Una vida de fe, servicio y esperanza

La historia de la hermana Nora: aurinegra de corazón y dedicada a cuidar a niños con VIH

Nora Valencia Montenegro no oculta su amor por Coquimbo Unido, una pasión heredada de su familia desde los tiempos en que vivía en el barrio Baquedano. Sin embargo, su mayor vocación está en ayudar a los demás a través de la Fundación Santa Clara, institución que acoge a cerca de una veintena de niños, niñas y adolescentes que viven con VIH y otras condiciones de salud.
Más allá de su labor social, la religiosa también se ha transformado en una figura conocida por facetas poco habituales dentro de la vida consagrada. Una de ellas es su pasión por Coquimbo Unido.
Más allá de su labor social, la religiosa también se ha transformado en una figura conocida por facetas poco habituales dentro de la vida consagrada. Una de ellas es su pasión por Coquimbo Unido.
jueves 09 de julio de 2026

Nacida en Coquimbo, hincha apasionada de Coquimbo Unido y admiradora de Miguel Bosé, corredora de maratones y líder de una de las instituciones más reconocidas del país en el cuidado de niños con VIH. La historia de la hermana Nora Valencia Montenegro está marcada por una vocación que descubrió siendo muy joven y que, más de cuatro décadas después, continúa guiando cada uno de sus pasos.

Aunque hoy reside en Santiago y dirige la Fundación Santa Clara, institución dedicada a la atención de niños con VIH y otras situaciones de vulnerabilidad, sus raíces permanecen profundamente ligadas a la comuna puerto.

"Soy de Coquimbo y del Barbón", dice con orgullo.

Su infancia transcurrió entre el barrio Baquedano de Coquimbo y Antofagasta, debido a los traslados laborales de sus padres, aunque cursó la enseñanza media en el Liceo Gabriela Mistral de La Serena. Su familia continúa viviendo en la zona: su madre en Sindempart y su padre en el sector de San Juan.

Fue precisamente en Coquimbo donde comenzó a gestarse la inquietud que terminaría transformándose en una vocación religiosa. Mientras participaba en grupos juveniles de la parroquia San Luis, colaborando en catequesis y actividades pastorales, conoció a las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús.

Tras asistir a encuentros vocacionales y recibir orientación espiritual, una misión realizada en el interior de Ovalle, en 1984, terminó por convencerla. Durante quince días convivió con una familia rural junto a una religiosa de la congregación.

"Volví a Coquimbo y dije: esto es lo que yo quiero, esto es lo mío", recuerda.

A los 20 años ingresó formalmente a la congregación. Desde entonces han transcurrido más de cuatro décadas dedicadas al servicio.

Su formación la llevó a desempeñarse en distintas obras sociales. Trabajó en hogares de adultos mayores, colaboró con iniciativas de Cáritas y estuvo vinculada al Hogar Redes, tanto en La Serena como en otras ciudades del país.

Más tarde estudió Técnico en Educación Parvularia y posteriormente Pedagogía. Una vez titulada asumió la dirección del Colegio Santa María de Belén, en Sindempart, establecimiento administrado por la congregación.

Durante cerca de 17 años encabezó el proyecto educativo, formando a generaciones de estudiantes. Sin embargo, en 2008 surgió un nuevo desafío. Al interior de la congregación le preguntaron si quería continuar trabajando con niños o dedicarse a los adultos mayores.

Su respuesta fue inmediata.

Así llegó a la Fundación Santa Clara, institución donde permanece hasta hoy. La fundación nació durante los años más complejos de la epidemia del VIH, cuando el desconocimiento y los prejuicios dificultaban enormemente la vida de quienes convivían con la enfermedad. Actualmente acoge a niños que han sufrido diversas vulneraciones de derechos, manteniendo como prioridad la atención de menores con VIH.

Hoy la residencia alberga a 18 niños. Algunos esperan una familia adoptiva; otros presentan complejas condiciones de salud o trastornos del espectro autista.

La religiosa destaca que la percepción social respecto del VIH ha cambiado significativamente durante las últimas décadas, permitiendo que cada vez más familias estén dispuestas a adoptar niños con esta condición.

