Rugby Regional:El San Bartolomé fue más rudo en Argentina

Los rugbistas del club serenense consiguieron una hazaña histórica en San Juan tras alcanzar la Copa de Bronce en un torneo que se les complicó antes de comenzarlo. Un tercio del plantel se quedó en pana y sin comunicación en el paso Los Libertadores, mientras que el resto ya había llegado luego de 15 horas de viaje. Los viajeros dejaron el vehículo ahí, le pidieron a un camionero que los acercara y una hora antes que empezara el primer partido llegaron a la cancha con la camiseta y el escudo del San Bartolo en el pecho.
miércoles 14 de diciembre de 2016

Por: Martín Cheyre Ehlers

A las cinco de la mañana de hace dos viernes atrás, los deportistas del equipo de rugby San Bartolomé se subieron a dos vehículos que tuvieron como destino la ciudad de San Juan de Argentina. El tercero saldría a las 15 horas. Allí se realizaría el torneo Seven Internacional Agua Negra 2016, donde fueron invitados por el elenco de San Juan. 


No fue fácil llegar a jugar hasta allá. En primera instancia porque se les cerró la opción de poder viajar en un bus que llevase a los once jugadores, más algunos apoderados y pololas que acompañarían en esta travesía. El tema económico también jugaba un rol importante, puesto que el costo de transporte, hospedaje y alimentación eran cifras que los jugadores no tenían cómo costear.

Pero con la ayuda de los “Diablos”, jugadores que llevan varios años jugando en San Bartolomé y que ya llevan a la institución impregnada en la piel, pudieron financiar gran parte del viaje. Es más, el presidente del club, Alejandro Viada, puso su vehículo a disposición para que los jugadores pudiesen trasladarse. La ayuda de la Casa de Coquimbo en San Juan cooperó con el hospedaje, y así, pudieron armarse y participar en el Seven de Agua Negra.


Formato de campeonato: Dieciséis equipos, entre ellos, uno chileno y uno uruguayo. Siete jugadores por lado jugaban dos tiempos de siete minutos. Eran cuatro grupos de a cuatro equipos que jugaban todos contra todos. Todos los primeros lugares iban a las semifinales de la Copa de Oro, los segundos a la Copa de Plata y los terceros a la Copa de Bronce. La competencia partía y finalizaba el mismo sábado 3 de diciembre. 


Los primeros dos autos llegaron alrededor de las 20:30 horas del viernes, luego de 15 horas de viaje sin parar. Siendo generosos, no eran más de 30 minutos en los que descansaban para ir al baño y comer algo. 


Los jugadores se fueron a las cabañas para sacarse el viaje y estar lo más frescos posible para la extensa jornada deportiva que se les venía por delante, teniendo en cuenta que la temperatura bordeaba los 40 grados a la sombra. Durante la noche, sonó el celular del entrenador, Diego Álvarez. “Hola Diego, nos quedamos en pana acá en Los Andes”, decía el texto desde un celular anónimo.

No había más información. El técnico y los jugadores les respondieron que se devolvieran a Chile nomás, que era complicado que llegaran, que todavía les faltaban muchos kilómetros por recorrer y no querían que dejaran el auto tirado. Después de eso, no hubo más comunicación. Los jugadores se fueron a dormir. Al día siguiente, enfrentaban a Banco Rugby de Argentina.


 En plena madrugada, los celulares comenzaron a sonar. “¡Manden la ubicación de la cancha!”, pero nadie pudo responder ya que el sueño fue más profundo que la alerta auditiva del teléfono. Ya era sábado en la mañana. Buen desayuno, harta hidratación, uniforme del San Bartolomé y a la cancha. Pese a la baja de los compañeros del auto en pana, aperrarían con lo justo en el torneo, aunque el no tener cambios era complicado, puesto que el calor y el desgaste físico requiere de alguna sustitución. Ni mencionar alguna lesión durante el encuentro. Pero bueno, ya estaban allá y harían lo humanamente posible por no ser goleados por el resto de los equipos.


Antes de empezar el trabajo de pre competencia, los ojos de los jugadores se sorprendieron al ver a otros sujetos con la misma indumentaria que ellos. Las cuatro personas que se habían quedado en pana en el paso de Los Libertadores por problemas en la empaquetadura de la culata, le pidieron a un camionero que los acercara hasta San Juan. No querían perderse la oportunidad de representar al equipo de sus amores en el extranjero, y así arribaron al lugar. 


La energía del grupo creció exponencialmente y el capitán Francisco Hernández, de tan sólo 19 años, arengaba a su equipo a que tenían que dejarlo todo, tal cual lo hicieron sus compañeros que llegaron en camión. 


En la fase grupal perdieron dos partidos y ganaron uno, lo que estaba dentro del pronóstico, ya que en un principio no se tenían tanta fe. El jugar en Argentina les traía recuerdos de los Pumas, de jugadores profesionales a los que les sería muy difícil vencer, más todavía con el clima que les jugaba en contra. Pero ese triunfo en la primera fase les permitió clasificar a las semifinales de la Copa de Bronce, donde se midieron frente a Huaziul de Argentina, y ganaron 2-1 con try de Javier Zepeda y de Francisco González.


La final fue contra Caucete de Argentina. Ganaron 4-2 con try de Javier Zepeda, Justin Canales, Juan Guillemaín y un jugador parche. La algarabía fue inmensa luego del pitazo final. “Nunca pensamos que nos íbamos a traer una copa a Chile”, señaló el capitán Francisco Hernández. “Los argentinos nos decían que superamos las expectativas porque no nos tenían nada de fe”. agregó el Hernández. Es más, se transformaron en el equipo revelación del campeonato, situación que hizo ganarse el cariño del público que terminó alentándolos en la final. Tras cartón vino la premiación y luego el clásico tercer tiempo que contó con una banda en vivo. Se armó una verdadera fiesta.


Hoy están en La Serena, con la frente en alto y con el orgullo de haber conseguido una copa que nadie imaginó, y más todavía, por haberle entregado otra copa a la vitrina del club de sus amores, el San Bartolomé.