ayer comenzó juicio oral por brutal homicidio en alfalfares

Asesinato de Camila: Imputado dice que actuó drogado y que no conocía a la víctima

El sujeto, único acusado por el caso y vecino de la joven madre asesinada en julio de 2024, declaró que la madrugada del crimen consumió cocaína y tusi, y que dicha mezcla lo hizo “borrarse”, lo que habría derivado en el asesinato de la mujer y el ataque a su pequeña hija. Por su parte, un perito de la PDI detalló que las casi 100 lesiones que presentaba Camila se concentraban principalmente en el tercio superior del cuerpo y en el cráneo.
jueves 10 de julio de 2025

Poco más de año ha trascurrido desde que un brutal ataque impactara a la comunidad de Alfalfares en La Serena.

En efecto, fue el 3 de julio de 2024, cuando Camila, joven madre de 29 años de edad y su hija de 5 años, fueron atacadas por un sujeto que vivía en la casa vecina, propinándole sendas heridas con un arma blanca, lo que en el caso de la joven, resultó fatal, al intentar proteger a su pequeña hija, quien quedó con heridas de gravedad, aunque logró sobrevivir. 

Es en ese contexto que, ayer, se dio inicio al juicio oral contra el único imputado por este brutal crimen, proceso que tendrá una duración de siete días y que contará con más de 20 testigos y peritos. Al respecto, el Ministerio Público imputa al acusado de cometer un delito de femicidio consumado en perjuicio de la joven madre, además, de un delito de homicidio calificado frustrado en contra de su pequeña hija, de iniciales F.E.S.R.

En ese sentido, el fiscal del caso, Eduardo Yañez, manifestó que durante el  juicio se presentarán prácticamente todos los medios de prueba como testigos, peritos y otros medios como fotografías y planos en los que se trabajaron durante la investigación. 

“La convicción es que en la madrugada de esa fecha, la persona acusada es el autor material directo de dos delitos en que son víctimas una mujer y una menor de 5 años de edad”, aseveró el persecutor.

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VIOLENCIA Y CONSUMO DE DROGAS

El juicio comenzó con la declaración voluntaria del imputado, quien si bien, reconoció la autoría del hecho, adjudicó su cometido al consumo de drogas.

El sujeto indicó que ese día 3 de julio de 2024 había terminado su turno en la empresa minera en que trabajaba como jefe de turno, cuando de regreso a La Serena uno de sus compañeros lo invitó a consumir alcohol y drogas.

Junto a éste, adquirieron unas cervezas y cocaína, sustancias que consumieron en una plaza de Alfalfares. La jornada, afirmó, se extendió luego a la casa de un amigo, ubicada en Las Compañías, donde el consumo de sustancias ilícitas continuó hasta altas horas de la madrugada.

 Alrededor de las 3 de la mañana,  aseguró en su relato, decidió volver a su casa, por lo cual, su compañero lo fue a dejar a su casa en su camioneta. Sin embargo, la historia no terminó ahí, pues, ya en su hogar, consumió una última cerveza y una dosis de cocaína restante. 

La imperiosa necesidad de consumir más droga, sin embargo, le hizo recordar que tenía en su poder una bolsa con “tusi”, la cual le había regalado su compañero hace unas semanas, sustancia que consumió de inmediato.

Fue entonces, asegura el imputado, cuando la realidad “comenzó a desdibujarse”. 

“Empecé a marearme y llegó un momento en que perdí la noción de dónde estaba”, relata. Caminando sin rumbo por las calles, su mente lo llevó a una casa abandonada cercana a su domicilio. 

“Me metí a esa casa”, recuerda, en un estado de euforia y desorientación total.

El imputado aseguró que la memoria de los minutos siguientes se vuelve difusa y fragmentada por el efecto de las sustancias ilícitas. 

Fue así, prosiguió en su relato, que en algún punto de la noche, se encontró con el cuchillo que usaba habitualmente en su trabajo, una herramienta que siempre llevaba consigo. La falta de claridad sobre cómo o por qué lo tomó solo intensifica el escalofriante recuerdo.

