Exprefecto de la PDI cuenta su amistad con el escritor Roberto Bolaño

Recuerda los años en que fueron compañeros de curso y precisa que el intelectual se inspiró en él y en otro camarada de la policía para escribir su novela “Los Detectives Salvajes”.
domingo 04 de diciembre de 2016

Roberto Arriagada, policía que en la actualidad se encuentra en retiro en el sur de Chile y que fue prefecto de la PDI de La Serena, cuenta desconocidos sucesos de la vida del desaparecido escritor Roberto Bolaño, quien fue compañero de curso y con quien compartió hechos históricos que los ligaron para siempre.

Aunque Roberto Arriagada reconoce que nunca se imaginó que Roberto Bolaño llegaría tan lejos en la literatura y que se elevaría tan alto, siendo en la actualidad uno de los máximos referentes de los escritores de habla hispana, accede a conceder una entrevista vía telefónica con diario El Día, ya que en la actualidad reside al interior de Los Ángeles, en el sur del país.

Recuerda que fueron compañeros de curso, aunque no tiene claro cuál fue el momento exacto en que se hacen amigos o comienzan a hablar, ya que Bolaño era un joven tímido.

Pero tampoco imaginó que con el paso de los años y tras convertirse en policía su vida se cruzaría nuevamente con el escritor, cuando éste cae detenido en Chile, ni que lo tomaría a él y a otro policía como inspiración para escribir su famosa novela “Los Detectives Salvajes”.

Arriagada, con la serenidad de no tener ya el alto rango que llegó a ostentar como policía, da paso a sus recuerdos y narra que “estudiamos en el Liceo de Hombres de Los Ángeles algunos años y fui amigo de él”.

Lo define como a una persona “tranquila, observadora. Una de las grandes cualidades que yo veía en él y por eso  me acercaba, es que tenía muchos conocimientos, que incluso a veces llegaba a intervenir en la clase de un profesor y preguntaba un poco más avanzado de lo que se estaba explicando.

Desde ese punto de vista uno lo admiraba y conversábamos mucho en los recreos y era una persona sumamente tranquila, yo diría un tanto callada, un tanto apartada del resto, no era de los maldadosos. Eso permitió conocerlo más a fondo”, rememora Arriagada.

La personalidad de Bolaño evitó contactos muy profundos con el grupo de estudiantes y tenía conversaciones más de cerca, especialmente con Roberto Arriagada, quien por circunstancias de la vida volvería a cruzarse con él años después de dejar el colegio.

En este sentido precisa que en tercero medio Roberto Bolaño abandonó el liceo y emigró a México, donde vivió gran parte de su vida.

Si bien en la época de estudiante era retraído, el expolicía recuerda que cuando se presentaba algún conflicto entre los alumnos o en el colegio, “él intervenía y era el que centraba un poco las cosas. Era un tipo que a su corta edad ya tenía una mente más amplia. En ese tiempo no sabíamos que él iba a ser escritor ni yo policía tampoco. Si uno hubiese sabido lo hubiese observado aún más, pero sobresalía entre los demás en cuanto a sus conocimientos, pero no imaginé en esos años que llegaría tan alto. De hecho yo nunca me vi como un policía y logré llegar a la meta final y retirarme con todos los honores que corresponden y asimismo, no pensé que algún día él sería escritor”.

Consultado por las notas que obtenía el escritor en su época de estudiante, señala que “le iba muy bien, no era como yo”, señala y se ríe.

De todas formas se juntaban solo en el liceo, puesto que Bolaño vivía en el sector sur de Los Ángeles y Arriagada en el norte. Por lo tanto, las juntas que tenían eran con jóvenes de su sector. “Por lo demás, yo siempre me acuerdo que lo encontraba un poco solitario, no lo vi nunca en grupo o que compartiera con algún grupo para estudiar u otra cosa, que era lo que yo hacía con el grupo que vivía cerca de mi casa”.

Arriagada cuenta que una vez que se separaron en enseñanza media, nunca más tuvo noticias de Bolaño y que no se preocupó de hacerle ningún tipo de seguimiento, “porque cuando entré a la Policía de Investigaciones, prácticamente me dediqué a esa profesión y no hubo contacto. Además que en ese tiempo no había la tecnología que hay hoy día”.

 

EL ESCRITOR DETENIDO EN CHILE

Arriagada precisa que Bolaño no se olvidó de él y de un compañero de la Policía de investigaciones, y su inspiración “se basa exclusivamente en la actuación nuestra mientras éramos policías, ya que él la consideró salvaje”.

En este punto el exdetective cuenta que pasaron muchos años desde que se separaron en el liceo, pero por circunstancias de la vida sus caminos se vuelven a cruzar.

Un día cualquiera, mientras Arriagada cumplía sus funciones de policía en la prefectura de Concepción, Roberto Bolaño, que tenía ideas de izquierda, llegó al país a apoyar la causa de Salvador Allende. “Pero se encontró con un golpe de Estado y tengo entendido que algunos familiares eran de derecha y no le permitieron estar en sus casas, lo que lo llevó a viajar a Concepción a buscar otro refugio y fue detenido en un control de carabineros. No puedo dar las razones específicas, no sé si estaba en alguna lista, pero tenía acento extranjero (llevaba muchos años en México), usaba barba y en ese tiempo el que usaba barba y tenía acento extranjero, para adentro”, recuerda.

