A raíz del temporal de este fin de semana

Expertos prevén la recuperación de los sistemas hídricos en el mediano plazo

Pese a las altas expectativas que existen, plantean que aún se deben analizar otros factores incidentes como la caída de nieve y los cauces. Debido a la extensa sequía, aseguran que se deben suceder a lo menos 3 años de buenas precipitaciones. Estiman, eso sí, que La Paloma podría llegar a la mitad de su capacidad.
Analistas argumentan que lo importante es la cantidad de nieve acumulada que se esperaría en toda la cordillera, que podría alcanzar los 4 metros. (Foto archivo)
Analistas argumentan que lo importante es la cantidad de nieve acumulada que se esperaría en toda la cordillera, que podría alcanzar los 4 metros. (Foto archivo)
jueves 16 de julio de 2026

Una alta expectativa genera el temporal que está afectando a la Región de Coquimbo en cuanto a lo que podrá aportar en recuperar los sistemas hídricos de la zona, que llevan casi dos décadas en un estado bastante crítico. Más aún, cuando se le ha comparado con lo ocurrido durante el evento de lluvias de 1997, que permitió una rápida recuperación de las reservas de los embalses.

No obstante, los expertos son bastante cautos a la hora de realizar las proyecciones de lo que puede pasar, toda vez que indican que se deben analizar otros factores que influyen. Uno de ellos es precisamente la cantidad de años que llevamos en escasez hídrica.

Pablo Álvarez, académico de la Universidad de La Serena, director del laboratorio PROMMRA y del Consorcio Centro Tecnológico del Agua Quitai Anko, sostiene que “en un principio las precipitaciones ocurren con una isoterma relativamente alta y posteriormente, en la medida que el evento se va a desarrollando de aquí al domingo, la isoterma va bajando. Eso provoca un incremento de los caudales en la primera etapa producto de la saturación de la superficie del suelo y por lo tanto hay escorrentía más o menos importante, por sobre lo normal”.

Respecto a qué tan factible es que se repita lo ocurrido en 1997, el académico sostiene que efectivamente este evento va a traer precipitaciones que van a oscilar entre 150 y 250 milímetros “y eso representa nuestra precipitación anual multiplicada por dos y en algunos lugares multiplicada por tres veces. Ahora, lo que los modelos arrojan es que va a haber un incremento de caudales más o menos importante, pero también una reserva de agua como nieve también relevante”.

Entonces, indica que es muy probable que los niveles de los embalses aumenten de forma considerable “pero de acuerdo a nuestros cálculos, a lo menos La Paloma no se llena en este evento, lo que no quiere decir que posteriormente con el derretimiento de la nieve en la primavera y en el verano este caudal permita que se alcancen volúmenes bastante mayores. El dato que nosotros hemos elaborado es que llega a volúmenes que son menores que la mitad de su capacidad”.

En este sentido, Álvarez recalca que habrá un efecto positivo desde la perspectiva que va a haber una escorrentía importante “pero sobre todo por la intensidad del fenómeno, no necesariamente por la recuperación del nivel de humedad en los suelos o en la totalidad de la cuenca. La cantidad de agua va a ser tan relevante que va a haber una recuperación significativa de los caudales. Sin embargo, también es importante tener presente que el fenómeno de El Niño viene acompañado de temperaturas más altas y de una isoterma más alta probablemente en eventos que pueden ocurrir posteriormente durante la primavera. Y ahí podemos tener fenómenos de escorrentía y un nivel de turbidez en los ríos que sea también un poco más duradero”.

Entonces, enfatiza “Los embalses van a también a subir de manera más o menos importante en sus niveles de almacenamiento y tenemos que esperar si eventualmente hay otros frentes que gatillen precipitaciones en lo que queda del invierno y también tardíamente en la primavera”.

Por su parte, Álvaro Salazar, climatólogo regional del CEAZA, señala que es muy difícil responder ahora si este evento permitirá a la región salir de la sequía “porque idealmente lo que nosotros necesitaríamos serían varios años de precipitación normal o sobre lo normal distribuidos durante todo el invierno y no eventualmente eventos extremos en tres o cuatro días, que es lo que se viene ahora”

Lo importante, dice, es la cantidad de nieve acumulada que se esperaría en toda la cordillera, que podría alcanzar los 4 metros. Sin embargo, detalla que el proceso de entrega de agua después de una nevasón es bastante más complejo. “Hay una proporción de esa nieve que sublima, eso es el paso de estado sólido a gaseoso directamente. Otra parte de esta nieve se va a derretir y va a alimentar los cursos superficiales y una parte también se va de derretir y va a ir alimentando la napa freática, va a ir eh filtrando hacia los cursos de agua subterráneo”.

El climatólogo destaca que las cuencas de la región presentan características especiales, que las diferencian a las del resto del país. “Estas cuencas de la Región de Coquimbo tienen alta memoria, lo que significa que los caudales siguen respondiendo varios meses después de eventos de precipitación extrema como ahora. Entonces, si bien parte importante de la nieve se espera que sublime, otra parte también se convertiría en agua y alimentará los caudales. Otra parte va a infiltrar a la napa subterránea y esta napa subterránea es prácticamente la memoria de las cuencas de la región y que determina que los caudales sigan respondiendo varios meses después de estos eventos”.

Detalla que la tasa de derretimiento de la nieve en la región depende mucho de las características morfológicas de Los Andes. “Hay determinadas cuencas dentro de la región que son refugios nivales. Entonces, nosotros esperaríamos que la tasa de derretimiento de la nieve se diferenciaría dependiendo de la cuenca a la que estemos analizando. Por ejemplo, la cuenca del Estero Derecho está considerada como refugio nival importante dadas las características morfológicas, exposición más hacia el sur, rugosidad bastante alta de la cordillera, dentro de otras características”.

Además, en esa cuenca en particular hay una proporción importante de glaciares, que se suma a las características morfológicas andinas de esta cuenca “por lo tanto, en esta cuenca esperaríamos nosotros que los caudales que se alimentan de ella podrían responder incluso durante más tiempo las consecuencias de la acumulación de nieve de este evento en particular”, precisa.