La guardiana del legado de Gabriela Mistral que tuvo el privilegio de conocerla
Con un sentimiento de gratitud finaliza el año 2017 una de las vecinas más queridas de la localidad de Montegrande. Esto porque hace dos meses la calle principal del emblemático pueblo de Paihuano lleva su nombre, cambio realizado a modo de reconocimiento por sus más de 30 años al servicio del legado mistraliano.
Se trata de Bética Rojas, quien asumió como encargada del Museo de Sitio Casa Escuela Gabriela Mistral, ubicado al sur de la comuna elquina, a sólo un año de la apertura del inmueble al público. Además la mujer tuvo la oportunidad de conocer a la Premio Nobel de Literatura en su última visita a la región de Coquimbo el año 1954.
Bética tenía 11 años cuando la escritora recorrió por última vez su querido valle de Elqui, paraíso terrenal que atesora sus recuerdos de infancia. “Fue muy impresionante verla porque era muy alta y transmitía una espiritualidad muy grande a través de su mirada. Tenía un aura muy linda”, rememora sobre sus sensaciones al conocerla.
LA CUNA DE LA OBRA MISTRALIANA
Las montañas del cálido valle de Elqui fueron la cuna de inspiración de Gabriela Mistral, tierras que albergan la emocionalidad de sus primeros escritos. Y es que la poetisa nacional pasó parte de su infancia en la localidad de Montegrande, ubicada en la comuna de Paihuano, donde también fue enterrada.
Desde los tres a nueve años, Lucila Godoy Alcayaga vivió junto a su madre y media hermana en una sencilla casa de adobe del pueblo, construcción que hoy es considerada Monumento Histórico y uno de los ejes principales de la ruta patrimonial de la pedagoga y diplomática chilena.
Su hermana Emelina, quien era maestra de primaria, funda una escuela en su propia casa, donde educa a 36 alumnos, incluyendo a Gabriela Mistral. Las clases eran dictadas en una pieza que medía alrededor de 20 metros y en la otra se encontraba la habitación familiar. Uno de los atractivos de la casona es su patio con vista al río.
ORGULLO LOCAL
Para los vecinos y autoridades de Paihuano, Bética Rojas es considerada un verdadero tesoro humano por su acabado conocimiento de la vida y obra de Lucila Godoy Alcayaga. En tanto, Rojas se siente bendecida de ayudar a preservar el legado de una de las principales figuras literarias chilenas.
“Para nosotros como montegrandinos es un orgullo tener a una Premio Nobel y más en aquella época donde no existía ningún adelanto tecnológico, ese es el valor más enriquecedor que tenemos nosotros, haber sido la cuna de una gran poetisa como lo fue Gabriela Mistral”, expresa Rojas.
Sobre el valor cultural de la localidad de Montegrande, la mujer cuenta que todos los poemas de Lucila Godoy Alcayaga están basados en el entorno geográfico donde vivió. “A los seis años ella escribió ´Piececitos de niño, azulosos de frío’ viendo que sus compañeros asistían descalzos a la escuela”, recuerda.
En plena temporada estival, aumentan las visitas a la tradicional casona, especialmente de turistas, quienes se emocionan al entrar en contacto con los primeros años de vida de la escritora, principalmente cuando llegan a conocer su dormitorio.