Además, ya tiene un trato acordado con otro productor local
Teatro Centenario: arrendador asegura que espacio seguirá ligado a la cultura
Luego de su pérdida de rentabilidad como sala de cine tras la llegada de las multisalas, el Teatro Centenario de La Serena ha enfrentado una serie de vicisitudes mientras busca recuperar su identidad. Incluso, estuvo una década bajo la administración de la familia Cuturrufo, quienes le dieron una identidad musical que no terminó de llenar las expectativas económicas que se requerían para sostenerse, por lo que el propietario del inmueble, el Arzobispado de La Serena, buscó una nueva fórmula para mantenerlo en pie.
Es así como se logró un trato con Inversiones Alta Cruz SPA como intermediario, quien lo arrendó a Teatro Centenario SPA, empresa de Sebastián Bravo, para su gestión y funcionamiento, con el compromiso de devolver la identidad cultural que siempre ha debido tener. Es así como Bravo, en un principio logró darle un buen funcionamiento al teatro con shows de primer nivel pero, con el correr del tiempo, éstos han ido disminuyendo en frecuencia.
En este contexto, Bravo dio a conocer la existencia de un litigio legal, por lo que podría peligrar el espacio. No obstante, Luis Retamal, representante legal de Inversiones Alta Cruz SPA, empresa que tiene suscrito el contrato con el Arzobispado de La Serena por el Teatro Centenario hasta 2040, en conversación con Diario El Día abordó en detalle la situación de este espacio.
En primer lugar, respecto a cómo se dio el acercamiento con Sebastián Bravo, explicó que “fue a través de una empresa de corretaje de propiedades, porque nosotros confiamos en el proyecto, y habíamos recibido y arrendado hace más de un año el local. Por lo tanto, habíamos hecho algunos avances, estábamos trabajando con el arquitecto en los permisos con Monumentos Nacionales, que son lentos y tediosos. Además, habíamos hecho limpieza en el lugar, habíamos retirado un montón de material que estaba en muy mal estado: el piso de madera, las butacas que quedaban cuando nosotros recibimos esto, que eran una ruina, están guardadas. Y nos pareció una alternativa razonable en comparación a lo de la municipalidad poder contar con esta empresa”, relató.
En esa línea, detalló que “acordamos un arriendo a 17 años plazo, porque ya no nos quedaban los 20 años, sino que nos quedaba menos plazo, ya que había pasado un tiempo desde que habíamos arrendado esto, porque fue en 2020 hasta 2040”.
“Entonces” - prosigue - “firmamos un contrato de arriendo con ellos, a través del cual, le entregamos un año de gracia. El primer año no pagó arriendo, y el precio era escalonado. El primer año era más bajo el arriendo y después empezaba a subir hasta llegar al valor normal”.
INICIO DEL CONFLICTO
Según Retamal “después del año de gracia empezamos a tener inmediatamente problemas para poder cobrar el arriendo. De hecho, los primeros cuatro meses le tuvimos que dar un 50% adicional de descuento. Posterior a eso, pagó cinco meses y dejó de pagar el arriendo hace 16 meses. En marzo de 2024 fue el último mes que pagó”.
Ante ello, señaló que se vieron obligados a solicitarle la restitución del inmueble, “porque la idea es que si uno arrienda algo, es para recibir el arriendo de vuelta, porque al Arzobispado sí le cancelamos. Llevamos un largo periodo de tiempo donde nosotros le pagamos al Arzobispado, pero Sebastián no nos paga a nosotros”, sostuvo.
“Sin embargo, él lo subarrienda y recibe ingresos, y lo explota como sala de espectáculo y como restaurante, y todos los ingresos que él genera con el edificio no pagan arriendo desde hace mucho tiempo”, recalcó.
Por tal motivo, enfatizó en que “es evidente que no es una situación ni normal ni sostenible en el tiempo”.
Consultado por los argumentos que Bravo da para no pagar el arriendo, Retamal sostuvo que “en nuestra opinión, no tienen ninguna validez. Son excusas que no se condicen ya que nos acusa de incumplimiento. Las cosas que él solicita como incumplimientos nuestros en el contrato figuran como obligaciones de él, tales como la recepción municipal, que él dice que no sabía que existía, pero es imposible estar trabajando en un edificio sin regularización. Se siente estafado porque dice que se le engañó. Sin embargo, en el mismo contrato dice que él recibe a total satisfacción y que conoce plenamente el estado del edificio”.
En esa línea, remarcó que “se le entregaron todos los antecedentes, los documentos y estos incumplimientos que él dice, no los dice cuando realmente se supone que debería ser, sino que los dice cuando ya lleva harto tiempo sin pagar el arriendo. Entonces son excusas”.
DESTINO DEL EDIFICIO
Frente a los rumores que el Teatro Centenario podría llegar a ser un mall chino o una galería comercial, el mismo Retamal fue enfático en señalar que no será así. “Lo más importante es que el destino cultural del edificio nunca ha estado en discusión. De hecho, podemos comentar que tenemos cerrado un acuerdo con un nuevo operador cultural que le va a dar mucha más potencia, ya que es un profesional de alto nivel en el área”, adelantó, aunque por lógicas razones no reveló de quien se trata, “porque, lamentablemente, después nos enteramos por Leo Valeria (de Transistor) que habría sido estafado por Sebastián y lo habría dejado fuera de la operación. Entonces Sebastián, que es abogado, que no tiene por qué saber de este tipo de oficio, está manejando esto, en nuestra opinión, sin las competencias”, aseguró.
Respecto a las acciones legales, explicó que “nosotros demandamos por el no pago de arriendo. El juicio ya terminó y estamos esperando la sentencia. El mismo Sebastián dice que el contrato lo van a desahuciar. Obviamente que se va a desahuciar si no paga, y en el contrato dice claramente que si no paga, es motivo de término”, subrayó.