UNA INVITACIÓN A ACTIVAR LOS SENTIDOS

Aldea del Valle: un proyecto familiar que impulsa el bienestar en Pisco Elqui

El alojamiento combina arquitectura, naturaleza y servicios de bienestar, apostando por una forma de habitar el valle más lenta y consciente.
Las villas cuentan con diseño arquitectónico de alto estándar, muchas con piscina privada, terrazas y vistas abiertas al entorno  natural. CEDIDA
Las villas cuentan con diseño arquitectónico de alto estándar, muchas con piscina privada, terrazas y vistas abiertas al entorno natural. CEDIDA
domingo 28 de diciembre de 2025

Ubicada en Pisco Elqui, a solo dos cuadras de la plaza principal de la localidad pero rodeada de cerros, cielo y río, Aldea del Valle es hoy uno de los alojamientos de alto estándar reconocidos del valle de Elqui. Sin embargo, su origen está lejos de una lógica puramente comercial: nace desde la historia, el cariño y el compromiso de una familia profundamente ligada a la Región de Coquimbo.

El impulso de Aldea del Valle se remonta a 2008, cuando la familia Flores Sotomayor adquirió el terreno que hoy alberga el proyecto, pero desde mucho antes, el vínculo con el valle de Elqui ya estaba instalado.

“Como familia siempre nos gustó el valle. Desde que éramos chicos nuestros padres nos llevaban, pero sentíamos que faltaba un alojamiento con un estándar un poco más elevado”, recuerda Mauricio Flores Sotomayor en conversación con Diario El Día.

El apego al territorio es una constante en su relato. “Somos una familia 100% de la región y comprometida con ella”, agrega.

Para Consuelo Flores Sotomayor, este compromiso va más allá de la inversión económica. “Es un compromiso real, de cariño por nuestros lugares. La idea siempre fue desarrollar cosas en los lugares que amamos, para que otras personas también los puedan amar”, indicó.

El terreno ofrecía una condición única: aislamiento y conexión al mismo tiempo. “La sensación es estar perdido en la montaña, con el cerro al frente, el cielo y el río, pero estando a dos cuadras de la plaza”, explica Consuelo. Esa dualidad marcaría el carácter del proyecto.

DE SUEÑO FAMILIAR A ALOJAMIENTO DE ALTO ESTÁNDAR

Durante años, el espacio fue un lugar familiar, utilizado para escapadas y encuentros. Sin embargo, la creciente demanda por arriendos de temporada fue abriendo una nueva posibilidad. “Cada vez nos pedían más el lugar y vimos que era una oportunidad de desarrollarlo de forma más potente”, cuenta Mauricio.

El punto de inflexión llegó en 2018, cuando decidieron consolidar el proyecto como alojamiento, trabajando junto al arquitecto Felipe Assadi, reconocido a nivel nacional e internacional. Así nació Aldea del Valle como concepto integral de hotelería, basado en villas, no cabañas, diseñadas para ofrecer una experiencia de habitar distinta.

“No venimos de una familia hotelera, pero sí de muy buenos anfitriones”, reconoce Mauricio. Esa condición marcó los primeros años: la familia estuvo presente en la operación diaria, recibiendo huéspedes y transmitiendo personalmente el espíritu del lugar. “Era la forma de comunicar lo que queríamos”, señala.

Con el tiempo, el proyecto creció y se profesionalizó, incorporando un equipo permanente, aunque siempre bajo el liderazgo directo de la familia. “La cabeza y el corazón los manejamos nosotros”, afirma Consuelo. “Este sigue siendo nuestro lugar, el que amamos, pero lo estamos compartiendo con más personas, de manera profesional”.

“LA MENTE SE TRANQUILIZA Y LOS SENTIDOS SE ACTIVAN”

Aldea del Valle se define como una experiencia de relajo, bienestar y conexión con la naturaleza, sin renunciar al confort. “Es una invitación a vivir una vida más lenta, aunque sea por unos días”, explica Consuelo.

Las villas cuentan con diseño arquitectónico de alto estándar, muchas con piscina privada, terrazas y vistas abiertas al entorno natural. “La arquitectura no es ostentosa, está pensada para habitar mejor, para conectarse con el exterior y con quienes te acompañan”, señala Mauricio.

Pero la experiencia va más allá del alojamiento. Aldea del Valle ofrece servicios de bienestar como masajes, jacuzzis, desayunos en la villa y asesoría personalizada para recorrer el valle. “Guiamos la experiencia completa: desde tours astronómicos, cabalgatas y trekking, hasta visitas a viñas y destilerías. Todo se puede coordinar desde acá”, explica Consuelo.

Este enfoque integral ha generado un fuerte vínculo con los visitantes. “Muchos vuelven todos los años, incluso en distintas estaciones. Y siempre nos dicen que lo que más valoran es que la experiencia es la misma todo el año”, comenta.

Más allá de la infraestructura y los servicios, uno de los aspectos que la familia destaca con mayor énfasis es el impacto que la experiencia genera en quienes se hospedan. “Nos pasa mucho que las personas vuelven a su rutina con otro ritmo, como si se llevaran algo del valle dentro”, asegura Consuelo Flores.

Según relatan, no es raro que días después de la estadía los huéspedes escriban para contar que siguen sintiendo la calma del lugar en su día a día. Para la familia, ese efecto prolongado es la confirmación de que la propuesta va más allá del descanso y se convierte en una experiencia transformadora.

Hoy, Aldea del Valle se posiciona como un proyecto auténtico, profundamente ligado a su entorno y a la historia de quienes lo crearon. “El verdadero lujo es el tiempo, la calma y la conexión real”, subraya Consuelo.

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