TRAS LAS PRECIPITACIONES DE JULIO
Las lluvias despiertan “boom de vida” que permanecía oculta en el Limarí
Por: Martha Hecherdorsf
En pocas semanas, los cerros y quebradas del Limarí cambiaron el café de los años secos por una extensa cubierta verde. El fenómeno, visible en distintos sectores de la provincia, no corresponde solo a una transformación del paisaje: bajo el suelo permanecían semillas, bulbos, raíces y organismos que esperaban un nuevo pulso de agua para reactivar sus ciclos.
El doctor Álvaro Salazar, climatólogo regional del Centro Científico CEAZA, explicó que durante julio cayeron 240,3 milímetros en la estación meteorológica de Talhuén, mientras que en los once meses anteriores apenas se habían acumulado 20,9 milímetros. Es decir, cerca del 92% de las precipitaciones registradas durante el último año se concentró en un solo mes.
La magnitud del evento permitió humedecer el suelo en profundidad y activar bancos de semillas que permanecían latentes. A ello se sumaron temperaturas suaves, humedad cercana al 70% y una evaporación moderada, condiciones que favorecieron la germinación y el rápido crecimiento de hierbas y pastos.
“El reverdecimiento es mucho más que un cambio paisajístico: constituye un pulso excepcional de productividad que permite al ecosistema transformar agua y carbono en hojas, raíces, flores, semillas y alimento”, destacó Salazar.
El especialista agregó que parte de esa producción será consumida, mientras otra quedará almacenada como semillas, materia orgánica y reservas subterráneas. Luego podría aumentar la floración, la polinización y la disponibilidad de alimento y refugio para la fauna.
“Lo ideal es que nuestros cerros tengan una cobertura de arbustos densa, dado que estos producen suelo, que es una esponja que disminuye la escorrentía en precipitaciones extremas y amortigua los impactos catastróficos que vimos en julio”, afirmó.
Una vida adaptada a esperar
Cristian Delpiano, especialista en biología y ecología aplicada, integrante del Laboratorio del Desierto de la Universidad de La Serena, explicó que las especies del norte han desarrollado distintas estrategias para sobrevivir a la falta de agua.
Algunas plantas anuales completan su ciclo solo cuando llueve y luego permanecen como semillas bajo tierra. Otras, conocidas como geófitas, sobreviven mediante bulbos o raíces engrosadas, como las añañucas y alstroemerias. También existen arbustos que botan sus hojas durante el verano y, aunque parecen secos, mantienen vivas sus raíces.
“Los desiertos funcionan con pulsos de agua y todas estas plantas están adaptadas esperando esos pulsos”, señaló Delpiano.
La respuesta no termina en la vegetación. Con la humedad se reactivan microorganismos, hongos e invertebrados del suelo; posteriormente aumentan los insectos herbívoros, polinizadores y depredadores. Esa mayor disponibilidad de alimento puede favorecer a aves, pequeños mamíferos, rapaces y zorros durante los próximos meses.
Delpiano sostuvo que, cuando vuelven las hojas y las flores, también se reactivan las cadenas alimentarias, generando un verdadero “boom de vida”. Sin embargo, aclaró que el ecosistema necesita tiempo para completar este proceso y prepararse para una nueva sequía.
Los especialistas advierten que el verde podría mantenerse hasta la primavera, dependiendo de nuevas lluvias, las temperaturas, la profundidad del suelo y la exposición de cada ladera. Durante ese periodo podrían aumentar la floración, la polinización y la reproducción de distintas especies.
Por ello, el llamado es a observar este fenómeno sin dañarlo. Delpiano recomendó evitar el ingreso de vehículos a los cerros, no extraer flores y permitir que las plantas produzcan semillas. También advirtió que el sobrepastoreo puede impedir que la vegetación complete su ciclo y forme los bancos que permitirán una nueva recuperación.
El paisaje que hoy sorprende al Limarí no es solo consecuencia de una lluvia excepcional. Es la expresión visible de un ecosistema que permanecía en espera y que ahora dispone de una breve oportunidad para crecer, reproducirse y enfrentar los próximos años secos.