La última imagen que su mente logra retener, afirmó, es la de estar dentro de una casa, pero no la que estaba abandonada, sino otra, donde “pasó lo que pasó”, dijo. 

En su relato, aseguró haber visto una silueta en una cama y “sentir la necesidad de atacar” y una voz que le decía “‘atácala’ en mi cabeza”.

“Empecé a apuñalar a la persona que gritaba, no sabía si era hombre o mujer (...). Empezamos a forcejear. Por lo que recuerdo, empezó a gritar y yo, en vez de haberle tapado la boca, empecé como a apuñalarla, haciendo como que se callara, por lo que me acuerdo. Estaba en eso y de repente veo que las sombras se parten, como que sale alguien detrás de ella. Una silueta más pequeña a su lado, al lado de ella. No se veía (...); seguí forcejeando y llegó un momento en que ella ya no decía nada. De ahí salí”, afirmó ante el tribunal.  

Tras el ataque, dijo haber salido de la casa para dirigirse al río Elqui en las cercanías del puente Zorrilla. 

“Sabía que había hecho algo, le decía, pero no sabía a quién. Llamé a mi señora o ella me llamó, le dije  que me viniera a buscar, que había hecho algo malo. Me encontró mi cuñado, mi pareja y mi cuñada. Ellos me llevaron a los carabineros. Me fui gritando, llorando, pidiendo perdón a mi esposa”, asegura el sujeto.

El imputado señaló que recién en Carabineros supo a quién había atacado, asegurando que no conocía a Camila.

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FIJACIÓN POR CAMILA

Estos últimos dichos del imputado, sin embargo, contrastan con los aseverados en el juicio por otros intervinientes, quienes dieron a conocer que, en meses previos al crimen, el acusado observaba de forma insistente y lasciva a su vecina cuando ésta se encontraba en el exterior de su domicilio, llegando a incomodarla con estas situaciones, situación que la víctima, además, comunicó a su pareja y a otras personas cercanas. Al respecto, Marcia Gallardo, abogada de la familia de Camila y del Centro de Atención a Víctimas de Delitos Violentos de La Serena, indicó que parte de la tesis de la defensa, que se planteó desde el inicio del juicio, sería la falta de imputabilidad, bajo la premisa de que el imputado no recordaba lo que hizo, debido a un estado de privación de sentido provocado por el consumo de drogas, “situación que no compartimos”, expresa la profesional. 

“Él habría acechado en varias ocasiones a la víctima, incluso cortándole el gas cuando se estaba bañando para que saliera en toalla a ver qué pasaba. Por eso sostenemos que se trata de un femicidio. Creemos que, aunque no existen antecedentes directos, sí hay una serie de pruebas indiciarias,  que nos llevan a pensar que el acusado tenía una fijación con Camila”, afirma la abogada. 

Gallardo recuerda que el imputado incluso podría haber tenido comportamientos similares con otras mujeres. “Por eso mis preguntas hacia él fueron tan directas, considerando que tiene una condena previa por abuso en contra de una mujer. Podría haber sido contra un hombre, pero no: fue una mujer, en la vía pública, en la Quinta Región. Ese es uno de los antecedentes que se tiene. Además, esa idea podría haberse desatado con el consumo de drogas. De hecho, el propio imputado sostiene esa tesis cuando declara que algo en su interior le decía: ‘¡Atácala!’”, sostuvo la abogada querellante.

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“HOMBRE MALO”

Otra de las testigos que intervino durante la primera jornada de juicio fue Cristi Lemus, cuya madre es la propietaria del sitio donde estaba instalada la cabaña en la que vivía Camila y su familia.

 La joven declaró que esa noche del crimen mientras estudiaba, alrededor de las 3:50 de la madrugada del 3 de julio de 2024, escuchó golpes y gritos por cerca de 20 minutos provenientes de los alrededores, pero no pensó que podía ser algo grave. 

