Chaitén: el pueblo que desafió al abandono tras la erupción del volcán
Aunque en 2009 el Gobierno declaró inhabitable a Chaitén tras la devastadora erupción volcánica, decenas de familias regresaron para reconstruir la comuna desde las cenizas, transformándola en un símbolo de resiliencia en el sur de Chile.
El 1 de mayo del 2008 el volcán Chaitén, en la región de los Lagos, entró en erupción, obligando a sus más de 4.000 habitantes a evacuar la zona en menos de 48 horas, solo con lo puesto, dejando atrás sus hogares y animales. Un año después, producto de un segundo colapso del volcán, el entonces Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, declaró: “Chaitén, desgraciadamente, ha muerto”. Sin embargo, los chaiteninos decidieron volver y reconstruir con sus manos sus hogares, aprendiendo a convivir con un volcán activo ubicado a tan solo 10 kilómetros de distancia.
Dos días antes de la erupción, en Chaitén se comenzaron a sentir constantes sismos anormales para la zona, pero fueron catalogados como inofensivos por las autoridades de la época. Los chaiteninos, sin imaginar lo que estaba por ocurrir, se preparaban para disfrutar de un fin de semana largo por el Día del Trabajador. Sin embargo, algo no estaba bien.
Las aves se habían ido. Las mascotas estaban inquietas y los animales salvajes comenzaron a bajar por la ladera de las montañas. A las 23:38 horas del 1 de mayo del 2008, una gran columna de humo se desprendió desde el, en ese entonces, conocido como “cerro Chaitén”.
En aquellos años se desconocía que se tratara de un volcán, el que repentinamente despertó después de más de 9 mil años de inactividad. A la mañana siguiente, la Armada de Chile tenía listas las barcazas para llevar a cabo la evacuación completa de la comunidad.
Archivo | Chaitén en 2008 | Francisco Negroni | Agencia Uno
“Yo llevé un bolsito chiquitito, eché una sola muda de ropa. Mi marido dejó su ropa buena encima de la cama y se llevó por equivocación otra que le quedaba chica. Estaba nervioso. Bueno, lo único que queríamos era salvarnos. Dejamos nuestras ovejitas, cuántas vacas, mis gallinas. Todo quedó botado”, recuerda Juana Ampuero, de 72 años.
Sergio Caro, de 89 años, comenta: “Pasó alguien y me dijo: ‘Tienes que irte’; es por una semana, dos, máximo, pero hay que abandonar el pueblo. Entonces en un saco de papas, eché dos mudas y le puse llave a las puertas. Quedó todo abandonado”.
“Llegamos al muelle y empezaron a pasar lista para poder entrar a la barcaza. Íbamos en la segunda lista recién, cuando ¡bum! dijo el volcán. Salió un tremendo humo, se veía como estrellitas. Así que, asustados, embarcamos como animales. Ya no supieron de ninguna lista”, cuenta María Vergara.
Desde las barcazas, los chaiteninos observaban con dolor cómo su comuna se cubría de cenizas. “De repente me encontré en la calle, mirando para allá y para acá y no había nadie. Este pueblo pintaba para grandes cosas. Iba a tener plazas, juegos para niños, grandes oficinas y en menos de 48 horas estaba vacío”, recuerda Bernardo Riquelme, última persona en abandonar la comuna tras la catástrofe, el primero en volver y dueño de la radio comunal.
Aníbal Rivero, geólogo, explica que “la erupción fue una sorpresa para todos. No había plan de evacuación y fue todo improvisado. Esto marcó un antes y un después en la historia de la vulcanología en Chile y en la gestión del riesgo de desastres. Antes de la erupción se monitoreaban solo 3 de 90 volcanes activos y, después de esto, se crea la Red Nacional de Vigilancia Volcánica que monitorea 45 de los 90 volcanes activos en Chile”.
