Exponentes de Bailes Religiosos mantienen vivas la emoción y tradiciones

La explosión de fe que se vive en la Fiesta Grande de Andacollo

A decir de los experimentados exponentes de las agrupaciones de bailes locales, la principal convocatoria religiosa de la Región de Coquimbo deriva en una gran demostración de fe de los miles de feligreses que cada año se dan cita en el pueblo minero para venerar a “la Chinita”.
lunes 16 de diciembre de 2024

Con una programación eucarística que partió este domingo 15 con las Novenas que se extenderán hasta el 23 de diciembre, la Fiesta Grande de la Virgen de Andacollo está llamada a ser el epicentro de la fe y la esperanza en la Región de Coquimbo.

Con decenas de actividades programadas, entre misas, rezos, vigilias y procesiones, la celebración que culminará el viernes 27 de diciembre mantendrá encendida la fe de los miles de feligreses que asisten cada año a la comuna minera.

Si bien la concentración también admite actividades turísticas, culturales y comerciales, es la creencia religiosa la que mantiene vigente la convocatoria anual.

Así lo ha entendido en sus 63 años de vida -todos dedicados a los bailes religiosos- el Cacique General de los Bailes Chinos de Andacollo, Jaime Guerrero.

“Yo estoy en los bailes religiosos desde que nací, incluso desde el vientre de mi madre. Estoy desde hace 63 años cuando mi mamá me entregó a los bailes religiosos, porque ella me entregó de 3 meses de vida a la Virgen de Andacollo, y al año y tres meses ya yo andaba bailando, según me contó ella misma. Yo soy integrante del primer baile chino que se estableció en Andacollo, que es el Baile Barrera #1 que está formado y reconocido desde 1584”, explicó Guerrero a El Día.

Emoción y responsabilidad

En premio a su trayectoria, el experimentado Guerrero asumió hace ocho años la responsabilidad de ser el Cacique Mayor de una de las agrupaciones religiosas y culturales más antiguas del país, y con ello, el coordinador de los bailes en la Fiesta Grande de Andacollo, la tercera con más visitantes en Chile.

“La responsabilidad es bastante grande. Es lo máximo a lo que uno puede aspirar en este ambiente de los bailes religiosos, a pesar de que yo nunca lo aspiré. La responsabilidad es también por dirigir los más de 100 bailes religiosos que vienen a Andacollo, que es una satisfacción muy bonita. Es algo que a uno lo llena de fe, de alegría, como también de muchas tristezas cuando las cosas no salen bien”, afirma.  

De hecho para este año se esperan al menos 140 agrupaciones de bailes religiosos de toda la Región de Coquimbo y también de las regiones de Antofagasta, Atacama y Valparaíso, lo que sumarían entre 10 y 12 mil personas entre participantes, familiares, apoderados y colaboradores de cada organización.

“La primera vez que yo asumí como Cacique, yo mismo me pregunté ‘¿qué hago yo acá?’ Porque realmente no sabía qué hacer. Había que aprender a dirigir lo que era una procesión, había que aprender a dirigir a muchos bailes religiosos, a concentrarse en eso, a cuidar que a la Virgen nada le pasara. La primera vez que saqué a mi ‘Chinita’ en procesión me las lloré todas, porque no sabía qué hacer. Todavía me acuerdo que a mi lado iba el Arzobispo, don René Rebolledo, quien se volteó y me dijo ‘Jaime, esta es tu fiesta, asúmela’, porque me vio llorando. Esa vez lloré de mucha emoción, por ser el Cacique, y porque cuando voy con la Virgen, igual me sale mi llanto”, explica. 

Y es que la emoción se entrelaza con la fe, sobre todo en el marco de la tercera convocatoria religiosa más grande del país.

“Es una explosión de fe muy grande. Es demasiada la fe que se desborda, con mucha gente que llega de rodillas a la iglesia, con sus hijos en los hombros. Yo mismo antiguamente también entraba de rodillas y cuando hay que hacerlo lo sigo haciendo. La fe es muy grande. Todo el mundo llega a pedir a la Virgencita para que ella los ‘aliente’ de alguna enfermedad, o por un hijo que esté en la universidad, o uno mismo pide por salud y por su familia. Es una emoción muy grande que uno siente cuando llega allí y se presenta la Virgen”, subraya. 

Consultado acerca de una experiencia personal muy significativa en el marco de la Fiesta de Andacollo, Guerrero apuntó a un episodio que le cambió la vida.

“Mi emoción más grande es haber cumplido una manda que tenía, por los ataques de epilepsia que mi hija sufría, tal como yo los sufrí. Y ver que ella se ‘alentaba’ desde que la habíamos entregado a la Virgen, es la emoción más grande que yo puedo sentir”, apuntó el Cacique.

Juventud y fe

Con menos de la mitad de la edad de Guerrero, Nicolás Villalón, pertenece a la Pastoral Juvenil y es representante de la Vicaría de Coquimbo en la Arquidiócesis de La Serena, además de ser segundo jefe y uno de los fundadores del Baile Religioso Indios Cheyennes del Rosario, de Coquimbo. 

A Villalón lo presentaron en un baile religioso cuando todavía no había cumplido un año de nacido. Junto a su familia, ligada a la actividad cultural y religiosa, siempre ha estado presente es las fiestas de la Virgen de Andacollo. 
“De niño siempre estuve con mi familia, pero a los 13 años me integré en otra agrupación y estuve allí hasta los 25, cuando en conjunto con otras personas fundamos el baile religioso en el que estoy ahorita”, explicó. 

Sobre su participación en la convocatoria andacollina, el joven de 29 años asegura que la fe juega un papel muy importante en la asistencia de la gente.
“Entonces, ver que la fe no se está perdiendo y que más bien ha aumentado, es importante, es muy bonito. Por eso encuentro que es muy valioso asistir a estas fiestas religiosas tan masivas”, valoró.

-¿Qué se siente participar directamente en la Fiesta de Andacollo?
”Se siente algo increíble. Son inexplicables esas sensaciones, porque son una mezcla de todas las emociones. En una sola se unen la alegría, la tristeza, la satisfacción, a veces la rabia, todo en una sola; es inexplicable esa sensación. Cuando uno llega a Andacollo, y en mi caso a cumplir una promesa danzando, es muy bonito. La gente ve el sudor, nos ve cansados, nos ve quemados, nos ve agotados, pero al momento de estar danzando frente a la imagen es una gran satisfacción, aunque es inexplicable la sensación y los sentimientos que uno siente en ese momento. Son muy bonitos, porque además estás en un lugar mágico”.

Al respecto, señaló que uno de los momentos de tristeza en la celebración, es cuando ésta culmina.

“Uno no quiere que la fiesta termine. Uno quisiera que la fiesta fuera eterna y poder quedarse allá. Porque de verdad es tan bonita la sensación de estar allá bailando, compartiendo con muchas personas, es tan bonita la sensación de ver tanta fe, que cuando llega el momento de tener que bajar y volver a nuestra vida cotidiana muchos hasta lloramos, y lo que queremos es que pasen rápido los meses para volver a estar allí”, reconoce.