Triunfal debut de Ribera saca a Coquimbo Unido del fondo
Había sido claro el técnico Juan José Ribera apenas arribó nuevamente al puerto de Coquimbo, que para levantar la campaña y conseguir buenos resultados, es necesario levantar la confianza y moral de los jugadores. Por sobre un boceto táctico, que no deja de tener relevancia, el deté que recién el domingo tuvo un primer cara a cara con sus dirigidos, había reiterado el hecho de que la actitud y compromiso, muchas veces te llevan a lograr un resultado y lo que los Piratas necesitan en estos momentos, son resultados que le permitan afianzarse en la tabla de colocaciones para despegar del fondo de la clasificación.
Sin temores
Y vaya que tenía tarea el Coto. Al frente estaba Palestino, equipo que llegaba con una racha de ocho partidos sin saber de derrotas y dos de los equipos que comenzaban la fecha en igualdad de condiciones que ellos, Universidad de Concepción y O’Higgins, habían conseguido ganar. Era su turno y la tarea la sacaron adelante, no sólo por el deseo de triunfo que mostraron sus dirigidos, sino también por el compromiso mostrado ante un rival que era el claro favorito en el césped del Sánchez Rumoroso.
Como referencia del equipo que venía de caer estrepitosamente ante la U. Católica, Ribera dispuso de tres variantes, tanto en defensa como en la zona media. Puso a Juan Carlos Espinoza por la banda derecha y dispuso que Jhon Salas, se moviera por el pasillo izquierdo, acompañado a la dupla de centrales compuesta por Pereyra y Berardo.
La mayor impronta llegó al mediocampo, ya que retrasó a esa línea a Farfán, quien además, ventila constantemente por ese callejón, colocando a Aravena y Abdala en la recuperación, dejando que fuera Luis Pedro Figueroa, quien aparecía por la izquierda como el responsable de acompañar a los puntos Abrigo y Pinto, quienes por momento parecían naufragar en el mar de hombres árabes.
Solidez defensiva
Así dispuesto el equipo, Palestino prácticamente no llegó en el primer capítulo, pese a sus hombres del medio, dialogaban bastante bien con el balón, buscando abrir la defensas rivales por las bandas. Si bien y por momentos lograron quebrar las dos líneas porteñas, ese dominio se hizo infructuoso y poco práctico cuando debían profundizar. El meta local, no intervino prácticamente en esta etapa, guardándose su mejor repertorio para el capítulo final.
Muchas fricción y por las aproximaciones, marcaron los primeros 45 minutos. Un par de arrestos individuales de los puntas piratas, fue lo más rescatable de un partido que no lograba prender.
Cierto. Coquimbo buscó neutralizar a su oponente y lo logró. Creo un circuito que fue destruyendo los circuitos que quiso unir Cortés y en la medida que el zurdo se fue gastando, el juego del rival, también se fuer opacando.
El gol de Pinto
En la segunda fracción el juego no se alteró. Se veía complicado que alguno de los equipos quebrara la monotonía de un juego que se arrastraba y si bien Palestino, era mejor en la conducción, nunca logro desprenderse del ritmo chato, cancino y abúlico con el que quiso adormecer el juego aurinegro.
Muy por el contrario. Si al comienzo existían dudas de si las piernas le alcanzarían a los hombres de Ribera para sostener la presión, en el periodo final y luego del gol de Pinto, que nace de una marca alta que termina con la participación de Figueroa y Farfán antes de que el ariete la empujara al fondo del arco, Coquimbo se agigantó, creció colectivamente y aparecieron sus figuras como el portero Cano, quien al menos en cuatro ocasiones evitó que llegara el empate con remates de Guerrero, Tarifeño (en dos ocasiones) y en un cabezazo de Acevedo que se colaba por el primer palo.
Y no sólo se afianzó la figura del cuidatubos trasandino, sino que de un equipo que terminó con madurez y tranquilidad, como si con Ribera llevaran muchos meses de trabajo, jugando con la presión que le endosaron a los tetracolores, que recién cuando se vieron en desventaja, salieron de su letargo.