José Letelier, arquero que defendió a Alianza Lima tras la tragedia del equipo limeño en 1987: "Al principio quise volver de inmediato a Chile, pero al día siguiente se me pasó"
Equipo Tribuna Deporitva
Es 1987. Chile vive una época particularmente convulsionada. Ya finaliza el régimen de Pinochet y el fútbol sudamericano, como siempre, transita entre altos y bajos, siendo Brasil, Argentina y Uruguay los máximos representantes del balompié en esta parte del mundo. Nuestro país acababa de disputar la final de la Copa América 1987, que perdió ante Uruguay y en lo local, Universidad Católica se aprontaba a obtener su sexta estrella.
Pero el 8 de diciembre de 1987 acaeció la tragedia, porque una delegación de Alianza Lima, se estrelló en la selva incaica, donde 43 perdieron la vida. Luego de los terribles acontecimientos, diversos clubes latinoamericanos y del fútbol peruano ofrecieron su ayuda para rearmar un plantel herido, que debía comenzar desde cero. En esa ocasión, una de las primeras instituciones que respaldó al equipo peruano fue Colo Colo, que cedió a préstamo a cuatro jóvenes del equipo que por esos días dirigía técnicamente el actual presidente de la ANFP. Arturo Salah, y que era presidido por Peter Dragicevic.
Se trataba del arquero José Letelier, el defensa Parco Quiroz, el volante Francisco Huerta y el delantero René Pinto, todos muy jóvenes, con la ilusión de triunfar en el fútbol y colaborar con un significativo grano de arena para volver a la vida a un equipo que lo necesita.
En ese contexto, el programa “Tribuna Deportiva” de Radio Mistral conversó con José Letelier, el meta que con sólo 21 años partió canchas incaicas para poner a prueba no sólo su calidad futbolística; también su temple y fortaleza.
“Estoy muy afectado por lo ocurrido este martes, sobre todo cuando alcanza una mayor connotación. Es impactante vivir y ser protagonistas de un proceso como este. Enfrentados a esta situación, no sabíamos cómo nos iban a recibir a nosotros, por todo lo que estaba sucediendo en ese minuto. La recepción de los hinchas ese entonces fue muy buena, pero al entrar al camarín nos dimos cuenta de que se trataba de un equipo dolido, silente, donde nadie hablaba, no había comunicación, con un camarín muy frío, muy golpeado. Con el pasar de los días y los entrenamientos esto fue cambiando. De hecho, sólo tres semanas después fue cambiando la situación”.
-¿Cómo se fue armando este equipo de Alianza en una instancia así, marcada por la juventud de sus integrantes?
“Estábamos recién haciendo nuestras primeras armas, y debemos destacar que hubo participación de varios equipos locales como Sporting Cristal y de Teófilo Cubillas y César Cueto, ya retirados, más algunos jugadores que no participaron en este fatídico accidente y algunos juveniles de la institución. Fue toda una experiencia”.
-¿Cómo lo marcó esta situación, que no vive cualquier jugador de fútbol ni tampoco cualquier ser humano? ¿Qué cambió en usted, José?
“Queríamos apoyar a este club en la desgracia que había vivido, tratando de ponerse en el lugar de toda esta gente, no sólo del equipo o sus familias, sino también del país. Te sirve para las cosas desde una perspectiva mucho más humana, para darle tiempo a las cosas que a uno no se las da. La vida es tan frágil y uno evidentemente no lo tiene determinado, por eso hay que aprovechar cada instante. En esta industria que es el fútbol, y que me apasiona, no hay que correr tanto, Desde la parte deportiva, y la personal deja una doble satisfacción”.
-¿Pese a todo, no sintió ganas de retornar a Chile cuando se encontró con este ambiente triste?
“Sí, pero fue sólo el primer día. Nosotros llegamos un día de madrugada y ya al día siguiente teníamos que integrarnos para entrenar. Cuando vi el ánimo del camarín, yo me quise devolver, y vi todo lo que estaba sucediendo. Afortunadamente, no lo hice, y me sirvió como experiencia de vida. Estuve dos años, pero por ejemplo Francisco Huerta hizo toda una vida allá, porque estuvo 16 años”.
-Después vivió una enorme satisfacción, al integrarse al plantel campeón de Copa Libertadores de América en 1991 con Colo Colo.
“Así es. Fue un orgullo. Y luego de aquello partí a México, al Monarcas, y concluí en Huachipato y Linares. Luego, fui entrenador y gané la Copa Libertadores Femenina de 2012, dirigiendo a Colo Colo”.
-¿Qué le parece que Colo Colo, tal como en esos años, le haya ofrecido su respaldo a Chapecoense?
“Sería muy bueno. De hecho, imagínate que si en ese entonces el fútbol movía masas, hoy en día es mucho más potente gracias a las comunicaciones. En ese contexto, las noticias corren, el respaldo de los diferentes equipos se sabe inmediatamente y los homenajes hermosos también. Hay humanidad detrás de esto, porque este tipo de actividades te ayuda a comprender que el fútbol es un juego, y eso nos hace mucha falta entender en países como los nuestros. En este deporte hay compañerismo, solidaridad, sensibilidad y eso contribuye a que esta actividad sea mucho mejor”.