En esa época eran remitidos al cuartel de la PDI de Concepción, quienes actuaban como cuidadores de quienes estaban siendo investigados. “Una vez que se determinaba la participación de equis persona, se iba a la cárcel o se iba libre. En una oportunidad Roberto Bolaño fue entregado a la policía y en ese tiempo yo era soltero y vivía en el cuartel. A pesar de reconocernos en el momento, esperamos a que nos entregaran a la persona y después ya estando en poder  nuestro nos saludamos, él lloró, se emocionó, se quebraba muy fácil, era blando en ese aspecto, muy emotivo. Se acordó y nos abrazamos en ese momento, fue muy emocionante pese a que ambos estábamos en lugares distintos, pero no por eso dejé de prestarle ayuda”, afirma Arriagada.

Continúa narrando ese momento y señala que a pesar de tener ideas de izquierda no lo veía como una persona mala, como se pudiese hacer entender, además que no había cometido ningún delito. Era por sus ideas de izquierda que estaba detenido.

Como el expolicía en esa época vivía en el cuartel, tuvo tiempo de compartir ampliamente con el escritor, pero de manera que no fuera tan evidente la amistad que tenían. “Yo tenía tiempo de compartir, no solamente con él, también con otras personas (detenidas) que eran profesionales y había que apoyarlos porque la mayoría estaba en un clima donde solamente veían la muerte. De hecho, Roberto Bolaño decía siempre, de aquí no salgo vivo, mi familia, mis amigos, porque se veía que iba a ser muerto por el régimen de ese momento”.

El exprefecto de la PDI indica que en esos momentos en que decaía él le decía “no, Roberto, eso no ocurre aquí en la Policía de Investigaciones, tendrías que haber cometido un delito muy grave y tú sólo tienes ideas de izquierda. Así, día a día teníamos que estar apoyando en ese aspecto. Yo lo sacaba del calabozo para que tomara sol, conversábamos, nos fumábamos un cigarrito, le convidaba algún café, sándwich, porque visitas yo no me acuerdo que haya tenido”, cuenta.

Reflexiona y señala que lo que él hacía con su amigo Bolaño no estaba permitido, “lo cuento ahora que estoy afuera, porque ya no me pueden sancionar, pero en ese tiempo había que tener mucho cuidado, porque si a mí me veían prestándole colaboración, colaboración humana, no era bien visto, por lo que había que tener cuidado. Así que cada vez que lo sacaba del calabozo había que estar atento a que no llegara algún jefe o un fiscal, pero él lo sabía, porque cuando se acercaba alguien se metía inmediatamente al calabozo y todo seguía normal”.

En las conversaciones que mantenían en esas condiciones, Roberto Bolaño, que creía que ahí terminarían sus días, le demostraba su preocupación por lo que no haría. “Él tenía muchos proyectos de literatura e iban a quedar truncados”.

También confidencia que a veces pasaba por la ventanilla de la celda y Bolaño le decía que tenía hambre, por lo que se dirigía al casino y le traía algo. “En ese sentido lo atendí mucho y yo creo que él consideró que nosotros éramos salvajes porque nos arriesgábamos para atenderlo. Recuerdo que cuando teníamos que llevarlo a declarar se ponía nervioso, a veces lloraba, así que teníamos que apoyarlo, cuando volvía ya venía más tranquilo. Hasta que salió en libertad. Él dijo que había salido en libertad gracias a nosotros, pero no hicimos nada para que quedara libre, le prestamos apoyo psicológico, moral, de amistad, porque el que decidía era el fiscal (militar), nosotros ahí no teníamos injerencia, si éramos detectives nomás”.

 

EL ESCRITOR

Roberto Bolaño Ávalos nació en Santiago de Chile, el 28 de abril de 1953 y murió en Barcelona el  15 de julio de 2003. Fue escritor y autor de más de dos decenas de libros, entre los cuales destacan sus novelas Los detectives salvajes, ganadora del Premio Herralde en 1998 y el Premio Rómulo Gallegos en 1999, y la póstuma 2666.

Luego de su muerte se ha convertido en uno de los escritores más influyentes en lengua española, como lo demuestran las numerosas publicaciones consagradas a su obra y el hecho que tres novelas, además de las ya citadas, la breve “Estrella distante”, figuren en los 15 primeros lugares de la lista confeccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles, con los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años. 

Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas, entre ellos inglés, francés, alemán, italiano y neerlandés. Al momento de su muerte tenía 37 contratos de publicación en diez países. Póstumamente la lista creció para incluir más países, entre ellos Estados Unidos, y ascendió a 50 contratos y 49 traducciones en doce países, todos ellos previos a la publicación de 2666, su novela más ambiciosa. Además, el autor goza de excelentes críticas tanto de escritores como de críticos literarios contemporáneos y se le considera uno de los grandes autores hispanoamericanos del siglo XX, junto con otros escritores de la talla de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, con quien suele ser comparado.