“Quisimos irnos al sector de Ayacara (localidad de Chaitén que no fue afectada directamente por la erupción). Eran como la una de la mañana, no se veía nada y estábamos en una lancha solos, en medio del agua; por suerte, mi viejo había echado una linterna y con eso alumbramos el camino”.
“Me acuerdo de que llevé una botella de manzanilla. Con la tapita de la botella nos repartimos para pasar el frío. Nadie conversaba nada. Las olas entraban a la lancha, íbamos pasados de agua, con la pura parca no más. Se nos hizo eterno el viaje; salimos a la una y llegamos a las tres allá”, relata Ana Isabel, de 63 años.
La señora Ana Isabel | Foto de Fernanda del Valle
El 12 de mayo, intensas lluvias afectaron a Chaitén, provocando la salida del río Blanco, que cambió su cauce y dividió la zona en dos. Esto provocó que gran parte de la localidad resultara afectada por lahares —deslizamientos de agua y sedimento volcánico— e inundaciones, destruyendo todo a su paso. Los chaiteninos, desde los albergues habilitados en Puerto Montt y Chiloé, observaban por televisión cómo una nueva tragedia terminaba de arrasar sus hogares.
​​”Cuando llegamos a Puerto Montt, íbamos a algún negocio y nos miraban con desconfianza. Como sapo de otro pozo, como dicen”, señala Sergio Caro.
“Un día, fui al consultorio porque estaba medio resfriado, la gente nos miraba mucho. Una no se aguantó y dijo: ‘Gente que viene de otro lado, uno no sabe qué costumbres tienen y vienen a meterse aquí’. Yo la dejé que hablara nomás, pero ya se me caían las orejas y le dije: ‘¿Terminó, señora?’, ‘Sí’, me dijo”, relata.
Sergio recuerda que le dijo: “Ahora me toca a mí: ‘¿Ha ido a Chaitén usted, señora?, ¿conoce Chaitén?’, ‘No’ respondió. ¡Ah, entonces no hable, pues, no hable! Mire – le dije- en Chaitén, usted sale y deja sus ventanas o puertas abiertas y nadie se anda fijando. Si dejas algo en la calle, te avisan y dicen: ‘Se le quedó esto tirado, vecino, ahí está’. Así es Chaitén. Nos conocemos todos. Pero por lo que he visto aquí en Puerto Montt, si es que lo pillan a uno mal terciado, se lo llevan igual”, comenta.
“Y esa mujer se quedó callada. No halló qué contestarme”, enfatiza Caro.
Sergio Cara | Foto de Fernanda del Valle
“Chaiteninos rebeldes”; en contra de la autoridad
De acuerdo a la investigación publicada en la biblioteca científica Scielo, titulada “El caso de la erupción volcánica de Chaitén”, de Jorge Larenas, Marcela Salgado y Xenia Fuster, la Justicia aceptó el recurso de protección presentado por la Intendencia y Carabineros “procedió a la evacuación inmediata y obligatoria de los habitantes de Chaitén”.
Los chaiteninos rebeldes, como fueron denominados comunicacionalmente, fueron en contra de las autoridades y regresaron a la localidad días después.
“Cuando llegaba alguien a la comuna, se sabía enseguida. Llegaba, se instalaba y ponían una bandera chilena. Nos juntamos y les ofrecíamos ayuda para limpiar su casa”, cuenta el locutor de la radio comunal y enfatiza que “Chaitén es como la máquina del tiempo. Si tomas un avión desde Puerto Montt, retrocedes 30 años, como se vivía antes, con confianza. No andas preocupado por temas de seguridad”.
“Si el auto se quedó con la llave puesta, se quedó nomás y no pasa nada. A lo mejor por eso le tenemos tanto cariño”, asegura Riquelme.
De acuerdo al Reporte Distrital 2024, publicado en la Biblioteca del Congreso Nacional. Mientras que en Puerto Montt se producen 6.443 hechos delictivos denunciados formalmente por la ciudadanía ante unidades policiales, en Chaitén se reportan 43 por cada 100 mil habitantes.