Ante el tribunal, la mujer agregó que en la mañana, a las 9:20 horas, fue alertada por los gritos de la niñera de la hija (5) y hermana (8) de la víctima, quien llegó al lugar luego de recibir mensajes de audio de una de las menores.

Tras llegar su madre al lugar, ésta ingresó a la cabaña donde se encontró con las niñas - la hija y la pequeña hermana de Camila - “sucias, con sangre en la ropa”. Una de ellas de hecho, tenía el rostro herido. 

Ambas menores relataron, según la testigo, que “un hombre malo” había entrado y atacado a la víctima, mientras ellas se escondían. Señalaron además, que el sujeto las encerró y les pidió que no salieran y que “dejaran dormir” a Camila.

TESTIMONIOS DE UNA AGRESIÓN BRUTAL

El último de los intervinientes fue un perito de la Brigada de Homicidios de la PDI de La Serena que dio a conocer el informe pericial, revelando detalles escalofriantes sobre la escena del crimen, como que la mayoría de las lesiones se concentraban en el tercio superior del cuerpo y el cráneo de la joven madre. 

El funcionario de la PDI explicó que la meticulosa revisión de las evidencias arroja luz sobre los últimos momentos de vida de Camila y la dinámica del violento suceso.

“El dormitorio donde yacía la víctima, mostraba un desorden generalizado. La televisión estaba sobre la cama y, a simple vista, en la sábana superior, se apreciaban manchas pardo-rojizas, indicando la presencia de sangre”, relató el perito.

Tras esto, procedieron a analizar el cuerpo de la víctima, el cual fue encontrado en decúbito dorsal (boca arriba), y se identificaron nuevas manchas de sangre.

 El examen detallado del cuerpo reveló un panorama desgarrador. 

Predominaban las lesiones cortopunzantes en la región del cuello y la cara, “con bordes netos y limpios”, sugiriendo el uso de un elemento cortante. La región frontal izquierda presentaba una equimosis de aproximadamente 2.5 centímetros, una mancha violácea que, junto con otras lesiones menores, fue interpretada como signos de lucha, consecuencia de la resistencia de la víctima.

 El perito prosiguió con su descripción, indicando que en la región malar derecha de la joven, se halló “una herida cortopunzante de 2.5 centímetros con un dibujo semilunar, que no llegó a penetrar”. 

“Las regiones auricular posterior y del labio también presentaban diversas heridas cortopunzantes, con rastros de cabello en los labios de la víctima. Las lesiones cortopunzantes en la cara anterior izquierda del cuello mostraban distintas direcciones, tanto horizontales como verticales, afectando también la extremidad superior izquierda, a la altura del hombro”, detalló el perito.

 El policía sostuvo además, que las manos de la víctima eran un punto clave de evidencia, pues el dorso de ambas presentaba lesiones cortopunzantes y la presencia de cabellos, interpretadas como lesiones de defensa, causadas al intentar protegerse del ataque.

 “Un hallazgo particularmente significativo fue la presencia de equimosis (moretones) en las crestas ilíacas, tanto izquierda como derecha, con un color violáceo característico”, agregó, puntualizando que, dado que la mayoría de las lesiones letales estaban en el tercio superior del cuerpo, estas contusiones en la zona pélvica podrían sugerir un intento del agresor de inmovilizar a la víctima con sus manos para perpetrar el ataque.

 Otro elemento clave encontrado fue un gorro negro tipo jockey “de los Chicago Bulls”, el que también presentaba manchas de sangre y que fue reconocido por el imputado como de su propiedad. 

Desde el Ministerio Público indicaron que la recolección de estas pruebas fotográficas y el minucioso análisis de las lesiones son fundamentales para la investigación judicial en curso, buscando esclarecer los hechos y determinar responsabilidades.

IMPORTANTE: El Tribunal de La Serena prohibió entregar la identidad del imputado, pese a que ya es de conocimiento publico hace más de un año