Entrevista

La apuesta espacial de Matilde Gaete, joven aspirante a ser astronauta

Con apenas 23 años, esta joven ha convertido su curiosidad infantil en un proyecto de vida. Estudia Ingeniería en Física, entrena en programas internacionales y dedica parte de su tiempo a inspirar a niños y jóvenes con charlas motivacionales. Su meta es clara: antes de 2030, participar en una misión orbital.
viernes 03 de octubre de 2025

Matilde Gaete Tapia es una joven chilena estudiante de Ingeniería en Física en la Pontificia Universidad Católica de Chile, que persigue un sueño extraordinario: convertirse en astronauta y ser parte de la nueva era de la exploración espacial. Desde pequeña, su curiosidad y convicción la han guiado en un camino de preparación rigurosa, buscando comprender el universo desde una dimensión tanto científica como tangible, a través de la ingeniería.

En entrevista con Diario El Día, Matilde comparte su fascinación por el espacio y el impacto que su labor puede tener en las nuevas generaciones.

–¿Qué despertó tu interés por el espacio y, específicamente, por convertirte en astronauta?
“Siempre fui muy curiosa. Me gustaba entender cómo funcionaba todo lo que me rodeaba, y eso se extrapoló al espacio. Me dije: ‘quiero comprender cómo funciona el universo, dónde estamos y hacia dónde vamos’. Al principio me fascinaba la astronomía, pero llegó un momento en que pensé: quiero estudiar el espacio desde la Tierra, explorarlo desde una dimensión más tangible, desde la ingeniería, desarrollando naves, robots o incluso siendo yo misma parte de esas misiones. Fue entonces cuando descubrí esta nueva era de la exploración espacial, en la que se busca retomar las misiones de espacio profundo, más allá de la órbita terrestre, como ir a la Luna o a Marte. Pensé: ‘esto viene pronto, y estoy en una muy buena edad para empezar a prepararme’”.

–Mencionaste que el espacio ofrece beneficios para la Tierra. ¿Cómo los separas?
“Los divido en dos categorías. Están los beneficios tangibles, que son todas las tecnologías derivadas de las misiones espaciales y que impactan directamente en la vida cotidiana, como las máquinas de resonancia magnética o el velcro, uno de los inventos más conocidos de la exploración espacial. Pero también está la dimensión intangible, que a menudo se pasa por alto y es igualmente relevante. Me refiero al llamado ‘efecto perspectiva’, un cambio cognitivo que experimentan los astronautas al ver la Tierra desde el espacio. Ellos regresan con una conciencia distinta, con el deseo de proteger el planeta porque lo comprenden como lo que realmente es: un punto flotando en el universo, un grano de arena. Esa mirada nos entrega humildad como humanidad, y hoy más que nunca necesitamos esa perspectiva”.

–¿En qué etapa de preparación te encuentras actualmente?
“Continúo con mis entrenamientos. En octubre viajo nuevamente para realizar un programa de ingreso de cápsula, parte de la formación para una futura misión orbital, que es el foco principal. Paralelamente, participo en actividades como las organizadas con Cuprum y Dejando Huella, que considero muy valiosas porque me permiten transmitir este mensaje a las nuevas generaciones: ellos también pueden ser parte de este camino”.

–¿Cómo ha impactado en ti esta capacitación?
“En Chile el área de operaciones espaciales aún no está desarrollada. La base matemática y científica me la ha entregado mi universidad, que es excelente, pero lo aplicado al espacio lo he adquirido en el extranjero. También he entendido la importancia del networking en este ámbito. Cuando viajo, conozco a jóvenes de todo el mundo que buscan lo mismo: convertir a sus países en actores emergentes del espacio. Eso me ha demostrado que este desafío es 100% colaborativo. Si queremos llegar lejos, necesitamos cooperación internacional”.

–¿Qué impacto tienen las charlas que das a niños y adolescentes?
“Creo que son fundamentales. Muchas veces los jóvenes ni siquiera se plantean la idea de ser astronautas porque nunca lo han escuchado como una posibilidad. A mí me marcó descubrir que existían campamentos espaciales para estudiantes. Lo mismo puede pasar aquí: al visibilizar que desde Chile también se puede, los jóvenes amplían sus horizontes. Uno de nuestros objetivos principales es dejar en claro que con convicción todo es posible, y que no deben sentirse apartados de lo que ocurre en el mundo por razones idiomáticas o geográficas”.

–¿Qué opina tu familia de tu sueño de ser astronauta?
“Siempre me han apoyado mucho. Desde niña le decía a mi mamá: ‘Mamá, yo voy a ir al espacio, voy a ser astronauta’. Ella nunca lo tomó a la ligera, aunque se preocupaba y me advertía que era riesgoso. Pero sabía que yo tenía mucha convicción y era bastante obstinada, así que siempre confió en que iba a intentarlo con todas mis fuerzas”.

–¿Cuándo crees que estarás preparada para participar en una misión?
“Los entrenamientos orbitales pueden extenderse por cerca de diez meses continuos. Mi meta es seguir formándome para un perfil de vuelo orbital y, ojalá, de aquí al 2030 haber participado en una misión de ese tipo”.