Sergio Caro recuerda que “cuando volví, sentí un dolor en mi corazón. Al llegar al puente, lo único que había era ceniza y arena. Las poblaciones, se las llevó todas. Yo le dije a mi señora que no viniera aún porque podía darle un infarto. Después de tener todas sus cosas, ahora no teníamos nada”.
El 20 de febrero de 2009, producto de un segundo colapso del volcán, el entonces Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, declaró que “Chaitén, desgraciadamente, ha muerto” enfatizando que “Chaitén no tiene ninguna posibilidad de recuperación”. Hoy, sus habitantes demuestran lo contrario.
“Esas palabras fueron un aliciente para seguir aquí” comenta Bernardo Riquelme y agrega: “Hoy la gente está bien, hay un despertar hacia el turismo. Los senderos del Parque Pumalín son nuevos. La gente lo ha sabido aprovechar con instalaciones de cabañas y hospedaje. Este pueblo tiene mucho que contar. Gracias a que seguimos aquí, el Gobierno nos dio financiamiento a pulso de demostración por parte de la comunidad. El Serviu ha entregado muchas casas. Tenemos la plaza, la costanera y se está avanzando en la construcción del hospital”.
Chaitén hoy
Desde la Municipalidad de Chaitén en Secplan (Secretaría Comunal de Planificación), Carlos Zambrano, profesional de asistencia técnica, señala que “Chaitén es la comuna de mayor extensión territorial de la región de Los Lagos. Su tamaño es equivalente al de Chiloé. Mientras el territorio de Chiloé es administrado en varias comunas, acá es sólo una”.
“El gran desafío de esta comuna es poder avanzar con los escasos recursos que se entregan para el tamaño de nuestro territorio y para afrontar las carencias existentes. De todas formas, se ha podido trabajar en obras como el enrocado del río Blanco, plantas elevadoras de aguas servidas, pavimentación de calles y veredas, mejoramiento del alumbrado público, construcción del jardín infantil, mejorar el gimnasio y la escuela Juan José Latorre, por nombrar algunas”, añade.
Actual Plaza de Chaitén. Foto de Fernanda del Valle.
“En cuanto a infraestructura turística, se ha remodelado totalmente la que fue la plaza de Chaitén. Se construyó un nuevo muelle para las barcazas que llegan desde Puerto Montt, Castro y Quellón. Los prestadores de servicios turísticos cada año colapsan por la cantidad de turistas que llegan de diciembre a marzo”, comenta Daniel Paillán, informador turístico.
En 2008 la comuna contaba con un muelle de escasa infraestructura, pero en septiembre del 2021, autoridades de gobierno inauguraron un nuevo puerto de conectividad. De acuerdo al Portal Portuario, este nuevo terminal es fundamental no sólo para el despegue económico de la comuna, sino de toda la provincia de Palena y Aysén, ya que toda la zona norte de la Región de Aysén se conecta por esta instalación marítima.
Con el cambio del caudal del río Blanco, Chaitén se dividió en dos. Sector norte y sector sur, los cuales se conectan únicamente a través del puente El Blanco, que forma parte de la Carretera Austral de Chile.
Río blanco que divide el sector urbano de la comuna | Foto de Fernanda del Valle
Ana Isabel comenta: “Lo único que nos gustaría es que algún día nos hicieran una pasarela, pues nosotros tenemos que dar una tremenda vuelta. No todos los días nos van a andar trayendo un vehículo”.
Nelson Alderete, vecino del sector norte de la comuna, menciona que “a Chaitén le falta mucho, se ha gastado mucho dinero y está mal redistribuido. A la comuna le falta más integración. A Chaitén sur le falta asfalto y un puente mecano. Siempre se ha hablado de un puente, pero en todo este tiempo nadie lo ha hecho realidad. Se va avanzando, pero de a poco. No nos dejamos morir como lo habían dicho por ahí”.