “Salí llamado al servicio cuando iba a una gira a Europa. Fui y les di mis razones y las entendieron, iba a representar a Chile, al final es lo mismo”, dice con picardía.

CÓMO SE FORMA UN DT Según su visión un Director Técnico se educa durante toda la vida mientras practica fútbol, pero cree que lo más difícil es saber transmitir y que los jugadores entiendan. “Es lo más difícil para un entrenador, porque todos los que jugamos al fútbol sabemos lo que hay que hacer, pero hay que tener la capacidad de pararte frente a un grupo, que te escuchen, que te entiendan y que te crean. Yo al principio decía cómo vamos a estudiar tanto, pero te ayuda muchísimo, porque te apoya en tus conceptos, cómo debes desarrollar tu carrera y el que lo toma por ese lado le ayuda mucho estudiar los tres años”.

Ya como entrenador, debutó el 2006 como DT en Melipilla, salieron campeones  y ascendieron a primera división. De ahí pasó a Palestino, donde estuvo un año y medio, disputaron la final con Colo Colo y la perdieron. Posteriormente se fue a Cobresal, donde permaneció por dos años y medio con un rendimiento parejo y de ahí llega a esta zona como DT de Coquimbo Unido, donde lo más significativo fue disputar una semifinal para el ascenso con la Universidad de Concepción, que perdieron. Después de estar un año y medio sin dirigir, se trasladó a San Antonio, donde llevó al equipo a disputar el primer lugar con Puerto Montt y salieron segundos. Ahora está dirigiendo a Club de Deportes La Serena, con un equipo muy joven y espera ratificar la que dice fue una buena campaña el año pasado y “si Dios quiere estar peleando el ascenso”, dice.

Sobre su deseo íntimo de dirigir al club de toda su vida, Universidad de Chile, indica que “nos cruzaremos en algún momento nuevamente”.

 

LA FAMA DE HUAIQUIPAN Como futbolista profesional vivó grandes éxitos y alzó copas, pero hay un partido que aún recuerda y que le dolió mucho.

Fue un clásico disputado con Colo Colo, donde perdieron por 3 tantos a 1 “y el causante de los tres goles de Colo Colo fui yo. Debe haber sido el peor partido que jugué en mi vida. Debe haber sido por allá por el 2002, porque fue después de volver de China, ya que el 2001 fue la única vez que jugué afuera. El técnico era Víctor Hugo Castañeda y Huaiquipán (Francisco) hizo tres goles, por eso siempre le digo al Huaiqui, el que te hizo famoso soy yo”.

La contraparte de ese doloroso episodio es el título de  1994, “sin duda es mi mayor alegría, lo jugamos contra Cobresal en El Salvador. Es la mayor alegría que tengo hasta ahora, espero que en el futuro se me dé otra, sería muy lindo poder ascender con Deportes La Serena”.

Como futbolista lo apodaban guatón Musrri o Cuchillo. Este último porque decían que pegaba muchas patadas. Pero se defiende y dice que revisen los videos. “Jugué 540 partidos como profesional en la U y tuve 11 expulsiones, así que no pegaba tanto, está súper bajo el promedio”, precisa.

 

LA SELECCIÓN ACTUAL Al consultarle sobre la visión que tiene de la actual  Selección Chilena, no titubea y dice que tiene la mejor impresión. “De lo que a mí me ha tocado ver, me incluyo en la que estuve, que disputó las eliminatorias al Mundial de Francia, me parece que esta es la mejor generación lejos. Tiene cinco o seis jugadores que deben estar entre los top 20 del mundo, en cambio cuando estábamos nosotros éramos puros jugadores locales y los jugadores de excepción eran Marcelo Salas e Iván  Zamorano, los demás acompañábamos nomás, me parece que es la mejor selección de la historia”.

Y al pedirle que se incline por Salas o Zamorano, hace un análisis personal y los tiene a ambos en lo alto. “Uno es mucho más talentoso que el otro, me refiero a lo técnico como Salas y el otro, un sacrificio enorme como Zamorano, un luchador, un peleador, buen compañero, dos excelentes personas, dos jugadores que llevaron a la selección muy lejos”.

Y si algún entrenador lo marcó en su carrera, Luis Musri dice que es  difícil inclinarse por uno solo, porque como jugador absorbía la experiencia de lo que iba aprendiendo. “Por ejemplo, me gustaba mucho el orden, el respeto a la profesión que tenía Arturo Salah, él ordenó un poco el tema del fútbol en Chile. En su estilo de juego a mí me gustaba ser más punzante, pero aprendí mucho de él. Jorge Socías, lo mismo, era más arriesgado en su forma de juego y después vino Nelson Acosta, con su viveza para los partidos, porque la planificación no era mucha. Los partidos de Miguel Ruso y de ahí para adelante técnicos que fueron uno más dentro de mi carrera”.