"El año pasado dimos en adopción a dos niños que tenían VIH. Hoy están en familias que los aman como si hubieran sido sus hijos toda la vida", afirma.

El trabajo, sin embargo, no está exento de dificultades. Cerca del 75% del funcionamiento de la fundación se financia mediante convenios con el Estado, mientras que el resto depende de campañas solidarias, socios colaboradores y proyectos concursables.

Pese a ello, la hermana Nora sostiene que la mejor manera de enfrentar los cuestionamientos que suelen recaer sobre las residencias es abrir sus puertas a la comunidad.

"Nos abrimos para que la gente conozca nuestro trabajo. Recibimos visitas de empresas, colegios y personas que pueden ver directamente cómo viven nuestros niños", explica.

Hincha pirata

Pero más allá de su labor social, la religiosa también se ha hecho conocida por facetas poco habituales dentro de la vida consagrada.

Una de ellas es su incondicional pasión por Coquimbo Unido.

"Soy aurinegra de corazón, de toda la vida. Siempre me preguntan: '¿Usted es de Coquimbo Unido, pero cuál es su equipo grande?'. Esperan que les nombre a Colo Colo, la U o la Católica. No. Para mí Coquimbo Unido es un equipo grande. Aunque estuvimos muchos años en la B, para mí siempre será un grande", dice entre risas.

Sigue cada partido desde Santiago, mantiene contacto permanente con familiares que le informan sobre la actualidad del club y aún recuerda con emoción el día en que presenció el histórico título conseguido por los aurinegros.

"Le había dicho a mi superiora que iba a ir cuando Coquimbo fuera campeón. Parecía una posibilidad remota, pero cuando llegó ese momento me autorizó... aunque yo igual habría ido. Nunca olvidaré la entrada al estadio y ver a la barra. Viajé ese mismo día desde Santiago; llegué a las seis de la mañana a Coquimbo y temprano fuimos con mi familia y mi camiseta al Francisco Sánchez Rumoroso", relata.

Otra de sus grandes aficiones es el running. Junto a otras religiosas ha participado en distintas ediciones de la Maratón de Santiago, muchas veces corriendo con el hábito de la congregación y portando distintivos de la Fundación Santa Clara para visibilizar su labor.

"Muchos nos preguntan si no es incómodo correr con el hábito, pero estamos acostumbradas; es nuestra ropa", comenta.

A ello se suma una activa presencia en redes sociales, herramienta que inicialmente rechazaba, pero que terminó adoptando para difundir el trabajo de la fundación.

"Un amigo, José Miguel Viñuela, me creó el perfil y me dijo que no podía quedar fuera de las redes sociales si quería visibilizar nuestro trabajo", cuenta. Hoy se puede encontrar en Instagram como @hermananora, además del perfil institucional @fundacionsantaclara.

Otra de las postales que la hicieron conocida a nivel nacional ocurrió durante el Festival de Viña del Mar, cuando asistió a ver a uno de sus grandes ídolos: Miguel Bosé.

Sentada en segunda fila, fue enfocada en reiteradas ocasiones por las cámaras de televisión.

"Toda la vida he seguido a Miguel Bosé, me encanta. Cuando me empezaron a enfocar, mi familia me escribía diciendo: '¡Te están mostrando!'. Me puse nerviosa, pero una de mis sobrinas me tranquilizó diciéndome que todos los comentarios eran muy buenos y que nadie me estaba troleando", recuerda entre risas.

Detrás de la popular "Hermana Nora" hay una coquimbana que nunca perdió el vínculo con su tierra. Una mujer que encontró su vocación sirviendo a los demás y que durante más de cuatro décadas ha dedicado su vida a acompañar a niños que encontraron en ella mucho más que una guía espiritual: una figura de cariño, protección y esperanza.

La historia de la hermana Nora: aurinegra de corazón y dedicada a cuidar a niños con VIH
La historia de la hermana Nora: aurinegra de corazón y dedicada a cuidar a niños con VIH
La historia de la hermana Nora: aurinegra de corazón y dedicada a cuidar a niños con VIH